sábado, 18 de febrero de 2017

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XXI: La reunión (Parte 3).







Seguidamente los demás dioses se levantaron de sus asientos y observaron al joven Crónida  para luego dirigir sus miradas de nuevo hacia Nahuel.
–Así que usted es el mortal responsable de que tengamos que reunir a la gran mayoría del Concilio de los Dioses. –le dijo Zeus con una voz poderosa al joven.
–Sí… –afirmó el dualista saliendo de su aturdimiento.
–Seguramente ya sabe en donde está y para qué lo hemos citado aquí.
–Sí, pero hay algo que no entiendo.
–¿Es sobre la naturaleza de esta reunión?
–No exactamente, es…
–Entonces no es nada. –interrumpió Zeus.
–Pero…
–Si no es nada entonces no lo diga, el tiempo es valioso y tenemos que resolver esta disputa que ha generado entre los míos de una buena vez. Por lo tanto le sugiero que sólo se limite a hablar por lo que se le sido citado, y cuando nosotros le preguntemos algo o, y lo más importante, cuando nosotros le damos el permiso para hablar. –manifestó con seriedad el dios.
–De acuerdo, pero antes de que empiece la reunión, ¿podría preguntar algo fuera del tema que nos compete?
–Está bien, pero sólo una pregunta.
–Cuando terminemos la reunión, ¿me explicarían la cuestión que no comprendo?
–Veremos… –respondió tajantemente el joven Crónida y acto seguido los demás Olímpicos se sentaron para finalmente sentarse Zeus de forma majestuosa.
–Antes que nada quiero decir que es un honor estar en su morada y agradezco que me hayan permitido ingresar aquí. –declaró Nahuel.
–Tiene suerte de estar aquí. Si no fuera por el revuelo que ha creado en mis pares no estaría aquí y, si intentaba escalar el monte Olimpo de su dimensión lo haría bajar rápidamente a fuerza de rayos. –aseveró Zeus.
–No lo dudo…
–Entonces basta de preámbulos y pasemos a lo nuestro. Como sabe su idea de formar una coalición de deidades ha provocado ciertos desacuerdos en mis pares por lo que hoy se decidirá si todos apoyamos su idea o nos negamos completamente.
–Está bien, pero quiero que este debate sea justo.
–Por supuesto que lo será.
–¡No mientras esa hija de puta esté aquí! –exclamó Afrodita señalando a Hera.
–¡Silencio! ¡Hablarás cuando yo lo diga! ¡Además no tienes derecho para decidir quién puede estar a aquí y quién no! –regañó Zeus con dureza provocando que  Afrodita no le contestara.
–¿Y qué quieren que les diga? –interrogó Nahuel– Seguramente todos saben por qué quiero formar la alianza de dioses…
–Ciertamente. Sin embargo estoy cansado de que los dos bandos se peleen constantemente… –aseguró Zeus.
–¿Se pelean verbalmente o va más allá de eso?
–La mayoría de las veces verbalmente, pero los gritos me aturden.
–¿Y por qué usted no decide sobre cual postura tomar?
–Pero estoy completamente convencido que los dos bandos tergiversan y/o ocultan cierta información. –contestó Zeus mirando a Atenea y Hera.
–¿Tergiversan y/o ocultan información?
–Sí. Por eso quiero escuchar sus argumentos sin intermediarios y luego meditaré sobre la decisión que tomaré.
–Está bien.
–Aunque antes de que comience hablar, quiero que se coloque el centro del círculo negro que tiene delante de usted para que todos podamos oírlo mejor.
–De acuerdo. –dijo Nahuel para luego colocarse en el centro del agüero negro.
–Bien, ahora quiero que cuente cómo surgió la idea y para qué quiere llevarla a cabo.
–¿Con lujo de detalles o lo más resumido posible?
–Toda la historia si es posible.
–¿Tienen tiempo suficiente?
–No tenemos nada mejor que hacer.
–Muy bien, entonces la historia comienza así… –afirmó Nahuel y acto seguido comenzó a contar toda la historia que lo llevó a pensar en la idea de la coalición de deidades, desde las extrañas conductas de los ángeles y los demonios, la mención de los “derrotados” , Beelzebub, Mefistófeles y Belial, la “profecía” de Christopher Benjamin Lenz, el retorno de los “derrotados”, el extraño “comportamiento” de los pilares energéticos en Santa Rosa que se repitió en otros sitios y la última vez en el Santuario de los Grandes Dioses de Samotracia y lo sucedido en Salta y la ciudad de Salta alterna– Después de eso mis “líderes” me dieron un informe en donde los satélites que antes mencione habían registrado una actividad extraña en varios sitios de Grecia y Egipto, y finalmente mis dos compatriotas y yo nos preparamos para viajar y al poco tiempo llegamos a Atenas. Y… bueno, el resto ya lo saben. –concluyó causando que los dioses hablaran entre ellos, no obstante Zeus los hizo callar para poder hablar.
–Así que algunos hechos sucedieron en verdad, pero no entiendo qué sucede con los “derrotados”. Al parecer su “renacimiento” provocó que los ángeles y los demonios lucharan con más fuerza, pero no logro entender por qué sabiendo que sin ellos pueden generar todo lo que causaron. –expresó Zeus.

–Yo tampoco. Quizás fue simple coincidencia porque los Derrotados estaban débiles. Hubiera sido un grave error enviarlos a luchar después de “regresar” y no renacer como dijo porque ellos estaban “dormidos” por así decirlo. Tal vez el retorno de esos tres demonios poderosos incentivo a sus pares a atacar a los ángeles a modo de venganza por lo que les hicieron. Igualmente eso no es lo importante porque hasta no han aparecido por el planeta, aunque es una posibilidad factible. –opinó Nahuel.
–Es verdad, además eso no influye mucho en lo que en verdad nos importa en estos momentos.
–En efecto.
–Conociendo ahora mejor la historia, resulta factible la posibilidad de una guerra entre ángeles y demonios, sin embargo no puede sustentar esa posibilidad con esa profecía a la que llamó “post-dicción”.
–Sé que no suena creíble para los mortales, pero para ustedes debe ser posible.
–No quiero interrumpir, pero yo desconozco el significado de “post-dicción”. –aseguró Ares secundado por la mayoría de los dioses.
–El término “post-dicción” es contrario al término premonición en el hecho temporal en que ocurren los sucesos. Mientras que en la premonición se puede “ver” lo que ocurrirá en un futuro cercano o remoto, como una profecía, en la post-dicción se ve algo que ya sucedió y que el que experimenta una no sabe que aconteció. –explicó Nahuel.
–¿Entonces dice que el creador de su doctrina vio algo que ya sucedió? –interpeló Poseidón.
–Es una posibilidad. Los ángeles y los demonios han luchado desde que se crearon el “Cielo” y el “Infierno”. Probablemente lo que he visto es sólo una muestra de una guerra, no obstante eso no justifica que ambos bandos realicen acciones que están en contra de su naturaleza.
–¿Y qué explicación podría haber?
–Es posible que una gran guerra los haya trastornado hasta tal punto que toman como suyas algunas acciones que le pertenecen a sus enemigos. –comentó Atenea.
–Pero han estado luchando desde hace muchísimo tiempo atrás, casi desde el inicio de los tiempos si se me permite el comentario. Deberían estar trastornados desde un tiempo después desde que empezaron a luchar. –opinó Deméter.
–Aunque eso reforzaría la idea de la post-dicción… –aseveró Afrodita.
–Lo que implicaría, según lo que el mortal dice, que el universo ya se hubiera destruido –declaró Hermes–. Además creo que los ángeles y los demonios, al pertenecer a fuerzas antagónicas, fueron creados para luchar sin que se alteraran. Seguramente algo ocurrió suscitando que los demonios y los ángeles comenzaran a realizar ciertas acciones que están en contra de su propia naturaleza. –agregó provocando que los dioses discutieran, hasta tal punto que todos se levantaron de su asiento y empezaran a gritar, sin embargo Zeus lo único que hizo fue refregarse una de sus manos por su rostro ya que recordaba todas las discusiones que sus pares tuvieron y eso lo cansaba.
–¡¡¡¡¡SILENCIOOOOO!!!!! –gritó con poderoso vozarrón Zeus mientras se levantaba de su asiento provocando dos cosas: que sus pares dejaran de discutir y que se sentaran–. ¡Es cierto que los ángeles y los demonios actuaron y/o están actuando de forma extraña! ¡Eso está fuera de duda! ¡Incluso el mortal no miente, todos lo sabemos, de lo contrario ya lo hubiéramos echado de aquí! ¡Sin embargo eso no nos incumbe para nada! ¡Estamos aquí para determinar, sobre todo yo, si es viable la idea de la formación de una coalición de deidades! –agregó para luego sentarse al tiempo que colocaba sus manos en el apoya brazos dejando sus brazos flexionados–. Además recuerden que el mortal ha hecho ciertas acciones que no son de mi agrado… ¿o no lo sabe? –dijo para luego dirigir la mirada al muchacho.
–Estoy enterado de que algunas acciones que mis compañeros y yo hemos hecho no le ha gustado en lo más mínimo. No obstante no sabíamos que no le agradarían. –admitió Nahuel.
–Menos mal que está enterado. No quería contarle todo lo que han hecho usted y sus amigos… –declaró el rey de los dioses para luego colocar sus brazos como corresponden en los apoyabrazos.
–Como si fuera tanto lo que hicimos. Exonerar a Prometeo y Atlas de sus castigos y que María, una de mis amigas, aceptara un regalo de Artemisa.
–¿Acaso cree que eso no es grave?
–Bueno… lo de Prometeo y Atlas puede ser, pero lo de Artemisa no. Además no le hemos quitado a Artemisa su arco, ella misma me dijo que se lo obsequiara a mi amiga, ¿o no es verdad, Artemisa?
–Ya lo dije ciento de veces, pero no me escucharon por alguien hizo que Zeus se enojara. –Respondió la diosa mirando a Hera.
–Igualmente eso es incorrecto. En lugar de haber aceptado el arco de Artemisa lo hubiera rechazado. –le dijo Zeus al dualista.
–Incorrecto hubiera sido lo que usted está diciendo, además de sería descortés. Además, ¿cuántos regalos les han hecho a los mortales todos ustedes o cuantas veces le dieron objetos para superar algún obstáculo? Es verdad que nosotros  no los adoramos, pero cualquier ayuda que provenga de ustedes para completar con nuestro objetivo será siempre bienvenido. –aseguró Nahuel.
–Objetivo que están cumpliendo en vano.
–¿Por qué lo dice?
–Porque, y pese a que es verdad todo lo que ha dicho, la teoría de la guerra entre los ángeles y los demonios que podría acabar con todo el universo todavía sigue siendo una suposición. Mientras no haya indicios de su existencia, seguirá siendo conjetura sin fundamento. –respondió Zeus causando que Nahuel comenzara a exasperarse.
–Entonces… dígame… ¿qué carajo tengo que hacer… para que me crean? –interrogó Nahuel a regañadientes al tiempo que contraía y extendía sus dedos por culpa de la rabia que sentía.
–Usted y sus compañeros tienen ciertos “poderes”. Podrían utilizarlos para averiguar si los ángeles y los demonios están envueltos en una guerra cuyas consecuencias serían devastadoras. –contestó Hermes.
–Es verdad que tenemos “poderes” pero no son suficientemente poderosos para crear un agujero dimensional que nos permita ir a una dimensión donde se encuentren los ángeles y los demonios peleando y si así fuera tendríamos dos grandes problemas: el primero de ellos es que lo más probable es que ellos luchen en una dimensión predominantemente energética, por lo tanto no sabemos que nos pasaría si ponemos un pie en una dimensión de esa índole, puede que no nos suceda nada o que nuestros cuerpos sufran alteraciones que serían irremediables si regresáramos a nuestra dimensión de origen o que nuestros cuerpos se desintegren dándonos la muerte inmediata. Y lo segundo, si es que nada nos ha pasado o bien entramos a una dimensión predominantemente material como la que yo provengo, no nos sería nada sencillo averiguar si los demonios y los ángeles están en guerra, sería muy peligroso adentrarse en medio de una batalla e investigar sobre por qué están luchando y si alguno afirma algo que nos permita determinar si la guerra que digo existe o no. –dilucidó el muchacho.
–Aparte es poco probable que esos seres les contesten si les preguntan. –agregó Atenea.
–Cierto –asintió Nahuel–, aunque como hacen ciertas cosas que antes no hubieran hecho ni en sueños, puede que algunos contesten sin problemas como que respondan y luego nos ataque… es muy peligroso tratar con los ángeles y los demonios en el estado en que se encuentran.
–Aunque hay algo que no entiendo… –expresó Hefesto.
–¿Qué no entiendes? –interrogó Zeus.
–¿Qué significa eso dimensiones predominantemente energéticas o predominantemente materiales? –contestó el dios del fuego.
–A pesar de que nosotros no hemos visto alguna dimensión predominantemente energética, estamos convencidos de que existen dos tipos de dimensiones: la predominantemente material y la predominantemente energética. La material es donde yo provengo, hay mucha material pero también hay energía; y la energética que es al revés, es decir que hay mucha energía pero poca materia. No obstante cuando me refiero a energía no es a la energía que los humanos sabemos, sino a una “energía inteligente”, y cuando habló de inteligente me refiero a seres que son íntegramente de energía, como los ángeles, los demonios, las almas humanas y ustedes. Dicha energía inteligente no puede estar mucho tiempo en una dimensión donde predomina la materia y mucho menos “desarrollarse” como los seres vivos, por ende esas entidades tienen un varios lugares en el universo especialmente adecuadas para ellas, en donde no hay o hay muy poca materia. Por lo tanto y en teoría, esas dimensiones no debería haber ningún tipo de relieve, construcciones, planetas, estrellas y de más… –explicó Nahuel– Aparte las últimas veces que he estado en una dimensión alterna no fue una visita muy agradable, sobre todo la última… –añadió dirigiendo su mirada hacia Hera cuando decía sus últimas palabras.
–No sé por qué siento que yo soy la causa de todos los males… –comentó la esposa de Zeus haciéndose la desentendida.
–Porque tú tuviste mucho que ver con los peligros que Nahuel y sus amigos tuvieron que soportar. –aseguró Afrodita enfurecida.
–No digas nada, Afrodita. –manifestó Atenea con seriedad al tiempo que miraba a su para ocasionando que la diosa del amor se callara y contuviera su furia.
–Más allá de lo último que dije, creo que mis pares y yo nos hemos equivocado porque supuestamente esto no debería existir… –dijo Nahuel para evitar una nueva discusión.
–En realidad el Olimpo siempre fue así. Cuando lo creamos no queríamos una dimensión “vacía” como usted dice, queríamos un hogar como los mortales… pero a nuestro “nivel”. No sé si me explico. –comentó Zeus.
–¿Es decir que, cuando usted y sus cinco hermanos iniciaron la Titanomaquía, crearon el Olimpo y se establecieron aquí como su base mientras duró la guerra para luego convertirse en su hogar?
–No tan así. La dimensión ya estaba hecha, nosotros y con la ayuda de los tres primeros cíclopes construimos la gran mayoría de los edificios sobre los picos. Pero cuando llegamos aquí nos refugiamos en una cueva que había en éste pico que se encontraba y se encuentra en el segundo nivel de esta gran construcción y que ahora es una especie de “caballeriza” para que los animales que tiran los carros de algunos de mis pares descansen.
–Ah… me gustaría verlo alguna vez… –comentó Nahuel fingiendo estar sorprendido para evitar que los dioses se enteraran de que él estuvo en esa caballeriza, pero sabía que en cualquier momento las deidades se darían cuenta.
–No obstante transcurrieron muchos años hasta que nuestra morada sea… lo que es hoy.
–Entonces los palacios de cristal son sus hogares, ¿no?
–Exactamente.
–¿Y los edificios que se parecen a los templos que los griegos construyeron?
–Cuando nos adoraban nosotros transformábamos sus plegarias en una energía especial que nos hacía más fuertes de lo que éramos, mientras que otros son depósitos… pero ahora no son más que sombras de lo que alguna vez fueron. –respondió Apolo.
–Cada uno de los Olímpicos tenía un templo a su cargo… bueno, lo tiene, pero como ya no se usan es lo mismo que nada. –añadió Afrodita.
–Dentro del templo la energía de las plegarias se canalizaba y se concentraba. Cuando se saturaba el dios debía ir a “descargarla” absorbiendo la energía y así el dios en cuestión se tornaba más poderoso. –afirmó Deméter.
–¿Y con qué propósito lo hacían? ¿Acaso no son ser poderoso de por sí? –interrogó Nahuel.
–El poder… nuestra insaciable necesidad de tener más poder… –contestó Atenea– Es probable que, aparte de las numerosas veces que hemos intervenido en asuntos humanos, eso nos llevó a la ruina y que los ángeles y los demonios nos derrocaran…
–¡Nosotros hicimos bien! ¡La única culpa de todo es Afrodita por revolcarse con más de medio mundo! –exclamó Hera.
–¡No es cierto maldita yegua mal parida! ¡La culpa fue tuya por vengarte de cuanta amante tenía tu esposo y de los hijos productos de esas relaciones extraconyugales! –bramó Afrodita levantándose de su asiento causando una nueva discusión entre los dioses.

Los gritos de las deidades ocasionaban que Zeus se enfureciera y que Nahuel se desesperara porque el tono de la discusión iba subiendo y parecía no terminar, aparte de que las entidades energéticas se dijeran de todo menos bonito. En un momento dado el rey de los dioses se cansó de los incesantes gritos por lo que detuvo la pelea verbal y advirtió que el o los próximos que iniciaran una nueva disputa los castigaría sin clemencia.
–Entonces… volviendo que al tema de los ángeles y los demonios, hasta donde sabemos esos seres han luchado desde prácticamente sus inicios, lo más probable es que hayan generado muchas guerras entre ellos, aparte de las escaramuzas que hubo de por medio. Lo que no entiendo es qué tiene de especial esta guerra en particular, dejando el lado el hecho de ambos seres hicieron y/o hacen acciones que no deberían hacer. –dijo Apolo.
–Si no fuera por el hecho de que ellos hacen acciones que están en contra de su naturaleza, la guerra sería otra de muchas que libraron. No obstante son esas acciones las que marcan la diferencia. El gran temor que tenemos, tanto mis compañeros y yo, es que se inviertan los opuestos: que los buenos se conviertan en malos y los malos en buenos. Supuestamente eso no debería ocurrir y si sucede el equilibrio del universo se vería sumamente afectado hasta tal punto que se colapsaría y finalmente se destruiría. La guerra es un síntoma del descontrol que ellos sienten por no poder evitar hacer acciones que no deberían hacer por estar en contra de su naturaleza, eso es lo que más me preocupa, la guerra encubre el verdadero problema, problema que es tan grave que Yahvé y Kasbeel no pueden resolverlo porque de lo contrario sus súbditos no estarían haciendo lo que hacen –declaró Nahuel–. Por otra parte tan grande es el descontrol que ellos luchan en sitios donde podrían afectar la vida de un sitio y el medio ambiente también porque la energía que se libera en cada lucha influye en el entorno natural ocasionando que el planeta sufra mucho y si el planeta sufre, los humanos, es decir, nosotros, los humanos, sufriremos…
–Pero eso último habla por ustedes, los mortales. –interrumpió Apolo.
–Bueno… sí… je, je, me emocioné un poco. Je, je… –asintió el muchacho– Además… creo que es entendible. No puedo preocuparme por toda la vida que hay en el universo porque, por ahora, la desconozco…
–Ciertamente. De acuerdo, por todo lo dicho, creo que es hora de que medite mi decisión… –aseguró Zeus.
–Antes de que comience a meditar quiero que me responda algunas preguntas. –expresó Nahuel.
–Está bien, se merece que le conteste algunas. ¿Qué quiere saber?
–La primera es sobre este lugar: entiendo las pinturas del techo, de los… muros, si es que se podría llamarse así, y el suelo, pero no entiendo qué significa este agujero negro atravesado por cinco líneas azules en donde estoy parado ahora.
–Ese agujero negro es por donde Hades ingresa desde su reino. –aseveró Atenea provocando que el dualista mirara hacia abajo lentamente, como si estuviera realmente sorprendido, para retroceder asustado unos pasos después de observar el agujero negro.
–¡¿Por ahí entra Hades?! ¡Mierda! ¡¿Cómo no me di cuenta antes?! ¡Esas líneas… representan los cinco ríos que recorren el Inframundo! ¡Aqueronte… Cocito… Flegetonte… Estigia… Lete…! ¡Ese agujero representa el Inframundo! ¡Uuuuaaaaaahhhh! –gritó perplejo Nahuel para luego caer hacia atrás por dar un mal paso, quedando sentado en el suelo– ¡Menos mal que el dios no emergió mientras estuve ahí porque de lo contrario se hubiera enfadado y me hubiera atrapado para luego llevarme al Inframundo!
–¡No diga sandeces! ¡Hades nunca haría a eso! –regañó Zeus.
–¡¿Qué nunca haría eso?! ¡¿Qué me dice de Perséfone?!
–Ella es una de nosotros. Usted en cambio es un mortal. A Hades sólo le interesan los mortales cuando ellos mueran, ya que quiere sus almas.
–Cierto. Pero dado a que entre los presentes hay alguien que no le agrado mucho es posible que esa entidad haya urdido un plan con el señor del Inframundo para que me arrastre a ese sitio oscuro. –afirmó el joven mientras se levantaba.
–Lo dudo mucho. –dijo Hera con cierto aire misterio logrando llamar la atención de Nahuel, pero no quiso indagar sobre el asunto por lo que pensó en otra cosa que decir.
–Está bien. Eso me lleva a otra pregunta: ¿dónde está? –interrogó Nahuel.
–¿Quién? –contestó Zeus.
–Hades, ¿dónde está? Los únicos dioses que no conocía hasta que aparecieron fue usted y Hermes, pero me di cuenta en seguida de quiénes eran: Hermes por sus sandalias y el Caduceo, y usted… bueno, por cómo apareció y la solemnidad.
–Hades no vino. No porque no quería, sino porque no lo encontramos.
–¿Cómo que no lo encontraron? Hay varios puntos donde se puede ingresar al Inframundo.
–Sí, y fui a todos. No obstante o estaban cerrados o había ángeles o demonios patrullando por la zona –respondió Hermes–. Por otra parte creo que nunca se enteró de lo que sucedió aquí o se dio cuenta de lo sucedido cuando llegó aquí y no encontró a nadie o, en el peor de los casos, que hay sido destruido por los ángeles y los demonios ya que ellos pudieron haber ingresado al Inframundo.
–Y en el supuesto caso de que él siguiera “vivo”, ¿él no debería estar aquí?
–Por supuesto, pero dado a las circunstancias es muy arriesgado buscarlo y convencerlo para que venga aquí. Si antes salía poco de su reino, menos lo haría sabiendo que su vida está en riesgo si sale de sus dominios –respondió Ares–. Por otro lado no sabemos su está con vida o no.
–Bueno, entonces… ahora explíquenme la cantidad de asientos. –dijo Nahuel causando que todos los dioses vieran todos los asientos que había.
–¿Qué tiene de malo la cantidad? –interpeló Poseidón.
–Los dioses Olímpicos son, en teoría, doce. Aquí hay once de los doce Olímpicos, ya sabemos porque el décimo segundo no está presente, no obstante hay trece asientos, lo que me hace preguntar quién es el décimo tercer Olímpico, si es que son trece en vez de los doce que dicen las fuentes griegas antiguas.
–El trono vacío que está al lado de Poseidón le pertenece a Hades, mientras que el que está al lado de Afrodita le pertenece a Hestia. –aseguró Artemisa.
–¿A Hestia? ¿Pero no era que le había cedido su lugar en el Concilio de los dioses a Dioniso?
–Sí… ella me cede su puesto porque los demás dioses no querían que estuviera en el Concilio de los dioses… hic… –contestó el dios del vino un tanto borracho pero mucho menos que la última vez que Nahuel lo vio.
–Claro, porque siempre estando de parranda. –aseguró Apolo.
–¡Oye! ¡Hic! ¡Más respeto para conmigo! ¡Me merezco… hic… el mismo respeto que tú! –replicó Dioniso.
–Si siempre estás ebrio no sé qué clase de respeto te mereces. –aseveró Hefesto.
–De acuerdo, no discutan. Dioniso está en el Concilio por una razón válida y punto final sobre el asunto –expresó Nahuel de inmediato para evitar una nueva disputa–. Y yo que creía que ya lo habían aceptado…
–¿Y cómo sabe que fue un razón válida? –cuestionó Zeus.
–Porque de lo contrario Dioniso no estaría aquí. –contestó Nahuel sin vacilar.
–El humano… hic… tiene razón… –asintió el dios– Sin embargo… estoy enfadado con usted… hic…
–Ya lo sé. Está enfadado porque no me quede en su fiesta.
–Exacto… y lo peor de todo es que me mintió… hic…
–Si vamos al caso, yo no mentí…
–Pero secundó la mentira de su amiga… hic… por lo tanto es tan mentiroso como su amiga… hic…
–No quisiera parecer grosera, pero creo que deberían dejar su conversación para otro momento. –interrumpió Atenea.
–Es verdad. Pues… volviendo al tema de Hestia, ¿dónde está ella? –Interrogó Nahuel obteniendo como respuesta el silencio de los dioses mientras ellos se miraban entre sí–. No creo que no hayan oído la pregunta porque desde donde estoy parado me han escuchado perfectamente bien, así que deben contestar, no sean descorteces ahora. –añadió a modo de presión logrando que algunos dioses bajaran la mirada y otros como Zeus, Poseidón y Hera dirigieran su mirada hacia arriba mientras que con una mano se cubrían la boca.
–En otra ocasión hablaremos de ella. La historia es muy larga. –aseguró Atenea rompiendo el tenso silencio que reinaba en el lugar.
–¿Pero está bien? –preguntó Nahuel un tanto confundido.
–Seguramente… pero es mejor que hablemos de otra cosa… hic… –respondió Dioniso con una seriedad inusitada, tanta que su voz aguardentosa, producto de su estado de ebriedad, casi ni se sintiera.
–Si me están escondiendo algo, les aseguró que no tienen por qué seguir escondiéndolo… –dijo Nahuel temiendo lo peor.
–Descuida, sabrás de ella a su debido momento –aseguró Apolo con rapidez–. Ahora Zeus deberá meditar su decisión, a no ser que tenga otra pregunta sin que tenga relación con Hestia.
–A decir verdad, tengo una y es muy importante. –declaró el dualista con convicción.
–¿Qué cosa? –preguntó Poseidón.
–¿Ustedes once son los únicos que están aquí? –interpeló el muchacho.
–¿A qué te refieres con eso? –contestó Hermes.
–¿Dónde están Selene, Helios, Océano, Hécate, Prometeo, Atlas, Ponto y los otros dioses si es que hay más que los que he nombrado? ¿No deberían estar todos aquí?
–Ellos no tienen nada que hacer aquí. –declaró Zeus.
–¿Cómo que no tienen nada que hacer aquí? Ellos son tan importantes como ustedes en estos momentos.
–¿Y por qué cree que es así?
–Supuestamente todos hay dioses escondidos que los Olímpicos, ya que los cuatro que mencioné antes son Titanes. Más allá de eso ellos tienen el derecho de estar aquí porque también forman parte de los dos bandos que se crearon por “culpa” de mi idea y deben saber cuál es la decisión que tomará Zeus.
–Ellos, como bien dice, son Titanes, por lo que no pueden estar aquí y creo que sabe por qué.
–A pesar de que ellos son hijos de los primeros Titanes, no intervinieron en la Titanomaquia ayudando a sus padres, entonces ellos pueden estar aquí con total tranquilidad, aparte Ponto ni siquiera intento aliarse a un bando en concreto; y por cierto eso debió haber quedado en el pasado ahora hay un asunto más importante que todos deben atender y es saber si se unen a la alianza de deidades o no y más allá de eso, han estado escondido con ustedes por lo que debieron haber zanjado sus diferencias durante ese período de tiempo.
–¿Quiere saber en donde están los demás dioses? –preguntó Poseidón.
–Sí, pero no simple curiosidad, por ver a los otros dioses. Sino porque también deberían estar aquí. Hecho tan importante, tan trascendental como es la decisión del rey de los dioses tienen que estar todas las deidades que están “vivas”.
–No obstante no se olvide que esto es el Concilio de los Dioses y sólo nosotros, los Olímpicos, pertenecemos a ese Concilio. –aseveró Hefesto.
–Además todos los Olímpicos deben… hic… deben estar para celebrar una reunión del Concilio. –añadió Dioniso causando que los demás dioses se llevaran una mano a la cara.
–¿Qué deben estar todos? ¿Y qué me dice de Hades y Hestia? –interpeló Nahuel logrando que Dioniso se diera cuenta del error que cometió.
–Siempre metiendo la pata, borrachín parrandero. –le dijo Hera con mucha seriedad al dios del vino.
–En fin, lo que dijo Dioniso es verdad, sin embargo esta es una circunstancia muy especial. –afirmó Deméter con celeridad con tal de que Nahuel dijera algún reproche.
–No lo dudo, sin embargo, como esta es una circunstancia muuuyyy especial, debieron traer a los otros dioses. ¿No les parece? –comentó el dualista cruzando los brazos.
–Aunque sea una circunstancia especial no significa que hagamos todas las excepciones posibles en una misma reunión. –aseguró Zeus.
–Mierda que es difícil de cambie de idea… ni el mejor orador del mundo podría convencerlo… –masculló el muchacho.
–¿Qué dijo? –interrogó Zeus.
–Nada, dije un pensamiento en voz alta –dijo Nahuel–. Sin embargo los otros dioses podrían haber estado tranquilamente aquí para ocupar los asientos vacíos.
–Pero son más de dos deidades… hic… ¿cómo cree que se hubieran colocado ellos para… hic… entrar en los asientos? –admitió Dioniso.
–Es una forma de decir… –aclaró Artemisa.
–¡Por Zeus! ¡Este tipo está cada más idiota! –afirmó Ares.
–Eso es por tomar tanto vino. –aseveró Hera.
–La próxima vez háganme recordar que no les dé y una gota de vino… hic… –manifestó con seriedad Dioniso.
–Basta. No empiecen a discutir. –expresó Zeus levantando un poco su tono de voz.
–Reclamo que los otros dioses estén aquí. –exigió con total determinación Nahuel.
–De ninguna manera. –replicó Zeus con el mismo tono de voz que su última afirmación.
–Entonces no puede tomar su decisión… bueno, de hecho puede… pero no debe anunciarlo sin que todos estén presentes.
–¿Por qué dice? Yo tomo las decisiones como a mí se me antoje.
–Pues en esta oportunidad me temo que no podrá hacer lo que quiere.
–¡¿Y por qué no?! ¡Yo sigo siendo el líder de mis pares, por lo tanto yo decido lo que hago y dejo de hacer! –gritó Zeus dando un salto para levantarse provocando que un rayo cayera detrás de él en algún punto del pico, causando Atenea y Afrodita se asustaran por lo que haría el joven Crónida al tiempo de que los demás dioses esperaran a que ocurriera lo peor y que Hera disfrutara lo que estaba sucediendo puesto a que creía que el mortal estaba a punto de provocar a su esposo mientras fingía estar preocupada, ocasionando que la diosa del amor y la diosa de la sabiduría se enfurecieran por la hipocresía de la diosa del matrimonio, sin embargo no podían hacer nada puesto a que si intentaban algo podría ocurrir una gran discusión, una tan intensa que ni todos los poderes de Zeus podría detenerlas.
–Porque ahora, a diferencia de otras ocasiones, está decidiendo sobre el futuro de toda la raza humana, no de unos pocos que habitaban el territorio donde los adoraban.
–¡¿Y por qué debería preocuparme por ellos?! ¡Nos olvidaron! ¡No se merecen que los protejamos de los ángeles y los demonios! ¡Se lo tienen merecido! ¡E incluso toda la humanidad debería sufrir todos los tormentos que esos seres energéticos antes de que perezcan todos los mortales, y no hablo sólo de los griegos!
–Ellos no los olvidaron del todo. Aún siguen vivos.
–¡Claro! ¡En su sueños y nada más! ¡Si podría yo los castigaría por habernos olvidado! ¡Nosotros velamos por todos ellos por un buen tiempo y cómo nos pagan, recluyéndonos al inconsciente, en la fantasía o en la locura de algunos que no tienen sana su cabeza! –exclamó Zeus contrayendo los dedos de su mano derecha mientras la levantaba mientras hablaba– ¡Los humanos deberían ser castigados por ser unos desagradecidos! ¡Si no fuera porque nosotros los hemos guiado hoy estarían como los monos! –añadió provocando que de su puño cerrado con fuerza saltarán chispas azuladas y sus ojos emergieran unos pequeños rayos ocasionando que los demás dioses se preocuparan, sobre todo Atenea y Afrodita, mientras que Hera no hacía otra cosa más que desear que su consorte le arrojara un poderoso rayo hacia el mortal, suscitando que no disimulara lo que sentía sin que las otras deidades se percataran de ello.
–Es cierto que todos nosotros los recluimos a la imaginación. Sin embargo debe pensar, aunque no sé si lo hará en el estado que se encuentra, que es mejor que estén en el inconsciente colectivo que en el olvido. Además hay personas que creen que es mejor creer en ustedes que en las religiones actuales. –dijo Nahuel demostrando bastante tranquilidad a pesar de que Zeus estaba encolerizado y a punto de lanzar un rayo, no obstante, en su interior, estaba temblando de miedo.
–¿Eh? ¿Eso es verdad? –interrogó Zeus un poco sorprendido mientras que algunos dioses miraran a Nahuel denotando, sólo con sus ojos, la misma incertidumbre atónita que experimentaba el rey de los dioses.
–Si pudiera les traería un pequeño libro, bueno, en realidad es un conjunto de libros… en fin, que se llama “Biblia” y se darán cuenta que, a pesar de que hay de todo un poco como acción, drama, romance y demás, es un tanto aburrido a comparación con los mitos en los que todos ustedes, y los otros dioses aparecen. Además en los mitos pueden aparecer varios dioses, mientras que en las historias de la Biblia el único “personaje” omnipotente y poderoso es Dios, Dios, Dios, Dios, y para variar, Dios. Y aparte no es muy interesante, al principio es atractivo pero con el tiempo se torna aburrido. Por otra parte las religiones actuales no tienen historias emocionantes que dejen moralejas, si hay historias pero son muy serias o contienen poco o casi nada de los elementos que hacen emocionantes a los mitos. Por ende hay gente que sería bueno, por un momento, creer en los mitos porque demuestran que los dioses intervienen en los asuntos de los mortales creando historias muy buenas… aunque eso fue la cuestión por la cual ustedes fueron castigados. –contestó el muchacho siendo lo más elocuente posible logrando un silencio tenso y, por unos segundos, los dioses no hacían otra cosa más que mirarse entre sí y observar a Zeus, que sólo miraba a Nahuel. Finalmente Zeus bajó su mano, extendió sus dedos y se sentó lentamente.
–Así que algunos mortales quieren creer que nosotros existimos… Mmm… eso es interesante. –declaró Zeus pensativamente.
–Sin embargo ellos deberían vernos para creer completamente que existimos. –aseguró Hera tratando de rebatir lo que dijo el muchacho.
–Cierto, sin embargo eso no supone mucho trabajo para ustedes, ¿verdad, Hera? –le dijo Nahuel a la diosa con tal de que ella se quedara sin argumentos para rebatirlo.
–Si nos manifestamos delante de los mortales, podríamos recuperar nuestro estatus como soberanos de Grecia, o mejor aún, ser soberanos de todo el planeta. –comentó entusiasmado Poseidón.
–Relájese, Poseidón, no será tan sencillo como parece. Los humanos al principio se horrorizaran y les tendrán miedo por lo que huirán apenas los vean. Por otro lado es posible que algunos mortales no puedan verlos y/o oírlos, ya que si mis compañeros no pueden ni verlos y/o oírlos es muy posible que algunos humanos tampoco.
–Eso es verdad, ¿alguien podría explicar por qué sucede eso? –interrogó Apolo.
–No siempre ocurre eso. Los compañeros de Nahuel pudieron vernos y oírnos. –aseguró Artemisa mientras señalaba a Ares.
–Es verdad, no obstante recuerdo que los amigos del mortal no nos veían como nos veía él. –rememoró Ares.
–Seguramente ellos no quieren aventurarse más allá de lo que ellos consideren como verdad. Tendrán miedo de vernos tal cual como somos. –expresó Atenea.
–Ellos están buscándonos desde hace meses. A estas alturas ya no deben tener más miedo, de hecho su curiosidad debe ser tan alta que deberían estar pidiendo a gritos que puedan vernos. –aseveró Afrodita.
–No dije exactamente que tuvieran miedo conscientemente, me refería a que tienen miedo inconscientemente. Hasta donde yo sé, los humanos tienen miedo a lo desconocido y, a pesar de que los amigos de Nahuel saben demasiado sobre nosotros, él les habrá contado que no todo lo escrito sobre nosotros es completamente verdad, por lo tanto ellos saben, inconscientemente aunque también conscientemente, que están buscando algo medianamente desconocido, ocasionando que su temor se mantenga. –explicó Atenea.
–Sin embargo ellos no ven la hora de ver a uno de ustedes como yo los veo. –expresó Nahuel.
–Entonces tendrá que decirle a sus compañeros que dejen de sentir temor. –aconsejó Hermes.
–Pensándolo bien será un poco complicado. El temor a lo desconocido es tan normal en los humanos como respirar… –aseveró el dualista.
–No entiendo porque sus amigos tienen miedo. Han visto a los ángeles y a los demonios, seres que no pueden ver otros seres humanos porque no poseen sus poderes. Además los demonios son seres muy peligrosos y se han enfrentado a ellos saliendo victoriosos de las luchas por lo que el temor hacia ellos fue disminuyendo tras cada combate logrando que pudieran verlos sin problemas. –admitió Hefesto.
–Sucede que conocemos casi a la perfección la naturaleza de los demonios y la gran mayoría de los escritos en los que los describen son ciertos, eso hace que el miedo interno se disminuya considerablemente, no obstante hay otro temor que no va a disminuir y es lo que pueden llegar a hacernos esos seres, pero en medio del calor del combate eso no se tiene en cuenta, lo único que se piensa es en causarle el mayor daño al demonio sin que éste te hiera demasiado. Aparte con entrenamiento militar la concentración en una lucha aumenta impidiendo al cerebro que piense en lo que puede llegar a hacer el demonio, sin embargo he visto demonios bastantes poderoso haciendo que a veces uno se cague de miedo. Sin embargo, hay otro factor que afecta a mis compañeros e impide verlos y/o oírlos. –dilucidó Nahuel.
–¿Qué cosa?
–Ustedes son Ultra-seres, una categoría de seres en los cuales son, en teoría, más poderosos que cualquier ángel o demonio, lo que significa que tienen mucho más poder que los seres que mencioné. Por lo tanto ustedes también deberían ayudar a mis compañeros para que los puedan observar como son, si es que se puede decirse así.
–¿Y cómo lo hacemos?
–No lo sé. Eso es por cuenta de ustedes. No los conozco completamente y no podría saber todo lo que pueden hacer aunque pueda vivir tres veces lo que una persona puede llegar a vivir. Tendrán que averiguarlo por ustedes mismos.
–Yo no le veo la gracia de manifestarnos delante de sus amigos. Ellos se lo pierden. –comentó Hera.
–No basta con sólo desear ver una entidad energética para que se te manifieste delante de uno. También la entidad energética debe tener la necesidad de manifestarse. Así que para que el “encuentro” ocurra debe existir de la necesidad de ambas partes de hacerlo… aunque a veces una de las partes, la humana sobre todo, no quiere ver una entidad energética causando que la parte humana se asuste bastante –dijo el joven–. En fin, exijo que los demás dioses estén aquí. –volvió a reclamar.
–Ya es hora de que le digas la verdad. –le dijo Atenea a Zeus.
–Parece que sí. El humano es muy testarudo y si sigo ocultando la verdad terminaré liquidándolo y eso no nos conviene. –asintió el rey de los dioses.
–¿Perdón? ¿De qué están hablando? –preguntó Nahuel completamente desconcertado.
–¿Es necesario? Él no debería saber de los demás. –replicó Hera.
–Es justo que el mortal vea a los demás dioses; aparte tiene razón, ellos deben de estar aquí cuando anuncie mi decisión. –aseguró Zeus.
–¡Pero…!
–Sin peros, yo soy el que decide aquí y punto.
–¡Maldita sea! –masculló Hera sumamente molesta.
–Lo siento. No quiero ser grosero, pero no sé que están hablando y eso me está comenzando a enfurecer. –interrumpió Nahuel.
–¡Entonces enfurézcase! –gritó Hera causando que su esposo la mirara por lo que la diosa se amedrentó un poco.
–Si quiere que los otros dioses estén aquí entonces así será. –le dijo Zeus a Nahuel.
–Entonces mande a Hermes para que les avise que vengan. –declaró el muchacho.
–No hace falta. Ellos están aquí. –afirmó Hermes.
–¡¿Qué?! –vociferó Nahuel completamente sorprendido y a continuación el joven sintió una gran presencia que provenía detrás de él, justo por donde él había entrado a la sala, por lo que se dio media vuelta para observar lo que estaba a punto de llegar.

Repentinamente unas quince esferas de luz entraron a la sala a toda velocidad y comenzaron a recorrer toda la sala, pero como algunas se dirigían hacia donde estaba Nahuel, éste se tuvo que tirar al suelo para que las esferas no lo chocaran. Diez segundos después  las esferas se posicionaron de forma tal que rodearon al dualista creando un gran círculo junto con los tronos de los dioses Olímpicos y, a continuación, se materializaron. Tan pronto como se adquirieron la forma definitiva Nahuel descubrió que allí estaban Selene, Helios, Atlas, Prometeo y Hécate, no obstante había otras deidades que él desconocía aunque podía intuir la identidad de algunos por cómo vestían. Más allá de todo eso, todas las entidades energéticas eran tan grandes como los Olímpicos.

Tan rápido como se levantó del suelo empezó a observar a todos los dioses que habían entrado comenzando a observar al primer que se encontraba más cerca del trono de Hestia: allí se encontraba Helios y a su lado su hermana, Selene. Cerca de ella se hallaba un dios desconocido, era alado, de hecho sus alas eran similares a las de un ángel dado a las diáfanas que eran, tenía cabello rizado marrón y unos ojos celestes oscuros, vestía únicamente una toga azul oscuro y sobre su cabeza poseía una esfera muy brillante, como si fuera una estrella. A su lado había una hermosa mujer alada, cuyas plumas eran muy blancas hasta se podría decir que eran casi resplandecientes pero no eran tan claras como las del anterior dios, vestida con una toga cuyos colores cambiaban cada cierto período tiempo, por lo general bastantes largos, aunque los mismos eran los de la aurora, y también bordada con flores diversas que cada tanto sus pétalos adquirían los colores que poseía la toga en dicho momento; tenía cabellera pelirroja clara y poseía una diadema plateada en la cual tenía incrustada cinco piedras preciosas en un patrón definido, las mimas eran esmeraldas, zafiros, rubíes, sugilitas y ojos de tigre. A continuación había otro dios masculino, a diferencia de los demás dioses que vestían una toga o una armadura, como en el caso de Atenea y Ares, u otra clase de vestimenta griega, éste poseía una especie de alba y casulla, siendo el alba de color amarillo y la casulla de color marrón que tenía, además, unos extraños dibujos de color verde oscuro, algunos de ellos eran figuras geométricas no muy definidas y otros eran figuras amorfas, imposibles de relacionarlas con figuras geométricas conocidas u cualquier otro dibujo fácil de reconocer; su cabello y su barba recortada eran castaños, su mentón era un poco prominente y sus ojos eran marrones. Aparte de eso llevaba en su cabeza un tocado muy parecido a una corona de señor con una diferencia: en el centro del tocado había una piedra preciosa tallada en forma de pera, cuyo tamaño rondaba los cuatro centímetros, siendo la gema un jaspe. 

La siguiente era otra diosa, con dos pares de alas brillantes y llevaba una aureola también brillante, portaba una antorcha en su mano derecha y en su brazo izquierdo flexionado llevaba algo azulado brillante, de donde partía chispas azuladas y pequeños rayitos, algunos de ellos recorrían todo el objeto; el único detalle interesante era que la deidad tenía iris brillantes, por lo que si se oscurecía el sitio sus ojos brillarían en la oscuridad, como si fueran fosforescentes. A esta deidad le seguía otro dios el cual tenía un par de brazaletes, los cuales poseían figuras distintas: el derecho poseía cuatro figuras antropomorfas y el izquierdo cinco que poseían alas; su piel era algo brillante, pero sus ojos, a pesar de ser celestes, eran un poco opacos, por lo que si se encontraba en la oscuridad, se le podría ver toda la piel visible y sus ojos serían negros.

La que seguía era Hécate y estaba materializada como Nahuel la había visto por primera vez. A su lado se encontraba otra deidad femenina: vestía, además de su toga gris clara, una mantilla del mismo color que la toga que le cubría su cabello, aunque se podía ver unos pequeños mechones negros, su nariz era pequeña, al igual que su boca, tenía ojos verdes oscuros y sus uñas eran rojas, parecía que estaban pintadas de color rojo pero, en realidad, era su color verdadero. A continuación se hallaba una diosa cuya piel emitía pequeños destellos, no tenía muchos detalles que podrían llamar la atención, puesto a que la toga que vestía, su cabello recogido rubio, el color de sus ojos y demás facciones de su rostro eran como los de una mujer común, sin embargo tenía algo en su cabeza que era llamativo: poseía una corona de señor aparecida al dios que vestía con ropas supuestamente eclesiásticas, sin embargo al gema que poseía en el centro era un diamante y que estaba tallada de la misma forma que el jaspe. Cerca de esta deidad se hallaba otra femenina, llevaba puesto una toga verde, su piel era pálida, sus ojos eran de color avellana y poseía una larga cabellera castaña rizada; sus brazos estaban cruzados y tenía un semblante serio, no obstante parecía que estaba mirando sin ver, como si estuviera recordando algo o si pensara en otra cosa en esos momentos mientras miraba al dualista.


La deidad que seguía a continuación poseía una forma muy extraña: desde su busto hacia abajo su cuerpo era literalmente de agua que fluía por todo el cuerpo como si fuera un río, incluso se podía ver los contornos de lo que supuestamente sería un vestido, sin embargo era muy notable el contorno de su cuerpo. Su busto en sí estaba cubierto por muchos peces de agua salada y de allí para arriba sus hombros desnudos y su cabeza eran como los de una persona normal. Su piel era normal, al igual que el resto de sus facciones, ojos azulados, cabellera larga celeste claro, aunque también tenía mechones grises, que distaban mucho de ser canas, por lo que podría decirse que su pelo era bicolor, pero lo más raro que esto último era que de su frente partían un par de alas grises, cada una ubicada en un sitio donde comúnmente podría haber cuernos, del tamaño idéntico a las de los colibríes, pero sin llegar a tener el veloz movimiento de estas aves, de hecho se movían lentamente. A su lado se encontraba una diosa particular por lo que portaba: en su mano izquierda asía una espada, la cual la tenía apuntada hacia abajo, y en su mano derecha una balanza; su cabello recogido era un rubio oscuro y sus ojos amarillos, más allá de su apariencia y lo que portaba parecía ser impasible dado al semblante que tenía en esos instantes aunque también severa. Finalmente sólo quedaban dos dioses más: Atlas y Prometeo, cerrando así el círculo que dioses que rodeaban al dualista.

Continuará...





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