sábado, 31 de diciembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XIX: En medio del cortejo dionisíaco (Parte final)







–Como iba diciendo, Zeus, triste por la muerte de su amante por su culpa, decidió recoger al fetal Dioniso y se lo plantó en uno de sus muslos. Meses más tarde el dios, sabiendo que pronto nacería el niño, se digirió hacia el monte Pramnos, en la isla de Icaria, y lo soltó ya crecido de su muslo. Una vez hecho esto, Zeus lo dejó bajo la tutela de unas ninfas, las Ménades, hasta que el infante creciera lo suficiente como para que se pudiera depender por sí solo. Cuando creció, Dioniso descubrió la cultura del vino y la forma de extraer su jugo, pero la celosa Hera, todavía enfurecida con él por ser hijo de una relación extramatrimonial, hizo que se volviese loco y que vagara por diversas partes del planeta con tal de que muriera en algún accidente geográfico o ahogado en algún río o mar o que algún animal acabara con su existencia. Sin embargo se encontró con la Titánide Rea, quien lo curó y le enseñó sus ritos religiosos, tras eso Dioniso emprendió un recorrido por Asia, enseñándoles a las personas de los poblados que visitaba el cultivo de la vid. Aunque es bien famosa la parte de sus viajes en India que se dice que duró varios años. Regresó triunfante y emprendió la introducción de su culto en Grecia, pero algunos príncipes y reyes se opusieron porque temían la locura y los desórdenes que los mismos acarreaban.
–¿Y cuándo él formó su Tíaso? –preguntó Alejandro.
–No me acuerdo mucho de eso, aunque se me viene a la mente la idea de que los mitos sobre su cortejo nacen a partir del momento en que Dioniso regresa triunfal de India pero no sé si él vino con su séquito de allí ya formado o que lo creó luego de su regreso o que vino con los sátiros… no lo recuerdo. –contestó Nahuel.
–¿Y qué le sucedía a los reyes que no querían que el culto del dios se introdujera en sus dominios?
–Muchas penurias.
–¿Cómo cuáles?
–¿Es necesario que lo cuente?
–Es parte del desafío, ¿o no?

sábado, 24 de diciembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XIX: En medio del cortejo dionisíaco (Parte 2)







Tras un pequeño lapso de tiempo los dualistas llegaron a un camino hecho por el hombre que atravesaba la arboleda, sin embargo ocurrió algo que los sorprendió bastante: comenzaron a oír música generada por dos tipos de instrumentos que se podían distinguir claramente, flautas y liras. Esto ocasionó que los jóvenes detuvieran su marcha para escuchar la música comprobando que la misma era alegre, no obstante, como ellos no estaban allí para oír la música festiva y mucho menos festejar, continuaron avanzando hacia el sur, siguiendo la música para averiguar si eso podía ser parte de la manifestación de una deidad o deidades, manteniendo la cautela ya que la melodía que sonaba no implicaba que no hubiera peligro pero tampoco que había aumentado el mismo. A los pocos metros los dualistas se acercaron, agachados, a un tronco de un árbol caído y se escondieron puesto a que sentían que el sonido procedía justo delante del tronco.

Seguidamente y muy lentamente asomaron sus cabezas para saber qué era lo que provocaba la música y, también, si la misma era parte de la manifestación de algún dios, sin embargo lo que vieron fue algo impactante: había varias mujeres vestidas con togas griegas de colores muy claros, casi transparentes por lo que se podía ver lo que la naturaleza les había otorgado quienes tocaban los instrumentos que producían las alegres melodías. Por todos lados había otras mujeres prácticamente desnudas salvo por una tela más larga que ancha que les cubría una parte del cuerpo aunque dejaban expuestos sus senos y sus vaginas correteando sin por entre los árboles perseguidas por unas criaturas muy peculiares: eran mitad hombre y mitad carnero, poseían abundante pelo y, la gran mayoría, barba, una cola de cabra, cuernos en la cabeza, que variaban según la criatura siendo en algunos más grandes que en otros, una nariz chata a tal punto que parecía graciosa y, quizás el detalle más impactante, sus largos penes se encontraban erectos. Todos ellos llevaban la piel de un animal colocada sobre su cuerpo de diversas formas, aunque las pieles más comunes eran las de pantera, león, vaca, toro, oso entre otras. Además de eso, dispersas por todas partes, había muchos cántaros y damajuanas de loza al tiempo que algunos de esos seres extraños bebían de ellas un líquido rojizo al tiempo que otros bailaban de forma errática con uno de esos cántaros en sus manos mientras que algunas mujeres coqueteaban con esos seres asiendo en una de sus manos unos vasos o copas de cerámica.

Unas pocas mujeres, adornadas con coronas de hojas de vid, danzaban descontroladas al compás de la festiva música que se había tornado más rápida, insinuándoles a algunos seres medio humanos pero los rechazaban cuando éstos se propasaban aunque a los pocos segundos ellas volvían a insinuárseles creando una suerte de ciclo de coqueteo bastante erótico.
–¿Alguien me puede explicar qué es todo esto? –preguntó Alejandro a media voz bastante desconcertado.
–Mejor si alguien explica quiénes son esos seres medio humanos. –admitió María en el mismo tono de voz que sus compañeros.
–Esos seres se llaman sátiros. –afirmó Silecio en voz baja.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XIX: En medio del cortejo dionisíaco (Parte 1)







Si bien los muchachos se salvaron de la hecatombe que se desarrollaba en el santuario de los Grandes Dioses de Samotracia, no pudieron eludir la que les esperaba en el Templo Dualista Panuniversalista de Atenas. Los Hijos del Universo estaban furiosos con ellos puesto a que ningún momento de la batalla entre ángeles y demonios Silecio respondió a los llamados que hicieron los operadores del Centro de Mando por medio del comunicador por lo que decidieron castigarlos sin antes darles un sermón que el pobre Silecio tradujo a sus compañeros argentinos suavizando un poco las palabras ya que los Sabios Maestros se encontraban tan enfurecidos que no podían controlar las palabras que decían. El castigo que les dieron a los muchachos fue limpiar los pisos de todo el Templo desde el segundo piso del subsuelo, pasando por el vestíbulo y el post-vestíbulo, hasta el de la oficina de los Hijos del Universo incluyendo la azotea generando que Alejandro protestara, pero sus compañeros lo hicieron callar rápidamente porque temían que los Sabios Maestros le dieran un castigo peor.

Tras eso los Hijos del Universo aseguraron que ese no sería el único castigo que tendrían: también les tendrían prohibido salir del Templo para lo que sea, incluso salir a investigar las actividades energéticas extrañas, por una semana provocando que los muchachos, sobretodo Nahuel, quisieran protestar y decir la verdad, pero se contuvieron puesto a que no era recomendable hacerlo causando que aceptaran el castigo a regañadientes. Al día siguiente, bien temprano en la mañana, los cuatro muchachos comenzaron a limpiar los pisos empezando por el vestíbulo, seguidamente el del post-vestíbulo para luego los de los del subsuelo. Luego los del primer piso y la mitad del segundo puesto a que debían almorzar, al rato terminaron con el segundo  piso y prosiguieron. Al caer la noche los jóvenes llegaron a terminar el penúltimo piso causando que los Hijos del Universo les dijeran que pararan de limpiar los pisos por el día y que siguieran al día siguiente ocasionando que los muchachos, completamente fatigados, respiraran aliviados, aunque el trabajo que tuvieron durante el día logró que durmieran al instante apenas apoyaran sus cabezas en sus almohadas. Para antes del mediodía del día posterior, los jóvenes cumplieron con uno de sus castigos por lo que rogaron que, durante los siguientes cinco días, ningún dios se manifestara porque de lo contrario ellos no podrían ir hacia el sitio donde se manifestaría.

Más tarde, Nahuel y Silecio investigaron qué pasó con la gran contienda entre ángeles y demonios de la cual escaparon, desvelando que un buen grupo de soldados dualistas griegos, italianos y austríacos llegaran al sitio algunos minutos después de que ellos se marcharan causando que los soldados dualistas se enfrentaran porfiadamente contra la enorme cantidad de entidades, controlando la situación después de diez minutos tras haber hecho desaparecer los pilares energéticos con la ayuda de los disuadores energéticos y eliminar a los ángeles y los demonios que aún quedaban, sin embargo la gran cantidad de energía liberada por el combate suscitó que toda la isla de Samotracia se produjera una gran tormenta que azotó a la isla más de un día antes de que las nubes se disiparan, aunque por fortuna no ocasionó inundaciones importantes o pérdidas materiales considerables y, lo más relevante, ningún muerto o desaparecido. Tras eso, Nahuel y Silecio se quedaron pensando en las diosas, sobre todo en Hécate puesto a que veían los hechizos de la diosa, causando que se preocuparan por si algún soldados dualista hubieran visto alguno de ellos lo que ocasionaría que ese avistamiento sea la puerta para que descubrieran a las deidades y, por consiguiente, la verdadera razón de los viajes que hacía ellos, por lo que raudamente comenzaron a investigar sobre el asunto.

No obstante, menudo fue su alivio al enteraste que ningún soldado reportó haber visto algo inusual más que los ángeles y los demonios, ocasionando que los dos muchachos dieran el asunto por terminado, aunque tendrían que hacer un informe con todo lo que sucedido mientras ellos estaban en el santuario para así dar por terminado en verdad toda esa cuestión. Lo más gracioso fue que el informe se convirtió en una suerte de cuento de acción ya que los muchachos, al omitir el hecho de que se comunicaron con las diosas, sólo contaron cómo se originó el combate y cómo lucharon ellos detalladamente, finalizando con la huida en helicóptero, pero ese detalle fue el más elaborado, tanto que parecía una huida épica, por suerte el informe, en vez de enfurecer a los Hijos del Universo por la cantidad de detalles irrelevantes que poseía el mismo, se entretuvieran un poco por un rato.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XVIII: Gran combate en el Santuario de los Grandes Dioses de Samotracia. (Parte final)








Una vez que todos los seres se materializaron se colocaron rápidamente como lo hicieron los anteriores, para cuando terminaron los ángeles y los demonios sólo se miraran, creando un ambiente muy tenso, donde el primer movimiento desataría una gran confrontación.
–¡¿Qu… Qu…Qué… s-son e-esas… cosas?! –preguntó completamente aterrado Silecio causando que entrecortara las palabras ya que nunca había visto a los nuevos seres que se materializaron.
–Bueno, por parte de los ángeles los que tienen las espadas tan largas que rozan el suelo son otro tipo de arcángeles… –contestó Alejandro con miedo, pero trataba de controlarse– Pero no sé quiénes son los petisos.
–Son… Principados… los hechiceros de los ángeles. –declaró Nahuel intentando calmarse.
–¡¿Qué?! ¡Principados! –gritó Silecio provocando que sus compañeros lo retaran por levantar la voz.
–Así que esos son los Principados… tú dijiste Nahuel que viste uno igual en la ciudad de Salta de la otra dimensión. –dijo Alejandro.
–Sí… y yo terminé derrotándolo. –asintió María con lágrimas en sus ojos por tener que reprimir todo el miedo que estaba sintiendo.
–Cierto, con un buen disparo letal. –expresó Nahuel.
–¡Oh… cielos! ¡No lo puedo creer! –aseveró el dualista griego tratando de no levantar su voz– Bueno… por los demonios se que los encapuchados son los acólitos infernales y los que tienen el cráneo de cabra como cabeza son los hechiceros de nivel superior… también sé quiénes son los gigantescos demonios… pero no quiero decirlo porque me voy a infartar… desearía creer que no son ellos… –añadió asuntándose cada vez más y más.
–Así es. Son los Centurionados Infernales y puede que sea un grupo completo, un centenar… –corroboró Nahuel.
–¡Ahora estamos en un pozo sin fondo! ¡No podremos contra ellos! –exclamó Silecio agarrándose la cabeza con sus manos al tiempo que María lloraba sin gemir por lo que sus compañeros intentaron rápidamente calmarlos.

–Hay algunos de esos nuevos seres que no había visto antes… –comentó Hécate observando cómo delante de ella estaba a punto de estallar una contienda importante.
–¿Cuáles? –preguntó Deméter.
–Los demonios enormes y los ángeles de baja estatura.
–Yo los vi a todos esos y otros más mientras huía hacia el oeste cuando los ángeles y demonios invadieron este lugar.
–Ya veo… en ese momento estaba en otro lugar… no me acuerdo donde, pero recuerdo que Hermes me alertó sobre la invasión y de inmediato me escondí en otra dimensión.
–¿Y estuviste allí hasta que los cuatro mortales comenzaron a buscarnos?
–Volví unas contadas ocasiones, pero… las cosas habían cambiado…
–Entiendo.
–¿Y ahora qué hacemos?
–Me temo que no podemos mantenernos más al margen. Habrá que ayudar indirectamente a los mortales y evitar que los nuevos seres nos liquiden.
–Sí… algo me dice que la lucha que se avecina pondrá en peligro otra cosa además de nosotras y a los mortales. Además… los nuevos aparentan ser más poderosos.
–Así es…

sábado, 3 de diciembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XVIII: Gran combate en el Santuario de los Grandes Dioses de Samotracia. (Parte 3)







Mientras tanto, los Misántropos miraron también hacia el oeste puesto a que también sentían la gran energía que provenía de allí provocando que los dualistas quedaran desconcertados.
–¿Qué pasa? ¿Por qué ellos miran hacia el este? –expresó Alejandro a media voz con tal de que los Misántropos Oscuros no la escucharan.
–No lo sé… pero parece que están sintiendo algo que nosotros no… –contestó Silecio con el mismo tono de voz.
–Y encima no podemos concentrarnos porque apenas bajemos la guardia los muy bastardos nos atacaran… –declaró María también a media voz y, repentinamente, los Misántropos Oscuros salieron corriendo hacia el oeste, desvaneciéndose lentamente hasta que desaparecieron por completo.
–¿A qué vino eso? –manifestó un tanto sorprendido Alejandro.
–La única forma de saberlo es… concentrándose y mirar… hacia el oeste. –respondió Nahuel mientras salía del fondo del Asclepeion. Apenas lo hizo los jóvenes se concentraron y rápidamente miraron hacia el oeste descubriendo, para su sorpresa y espanto, que a varios metros al oeste y del extremo norte del gran pórtico se situaba un pilar energético oscuro, cuyas ondas violetas recorrían la misma en forma de espiral dirigiéndose hacia el suelo.
–Oh, no… parece que vamos a tener compañía… –declaró Silecio y apenas terminó de decir su frase muchas sombras emergieron de la oscura columna que recorrieron todas las ruinas del santuario a una velocidad inusitada.

Después de andar por todos lados, las sombras se detuvieron delante de los muchachos y comenzaron a materializarse adquiriendo diversas formas, monitos, demonios antropomorfos con oscuras armaduras y escudos con el emblema del Infierno, sombras con forma humana hasta la cintura y de nube oscura el resto, y esferas negras. Apenas todas las sombras se materializaron, los dualistas se dieron cuenta que eran cientos de demonios por lo que se pusieron en guardia, preparándose para una intensa lucha.
–Vaya, vaya, vaya… Miren lo que encontramos aquí además de unas deidades… je, je, je… –afirmó uno de los monitos de la primera fila.
–Si se les ocurra tocar a las deidades o van a sufrir más que los castigos que les impone Lucifer por desobedecerlo. –advirtió Nahuel.
–¿Ah, sí? ¿Y tú que sabes los castigos que nos impone Lucifer? –cuestionó desdeñosamente el demonio.
–Pues… ¿acaso él no los destruye si no le obedecen? Eso lo que harán las diosas con ustedes, aunque de la peor manera, creo que los sobrevivientes se darán cuenta que Lucifer es demasiado clemente con los que destruye. –aseguró Nahuel.
–¡Ja, ja, ja! ¡No lo creo! ¡Las deidades no tendrán ni oportunidad de defenderse! ¡Fue gracias a una o a las dos que hicieron que viniéramos aquí! –declaró el ser oscuro.
–¡Gracias, Nahuel! –gritó Hécate.
–Me acaba de regañar Hécate… –dijo Nahuel en voz baja con tal de que sus compañeros lo escucharan solamente, provocando que ellos esbozaran una sonrisa aunque querían reírse, pero no podían por la situación.
–A nosotros también nos causó risa, así que no hace falta que lo disimulen. –comentó el demonio suscitando que los dualistas se sorprendieran.
–¿Cómo lo supiste? –interrogó María.
–Es simple, ellos ven y escuchan a las diosas. –respondió al instante Nahuel.
–Exactamente. –corroboró el ser oscuro.
–¿Entonces por qué no se ríen ustedes? –preguntó Alejandro.
–Porque no somos muy demostrativos. –contestó el demonio.
–¡Vaya particularidad! ¿Entonces tampoco demuestran su odio hacia los ángeles? ¿Qué clase de demonios son ustedes? –manifestó Alejandro a modo de burla.
–Ja, ja… qué chistoso… –expresó el ser oscuro con sorna– ¿Qué le pasa a su amigo? ¿Es mudo o qué? –agregó refiriéndose a Silecio que, desde hacía varios segundos, no hacía más que mirar el pilar energético oscuro.
–¿Qué sucede, Silecio? ¿Estás bien? –le preguntó María.
–Nada… o eso creo… –contestó de forma enigmática el dualista griego sin quitar su vista de la columna energética.