sábado, 26 de noviembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XVIII: Gran combate en el Santuario de los Grandes Dioses de Samotracia. (Parte 2)







Después de revisar todas las ruinas que encontraban en su camino y no descubrir ninguna pista y mucho menos un arqueólogo, algo que sorprendió bastante a los muchachos, decidieron dirigirse hacia el punto de encuentro acordado: el Hieron que se destacaba entre los demás edificios por sus cinco solitarias columnas, dos de ellas unidas por un arquitrabe; siendo los primeros en llegar Nahuel y Alejandro porque el teatro se situaba cerca de ese sitio.
–Allí vienen Silecio y María –afirmó Alejandro.
–Sí, y parecen que están discutiendo… –expresó Nahuel viendo que Silecio parecía estar un tanto exasperado al igual que María.
–¡Ya veo por qué Nahuel no quería contarte la historia de Orfeo! –gritó Silecio a pocos metros de llegar a donde estaban Alejandro y Nahuel.
–¡Eres tan desalmado como él! –contestó María con el mismo tono de voz.
–¿Me llamaban? –preguntó Nahuel a modo de burla.
–¿Qué pasó? ¿Qué le dijiste, Silecio? –interrogó Alejandro.
–Que María está… tan… embobada por la historia de Orfeo y Eurídice… –contó el dualista griego.
–¡Lo dices como si fuera algo malo! –replicó María.
–¡¿No te diste cuenta cómo te pusiste?! ¡Parece que necesitaras atención psiquiátrica!
–¡Sos un maldito… idiota, al igual que Nahuel o peor! Bueno… no tanto. ¡Pero sí igual!
–No sé si tomar eso como un cumplido o un insulto. –comentó Nahuel al oído de Alejandro.
–¡Argh! ¡Cómo sea! ¡Lo importante es que no descubrimos nada! –declaró Silecio.
–Nosotros tampoco. –afirmó Alejandro.
–¿Qué hacemos, entonces? –preguntó María.
–Y… esperar. –respondió Nahuel sentándose en las ruinas.
–¿Por qué tienes la costumbre de sentarte en las ruinas? Es patrimonio nacional. –interrogó Silecio.
–Nadie nos ve. Además el calor de mi trasero no derretirá la piedra donde estoy sentado –contestó Nahuel–. Por otra parte, desde que fuimos a Dodona que “adquirí la costumbre” de sentarme en las ruinas.
–Igual. No deberías hacerlo a no ser que quieras ser expulsado de un sitio arqueológico.
–Que me expulsen, de todos modos los dioses harán que pueda ingresar de nuevo.
–Touché. –dijo Alejandro.
–¿Y dónde esperamos? –interpeló María.
–Aquí, porque no quiero volver de donde vinimos o de lo contrario vamos a seguir discutiendo. –contestó el dualista griego.
–No te gritaré porque fuiste educado al decirlo… –aseveró la muchacha.
–Pero no sé por qué no aprovechaste. –comentó Nahuel guiñándole un ojo a Silecio provocando que éste se sonrojara.
–¿Qué significa eso? –preguntó Alejandro.
–Na-Nada. –respondió el dualista griego un poco nervioso.
–No lo sé, pero Silecio está sonrojado… –declaró María.
–Es… por el calor del sol. –explicó al instante Silecio.
–¿Por el calor del sol? Sus rayos no están tan calientes… –cuestionó Alejandro.
–Puede que él tenga piel sensible. –opinó Nahuel tratando de desviar el tema al tiempo que Silecio le hacía gesto para que lo hiciera.
–Estuvimos con el todo el verano y nunca le pasó eso. –aseveró Alejandro que descreía de lo que Nahuel había dicho.
–Estoy segura que estos dos nos están escondiendo algo… –afirmó María con total seguridad mientras señalaba a Nahuel y Silecio.
–No estamos escondiendo nada, lo que dije era parte de un chiste que no pude terminar de contar porque ustedes dos comenzaron a pensar otras cosas. –expresó Nahuel.
–Cierto… –secundó Silecio.
–¿Y tú que sabes? –cuestionó María.
–El chiste era… evidente. –respondió el dualista griego al instante aunque todavía un poco nervioso.
–No estoy entendiendo nada… –confesó Alejandro.
–Cuando le dije  a Silecio “no sé por qué no aprovechaste”, me refería a que hubiera tirado a María adentro del Arsinoeion para que se le pasara un poco el atontamiento que sentía por escuchar el mito de Orfeo y Eurídice. –contó Nahuel la mentira que había armado en unos segundos.
–¡¿Qué?! ¡Eres un…! ¡Aaaaaarrrrgggghhh! –bramó María enfurecida al tiempo que los primos se reían un poco– ¡No se rían ustedes dos!
–¡Ja, ja! Per… perdón… je, je… –se disculpó Silecio tratando de no reír más.
–Hablando de otra cosa, tengo una pregunta sobre los misterios eleusinos. –expresó Alejandro.
–¿Y cuál es esa pregunta? –preguntó Nahuel.
–Esos misterios, ¿celebraban el culto a las diosas Deméter y Perséfone gracias al mito del rapto con el cual los antiguos griegos explicaban el cambio de las estaciones?
–Sí. Concretamente se conmemoraba el regreso de Perséfone del Inframundo y por consiguiente el retorno de las plantas y de la vida. De hecho el mito del rapto es el mito fundamental de los misterios.
–Por ser consagrados a diosas relacionadas con la tierra, era un culto ctónico, como el de aquí. –añadió Silecio.
–Aunque aquí también se adoraba a los reyes del Inframundo, que no tienen mucha relación con la fertilidad de la tierra. –comentó María.
–Cierto, pero el culto a los reyes del Inframundo fue posterior al del resto… –dilucidó Silecio y, de pronto, Nahuel sintió algo poderoso pero no sabía de dónde provino por lo que se levantó y miró hacia todos lados con tal de saber dónde se hallaba.
–¿Qué sucede, Nahuel? ¿Sientes algo? –preguntó Alejandro.
–Sí… ¿ustedes no? –contestó el muchacho.
–¿Tú qué crees? –afirmó María a modo de negación.
–Bueno, yo pensaba que sí… –expresó Nahuel.
–¿Y por qué estamos mirando hacia todos lados? –interpeló Silecio.
–¿Me creerían si les dijera que no sé donde proviene lo que estoy sintiendo? –respondió el joven sorprendiendo a sus compañeros.
–¿Cómo que no sabes dónde proviene lo que sientes? –cuestionó María.
–¿Pero qué es lo que sientes? –añadió Silecio.
–¿Un dios o varios? –agregó Alejandro.
–No sabría decirles… es como una gran… entidad. Como si… estuviera rodeándome… –intentó explicar Nahuel.
–Entonces pueden que haya más de un dios… –pensó Alejandro.
–Sí, pero las entidades energéticas como ellos pueden manifestarse de una manera tal de que fueran cientos de ellas cuando, en realidad, son sólo una. –opinó Silecio.
–No obstante no creo que un dios haga eso ahora, se expondría ante los ángeles y los demonios. –razonó María.
–Cierto, entonces son varios dioses. –afirmó Alejandro.
–Eso es lo mismo que si fuera una deidad manifestándose al máximo. –aseguró Nahuel.
–¿Incluso dos? –preguntó la voz de una mujer.
–Puede ser. –contestó el muchacho sin dudarlo.
–¿A qué vino eso? –expresó Silecio sorprendido.
–¿Eh? ¿No me digan que contesté una pregunta que no la dijeron ustedes? –declaró Nahuel dándose cuenta de lo sucedido.
–Así es. –confirmó Alejandro.
–Eso significa que la deidad o deidades quieren manifestarse. –aseveró María.
–De hecho ya lo han hecho… –comentó Nahuel mirando hacia el centro de las ruinas del Hieron donde había dos mujeres que tenían la misma altura y estaban mirando al muchacho.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XVIII: Gran combate en el Santuario de los Grandes Dioses de Samotracia. (Parte 1)






Ni bien el helicóptero aterrizó en la azotea del Templo Dualista Panuniversalista de Atenas, los muchachos descubrieron que los cinco Hijos del Universo los estaban esperando porque querían respuestas; los jóvenes supieron, en ese momento, que los Ojos del Demiurgo habían detectado a los demonios en Dodona y ahora tendrían que ingeniárselas para crear un relato sin involucrar a Zeus  o Afrodita. Por suerte pudieron hacerlo y el asunto quedó como si hubiera sido un encuentro fortuito con esos seres por lo que los Sabios Maestros determinaron que la próxima vez que ocurría otro encuentro, ya sea con demonios y con ángeles, enviarían un grupo de soldados dualistas porque no querían que los cuatro muchachos se encontraran con una situación peligrosa, no obstante María, Silecio, Alejandro y Nahuel protestaron por esa medida ya que dichos soldados podrían entorpecer las “investigaciones” que ellos debían hacer dado a que se encontraban en un período de prueba para comprobar si la fuerza militar dualista investigadora especial que pretendían crear la U.D.I.P. era eficaz, obviamente una mentira para encubrir lo que en verdad estaban haciendo en todos los lugares donde iban, causando que los Hijos del Universo revieran la situación por unos minutos para finalmente decidir que sólo enviarían a los soldados sólo cuando los muchachos estuvieran en una situación de gran peligro que no pudieran dominar por lo que, a partir de entonces, Silecio tendría que llevar un comunicador para informarle a los operadores del Centro de Mando si necesitaban refuerzos.

Inmediatamente los jóvenes volvieron a protestar ya que no querían, bajo ningún punto de vista, que alguien ajeno a ellos se entrometieran en un asunto tan delicado como eran los dioses, más aún sabiendo que Zeus podría estar preparándoles una trampa en cualquier lugar y no deseaban que alguien inocente tenga que sufrir algo por culpa de ellos, no obstante, por más que protestaran, los Sabios Maestros fueron firmes con su decisión provocando que los cuatro muchachos no tuvieron otra opción más que aceptar a regañadientes la determinación de sus superiores. Después de la reunión y una vez que estuvieron en la habitación de los tres Caballeros argentinos, empezaron a agraviar a los Hijos del Universo con muchos improperios porque estaban furiosos con ellos y de paso insultaron a los demonios ya que por ellos, ahora tendrían que llevar un comunicador que podía rastrearlos limitando su rango de acción a un determinado lugar, lo que implicaba que no se podían mover más allá de unas ruinas, de una ciudad, o un lugar determinado en las montañas o el mar, ni hablar de ingresar a otra dimensión como ocurrió en el volcán Etna o en el mar cuando Océano empujó a Argo.

Pese a que habían insultado a los demonios y los Hijos del Universo, pasando por todo su árbol genealógico incluso recordando a antepasados o familiares que ni los Sabios Maestros conocían, la ira que sentían no se aplacó del todo por lo que dos días estuvieron enfurecidos, sin embargo al tercer día, cuando el enojo había menguado bastante, se había detectado una nueva actividad energética extraña en un lugar causando que, al ver el comunicador que los Sabios Maestros le dieron a Silecio, los muchachos volvieron a sentir ese sentimiento con mucha intensidad aunque tenían que aceptar el aparato porque por más que objetaran sería inútil. Luego de eso comenzaron a prepararse y apenas estuvieron listos, los jóvenes despegaron hacia el sitio donde se había manifestado un dios.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XVII: Ganando el favor de Zeus. (Parte final)






Repentinamente a Alejandro y a Silecio se les apareció un demonio antropomorfo cada uno por lo que tuvieron que luchar contra ellos al tiempo que María se desplazó hacia un lado mientras lanzaba flechas rápidamente a los primeros seres que se materializaban de nuevo y que Nahuel se enfrentara contra el demonio que les habló. Sin embargo este ser desapareció después de unos pocos choques de armas revelando que detrás de él dos monitos iban hacia el muchacho blandiendo sus espadas en lo alto mientras gritaban como loco por lo que el muchacho se tuvo que defender esquivando a uno y chocando su katana contra la espada del otro. Tras eso Nahuel estuvo un buen rato luchando contra los dos demonios hasta que cortó la cabeza de uno y al otro le cerceno la muñeca de la mano que asía la espada y la cintura, sin embargo al caer el último aparecieron cuatro monitos más causando que Nahuel tuviera que seguir peleando, pero en vez de luchar de a uno peleaba contra dos o tres al mismo tiempo tratando de que los ataque de los mismos impactaran entre ellos, pero eso suscitó que el muchacho recibiera algunas heridas puesto a que tardaba un poco en esquivar las armas de los seres oscuros, pero para su suerte no era más que rasguños y alguna que otra herida un poco más profunda aunque nada grave.

Sin embargo las esquivadas, las heridas y algún que otro tropezón sirvieron puesto a que dos demonios se cortaron un brazo y los otros dos perdieran un pie, no obstante los seres seguían luchando con la misma intensidad que si tuvieran las partes de sus cuerpos cercenadas o más aún por lo que el dualista tuvo que cambiar su estrategia para liquidar a sus adversarios, lo primero que hizo fue lanzarles un golpe energético lo que consiguió que los demonios que le faltaran el pie tardaran en levantarse a lo que el muchacho aprovechó y rebañó las cabezas de los seres aunque tuvo que luchar contra el segundo para cortarle la cabeza puesto a que se defendía bastante bien en el suelo pero en un mal movimiento su cuello quedó expuesto por lo que el dualista pudo hacer lo que quería. Pero antes de que se levantara para averiguar dónde estaban el otro par de demonios, estos se abalanzaron contra él y empezaron a darle patadas y patadas mientras hacía grandes saltos con tal de que las mismas impactaran en el peto del muchacho causando que Nahuel retrocediera un paso por cada patada que recibía, en un momento dado él tropezó con una piedra provocando que se cayera por lo que demonios aprovecharon que su oponente yacía en el suelo para clavarle sus espadas, pero el joven rotaba en el suelo esquivando, por muy poco, las armas de los seres oscuros. Unos segundos después, cansados de no obtener el resultado que deseaban, los monitos dieron un gran salto suscitando que cayeran a unos veinte metros, cada uno a cada lado del dualista, mientras éste se levantaba y a los dos segundos más tarde los demonios avanzaron hacia el muchacho a una velocidad increíble por lo que Nahuel no tuvo más opción que tirarse al suelo. Para su suerte, justo en el momento que en que el tocó la tierra, los demonios se clavaron sus espadas en sus pechos atravesándolas por culpa de la gran velocidad a lo que el joven, al ver la horrenda situación desde el suelo, asió su katana con firmeza e hizo girar su arma logrando cortar las cinturas de los demonios para después, y raudamente, arrojarles un golpe energético cada uno provocando que las partes superiores salieran despedidas hacia atrás logrando desunir a los seres oscuros y que las piernas se deshiciera entre sombras. Sin perder tiempo se levantó para seguir peleando y apenas terminó, descubrió que estaba rodeado por unos once monitos más y cuatro demonios antropomorfos por lo que Nahuel supo que aún le faltaría mucho para terminar.

Entretanto, los primos Tsartsaris lanceaban demonios a loco, pero como la gran mayoría que se les aparecían eran antropomorfos con armaduras bien resistentes, tuvieron que ingeniárselas para hacer que las puntas de sus armas penetraran en puntos débiles de la armadura si es que las armas de los demonios o sus grandes escudos se lo impidieran. Tan difícil era encontrar un buen momento o un buen punto débil para que los jóvenes propinar un golpe letal que ellos recurrían a los golpes energéticos a sus ataques elementales con tal de que los demonios bajaran la guardia y así podían realizar el golpe de gracia. Por un momento esa táctica había funcionado perfectamente, pero de pronto los seres oscuros comenzaron a ser más astutos porque se volvieron más resistentes de modo que aguantaban todo lo que podían las habilidades ofensivas mentales de los dualistas, para empeorar la situación empezaron a aparecer más demonios antropomorfos causando que los primos se esmeraran aún más; no podían utilizar la telequinesia para intentar romper la férrea defensa de los seres oscuros puesto a que requerían un poco más de tiempo que cuando realizaban sus golpes energéticos o sus ataques elementales, además de que quedaban vulnerables a cualquier ataque y, gracias a que usaron por un momento sus habilidades telequinéticas por un ínfimo lapso de tiempo, después de que sus adversarios hubieran retrocedido un poco, se percataron de que eran “pesados” y no era para menos, con la armadura, el escudo, las armas y la corpulencia de los seres para soportar todo eso sería una equivocación decir que esos seres energéticos materializados eran “livianos” pese a que en realidad fueran entidades energéticas.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XVII: Ganando el favor de Zeus. (Parte 3)






Al llegar los muchachos bajaron el baúl muy cerca de los cimientos y, dado que había algunos turistas dando vuelta, comenzaron a hacer cosas para no llamar tanto la atención: María empezó a sacar fotos con las dos cámaras, Nahuel miraba su tablet buscando más información sobre el sitio y los primos Tsartsaris exploraban los cimientos de los edificios aledaños. Pese a eso los turistas que pasaban cerca no podían no mirar el baúl que se encontraba cerca de Nahuel, quien estaba sentado en las ruinas del templo de Zeus.
–¿Vas a estar todo el día mirando la tablet? –le preguntó María a Nahuel.
–Si no encuentro pronto lo que quiero, tal vez sí. –respondió el muchacho.
–¿Y qué buscas? ¿Un plano del Oráculo?
–Eso ya lo encontré. Ahora estoy tratando de buscar alguna información sobre el origen “mítico” de éste sitio.
–¿En qué nos ayuda eso?
–Mucho, tal vez nos dé una pista sobre cómo será la trampa de Zeus, o como mínimo en dónde estaría dicha trampa.
–¿No crees que esté en la acrópolis, donde los Ojos detectaron la actividad energética desconocida?
–Puede ser. Aunque no podemos apostar que allí se encuentre la trampa, puede que allí Zeus se manifestó para hacer que los satélites lo detecten y nada más. –contestó Nahuel. En ese momento Alejandro y Silecio se acercaron hacia ellos discutiendo sobre algo.
–¡¿Pero no es que éste sitio era consagrado a Zeus?! –gritó Alejandro.
–¡Sí! ¡Pero también a la Diosa Madre! –respondió Silecio.
–¡¿A Gea?!
–¡No! ¡A Dione! Bueno… podría decirse que a Gea por ser la tierra, ¡pero en realidad aquí se adoraba a Dione como tierra bajo el concepto de la fertilidad!
–¡¿Dione?! ¡¿La supuesta madre de Afrodita?!
–¡No, idiota! ¡Es…! ¡Argh! ¡Es inútil que entiendas!
–¿Qué pasa? –Interrogó María apenas los primos estuvieron muy cerca de ella y de Nahuel.
–¡Tu amigo es un testarudo! –contestó Silecio.
–¡Y mi primo habla de tal manera que dice una cosa y luego otra! –replicó Alejandro.
–Primero que todo bajen la voz porque no estamos haciendo una obra griega en un teatro antiguo –declaró Nahuel–. ¿Qué dijiste Silecio que confundió a Alejandro? –le preguntó al dualista griego.
–Le dije que esté lugar está consagrado a Zeus y además a la Diosa Madre bajo el nombre de Dione. –respondió el muchacho.
–¡Lo ven! ¡Y luego dice que no es Gea aunque aquí se adoraba a la Diosa Madre que representa a la tierra o que no es la Dione que supuestamente es la madre de Afrodita…! ¡Crea un lio que ni él sabe cómo deshacer! –replicó Alejandro.
–¡Si leyeras un poco más sabría de lo que estoy hablando! –dijo Silecio a regañadientes.
–Yo leo sobre los dioses, no sobre cuántos dioses tenían templos en un mismo lugar.
–¡Lo que lees y lo que no están relacionados, lo que significa que no lees todo lo que ves en los libros!