sábado, 11 de marzo de 2017

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XXII: La invasión del Olimpo (Parte 2).







Al llegar al borde del edificio donde el joven veía que comenzaba el puente, descubrió la escalinata de grandes escalones que lo conducía hacia la larga construcción de piedra y que tenía un ancho que superaba un poco el triple de su altura, por lo que, y luego de comprobar esos detalles, descendió los peldaños raudamente para luego correr a todo lo que podía para llegar hacia el edificio del templo. Todo parecía decir que ningún ángel lo estaba siguiendo pero lo que no sabía es que un ángel montado hechicero estaba volando detrás de él y que estaba creando en la punta de su báculo una esfera de fuego. Apenas estuvo lista movió de el báculo en forma de círculo para luego lanzar la esfera hacía Nahuel explotando detrás del muchacho ocasionando que saliera despedido violentamente hacia delante para luego rodar unos metros hasta detenerse justo en uno de los bordes del puente mirando hacia arriba, por lo que Nahuel pudo ver a su atacante porque voló por encima de él. Rápidamente se levantó y siguió corriendo al tiempo que miraba al ángel que estaba volviendo hacia él para atacarlo con una esfera de tierra que estaba creando por lo que Nahuel pretendía arremeter contra su atacante apenas estuviera un poco cerca y antes de que realizara su movimiento ofensivo, pero el ángel lanzó su hechizo a muchos metros por lo que el dualista tuvo que eludir el ataque, sin embargo la explosión generada por el choque de la esfera causó que se esparciera muchos kilos de tierra que empujaron a Nahuel con violencia cayendo al suelo para golpearse duramente contra la piedra.

–¡Mierda! ¡Maldito hijo de puta! –bramó el joven mientras se levantaba del suelo completamente adolorido no sólo por el golpazo que se dio contra los bloques de piedras que conformaban el puente también por la tierra que lo había empujado ya que el impacto fue duro. Apenas se erguió se sacudió un poco para quitarse la tierra que tenía en la espalda para luego seguir su rápido avance hacia el depósito de armas, pero apenas hizo los primeros metros se percató que el ángel que lo atacaba se dirigía hacia él desde su izquierda por lo que aceleró su marcha al tiempo que se concentraba en el ser montado para así saber cuándo iba a atacar para eludir su ataque con total éxito. Sin embargo el ángel se desvió haciendo que desapareciera de la vista del joven por lo que éste siguió corriendo a lo máximo que podía ya que dejó de preocuparse por su adversario.

Antes de que llegara a la mitad del trayecto el muchacho sintió que algo se aproximaba hacia él a toda velocidad por lo que quiso voltear su cabeza para saber si era el ángel montado que iba a cornearlo con el cuerno de metal de su corcel alado pero no necesitó ni siquiera mover un poco su cuello porque observó, arriba de él, que una gran esfera de tierra se movía y cuya trayectoria iba a para hacia metros delante del joven por lo que una vez que impactó contra el puente rompió un buen tramo como si esa esfera fuera una bola de demolición. Nahuel se frenó e intentó retroceder lo más rápido que pudo, pero el sector del puente donde él se encontraba cedió ocasionando que cayera al abismo. Por suerte se aferró a último momento de una saliente que había quedado del puente evitando caer al vacío. Raudamente empezó a juntar fuerzas para comenzar a subir, lográndolo después de varios segundos de hacer un esfuerzo descomunal ya que era la primera vez que sentía que su vida realmente corría riesgo, olvidándose por completo de aquellas veces en que estuvo en peligro de muerte por culpa de los ángeles, de los demonios, de las criaturas míticas y de las trampas de Hera. Al regresar al puente el dualista estaba tan extenuado que apenas podía sostenerse sobre sus pies, no obstante sabía que debía seguir, pero al ver que más de setenta metros del puente había desaparecido por culpa de la gran esfera de tierra supo que era prácticamente imposible continuar, además de estar sorprendido que el resto de la construcción siguiera de pie ya que no poseía una estructura que le permitía seguir sólido cuando algún sector se destruía, aunque de inmediato recordó que no estaba en su dimensión por lo que intuyó que algunas cosas que sucedían en su dimensión de origen no ocurrían en la que donde se hallaba en ese momento. Aún contra todos los pronósticos, el joven decidió avanzar intentando hacer el Salto a distancia físico-mental aunque teniendo en cuenta que la distancia que debía saltar era mucha, más del doble de lo que él podía llegar a hacer, pero estaba decidió a llegar hasta el depósito porque sabía que si lograba hacerlo no tendría problemas al regresar. Velozmente tomó distancia al tiempo que miraba a su alrededor para averiguar dónde se encontraba su oponente; increíblemente no lo vio por ningún lado y tampoco lo sentía, de hecho lo único que percibía era la esencia de los demás ángeles montados volando sobre el edificio donde se defendían los dioses, causando que Nahuel pensara que el ángel se había ido porque creía que había caído al vacío. Eso hizo que se despreocupara suscitando que el dualista se relajara un poco para que su mente estuviera tranquila para concentrarse para que así pudiera realizar la técnica mental que pretendía hacer, siempre estando consciente de que lo que iba a hacer tendría graves consecuencias, que no era una simulación o un entrenamiento, sino que lo haría en la vida real por lo que el peligro de caerse y quedar enterrado en la tierra, si es que había detrás de las nubes, y morir o que todos sus huesos se hicieran polvo cuando chocara contra el suelo o las rocas para después desfallecer era real.


Cuando sintió que estaba listo comenzó a correr a todo lo que podía mientras se concentraba para poder elevarse después de que realizara el salto y justo cuando despejó sus pies del borde del puente, se percató de un ángel montado que venía a toda velocidad hacía él desconcentrándolo por un instante. Lo que no sabía era que dicho ángel a punto de terminar de crear una esfera de viento que la lanzó apenas terminó para luego levantar vuelo. Dicha esfera impactó contra el borde del puente causando una explosión en la cual se liberaron furiosas ráfagas de viento que superaban cualquier viento de cualquier huracán que hubiera existido en la historia que se dispersaron por todas direcciones y que incluso golpearan a Nahuel provocando que fuera despedido hacia adelante a una velocidad que aterró completamente al dualista, dejándolo sin aliento, sin poder gritar que era lo que quería hacer en esos terribles momentos, aunque gracias a eso estaba llegando hacia el otro lado del puente por lo que, a pesar del gran susto que sentía, se sintió un poco aliviado aunque esa sensación duraría poco porque el miedo lo invadió totalmente porque no podía controlarse ya que las furiosas ráfagas lo tenían a su merced por lo que ahora se preocupaba del aterrizaje sabiendo que podría tocar el puente una vez que las ráfagas perdieran su velocidad, aunque “podría” era la palabra correcta porque en cualquier momento los vientos podrían dirigirlo hacia un costado del puente ocasionando que cayera al vacío. Para su suerte las ráfagas comenzaban a perder intensidad mientras él se hallaba sobre el puente por lo que de pronto cayó contra los bloques de piedra con mucha fuerza, tanto que terminó rodando por el suelo de nuevo. Apenas dejó de rodar lanzó un grito de dolor porque cuando hizo contacto con el suelo cayó sobre su brazo derecho haciendo que todo su peso comprimiera la extremidad generando un terrible dolor. Eso hizo que el joven se hartara de que fuera la víctima de los ataques de ese ángel montado por lo que, mientras decía una sarta de improperios, miraba en todas direcciones para encontrar a su adversario al tiempo que se masajeaba en brazo que le dolía con la mano del otro brazo.

Segundos después encontró a su rival que se dirigía hacia él a gran velocidad. Lo que el dualista no podía ver era que el animal alado tenía su cuello tensado hacia adelante por lo que el jinete tenía la intensión de cornear al humano para acabar con él; intensión que Nahuel pudo comprobar cuando estuvo cerca por lo que éste, en vez de seguir corriendo hacia el depósito se quedó mirando al ser que se acercaba cada vez más y más al tiempo que se concentraba sin apartar la mirada de su oponente y cuando el ángel montado estuvo a quince metros del dualista, Nahuel le arrojó con un grito de furia que nacía desde lo más hondo de su ser su ataque elemental con la mano izquierda ocasionando que los furiosos “rayos” impactaran tanto en el jinete como en el animal alado, aunque el ataque duró un par de segundos exactos ya que el joven se agachó porque su oponente se le vino encima logrando eludir la arremetida para luego observar cómo su adversario caía al vacío sin que hiciera nada para remontar vuelo y cuando casi desapareció de la vista del muchacho se convirtió en una nube de polvo brillante. Seguidamente continuó con su camino hacia el depósito de armas.

Mientras corría no supo si era porque faltaba poco o porque la adrenalina actuaba de anestesia el dolor que sentía en su brazo derecho estaba comenzando a desaparecer progresivamente logrando que se sintiera más animado. Sin embargo, cuando quedaban unos cuarenta metros para llegar, haciendo que el joven se sintiera completamente realizado, sintiendo el sabor de la victoria en su boca, dándose cuenta de que todo lo que sufrió había valido la pena para llegar hasta el edificio, se percató que detrás de él otro ángel montado se aproximaba a toda velocidad aunque, repentinamente, notó que el ser se dio media vuelta y regresó por donde vino, provocando que el joven se detuviera un tanto extrañado por lo que había sentido suscitando que volteara su cuello para averiguar qué había pasado y descubrió, con total espanto, que una gran esfera de agua se acercaba hacia él, de hecho estaba a cinco metros por lo que no podía hacer nada para eludirla ocasionando que el muchacho sintiera la esfera en toda la parte delantera de su cuerpo antes de que estallara generando una gran ola que lo arrastró hacia adentro del edificio hasta que se detuvo porque se topó contra una estantería que poseía armas gigantescas.

Para cuando el agua se tranquilizó, Nahuel empezó a escupir el agua que tenía en su boca para luego toser ya que sintió que una pequeña cantidad había entrado a sus pulmones, aunque la toz le duró poco.
–¡Malditos hijos de la gran puta madre que los parió! ¡Hechiceros de mierda tenían que ser! –gritó el muchacho completamente enfurecido al tiempo que inclinaba su cabeza hacia la izquierda para luego meterse un dedo en la oreja izquierda para moverlo ocasionando que el agua que había dentro del oído saliera y cuando eso ocurrió se golpeó la cabeza con la otra mano para que el agua saliera más rápido. Después de que el agua saliera de su oreja izquierda hizo el mismo procedimiento con la otra.
–¡Putos bastardos! ¡Casi me hacen caer al vacío y por poco no me ahogan! ¡Cuando les ponga las manos encima no van a querer montarse en ningún caballo alado nunca más en su jodida existencia! –agregó mientras hacía que el agua se le escurriera por la oreja derecha. Después de que sintiera que había drenado toda o gran parte del agua que había en sus orejas observó lo que había a su alrededor, sorprendiéndose por lo que sus ojos veían.

Era un gran edificio en el cual la única entrada se encontraba en la mitad del mismo, justo por donde había entrado el dualista, aunque poseía unas ventanas ubicadas bien en lo alto de las paredes, casi en la unión con el techo, que poseían cristales amarillos por lo que el interior de la edificación era iluminado por una luz “amarillenta”, pero se podía ver todo lo que había dentro sin problemas. Había una cantidad de armas de todo tipo y de todos los tamaños además de armaduras griegas de distintos tamaños, tanta era la cantidad de armamento que había allí que se podrían armar dos ejércitos enteros y aún así podría sobrar. Una determinada cantidad de lanzas y espadas estaban ubicadas en unas estanterías, que poseían el tamaño ideal para las armas que descansaban en ellas, pero las armas enormes se encontraban en la pared, de hecho el arma más grande del lugar se ubicaba allí y era una lanza que medía prácticamente la mitad de la pared de edificio, y no era una sola, eran cuatro, una arriba de la otra y tenían unas hojas que en la mitad de su longitud estaban dentadas; tal era el tamaño de esa arma que daba estupor el solo verla, lo que ocasionó que Nahuel tragara un poco se saliva tras contemplar unos segundos las cuatro gigantescas lanzas. Tras esto se desplazó hasta un determinado sector del edificio donde se hallaban las armas y armaduras para su tamaño y cuando llegó se sintió completamente aliviado ya que finalmente podría armarse y ayudar a los dioses, sin embargo no había tiempo para alegrarse y agradecer al Universo por haber llegado hasta donde quería por lo que rápidamente empezó a escoger entre las opciones disponibles: llevarse un arco con un carcaj lleno de flechas fue la opción que descartó de inmediato; él no sabía manipular del todo bien el arma y sería una locura aprender lo que le faltaba sobre la marcha. Llevarse una espada no era muy conveniente, a no ser que llevara una espada que lo duplicara en tamaño, en cuyo caso tendría que utilizar mucha fuerza para que el arma no se le escapara de las manos apenas hiciera el primer movimiento, además de que sería muy complicado moverse con semejante arma, más aún  a la hora de regresar al edificio donde se encontraban los dioses puesto a que tendría que superar los más de setenta metros faltantes del puente. Llevarse una lanza era lo más viable, pese a que no era tan bueno como los primos Tsartsaris esgrimiendo esa arma, sabía defenderse bien aunque tenía algunas limitaciones: los seres montados debían embestirlo para que él utilizara la lanza o bien volar cerca para que pudiera lanzárselas, aunque aún así no había garantías de que lograría acertar porque no tenía buena puntería, de hecho era pésimo lanzado la jabalina; otra limitación era que debía lancear prácticamente en zonas letales, ya sea en el jinete como en el equino porque si apenas lo hería su ataque sería inútil, teniendo en cuenta que la lanza de Atenea y Ares era inmensa por lo que en cualquier sitio donde lancearan causaría un enorme daño a su adversario, lo que significaba que la lanza del muchacho era, a comparación con las armas de los dos dioses, un simple mondadientes, pero el dualista sabía que hasta un simple mondadientes podría llegar a ser un arma letal por lo que asió una de las lanzas.

Luego de haber agarrado el arma Nahuel observó las armaduras aunque no quiso ponerse una porque ya tenía una encima, aunque no proporcionaba la misma protección que las que se encontraban en ese edificio pero era más ligera y la agilidad era lo más importante en la batalla que se desarrollaba en la edificación donde estaban los dioses defendiéndose. Aún así decidió agarrar un escudo redondo cuyo tamaño cubría gran parte del cuerpo del joven, dejando al descubierto, si el muchacho se lo colocaba a la mitad del pecho, las piernas hasta la rodilla y la cabeza hasta la boca porque el mentón lo cubría el blasón. Al darlo vuelta para ver si tenía algún emblema o algo halló la ilustración de la cabeza de Medusa, la misma que tenía Atenea en su escudo por lo que en ese preciso instante Nahuel recordó que podía materializar al monstruo en cuestión para hacer que los ángeles montados se petrificaran suscitando que la batalla se decantara a favor de los dioses, además de rememorar que también podía materializar a las otras criaturas que podía, lo que provocó que el muchacho se golpeara su cabeza con sus manos por lo idiota que era al olvidarse de ese “pequeño” detalle. Después de golpearse unas cuantas veces dirigió su mirada, de casualidad, hacia un casco que tenía una de las armaduras y se puso a considerar seriamente si llevarse uno porque así estaría más seguro porque su cabeza y gran parte de su cuerpo estaría protegida.
–Mmm… ¿Llevarse un caso o no llevarse un caso…? esa es la cuestión –dijo Nahuel pensativamente y de pronto se escuchó una explosión y el edificio se estremeció violentamente, tanto que el dualista se tuvo que agachar porque se sentía que en cualquier momento se iba a caer–. ¡Mierda! ¡Mejor no me llevo el casco y regreso hacia donde estaban todos los dioses porque intuyo que la batalla se ha vuelto más intensa! –agregó y salió del edificio pertrechado con la lanza y el escudo.

Un par de minutos Nahuel se encontraba subiendo las escalinatas para entrar al edificio de los dioses. Anteriormente, cuando salió del depósito de armas, descubrió que había más ángeles montados que antes y que procedían de todos lados y que, para su suerte, todos ellos estaban concentrados en los dioses por lo que pudo saltar sin problemas la gran brecha que había entre los dos tramos del puente a pesar del miedo que sentía por el riesgo que corrió al saltar semejante distancia, para luego dirigirse hacia la batalla sin sobresaltos, más que esquivar algún que otro ataque perdido. Al llegar al centro de la edificación se percató que los dioses se encogieron y ahora tenían medían un poco más alto que el muchacho, aunque la lucha era más encarnizada porque los ángeles arremetían con mayor frecuencia y dureza. Además de eso había partes de muro pintado y grandes trozos de tierra y de columnas por todos lados, mosaicos rotos y algunas cortinas se estaban consumiendo por el fuego, por lo que el sitio se estaba cayendo a pedazos por lo que el dualista sabía perfectamente que había que hacer algo ya que, aparte de que el edificio podría venirse abajo con todos los dioses, algunos ángeles y él mismo en él, la destrucción significaba que la lucha se decantaba a favor de los seres de luz. Tras eso el muchacho se dio cuenta de que algunos dioses se escondían detrás de los tronos o de las columnas adosadas porque estaban muy fatigados, mientras que los demás los cubrían, lo que reforzaba la idea de que las deidades estaban perdiendo la contienda. Al contemplar rápidamente el panorama y darse cuenta de cómo se desarrollaba la lucha Nahuel intentó materializar a Medusa para que empezara a petrificar a los seres de luz o a sus corceles alados, pensando que cuando los ángeles comprobaran que varios de los suyos caían ante la petrificante mirada del monstruo se retirarían o que atacaran a la Gorgona olvidándose de los dioses provocando que o las deidades tomaran un breve respiró o que arremetieran contra sus adversarios sin que ellos pudieran defenderse. Pero justo cuando se iba a concentrar y a colocar sus dedos de la mano izquierda para chasquearlos y así invocar al monstruo, Nahuel tuvo que agacharse porque un ángel montado iba a cornearlo por lo que luego de agacharse rodó con dificultad por el suelo ya que el escudo no le permitía realizar por completo los giros para luego erguirse, asir su lanza con fuerza y colocar su escudo delante de él, listo para defenderse de cualquier ataque.

Para su suerte, o desgracia, las arremetidas no tardaron en venir. Tres ángeles arqueros comenzaron a dispararle por lo que el dualista se agazapó detrás del escudo para que las flechas impactaran contra el escudo y o sus alrededores, por suerte cuando hizo eso estaba cerca de uno de los tronos por lo que a los arqueros les sería difícil hacer que sus saetas impactaran en el mortal. Después de unos terribles segundos en donde el escudo le hacía estremecer el brazo izquierdo del muchacho por culpa de los furiosos proyectiles, los ángeles dejaron de atacarlo por lo que el joven se levantó para comprobar, con gran sorpresa, que ninguna saeta se había calvado en el blasón, todas habían rebotado aunque abollaron un poco el escudo, pero eso no le importó al joven y raudamente se dirigió hacia el donde la batalla era más intensa para ayudar a los dioses. No hizo ni diez metros cuando observó que un ángel arquero montado iba directamente hacia con la intención de cornearlo desde su izquierda por lo que el joven se detuvo se colocó firme en su posición, blandiendo su escudo con firmeza delante de él y ubicando su lanza a un costado del mismo. Cuando el ser estuvo cerca el muchacho le lanzó un golpe energético que provocó que el ser montado se frenara de golpe al tiempo que el caballo alado largaba un relinche porque él había sido el afecto por la arremetida psíquica del dualista ocasionado que el joven se dirigiera rápidamente hacia el caballo para lancearlo justo en el pecho, logrando penetrar la parte de la armadura que lo cubría sin problemas, aunque sin saber si le había dado al corazón o no ya que desconocía por completo la anatomía de los equinos, aunque supo que le había dado en una zona comprometida porque el corcel emitió un relinche muy fuerte, como si sintiera un gran dolor para después zamarrearse violentamente ocasionando que el jinete se cayera al suelo y un par de segundos después el caballo se transformara en una nube de polvo brillante. Seguidamente se iba a encargar del jinete ya que, además de estar desprotegido por tener en sus manos un simple arco, se estaba levantando del suelo y cuando le faltaba unos dos metros una gran columna de agua surgió de imprevisto debajo del ángel por lo que lo levantó con total furia y rapidez hasta que llegó al techo, en donde el violento choque provocó que el ser se desvaneciera tras una nube de polvo brillante. Nahuel, por unos instantes, quedó desconcertado ya que no sabía quién había realizado el ataque, pero en seguida se dio cuenta que fue Ponto el que creó la columna de agua que acabó con el ser, por lo que de inmediato siguió su camino para ayudar a los demás dioses. De pronto el muchacho vio que una esfera de viento iba a impactar a metros delante de él por lo que intentó llevar su escudo hacia delante de él para defenderse de las ráfagas que se generarían tras la explosión, no obstante no llegó a cubrirse ni medio cuerpo porque la esfera estalló antes de tiempo ocasionando que el joven fuese expulsado hacia atrás con una fuerza descomunal, cayendo de espaldas al suelo muchos metros atrás ocasionando que sintiera un gran dolor, no solo en la parte posterior de su cuerpo, también en el brazo izquierdo, donde sostenía el escudo, porque el impacto suscitó que el blasón vibrara con fuerza por lo que el brazo se estremeciera con una violencia tal que le generó un dolor agudo. A pesar de los dolores el dualista se levantó lo más rápido que pudo y cuando estuvo erguido se percató que dos ángeles montados se dirigían hacia él, uno a cada costado, por lo que el joven se comenzó a mirar a los dos seres manteniendo una postura defensiva al tiempo que pensaba que hacer para acabar con ambos y no terminar liquidado en el intento. Sorpresivamente uno de los ángeles montados fue alcanzado por un mortal rayo que lo fulminó al instante dejando una nube de polvo que seguía el trayecto del ser por una corta distancia hasta desaparecer ocasionando que el muchacho se diera vuelta para mirar al otro pero un segundo después de que lo hiciera Ares se abalanzó hacia la entidad energética para agarrarla con fuerza y hacerla caer al suelo con él mientras que el caballo alado seguía volando como si nada hubiera pasado por lo que Nahuel esquivó el animal perdiéndose como Ares se erguía para luego ensartarle su lanza en medio del pecho del ángel para luego revolearlo un par de veces hasta que el ser se soltó para luego chocar contra otro par que justo se le cruzó en su camino provocando que los dos seres y el equino se estrellaran contra uno de los muros logrando que el ángel lanceado se convirtiera en una nube de polvo y que el otro ángel cayera al suelo y que el animal siguiera volando de forma errática dado a que se hallaba aturdido por el choque. Nahuel aprovechó la oportunidad para lancear al ángel que se había caído del animal alado, aunque no hizo ni tres metros que se detuvo porque Artemisa le había disparado una flecha en una de las piernas del ser de luz causando que temblara como si sufriera un ataque epiléptico antes de unirse a su par lanceado. Después de observar esto el dualista se enfureció porque en vez de ayudar a los dioses, éstos parecían estar ayudándolo, entonces decidió irse hacia afuera del edificio, en la galería de las columnas adosadas y las exteriores para poder, por lo menos, liquidar a un solo ángel.

Apenas llegó hacia el sitio que quería se arrepintió de hacerlo porque no hizo ni medio metro que salió expulsado hacia atrás por culpa de una esfera de tierra que explotó a diez metros de distancia ocasionando que de nuevo estuviera bocarriba en el suelo causando que se encolerizara aún más pero no terminó de enunciar el primer improperio que una nueva explosión, esta vez generada por una esfera de fuego, lo hizo rodar por el suelo para quedar bocabajo en el suelo, pero eso o impidió que dijera una sarta de improperios aunque no se le entendió ni la mitad de una palabra dado a que, además de estar bocabajo, decía las palabras a regañadientes o a gritos sin pronunciar bien las palabras por lo furioso que se encontraba. Tras levantarse de nuevo decidió cambiar de estrategia: esta vez se escondería y atacaría solo a los ángeles derribados o aquellos que se encontraban distraídos, por lo que se escondió detrás de uno de los tronos y se dispuso a esperar, aunque para su suerte a los pocos segundos un ángel desarmado cayó a metros de sus pies, entonces aprovechó la oportunidad para lancearlo, logrando ensartar su lanza a la altura del cuello para luego retirarla y clavársela en la mitad de la espalda, provocando con ese último golpe que se convirtiera en una nube de polvo. Luego de eso volvió a su lugar para esperar nuevamente, de pronto un ángel se estrelló contra un muro que se hallaba cerca de donde se encontraba a la izquierda Nahuel y acto seguido otro ángel cayó al suelo a metros del joven, pero esta vez a su derecha, aunque éste fue derribado de su corcel porque tenía una flecha clavada en su costado izquierdo, pero no era una flecha de Artemisa porque ya hubiera comenzado a convulsionar, además asía en su mano una larga espada. Viendo las opciones que tenía eligió, sabiamente, liquidar al espadachín ya que el otro ángel no tenía ningún arma, por lo que intuía que no sería problema acatarlo más tarde, suscitando que el muchacho se dirigiera hacia el ángel espadachín. Sin embargo, justo cuando se disponía a lancear al ángel, que se estaba levantado lentamente, un fuerte golpe que impacto en su escudo lo hizo caer al suelo, provocando que soltara su lanza y que cayera de nuevo bocarriba. De inmediato supo quién le había propinado el golpe: el primer ángel que vio caer y que se dirigía hacia él para seguir golpeándolo. Cuando estuvo cerca el ser empezó a largar pisoteadas, las cuales Nahuel se protegía con su escudo, pero luego de recibir unas pocas sintió un gran dolor en el brazo que sostenía el blasón impidiendo moverlo con la misma velocidad que las primeras veces, por lo que un momento dado una de las pisoteadas dio contra el pecho suscitando que el joven se quedara sin aire y que dejara de mover su escudo. A continuación el ser lo agarró del cuello con una mano para levantarlo al tiempo que el ángel espadachín se erguía completamente para después dirigirse hacia donde estaba su par con la intensión de ensartar su arma en el dualista, por lo que Nahuel, en vez de demostrar su desesperación se clamó para concentrarse y justo cuando el espadachín lanzó un grito para luego soltar una estocada el joven movió una de sus manos hacia el ser que iba a arremeter para después arrojar su ataque elemental logrando no solo detener el ataque, también hacer retroceder el ser mientras hacía una serie de espasmos musculares y finalmente caer al suelo transformándose en polvo apenas hizo contacto con los mosaicos al igual que su larga espada. Pese a el ángel que lo tenía agarrado del cuelo vio todo, teniendo una oportunidad perfecta para realizar de nuevo su ataque elemental, Nahuel no pudo hacerlo porque sentía que le faltaba el aire por lo que le costaba respirar y mantenerse consciente porque comenzaba a sentirse mareado. Entonces con las últimas fuerzas que le quedaban se concentró y rápidamente miró al ser justo cuando giraba su cabeza para verlo para finalmente lanzarle un golpe energético tan poderoso que, además de soltarlo, lo hizo retroceder varios metros haciendo que cada paso trastabillara con sus propios pies. Mientras se masajeaba el cuello con su mano derecha al tiempo que respiraba profundamente, con los ojos enrojecidos por culpa de la asfixia, Nahuel quiso acabar con su adversario, pero al observar que su lanza estaba un tanto lejos se dio cuenta que sería una tarea complicada, además no podía atraer el arma por medio de poderes telequinéticos ya que n podía utilizarlos debido a la falta de aire que tenía en esos momentos, por lo que puso en marcha un plan muy arriesgado: corrió hacia el ser, que apenas se había estabilizado después del golpe energético, para luego golpearlo con el escudo para apartarlo de su camino, quitárselo para alivianarse y así correr más rápido en dirección hacia donde se encontraba su lanza al tiempo que el ángel lo perseguía para alcanzarlo. En un momento dado el dualista, dado a que todavía no estaba del todo estable, trastabilló y cayó de bruces del suelo quedando a centímetros para coger la lanza si estiraba sus brazos y hacía un esfuerzo para llegar. Al darse cuenta de la situación intentó tomar el arma, pero dado a que todavía le faltaba aire veía un poco borroso su entorno por lo que no estaba seguro si estaba a punto de lograrlo o no y cuando su vista se aclaró y comprobó que sus dedos prácticamente rozaban el asta un fuerte golpe en su espalda hizo que sus brazos se contrajeran un poco y lanzara un desgarrador grito ahogado de dolor y un par de segundos después sintió otro golpe en su espalda que le hizo estremecer de dolor; el ángel lo estaba pisoteando una y otra vez impidiendo que el joven alcanzara la lanza y que respirara por lo menos una vez. Pese a los golpes Nahuel trataba de llegar a su arma aunque veía que cada pisoteada lo alejaba cada vez más y más de la lanza porque sus brazos se contraían sin que pudiera controlarlo, aparte de que cada golpe cerraba sus ojos con fuerza para luego gritar desgarradamente.

En un momento dado el ángel se cansó de lanzar pisoteadas por lo que el dualista escupió un poco de sangre ya que sentía que algo tenía en la boca comprobando que debía hacer algo o de lo contrario su vida terminaría en el Olimpo; en esos instantes el ser elevó lentamente su pierna con el fin de acabar con el muchacho suscitando que el muchacho se diera cuenta de la situación por lo que, después de inspirar profundamente estiró sus brazos logrando que sus dedos pudieran agarrar el asta de la lanza para después traerla hacia él mientras se daba vuelta para golpear con la misma la pierna con la que se mantenía parado provocando que el ángel trastabillara un poco. Apenas se estabilizó se movió hacia el joven para patearlo, pero éste, de alguna manera, se impulso con su cuerpo hacia el lado donde venía el ser de luz  logrando ensartar su lanza en el pecho del ser deteniendo su avance quedando colgado del arma, pero como esto no le bastó hizo girar un poco el arma provocando que los brazos del ángel cayeran quedando suspendidos, como si el ser no tuviera control  y nuevamente Nahuel giró la lanza para finalmente convertir al súbdito de Yahvé en una nube de polvo brillante y, al mismo tiempo, caer sobre el suelo completamente extenuado. Pero sabía que no había tiempo para descansar lo que comenzó a recular su respiración y cuando estuvo un poco mejor se levantó para después coger su escudo y colocárselo en su brazo izquierdo. Tras eso se colocó detrás del trono donde se escondió antes para esperar al siguiente ángel para lancearlo al tiempo que trataba de recuperarse del todo aunque con los dolores que sentía no sabía con certeza si podría hacerlo.

Varios minutos después de lucha, los dioses se percataron que cada vez venían más y más ángeles por lo que sintieron que todo lo que hacían era en vano porque venían más ángeles montados y empezaban a cansarse por lo que sus ataques no eran los mismos que hacía varios minutos atrás. Viendo que la situación emporaba y que el resto de sus pares comenzaban a mostrar signos de fatiga, decidió hacer que la batalla se tornara a favor de ellos a pesar de que lo que haría sería muy arriesgado.
–¡Basta, Astrea! ¡No me des más rayos! ¡Voy a poner fin a esta situación de una vez por todas! –le dijo Zeus a Astrea para luego cerrar sus ojos y extender sus brazos con las palmas de las manos hacia. De pronto el cielo se cubrió de nubes oscuras de tormenta mientras que las nubes que ocultaban el suelo se tornaron grises, ocasionando que todo el Olimpo se oscureciera, no del todo pero la poca luz que había apenas hacía que el edificio donde estaban los dioses fuera visible para todos. Seguidamente todas las nubes comenzaron a relampaguear ocasionando que los ángeles montados observaran toda la situación, dejando de atacar a los dioses al tiempo que estos también miraban lo que estaba sucediendo al igual que Nahuel, no obstante los ángeles seguían volando, incluso los que se encontraban dentro del edificio. De pronto furiosos rayos empezaron a impactar contra los seres alados logrando que estallaran dejando nubes de polvo brillante. Los rayos partían tanto de las nubes del cielo como las que cubrían el suelo por lo que los ángeles no sabían hacia donde esconderse, ni siquiera podían cubrirse dentro del edificio donde estaban las deidades ya que los rayos, de algún modo, doblaban y acto seguido los alcanzaba.

Nahuel, un tanto asustado por ver tantos rayos, se dirigió hacia delante del trono donde se escondía por lo que sólo podía ver a los ángeles y sus corceles siendo destruidos por los rayos, a los dioses viendo como se desarrollaba el estruendoso e impactante show, a Zeus con sus brazos extendidos y los destellos casi enceguecedores de los rayos, al tiempo que lo único que oía eran los estrepitosos ruidos de los rayos impactando una y otra vez contra los ángeles. A pesar de que estaba un tanto aturdido por la gran cantidad de ruido que había en el sitio y un poco ciego por observar continuamente los destellos, avanzó lentamente hacia donde estaban los demás dioses, sobre todo a la que le parecía que era Atenea.

No obstante, los ángeles no se iban a dar por vencido. Se dieron cuenta de que los rayos iban dirigidos hacia sus corceles por lo que varios de ellos decidieron batir sus alas y despegarse de las sillas de montar, dejando que los caballos alados volaran sin rumbo fijo para ser alcanzados por algún rayo tarde o temprano, al tiempo que los seres de luz se acercaban a la edificación volando velozmente para aterrizar al borde de la construcción para luego avanzar hacia el edificio interno. De casualidad, Nahuel miró hacia un costado, mientras mantenía sus ojos entre cerrados para poder ver algo al tiempo que ponía su escudo prácticamente a la altura de sus ojos para evitar ver tantos destellos, y descubrió que un grupo de ángeles avanzaba lentamente hacia los dioses asiendo sus lanzas, espadas y báculos con firmeza al tiempo que las deidades miraban en distintas direcciones menos donde caminaban los seres de luz.
–¡¡¡CUIDADO!!! –voceó Nahuel con todas sus fuerzas, pero debido al ruido nadie se lo oyó, ni siquiera los ángeles. Segundos más tarde Mnemósine se le ocurrió mirar en dirección hacia donde los seres de luz y los descubrió avanzando hacia sus pares por lo que les aviso a los suyos por medios de gritos logrando que todos los demás dioses los vieran por lo que rápidamente se pusieron en guardia generando una nueva batalla, esta vez todos en tierra.

No obstante, la nueva batalla no pintaba del todo bien a los dioses, sino que era peor que antes. Los ángeles esquivaban los ataques de las deidades levantando vuelo para después contraatacar a vuelo rasante, aunque por suerte ningún dios sufrió alguna herida. A pesar de eso, Ares seguía embistiendo contra los seres montados para liquidarlos de las formas más atroces que Nahuel hubiera visto en su vida al tiempo que Hécate invocaba unas sombras antropomorfas que emergían desde el suelo y que se convertían en soldados griegos o romanos y una vez que adquirieran su forma entraban a la lucha, los griegos formaban en líneas, uno al lado de otro protegiéndose con sus escudos y colocando sus lanza en la parte superior de los mismos, para tratar de lancear a los seres que volaban bajo al tiempo que los romanos hacían la clásica formación tortuga para llamar la atención de los ángeles para que los atacaran y, en momentos determinados, arrojaban sus pila pesadas y ligeras hacia los seres de luz, aunque las pocas que impactaban rebotaban en las armaduras de los ángeles. No obstante los ángeles hechiceros deshacían las formaciones de soldados romanos y griegos lanzándoles esferas de tierra, fuego o viento, pero cada vez que lo hacían Ponto, Océano y Tetis se cobraban venganza tirándoles grandes olas de modo que salieran expulsados del edificio para luego ser alcanzado por alguno de los rayos que caían afuera.

Tras ver que los espectros invocados por Hécate no eran débiles ante los ángeles los dioses decidieron atacar a los ángeles de forma precipitada, aunque lograron acabar con varios de ellos gracias a la celeridad de las arremetidas, además de ser sorpresivas en algunos casos. Al mismo tiempo Nahuel aprovechaba para luchar contra los ángeles que tenía cerca, ahora que ellos estaban en igual de condiciones, pero cuando de pronto se dio cuenta de que se encontraba rodeado por ángeles lanceros lo que dio inicio a una complicada pelea de lanzas, en la cual Nahuel tuvo que usar mucho su agilidad y elasticidad corporal para esquivar las arremetidas simultáneas de sus contrincantes mientras que debía utilizar su escudo para bloquear algunos ataques que no podía eludir, pero tanta era la intensidad de la lanceada que la vibración del blasón le provocara dolor en su brazo izquierdo, aunque el joven sabía que no debía hacer otra cosa más que aguantar. Un par de minutos después el dualista estaba luchando con la mitad de sus oponentes porque el resto fue derrotado por las lanzas de su pares ya que en ocasiones el muchacho evadía un lanceada que terminaba en el cuerpo de otro ángel, casi siempre a la altura del corazón o en el abdomen, lo que sucedía que en momento los seres se transformaban en una nube de polvo brillante, pero otros seguían batallando hasta que eran lanceados accidentalmente por sus pares por segunda vez y ahí eran derrotados. En poco tiempo Nahuel redujo significativamente el número de adversarios por lo que cada vez se sentía más animado pese a que se encontraba adolorido, aunque ninguna anestesia le podía dar la sensación de alivio que experimentaba cada vez que veía a un ángel caer bajo su lanza, además de que se dio cuenta de que podía hacer unos buenos golpes con su escudo por lo que con los últimos dos utilizó el blasón más veces que la lanza en sí para atacarlos, incluso se percató que los golpes que propinaba con el escudo hacía que los oponentes bajaran mucho la guardia por lo que apenas vio que uno hizo eso le ensartó su lanza en la cabeza, y cuando se convirtió en polvo prosiguió con el último.

Mientras tanto, la cantidad de ángeles montados que ingresaban al Olimpo se había reducido, aunque los que venían se aproximaban lo más que podían hacia el edificio central de sitio para luego “bajarse” de su corcel alado para volar hacia donde se desarrollaba la lucha a no ser de que fueran alcanzados por un rayo mientras volaban montados en sus caballos albos. Zeus, tal vez por el ruido de los rayos o porque se encontraba en un estado de concentración absoluta, no se daba cuenta de que los ángeles “descendían” de sus caballos para llegar al edificio y luchar contra sus pares en “tierra”. Ni siquiera Astrea le avisaba lo que estaba ocurriendo, posiblemente porque no quería molestar a Zeus mientras controlaba las nubes para generar los mortales rayos. De pronto el rey de los dioses fue derribado por dos grandes esferas de fuego que impactaron en su espalda provocando una gran explosión seguido simultáneamente por unas cuantas poderosas llamaradas que cubrieron el cuerpo del dios por un segundo hasta desaparecer antes de que el Olímpico tocara el suelo. Eso provocó que las nubes de tormenta del cielo se desvanecieran lentamente y que las nubes que cubrían el suelo volvieran a ser lentamente blancas por lo que la cantidad de rayos que caían se disminuían tan rápido como las nubes iban desapareciendo, hecho que llamó la atención no solo de los dioses y de Nahuel, también de los ángeles que se encontraban en el edificio como los que estaban llegando al mismo y los que estaban a punto de abandonar sus corceles alados. Astrea de inmediato supo que le había pasado a Zeus: a varios metros detrás de donde se encontraba el rey de los dioses había dos ángeles hechiceros que estaban creando unas nuevas esferas de fuego para acabar con Zeus que se estaba levantando lentamente del suelo, por lo que la Titánide sacó un rayo del objeto azulado que tenía en su brazo izquierdo para luego arrojárselo hacia uno de los ángeles, fulminándolo a los pocos segundos después de recibir el mortal impacto, eso suscitó que el otro ángel tratara de dirigir su esfera de fuego hacia la Titánide mientras ésta sacaba otro rayo, pero para ella era tarde puesto a que el ángel había extendido el brazo que poseía el báculo a lo alto, con la gran esfera de fuego en la punta del mismo, con la intensión de bajarlo para apuntarlo hacia la deidad para realizar su ataque y justo cuando iba a bajar su brazo Nahuel apareció de la nada y ensartó su lanza justo en el cuello para luego, y con mucha fuerza, derribarlo al suelo ocasionando que se volviera en polvo brillante apeas chocó contra el suelo mientras que la esfera de fuego se redujo rápidamente en un punto ígneo para luego sencillamente desaparecer. De pronto un ángel montado estaba a punto de cornear al joven en venganza por su par caído, pero un rayo hizo que se transformara en polvo de inmediato por lo que al dualista sólo le llegó un poco de ese polvo, no obstante para él no había ningún misterio de quién fue: Astrea.

Después de eso ya no había más nubes de tormenta en ningún lugar del Olimpo por lo que más refuerzos por parte de los ángeles llegaron pero ahora gran parte de ellos empezaron a utilizar otra estrategia: apenas llegaban al edificio central del Olimpo “descendían” de sus corceles para luchar contra los dioses dentro del mismo, al tiempo que los que no querían dejar sus animales volaban alrededor de la edificación para atacar a todo dios que se asomara por la galería. Tan pronto como los ángeles llegaban las deidades entablaban combate, procurando lanzarlos hacia afuera del edificio aunque sabían que era inútil hacerlo porque seguramente volverían volando de nuevo a no ser que les causaran un gran daño para que los convirtieran en polvo mientras caían, entonces, y pese a que se encontraban muy extenuados, las deidades comenzaron a realizar los ataques más potentes que podían hacer ya que creían que sería la última parte de la batalla. Zeus, luego de que recibió ayuda de Astrea para levantarse, se montó en cólera al darse cuenta de que los ángeles lo habían atacado y por la espalda por lo que comenzó a lanzar rayos con furia hacia todo ángel que veía, sea montado o no, ayudando a algunos de los suyos cuando la lucha no los favorecía, aunque también provocaba que sus pares se asustaran un poco al ver que uno de los rayos les rozaban, pero no podía reprocharle nada ya que no cambiarían nada mientras Zeus estuviera enfurecido.

Entretanto, Hera se hallaba en una situación difícil. Estaba rodeada por varios ángeles lanceros y espadachines y para peor no podía escapar porque detrás de ella se encontraba uno de los tronos, por lo que no hacía más que ver como los seres de luz se acercaban de forma amenazante hacia ella, blandiendo sus armas con determinación, listos para destruirla sin piedad. Justo cuando Hera creía que todo estaba perdido se dio cuenta que todo lo que había dicho sobre Nahuel, sus compañeros y la idea de la formación de la coalición de deidades fue una estupidez, al tiempo que se percató de que todo lo que había hecho en contra del muchacho también era estúpido por lo que la culpa la invadió completamente aunque se dio cuenta que ya era muy tarde para enmendar los errores.
–¡¡¡¡¡ESTO ES EL OLIMPOOOOOOO!!!!! –gritó Nahuel para mientras saltaba sobre el trono donde se encontraba Hera causando que tanto la aterrada y arrepentida diosa y los ángeles lo miraran. Cuando el joven se dio cuenta de que iba a descender comenzó a girar sosteniendo su lanza con fuerza con sus brazos extendidos, creando un trompo muy peligroso por lo que los seres recularon un poco justo cuando el dualista cayó, aunque su caída no sencilla dado a que por culpa de los giros los pies del muchacho trastabillaron mucho por lo que el trompo se “salió del eje”, pero rápidamente se estabilizó y se detuvo, no obstante todo le daba vueltas por lo que veía mucho más ángeles y muchas más Heras que lo que en verdad había. Aún así el joven quería luchar por lo que asió su lanza con fuerza ocasionando que dos ángeles lanceros avanzaran hacia él a toda velocidad listos para clavarle sus armas en el mareado muchacho. No obstante, por culpa del mareo, Nahuel se cayó al suelo apoyando sus manos para evitar caer de bruces al tiempo que se arrodillaba para quedar como si tuviera cuatro patas justo cuando sus atacantes estaba a punto de realizar sus ataques, provocando que ellos se lancearan entre sí en la mitad del pecho para luego convertirse en polvo. Tras observar tres ángeles, dos espadachines y un lancero, avanzaron hacia Nahuel para vengarse de sus pares derrotados ya que pensaban que fue una maniobra del muchacho tirarse al suelo para que sus dos compañeros se ensartaran sus armas mutuamente. Aunque para ese momento el dualista ya no estaba tan mareado por lo que esperó a que sus adversarios se acercaran y cuando los dos ángeles espadachines levantaban sus espadas en lo alto para hacerla caer contra Nahuel y el ángel lancero retroceder su arma un poco para realizar lanceada hacia abajo, el muchacho arqueó su columna hacia atrás mientras colocaba su escudo encima de él causando que las tres armas chocaran contra el blasón suscitando que el joven se salvara de las arremetidas de los seres.

Raudamente se erguió para quitarse de encima las armas de sus oponentes y seguidamente lanceó a un ángel espadachín en la cabeza suscitando que el ser se transformara en polvo brillante, acto seguido giró para cubrirse con su escudo de una lanceada para después golpear con el asta de su lanza la espada del ángel que iba arremeter contra él para desviarla y así poder ensartar su arma en el pecho de ser, pero de inmediato tuvo retirarla porque el ángel lancero iba a atacarlo de nuevo por lo que bloque la arremetida nuevamente con su escudo para luego alejarse. Sin embargo al hacer eso ocasionó que los cinco ángeles restantes se dirigieran hacia él para liquidarlo, por lo que por unos intensos segundos tuvo que usar su escudo y su lanza para bloquear todas las acometidas de sus oponentes, pero Nahuel comenzaba a sentirse fatigado por todo el esfuerzo que estaba haciendo, además de que había combatido mucho tiempo. Apenas se percató de que sus movimientos ya no eran tan veloces como para bloquear las lanceadas o las estocadas de sus rivales, decidió despegarse de cada uno de ellos por medio de golpes energéticos, para su desgracia sólo pudo empujar unos metros a los cuatro primeros porque cuando llegó al quinto sólo retrocedió un paso, lo que indicaba que el cansancio físico empezaba a afectar su cerebro, entonces determinó hacer recular a los restantes por medio de poderosos golpes con su escudo luego de bloquear un ataque y hacer desplazar el arma de su atacante para el golpe con el blasón diera en el ser. En poco tiempo tenía a sus adversarios un tanto lejos de él, pero los primeros ángeles que había hecho retroceder regresaban hacia él para seguir atacándolo, no obstante Nahuel les arrojó su ataque elemental con sus dos manos, sin antes desprenderse de su escudo para que su mano izquierda quedara libre y asir la lanza con solo tres dedos, el pulgar, el mayor y el anular dejado extendidos al índice y menique, ocasionando que los cuatro seres quedaran semiparalizados ya que podían moverse aunque sus movimientos se detenían constantemente como si fueran unos robots animatrónicos que les faltaba lubricar o que no recibían bien las órdenes para ejecutar con fluidez el movimiento, entonces Nahuel aprovechó para liquidar a los dos primeros, pero al llegar al tercero, cuando retrocedía la lanza para tener el impulso para que el arma penetrara la armadura del ser, sintió que golpeó algo con la punta opuesta del arma por lo que giró su cabeza para averiguar a qué se debió el golpe para descubrir que le había propinado un golpazo a un ángel espadachín que quería atacarlo, provocando que el joven se diera vuelta y lancearlo liquidándolo a los dos segundos después de haber realizado el ataque. Pero cuando creía que podía seguir derrotando a los dos ángeles que había atacado con su ataque elemental se percató que los otros ángeles que había hecho retroceder con su escudo volvían a acatarlo por lo que eludió todos los ataques girando por el suelo, al tiempo que se dirigía hacia su escudo para agarrarlo, sin embargo, cuando estaba a punto de levantarlo, una pierna de un ángel piso el blasón impidiendo al muchacho levantarlo, aunque en vez de amedrentarse decidió lancear el pie del ser logrando penetrar el escarpe ocasionando que la entidad levantara su pierna y así el joven poder asir su escudo y ponérselo rápidamente de su brazo izquierdo a tiempo para bloquear los nuevos ataques de sus adversarios, pero de pronto varios ángeles fueron atacados por unos rayos, mucho más débiles que Zeus, que procedían de las manos de Hera. A pesar de eso los rayos eran efectivos y provocaban una parálisis casi completa lo que suscitó que Nahuel los lanceara para liquidarlos rápidamente, quedando tres ángeles espadachines, dos de los cuales arremetieron contra el dualista y el tercero contra Hera, por lo que ésta intentó realizar su ataque de nuevo, pero de sus manos no salían rayos causando que la diosa se desesperara.

De pronto el ángel avanzó más rápido hacia la diosa de forma descontrolada produciendo que la Olímpica se apartara haciendo que el ser chocara levemente contra el trono que tenía detrás la diosa. Eso fue gracias a Nahuel que le lanzó un golpe energético cuando tuvo la oportunidad, aunque una vez que realizó el movimiento tuvo que volver a defenderse de los dos ángeles que lo estaban atacando; entretanto Hera se encargaba del ángel que se estrelló contra el trono lanzándole pequeños rayos que apenas le hacían daño para luego aumentar el poder de los mismos hasta que pudo arrojar rayos con mucha intensidad, liquidando a al ser. Mientras eso ocurría, Nahuel liquidaba a los dos últimos ángeles para después jadear un poco por lo cansado que se hallaba, pero de pronto un ángel hechicero descendió justo en el borde al tiempo que en la punta de su báculo se formaba lentamente una esfera de agua por lo que Hera apuntó las palmas de sus manos hacia el ser para rápidamente intentar lanzarle algún rayo pero por más que deseara o se esforzara bastante para hacerlo, de sus manos salían unos rayitos que duraban unos segundos, mientras que Nahuel sólo miraba como la esfera de agua crecía cada vez más y más sin hacer nada más que recuperar el aliento. En un momento dado la esfera había adquirido un tamaño que superaba los dos metros de diámetro por lo que el ser levantó el báculo bien en alto, listo para arremeter causando que la diosa se desesperara aunque Nahuel parecía estar tranquilo.

–Adiós. –dijo el dualista para luego lanzarle un golpe energético con sólo su mirada. Tan fuerte fue el impacto que tumbó al ángel ocasionado que éste cayera sin antes arrojar hacia arriba su esfera de agua que se estrelló contra el techo provocando una caída de agua similar a una catarata por lo que el joven se dirigió rápidamente hacia donde se encontraba Hera para no recibir el golpe por parte de la gran cantidad de agua que caía. Luego de que el agua se desparramara por el suelo el joven y la diosa pensaron que eso había sido todo, pero repentinamente el ángel hechicero apareció batiendo sus alas para luego quedar sus pendidos a varios metros de altura de Nahuel y Hera para luego levantar el brazo que sostenía el báculo y seguidamente crear una enorme esfera de fuego que aumentaba de tamaño a una velocidad increíblemente rápido suscitando que el mortal y la Olímpica no supieran que hacer. De la nada, un estridente y poderoso rayo alcanzó al ángel provocando que se retorciera de forma violenta hasta convertirse en polvo brillante junto con su báculo y que la esfera de fuego se desvaneciera lentamente; Nahuel y Hera no necesitaban ninguna explicación para entender lo sucedido: Zeus le lanzó el rayo en su ataque de cólera desenfrenada.

Minutos después, los dioses empezaron a sentirse más fatigados que antes y ya no podían pelear como hace varios minutos atrás por lo que se limitaban a esquivar ataques de sus oponentes y arremeter de vez en cuando, sobre todo para quitárselos de encima, incluso Zeus arrojaba menos rayos que antes a pesar de que su ira aún era intensa pero su cansancio pudo más que su fuerte estado de cólera por lo que el rey de los dioses se volvió selectivo a la hora de arrojar rayos en vez de lanzarlos a lo loco como antes. No obstante algunos dioses la estaban pasando pésimo porque los ángeles se encontraban a punto de herir a los dioses, si es que éstos ya no habían recibido alguna herida. Una de ellas era Atenea.

Su extenuado cuerpo hacía que todo fuera cien veces más difícil, lancear, bloquear, esquivar; sostener su escudo se había convertido en una tarea imposible puesto a que lo sentía pesado dado a que sus músculos no daban más, incluso manejar su lanza se le había vuelto difícil de controlar porque cada vez que la levantaba porque temblaba y mucho. Y para emporar el asuntó un ángel lancero se dirigía hacia ella para atacarla. Para la desgracia de la diosa sólo pudo bloquear dos arremetidas de su adversario ya que al tercer movimiento ofensivo el ser logró despojarla de su lanza para luego arremeter con brutalidad ocasionando que Atenea se cubriera su escudo, no obstante la intensidad del ataque era tal que la derribó quedando en el suelo completamente expuesta a cualquier ataque por lo que el ángel se puso delante de ella y se preparó para dar el golpe de gracia por lo que Atenea pensó que sería su fin. De pronto y justo cuando el ser tenía su lanza lista para el golpe final, una pequeña parte de un par de cuernos se atravesaron el peto del ser deteniendo el ataque ocasionando que tanto el ángel como la deidad miraran desconcertados lo ocurrido. Un par de segundo después el ángel se levantó sin que él lo quisiera para luego salir lanzado hacia atrás, revelando quién había sido el atacante: un Minotauro, lo que provocó que Atenea levantara su cabeza para cerciorarse quién lo había materializado.

Corriendo hacia ella venía Nahuel logrando que la diosa supiera que fue él quien invocó a la bestia mítica.
–¿Estás… bien…? –le preguntó el dualista jadeante a Atenea.
–Bastante cansada, pero bien… –respondió la diosa y acto seguido Nahuel le extendió la mano por lo que la diosa la agarró para así poder levantarse– Gracias para materializar al Minotauro para ayudarme.
–Fue justo a tiempo. Un segundo más y no la contabas. –afirmó el muchacho.
–Así es… –dijo la diosa y rápidamente divisó que un ángel espadachín se aproximaba hacia ellos volando a gran velocidad– ¡Cuidado! –exclamó ocasionando que Nahuel y el Minotauro se preparan para defenderse aunque lo que no sabían era hicieran lo que hicieran no podrían eludir su ataque ya que el ser estaba muy cerca de su posición y la diosa de la guerra no podía hacer nada porque su lanza se encontraba tirada a varios metros de ella. De pronto Ares embistió al ángel provocando que ambos cayeran al suelo para rodar unos metros. Apenas se detuvieron Ares, que se hallaba encima del ángel, comenzó a golpear con su escudo, que había invocado en algún momento de la lucha, la cabeza del ser abollando poco a poco el casco a causa del poder de cada golpe para finalmente dar un salto y clavarle su lanza en medio de la cabeza para después retirarla y ensartarla justo en centro del pecho ocasionando que se convirtiera en polvo brillante.
–Menos mal que no soy yo el ángel… –comentó Nahuel tras acercarse al brutal dios de la guerra.
–No puedo creer que aún tengas energías, hermano. Yo ya no puedo sostener mis armas en alto y el resto de los dioses se muestran muy fatigados. –admitió Atenea mientras sus brazos temblaban ligeramente.
–Mientras no pare de liquidar ángeles, no me cansaré. –aseveró Ares dando saltitos de boxeador mientras adoptaba una postura defensiva con su blasón y lanza, como si quisiera mantenerse en movimiento constantemente.
–¿Dónde está el Minotauro? –interrogó Atenea mirando hacia donde se hallaba la bestia mítica para descubrir que ya no estaba.
–Le ordené que se “entretuviera”. –contestó Nahuel para luego él los dioses de la guerra escuchar un fuerte bufido y a los pocos segundos ver un ángel girando sobre sus cabezas que cayó a los pocos metros boca arriba, mostrando que tenía dos perforaciones en su pecho, lo que significaba que ese ángel había sido corneado por el Minotauro; tres segundos después se transformó en un montículo de polvo brillante.
–Sí, se ve que se está entreteniendo. –aseguró Ares dejando de hacer los saltitos.
–Espero que aguante el tiempo suficiente como para detener a los ángeles. –confesó Atenea.
–Y yo que el trío no cause más problemas de los que hay. –dijo el dualista observando que tres ángeles, un lancero, un espadachín y un hechicero, llegaban volando al edificio, lo que suscitó que los dos dioses vieran a los seres.
–¡Yo me encargo de esos hijos de puta! –gritó Ares.
–¡Espere Ares! –exclamó Nahuel ocasionando que el dios de la guerra se detuviera–. Tengo un plan para acabar con esos tres rápidamente.
–¿Cuál? –preguntaron los dioses intrigados para luego el muchacho mirar los escudos y las lanzas.
–¿Están pensando lo mismo que yo? –contestó el joven tras observar las armas.
–¿Una falange? Me gusta la idea. –declaró Ares sumamente interesado.
–No sé si es lo mejor pero dado a que todos estamos fatigados creo que así podremos hacer algo. –opinó Atenea y acto seguido los dioses y el joven se pusieron en fila, ubicados de modo que Nahuel estuviera entre las dos deidades, seguidamente colocaron sus escudos delante de ellos para después apoyar sus lanzas prácticamente en la parte superior del escudo y finalmente avanzar hacia los ángeles que se movían cautelosamente hacia el edificio interno sin saber lo que se les estaba a punto de venir.

Rápidamente los dioses y el mortal adquirieron velocidad y medio minuto después la improvisada falange chocó a los seres ocasionando que estos se resistieran e intentaran atacar a los dioses o al humano, pero cada vez que intentaban algún movimiento ofensivo dejaban de resistirse por lo que la falange los hacía retroceder más y más lo que suscitó que se produjera una lucha de resistencia que les estaba costando a los dioses y al mortal mantener dado al cansancio que sentían. Tras casi un minuto de forcejeo los ángeles comenzaron a ceder por lo que Nahuel, Ares y Atenea empezaron a empujar con las pocas fuerzas que le quedaban con el fin llevarlos al borde del edificio y que cayeran, a pesar de que eso sería inútil porque los ángeles volverían a la construcción volando, sin embargo Nahuel tenía planeado algo más en su mente. Cuando los dioses y el mortal estaban a punto de hacer caer a los ángeles, Nahuel les ordenó a los dioses que clavaran sus lanzas en el pecho de los ángeles por lo que los tres empujaron sus lanzas hacia adelante ocasionando que las armas se ensartaran en los pechos de los seres para luego retirarlas y finalmente empujar a los ángeles que cayeron al vacío. Tras eso Atenea, Ares y Nahuel regresaron hacia el centro del edificio, pero de pronto los tres se percataron de algo que procedía detrás de ellos, por lo que se dieron vuelta y para su gran sorpresa, encontraron a los tres ángeles que acababan de lancear y tirar al vacío volando como si nada. No había duda de que eran ellos: los tres tenían una perforación en su peto.

–¡¿Pero qué diablos?! ¡¿Por qué no se convirtieron en polvo?! –bramó Nahuel perplejo y, a la vez, enfurecido. A continuación una gran columna de agua impactó contra uno haciéndolo volar lejos, una esfera de tierra chocó contra otro ocasionando que se transformara una nube de polvo brillante que se mezcló con partículas de tierra y una flecha se clavó en el hombro izquierdo del último ángel causando que se estremeciera violentamente por unos segundos hasta estallar esparciendo polvo brillante. Rápidamente Ares, Nahuel y Atenea observaron detrás de ellos quiénes fueron los que los ayudaron y se dieron cuenta que eran Poseidón, Hécate y Artemisa.

Luego de esto Ares regresó corriendo a la lucha para seguir atacando desenfrenada y brutalmente a los ángeles al tiempo que Atenea y Nahuel se movían como podían porque estaban tan cansados que literalmente arrastraban sus piernas al tiempo que apenas podían sostener sus escudos y sus armas, por lo que decidieron descansar un poco apoyando sus espaldas en la columna adosada que tenían cerca.
–Ya no… puedo… más… –manifestó sumamente cansado Nahuel.
–Y yo… pero esos malditos ángeles… no hacen más que… venir y venir… –expresó jadeantemente Atenea.
–No podemos… depender de Ares… para asegurar… nuestra victoria…
–Lo sé… pero… ¿pero qué podemos… hacer?
–No tengo ni… ni la más puta idea… –respondió el muchacho para luego mirar la batalla que se desarrollaba y que se decantaba a favor de los ángeles más que nunca. Además notó que los únicos que luchaban con mayor vigor que los demás eran Ares y el Minotauro que increíblemente no parecía tener ninguna herida. De pronto Atenea le advirtió a Nahuel que se aproximaban ángeles arqueros montados por lo que ambos se escondieron tras sus escudos justo antes de que las primeras saetas llegaran hacia ellos. Por suerte ninguna flecha les dio, sin embargo cada vez que recibían un impacto los blasones se movían mucho puesto a que sus agotados brazos no podían aguatar la fuerza de los impactos. Para cuando los ángeles se fueron Atenea y Nahuel dejaron de esconderse tras sus escudos, la diosa descubrió que las flechas que impactaron en sus escudos rebotaron todas y algunas se partieron, en cambio Nahuel se dio cuenta de que el suyo estaba más abollado que antes y que unas diez o doce estaban clavadas; el muchacho se percato de que su escudo comenzaba a ser inservible.
–¡Maldita sea mi suerte! ¡Mi escudo prácticamente no sirve! –voceó el joven.
–Estoy aterrada… ¡No sé qué hacer! ¡Me niego a creer que esto es el final de mi raza! –expresó Atenea.
–¡Lástima que sólo puedo materializar una criatura mítica! ¡Si pudiera materializar muchas Medusas y Basiliscos podría hacer que petrificaran a los ángeles, o si pudiera materializar otras criaturas como la Hidra o la Quimera podrían ayudar a los demás dioses! –aseguró Nahuel.
–De hecho… puedes hacerlo. –afirmó Atenea provocando que Nahuel la mirara completamente perplejo por la afirmación.
–¿Qué dices?
–Puedes materializar todas las criaturas míticas que conoces y la cantidad que necesites. Esta dimensión afecta a favor de tu habilidad mental.
–¡¿Por qué no me lo dijiste antes?! ¡¿No sabes que podría haber acabado con esta invasión apenas comenzó?!
–¡No me grites! ¡Se me olvidó por completo! ¡En ese momento estaba concentrada en la lucha!
–¡Se supone que eres la diosa de la sabiduría y de la guerra inteligente, además de ser la mentora de varios héroes! ¡Eso que se te “olvidó” era un consejo muy importante para mí!
–¡No es hora de reproches! ¡¿Qué es mejor: que lo sepas ahora o que nunca lo supieras?!
–¡Si hubiese sido hace varios minutos hubiera sido mucho mejor! –replicó Nahuel para luego quitarse el escudo para después dejar su lanza apoyada en la columna adosada y finalmente caminar dificultosamente dejando de esconderse.
–¡¿Qué haces?! –interpeló Atenea.
–¡Voy a materializar a las todas las criaturas que pueda! –respondió el muchacho sin detenerse.
–¡¿Qué?! ¡¿Crees que podrás?! ¡Estás muy agotado! ¡No podrás materializar ni siquiera una! –cuestionó la diosa provocando que Nahuel se detuviera para luego dirigir su mirada hacia ella.
–¡¿Y eso qué?! ¡De todos modos ya estamos perdidos! –exclamó el joven y a continuación prosiguió su marcha– ¡Si funciona será una batalla épica! –agregó con determinación.


Cuando llegó a la mitad de la distancia que separaba la columna adosada donde se encontraba y la siguiente se detuvo, cerró sus ojos y empezó a concentrarse olvidándose de todo lo que estaba sucediendo alrededor al tiempo que Atenea se dirigía hacia él para cubrirlo, aunque estaba tan cansada que apenas podía moverse por lo que para aumentar la velocidad soltó su escudo pero eso no ayudó mucho. Entretanto la situación para el resto de las deidades se había tornado muy complicada, los ángeles estaban a punto de acabar con algunos ya que habían sido heridos y Ares era el que tenía más flechas clavadas por varios sectores de su cuerpo, por lo que empezaba a mostrar signos de fatiga, incluso el Minotauro se hallaba cansado porque se movía menos que antes además de tener el cuerpo lleno de heridas y flechas, no obstante seguía liquidado ángeles aunque de forma más brutal que antes. 

Continuará...





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