sábado, 25 de febrero de 2017

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XXI: La reunión (Parte final).







Después de observarlos cuidadosamente por primera vez, volvió a mirarlos bien al revés de cómo inicio su primer vistazo, es decir comenzando por Prometeo. Luego de verlos por segunda vez, dirigió su mirada hacia el rey de los dioses.
–¿Estos son los demás dioses con los que están escondidos? –interrogó Nahuel.
–Sí. Aunque falta Océano, sin embargo él me dijo que tenía que resolver unos asuntos en sus dominios que requerían su presencia por lo que decidí absolverlo de venir aquí. Asimismo le deje en claro que una vez que resolviera dichos asuntos se dirigiera hacia éste lugar. –respondió Zeus.
–Además falta Ponto. –añadió el muchacho.
–¿Ponto? ¿Usted habló con Ponto? –interrogó el joven Crónida un tanto sorprendido.
–¿No lo sabía? Pensé que Poseidón le había comentado algo. –contestó Nahuel provocando que Zeus, y los demás dioses miraran al dios de los mares.
–Juro por tu cabeza hermano que no sé nada. –afirmó Poseidón sintiendo la presión de su mirada.
–¡¿Qué?! ¡¿Cómo que no sabe nada?! –interpeló el dualista– ¡¿Se olvidó que Océano, mis compañeros, Argo y usted estábamos…?!
–¡¡¡SILENCIO!!! –exclamó el dios de los mares apuntando su tridente hacia el joven dispuesto a lanzárselo.
–¡Ni se te ocurra soltar ese tridente, hermano! –advirtió con mucha seriedad Zeus– Baja ese tridente y dime que sabes de Ponto.
–Ya lo he dicho, no sé nada. El humano está mintiendo y quiero darle una lección para que aprenda que las mentiras traen graves consecuencias.
–No obstante él acaba de decir que estabas junto con Océano… un momento… ¿qué hacían exactamente Océano, los mortales y tú?
–Y lo más importante, ¿qué hacía Argo allí? –agregó Hera.
–Antes que Poseidón conteste tengo algo que decir y es muy importante. –aseveró Nahuel.
–Dígalo entonces. –dijo Deméter.
–¿Océano no le dijo nada a usted sobre Ponto? –le preguntó el joven a Zeus.
–Pues… no. –respondió el rey de los dioses pensativamente.
–Esto es muy extraño. No sé porque Océano y Poseidón le ocultarían información a sobre Ponto… –declaró muy pensativo Nahuel.
–Seguramente el mortal les dijo a los dos dioses que no dijeran nada sobre Ponto. –acusó Hera.
–¡A mí ningún mortal me dice lo que debo o no debo decir! –bramó Poseidón.
–Lo dudo, aquí hay muchos que se dejan llevar por los engaños de un humano que sabe mucho sobre nosotros y habla con persuasión. –admitió la diosa del matrimonio.
–¡Mira quién habla de engaños! ¡Tú eres peor que el mortal! –gritó Afrodita.
–¡Cállate de una maldita vez ramera barata! –voceó Hera y de nuevo los dioses comenzaron a discutir mientras que las nuevas deidades no hacían otra cosa más que mirar a los Olímpicos pelearse y mirarse entre ellos sin moverse de sus lugares, y que Nahuel meditara sobre la actitud de Océano y Poseidón en cuanto a ocultarle información a Zeus sobre Ponto.
–Quisiera saber por qué Poseidón y Océano no le dijeron nada a Zeus… –expresó Nahuel a media voz.
–Porque yo le pedí a Océano y Poseidón su silencio. –dijo una voz que poseía un eco propio que resonó por todo el lugar pero Nahuel supo que esa voz era la del dios preolímpico.
–¿Acaso es usted, Ponto? –interrogó Zeus al tiempo que los demás dioses miraban hacia todos lados tratando de buscar a la deidad.
–Así es, y no estoy solo. –asintió Ponto y de inmediato emergió una gran columna de agua justo detrás de la deidad femenina que tenía un par de alas en su frente. Apenas el agua cayó al suelo apareció Océano, no obstante sólo se podía desde la cintura hacia arriba puesto a que desde el cuelo comenzaba la cintura, como si el agua pintada fuera de verdad, por lo que el dualista lo reconoció rápidamente porque ya lo había visto materializarse así las dos veces que lo vio; a pesar de ello la deidad tenía la misma altura que los demás dioses, por lo que se podría llegar a pensar que si el Titán hubiera materializado las piernas tendría el doble de altura que el resto de los dioses. Seguidamente el Titán se colocó al lado de la deidad que tenía delante de él.

jueves, 23 de febrero de 2017

El contrapunto del amor y el sexo. (Capítulo 4)





Capítulo 4



Pasa una semana y no ocurre ningún otro episodio. En estas pocas clases Evelina progresa bastante bien. Todavía se atasca en algunas partes de los ejercicios aunque adquirió una soltura que me sorprende. Con suerte, dentro de poco ya no tendré que ser su “profesor” y mi temor de realizar alguna estupidez desaparecerá.

Son las 16:00 del viernes y la clase concluye. Evelina se muestra muy feliz por sus progresos. Ella comienza a guardar todo mientras yo llevo las tazas que usamos para tomar café a la cocina para lavarlas. Cuando regreso mi invitada está lista para irse.
–Bien, será hasta el lunes, Evelina.
–Sí. Pero yo… –se detiene y se ruboriza un poco.
–¿Sucede algo?
–Tú… me has dicho que tienes un órgano eléctrico para practicar aquí, uno muy especial.
–Cierto –en los pequeños descansos que ella tenía en cada clase hablábamos un poco y en una oportunidad le conté eso, sin embargo, nunca se lo mostré–. ¿Por qué preguntas eso?
–Si no te es mucha molestia… –se ruboriza un poco más– ¿Podrías… mostrármelo? –me río un poco.
–Por supuesto. ¿Te ruborizaste sólo por pedirme eso? Je, je, je.
–Bu-bueno… Es que pensé que como está en un lugar muy especial para ti tal vez no querías que nadie entre. –ella sólo conoce el living-comedor y el baño de mi apartamento. Además, le había dicho que donde se encuentra el órgano es un lugar casi sagrado y no le permito entrar a mucha gente.
–Je, je, je. Tranquila. Te lo mostraré. Sígueme.

Unos instantes más tarde abro la puerta e ingresamos a la sala del órgano. Hay un escritorio un poco polvoriento porque no lo uso mucho, una gran estantería que contiene carpetas enormes, como esas que hallaría uno en una oficina, que contienen partituras de obras para órgano, además de ejercicios y unas cuantas improvisaciones escritas por mí para mejorar o recordar ciertas técnicas del contrapunto, un baúl antiguo a un costado de la estantería y finalmente un órgano eléctrico, pero uno muy especial.

Se trata de un órgano Hammond B3 modificado. En lo que respecta a la estructura, los teclados, la banqueta y la pedalera es original, muy bien cuidado y realmente hermoso, pero el resto es una modificación peculiar. Además de que la madera está pintada completamente de blanco, en la parte posterior le han agregado unos cuantos tubos metálicos de diferentes diámetros y longitudes, dispuestos en grupos de tal cantidad, como los que se ven en los inmensos órganos de las iglesias y catedrales. Con eso, los fabricantes pretendían recrear un órgano tubular a pequeña escala, fundamentalmente uno en particular: el de la iglesia de San Bonifacio en Arnstadt. Los japoneses hicieron un buen trabajo, pero el original siempre será más hermoso.

sábado, 18 de febrero de 2017

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XXI: La reunión (Parte 3).







Seguidamente los demás dioses se levantaron de sus asientos y observaron al joven Crónida  para luego dirigir sus miradas de nuevo hacia Nahuel.
–Así que usted es el mortal responsable de que tengamos que reunir a la gran mayoría del Concilio de los Dioses. –le dijo Zeus con una voz poderosa al joven.
–Sí… –afirmó el dualista saliendo de su aturdimiento.
–Seguramente ya sabe en donde está y para qué lo hemos citado aquí.
–Sí, pero hay algo que no entiendo.
–¿Es sobre la naturaleza de esta reunión?
–No exactamente, es…
–Entonces no es nada. –interrumpió Zeus.
–Pero…
–Si no es nada entonces no lo diga, el tiempo es valioso y tenemos que resolver esta disputa que ha generado entre los míos de una buena vez. Por lo tanto le sugiero que sólo se limite a hablar por lo que se le sido citado, y cuando nosotros le preguntemos algo o, y lo más importante, cuando nosotros le damos el permiso para hablar. –manifestó con seriedad el dios.
–De acuerdo, pero antes de que empiece la reunión, ¿podría preguntar algo fuera del tema que nos compete?
–Está bien, pero sólo una pregunta.
–Cuando terminemos la reunión, ¿me explicarían la cuestión que no comprendo?
–Veremos… –respondió tajantemente el joven Crónida y acto seguido los demás Olímpicos se sentaron para finalmente sentarse Zeus de forma majestuosa.
–Antes que nada quiero decir que es un honor estar en su morada y agradezco que me hayan permitido ingresar aquí. –declaró Nahuel.
–Tiene suerte de estar aquí. Si no fuera por el revuelo que ha creado en mis pares no estaría aquí y, si intentaba escalar el monte Olimpo de su dimensión lo haría bajar rápidamente a fuerza de rayos. –aseveró Zeus.
–No lo dudo…
–Entonces basta de preámbulos y pasemos a lo nuestro. Como sabe su idea de formar una coalición de deidades ha provocado ciertos desacuerdos en mis pares por lo que hoy se decidirá si todos apoyamos su idea o nos negamos completamente.
–Está bien, pero quiero que este debate sea justo.
–Por supuesto que lo será.
–¡No mientras esa hija de puta esté aquí! –exclamó Afrodita señalando a Hera.
–¡Silencio! ¡Hablarás cuando yo lo diga! ¡Además no tienes derecho para decidir quién puede estar a aquí y quién no! –regañó Zeus con dureza provocando que  Afrodita no le contestara.
–¿Y qué quieren que les diga? –interrogó Nahuel– Seguramente todos saben por qué quiero formar la alianza de dioses…
–Ciertamente. Sin embargo estoy cansado de que los dos bandos se peleen constantemente… –aseguró Zeus.
–¿Se pelean verbalmente o va más allá de eso?
–La mayoría de las veces verbalmente, pero los gritos me aturden.
–¿Y por qué usted no decide sobre cual postura tomar?
–Pero estoy completamente convencido que los dos bandos tergiversan y/o ocultan cierta información. –contestó Zeus mirando a Atenea y Hera.
–¿Tergiversan y/o ocultan información?
–Sí. Por eso quiero escuchar sus argumentos sin intermediarios y luego meditaré sobre la decisión que tomaré.
–Está bien.
–Aunque antes de que comience hablar, quiero que se coloque el centro del círculo negro que tiene delante de usted para que todos podamos oírlo mejor.
–De acuerdo. –dijo Nahuel para luego colocarse en el centro del agüero negro.
–Bien, ahora quiero que cuente cómo surgió la idea y para qué quiere llevarla a cabo.
–¿Con lujo de detalles o lo más resumido posible?
–Toda la historia si es posible.
–¿Tienen tiempo suficiente?
–No tenemos nada mejor que hacer.
–Muy bien, entonces la historia comienza así… –afirmó Nahuel y acto seguido comenzó a contar toda la historia que lo llevó a pensar en la idea de la coalición de deidades, desde las extrañas conductas de los ángeles y los demonios, la mención de los “derrotados” , Beelzebub, Mefistófeles y Belial, la “profecía” de Christopher Benjamin Lenz, el retorno de los “derrotados”, el extraño “comportamiento” de los pilares energéticos en Santa Rosa que se repitió en otros sitios y la última vez en el Santuario de los Grandes Dioses de Samotracia y lo sucedido en Salta y la ciudad de Salta alterna– Después de eso mis “líderes” me dieron un informe en donde los satélites que antes mencione habían registrado una actividad extraña en varios sitios de Grecia y Egipto, y finalmente mis dos compatriotas y yo nos preparamos para viajar y al poco tiempo llegamos a Atenas. Y… bueno, el resto ya lo saben. –concluyó causando que los dioses hablaran entre ellos, no obstante Zeus los hizo callar para poder hablar.
–Así que algunos hechos sucedieron en verdad, pero no entiendo qué sucede con los “derrotados”. Al parecer su “renacimiento” provocó que los ángeles y los demonios lucharan con más fuerza, pero no logro entender por qué sabiendo que sin ellos pueden generar todo lo que causaron. –expresó Zeus.

sábado, 11 de febrero de 2017

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XXI: La reunión (Parte 2).







–Se suponía que era para defendernos de los ángeles y los demonios, no de esta… clase de gente, si es que son humanos… –aseveró Alejandro en el mismo tono de voz que su primo.
–¿Qué harían aquí? –preguntó María en voz baja.
–No lo sé, espero que no vengan a completar el “trabajo” que no pudieron terminar en Samotracia… –contestó Nahuel.
–Entonces los dos que vimos son débiles, porque de lo contrario no hubieran traído a algunos… amigos… –declaró Alejandro.
–Tal vez “paseaban” por aquí, nos vieron y los dos Misántropos que estuvieron en Samotracia pensaron que era hora de hacer lo que no pudieron hacer en el Santuario de los Grandes Dioses. –pensó Silecio.
–Si eso fuera así, ¿por qué “paseaban” por aquí? –interrogó María.
–Quizás buscaban nazis para “jugar” con ellos. –respondió Alejandro.
–La única forma de averiguarlo, es preguntándoles… –dijo Nahuel.
–Preguntándoles a los tres nuevos porque los otros dos que conocemos no nos van a decir ni media palabra. –aseguró Alejandro.
–Yo creo que lo mejor sería no decirles nada hasta que ellos digan algo. –aconsejó María.
–Si son como los otros dos podríamos esperar toda una vida y ellos no dirían ni media letra. –declaró Alejandro.
–Ya basta. Deja de comentar. –expresó Nahuel exasperado.
–¿Por qué? Puede ser verdad lo que dije.
–Tal vez sí, tal vez no. Pero la próxima vez que quieras decir algo negativo de los Misántropos, guárdate el comentario.
–¿Por qué debo hacer eso? ¡Ellos no tienen nada positivo! ¡Son un montón psicópatas en estado de larva! ¡Ahora matan nazis, asesinos a sueldo, violadores y afines, y cuando se aburran de ellos o los erradiquen completamente empezaran a asesinar gente inocente!
–¡Sssshhhh! ¡Baja la voz maldita sea! –reprendió María.
–No hagamos nada que provoque a los Misántropos… –advirtió Silecio.
–¡Oh, por favor! ¡No son bestias salvajes que nos atacaran si hacemos el más mínimo ruido! –manifestó exasperado Nahuel.
–Entonces haz algo para que se vayan. A ti te hacen caso. –dijo Alejandro.
–Ellos no le hacen caso a nadie. Ni siquiera Crusiantelli, Zysman y Volpi… mucho menos ella –afirmó Nahuel cerrando sus ojos con fuerza al recordar a Volpi puesto a que no le tenía unos buenos recuerdos para, al segundo siguiente, abrirlos–. Ellos me prestan atención porque les ignoré la mayoría de las bromas que ellos me hicieron en Misantropía Unida, aunque algunas de ellas eran prácticamente imperdonables…
–Por lo menos dile que queremos irnos de aquí si a ellos les molesta que estemos en este lugar. –aseguró Silecio.
–Haré lo que pueda –dijo Nahuel para luego mirar a los cinco Misántropos Oscuros–. ¿Alguno de ustedes podrían decirnos qué hacen aquí? –les preguntó provocando que sus compañeros se horrorizaran.
–¡¿Por qué dijiste eso?! ¡Ahora nos van a atacar! –regañó el dualista griego a media voz.
–Tranquilo. Ellos prefieren gente que les hable como yo antes de que sean cobardes… –garantizó Nahuel.
–Eso no es de vuestra incumbencia. –respondió el hombre vestido con traje formal un tono de voz elegante pero al mismo tiempo severo.
–¡Ah, no! ¡Nosotros llegamos primero! ¡Tenemos derecho a saber! –exclamó Alejandro.
–¡Y nosotros después! ¡Por lo tanto también tenemos derecho a preguntarles que hacen aquí! –replicó el Misántropo que poseía el estilo punk con un ligero acento francés.
–¡Con que haciéndose los vivos, ¿no?! ¡Contesten lo que pregunto Nahuel y luego nosotros le contestaremos! –gritó María.
–¡¿Y ustedes quiénes son?! ¡¿La CIA, el FBI, la INTERPOL?! ¡Aunque pertenezcan a uno de los grupos que mencioné no responderemos! –aseguró la Misántropa con un acento ruso que apenas se podía oír.
–De acuerdo. Ya que nadie quiere contestar nosotros nos iremos de aquí para que no haya problemas y así todos estemos en paz. –comentó Silecio con tal de salir lo más rápido posible de allí para no ver más a los Misántropos.
–De ninguna manera –dijo la mujer de la bandana para luego apuntar a los dualistas con su revólver–. De hecho no den ningún paso hacia ningún lado, es más, no piensen ni siquiera en ello. –agregó causando que los muchachos se asustaran un poco y que asieran sus armas con firmeza, pero sin llegar a retirarlas de su sitio o, en el caso de María, sin retirar una flecha de su carcaj, más bien llevar su mano hacia el objeto con tal de tener una saeta a mano.
–¡¿Por qué haces eso?! ¡Nosotros no te hicimos nada! –bramó Alejandro mientras le rodaba una gota de sudor por el rostro por culpa de los nervios que sentía.
–A mí no… pero a ellos dos sí. –contestó la Misántropa indicando con su cabeza a los dos Misántropos que los dualistas vieron en Samotracia.
–Que yo sepa nosotros no le hicimos nada. –declaró Silecio.
–¿Seguro? Ustedes estaban donde ellos se deshicieron del maldito hijo de puta nazi. –afirmó el punk.
–Cierto –asintió Nahuel–, ¿y?
–¡¿Y?! ¡Ellos no debían dejarlos ir! ¡Podrían ir con las autoridades y contarles lo que vieron!
–¿Acaso crees que iríamos a reportar a un nazi muerto? Por mí se hubiera podrido dentro de la rotonda de Arsinoe, aunque le daría mala fama a esas ruinas.
–Aparte que la policía nunca los encontraría. –agregó María.
–No importa, vosotros sabéis suficiente, no podemos dejarlos iros como si nada hubiera pasado. –aseveró el Misántropo español.
–¡¿Están locos?! ¡¿Qué ganarían con eso?! ¡Miren que estamos cerca de una carretera! ¡En cualquier momento podría pasar un auto y los que estén dentro nos verán, llamaran a la policía y en menos de lo que pensamos estaremos rodeados por patrulleros! –vociferó Alejandro.
–Entonces haremos rápido el trabajo. –aseguró el hombre vestido con traje formal para luego mover su lanza con gran destreza para luego asirla con fuerza, apuntando hacia los dualistas, provocando que los otros tres Misántropos desenvainaran sus espadas. Eso logró que los dualistas se preparen para el ataque haciendo que Alejandro y Silecio sacaran sus lanzas, Nahuel desenvainara su katana y María retirara una flecha de su carcaj para luego apuntar su arco hacia la Misántropa.
–Antes de que nos ataquen quiero que me respondan algo, malditos desgraciados. ¿Por qué sus dos amigos no dicen nada? ¿Son mudos? –interrogó Alejandro.
–No saben hablar en tú idioma, idiota. Lo entienden pero no pueden armar una frase con coherencia. –respondió el punk.
–Entonces yo quiero saber por qué ellos no nos mataron en Samotracia y huyeron como ratas al aparecer el pilar energético demoníaco. –interpeló Nahuel.
–Quisieron que los demonios hicieran el trabajo sucio. Pero sobrevivieron y ahora nosotros los liquidaremos –aclaró la Misántropa–. Y ésta vez no sobrevivieran.
–¿Qué los demonios hicieran el trabajo sucio? ¿Qué clase de Misántropos son ellos? Se presume que ustedes matarían a cualquier humano sin importar que en el lugar los ángeles y los demonios luchen, o en un ejemplo más “realista”, que su víctima esté en medio de una muchedumbre.
–A decir verdad ellos son novatos. Aún no están preparados para asesinar en cualquier situación… pero pronto aprenderán y podrán sentir una paz interna que nunca han sentido. –confesó el Misántropo español causando que Nahuel abriera bien los ojos porque se había dado cuenta de que estaba delante de algo muy peligroso.
–¡Maldición! ¡Ustedes son los “sádicos” que me hablaba Crusiantelli! –voceó Nahuel siéndose un poco nervioso.
–¿Qué? –preguntaron sus compañeros.
–Así que fue Crusiantelli el que te hablo de nosotros, ¿eh? Con razón no te acercabas a ninguno de los nuestros. –expresó el Misántropo punk.
–¡Maldita sea ese estúpido bastardo! ¡Él siempre se queda con los mejores “juguetes”! –bramó la Misántropa.
–¿Qué es eso de los “sádicos”? –interrogó Alejandro.
–Gracias por leer mi informe, Alejandro… –respondió Nahuel.
–Yo tampoco lo leí, por lo tanto será mejor que nos expliques. –aseguró María.
–Así es. –secundó Silecio suscitando que Nahuel suspirara.
–No quería que lo supieran en estas circunstancias… pero bueno… En la Misantropía Unida existe un grupo de Misántropos que matan a cualquier persona, pero a cualquiera, sin importar la razón. Los demás Misántropos los llaman los “sádicos” porque, además, asesinan de forma sádica a sus víctimas; en el informe los catalogué con el rango de Charles Manson, porque matan humanos con el fin de sentirse bien con ellos mismos. –dilucidó el muchacho aterrorizando a sus compañeros.
–¡¿Y recién ahora lo dices?! –gritó María muy asustada.
–¡Ahora sí que estamos perdidos! –añadió Alejandro en el mismo estado que su amiga.
–¡Nos van a hacer sufrir mucho antes de morir! –aseveró Silecio al tiempo que sus piernas temblaban un poco.
–¡¿Ustedes son idiotas o qué?! ¡Podemos defendernos!  –les gritó Nahuel a sus compañeros a modo de reproche–. ¡Además yo tengo un “as en la manga”! –añadió ocasionando que los demás dualistas dejaran de temblar y se sintieran muy animados.
–Oye… es verdad… –dijo Alejandro con aire de misterio.
–Creo que los Misántropos volverán al agujero donde pertenecen tan traumados que no volverán a matar ni una sola persona más. –declaró María.
–No veo la hora de verles la cara de horror que pondrán cuando vean el “as bajo la manga”. –admitió Silecio.
–¿De qué estáis hablando? –interrogó el Misántropo español.
–No es de tu incumbencia. –contestó María con desdén.
–Aparte es mejor que lo vean a que les contemos. –aseguró Alejandro.
–¿Ah, sí? ¿Y por qué no nos lo muestran? –preguntó con cierta intriga el Misántropo punk.
–Pero deberían atacar ustedes porque de lo contrario no se los mostraremos. –aseveró Silecio.
–Y será mejor que se apresuren… –agregó Nahuel mientras que preparaba los dedos de su mano izquierda para chasquearlos.
–Como ustedes quieran… –dijo la Misántropa provocando que sus pares asieran sus armas con fuerza al igual que dualistas.

Por unos pocos segundos el ambiente se tornó tenso, donde cualquier movimiento que hicieran los dualistas o los Misántropos podría resultar en una contienda, pero como los Misántropos Oscuros estaban tan ansiosos por saber qué era lo que tramaban los dualistas no querían esperar ni un segundos más por lo que se prepararon para atacarlos y justo cuando  los espadachines iban a correr hacia los dualistas al igual que el lancero y que la pistolera iba a jalar del gatillo de su arma todos ellos cerraron sus ojos con fuerza por un par de segundos, como si algo les hubiera entrado a los ojos o vieron un destelló que los encegueció, para luego abrirlos y al segundo siguiente caer al suelo completamente inconscientes, sorprendiendo a María, Nahuel, Silecio y Alejandro que no sabían qué había ocurrido.
–¿Y eso? –preguntó Alejandro.

jueves, 9 de febrero de 2017

El contrapunto del amor y el sexo. (Capítulo 3)





Capítulo 3



Pasaron tres semanas desde que le ayudo a Maccarinelli con su solfeo y hay pocos progresos. Ella me afirma que estudia los ejercicios siempre que puede y le creo, de lo contrario no avanzaría nada. Comienzo a pensar que debería hablar con un profesor de solfeo, aunque le recomendaré eso dentro de unas clases más.

En la quinta clase de mi curso de contrapunto en la universidad empezaron las deserciones. Dos estudiantes hablaron conmigo antes de iniciar la clase y me aseguraron que no podían continuar. No los culpo. El contrapunto es sumamente difícil de aprender y no todos los músicos pueden dominarlo, incluyendo los que nos dedicamos a la música clásica. Por otra parte, con el paso de las clases noto cómo el entusiasmo se va borrando de sus rostros y sus miradas quedan perplejas al ver la complejidad de los ejercicios que deben realizar. Siempre les digo que son los más sencillos de todos. No obstante, a medida que van sucediendo los ejercicios me miran con cara de “¿Está hablando en serio?”

Una vez que la clase finaliza y todos se marchan del aula me dispongo a ordenar los papeles que tengo en mi escritorio. De repente, oigo que alguien entra al aula.
–Si se ha olvidado algo búsquelo rápido porque apenas me retire cerrarán el aula. –digo, pensando que es alguno de mis alumnos que se olvidó algo.
–No soy una de sus alumnas, profesor. –dice una voz femenina casi angelical. Me detengo y me doy vuelta. Esa voz la conozco. No creo que sea ella. Al verla, me llevo una gran sorpresa.

Es Saskia Brunhilde Theissen. Una mujer muy bella y atractiva de 29 años. Casi un metro ochenta de altura, piel radiante, ojos azules y cabellera rubia tan larga que le llega hasta la cintura. Parece una modelo. Aparte de su increíble bella física, es poseedora de una voz exquisita. Es una brillante soprano. Si se requiere ser más técnico, ella es una soprano dramática, aunque también puede clasificarse dentro de otros matices de la voz de soprano. Debido a esto puede interpretar varios papeles de la ópera alemana. En concreto, Saskia es famosa por ser la mejor intérprete de la valquiria Brunhilde, personaje perteneciente a la tetralogía operística “El Anillo del Nibelungo” de Richard Wagner.

La conozco desde que vine a Leipzig a estudiar y por pura casualidad ya que ella quería un autógrafo y se lo di sin problemas, pero como era totalmente ajeno al mundo del canto lírico, ahora no tanto, no sabía quién tenía delante hasta que hablamos un poco en el Viejo Rudolf.

sábado, 4 de febrero de 2017

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XXI: La reunión (Parte 1).







Como Nahuel lo había dicho, los operadores y los Hijos del Universo, sobre todo éstos últimos, querían explicaciones sobre lo ocurrido. Los muchachos, haciéndose los desatendidos, los que no sabían nada de lo que había ocurrido, les preguntaron a sus interrogadores qué había sucedido, a lo que los Sabios Maestros le contaron que en un momento dado el comunicador dejó de funcionar provocando que se preocuparan y que mandaran a un grupo de soldados dualistas al sitio ya que, además, la actividad energética de origen desconocido desapareció al mismo tiempo que el dispositivo dejó de emitir su señal imposibilitando a los Ojos del Demiurgo encontrarlos en el mapa, por lo que pensaron que sería buena idea enviar a los soldados. Sin embargo, cuando dichos dualistas llegaron al lugar, no los encontraron por ningún lado generando un ambiente de preocupación tanto en el Centro de Mando como en el grupo de hombres que estaban buscando a los jóvenes; ambiente que se rompió cuando el comunicador volvió a emitir su señal.

Tras esto todos los presentes en el Centro del Mando querían saber qué había pasado allá afuera por lo que dijeron una parte de la verdad: habían entrado en una dimensión alterna sin que ellos supieran. Seguidamente Nahuel, con la ayuda de Silecio para traducir y de María y Alejandro que les daba algunas ideas, explicó lo que “había ocurrido”. Ellos sintieron algo que procedía dentro de un cueva que había en la ladera del monte y entraron para averiguar que era, al principio el trayecto era recto, un túnel, hasta que llegaron una gran sala donde el muchacho describió todo lo que había en la sala donde en realidad estuvieron, salvo que allí encontraron a Medusa, al Basilisco, las personas petrificadas y los cadáveres. En vez de eso les narró que se toparon con Centurionados Infernales y Principados y varios ángeles y demonios menores con los cuales tuvieron que enfrentarse porque, y si bien cuando los encontraron estaban luchando entre ellos, muy concentrados en su trifulca, de pronto empezaron a atacarlos sin razón aparente en teoría, aunque la verdad era que no les agradaba mucho que hubiera humanos observándolos. Luego de un rato de lucha los seres se retiraron y siguieron explorando hasta que hallaron otro túnel oscuro y se adentraron en éste, para cuando se dieron cuenta se encontraban en la ladera opuesta del monte de donde se hallaba la cueva por donde entraron. Además agregó que, dado a las particulares características del lugar, de la batalla y, lo más importante, que pensaban que llegarían a una cueva común y corriente, Silecio no les aviso por el comunicador que entrarían en la cueva y mucho menos les informó a dónde estaban. A pesar de que los Hijos del Universo y los operadores les podían haber cuestionado el hecho de que Silecio no hubiera apretado el botón del comunicador y descubrir que el dispositivo no funcionaba o que no escuchara una estática en el aparato, se creyeron la mentira sin dudarlo porque el simple hecho de que los jóvenes dualistas habían entrado en una dimensión alterna era una cuestión delicada, aparte de que sabían que nadie mentiría con algo semejante porque si lo hacían tendrían severas consecuencias, aparte que los Sabios Maestros ya intuían que ellos ingresarían de una dimensión alterna por lo que eran, un equipo de prueba para crear una fuerza militar dualista investigadora especial. Después de todo eso, los Hijos del Universo dejaron a los muchachos retirarse a sus habitaciones para descansar sin antes decirle a Nahuel que querían un informe bien detallado de lo acontecido para antes de la hora de cenar del día siguiente.

Lamentablemente para los jóvenes que creían que la mentira terminaba allí a excepción de Nahuel que tenía que redactar un informe falso, para no perder la costumbre, y Silecio que tenía que traducirlo, se habían equivocado. Prácticamente todo el Templo se enteró de su pequeña odisea ficticia y, durante la cena, fueron bombardeados con cientos de preguntas al respecto, causando que Silecio no supiera que hacer, si contestarle todas y cada una de las preguntas de su compatriotas o no responderles nada puesto a que él tranquilamente podría decir que no podían hacerlo porque los Sabios Maestros se lo prohibieron, otra mentira pero sus compatriotas probablemente nunca les preguntarían a los Hijos del Universo sobre el asunto por lo que era, en cierto punto, efectiva. No obstante el dualista griego no tuvo que responder nada y ni mentir porque los Sabios Maestros intervinieron diciendo que tanto Silecio como los tres dualistas argentinos no debían contestar nada sobre el tema puesto a que era un tema que sólo lo podían hablar los soldados dualistas a pesar de que lo sucedido en el monte Ataviros era sabido por todos los dualistas del Templo y advirtieron que el que intentaba hacer la más mínima pregunta al respecto, sin importar quién sea, el castigo sería severo, suscitando que los dualistas griegos se apartaran de Silecio, Nahuel, María y Alejandro dejándolos en paz.