sábado, 24 de septiembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XVI: Un día ajetreado en Esparta. (Parte 1)


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María, Silecio, Alejandro y Nahuel no supieron de la gravedad del asunto hasta que regresaron al Centro de Mando. Los Sabios Maestros estaban preparando una patrulla militar dualista para ir a buscarlos por no responder ya que pensaban que habían dejado el comunicador en la orilla para irse a explorar otro sitio sin autorización provocando que los operadores se comunicaran con la base militar dualista situada en el monte Taigeto y planearan las órdenes que el grupo militar debían hacer logrando un gran revuelo en el Centro de Mando y en la base militar dualista. Todo el movimiento cesó cuando Silecio contestó las insistentes preguntas de los operadores, quienes a cada rato se comunicaban para obtener alguna respuesta de los muchachos. Apenas los jóvenes llegaron, vieron como los demás dualistas los miraban con ganas de asesinarlo por lo que pensaron que lo que hicieron tendrían algún castigo, que no saldrían tan fácilmente de esa situación. De inmediato los Hijos del Universo les contaron todo lo que tuvieron que hacer por no contestarles a los operadores, sin embargo, Nahuel, María y Alejandro escucharon todo con palabras suaves puesto a que Silecio les traducía de tal manera para que no escucharan las duras palabras que decían los Sabios Maestros.

Pese a que fue algo difícil crear rápidamente una buena excusa a los Hijos del Universo y a los operadores para no mencionar su encuentro con los tres dioses marítimos y el mítico barco de los Argonautas al tiempo que tenían que soportar las malas miradas, los cuatro muchachos lograron engañar a todos, pero los Sabios Maestros pidieron un informe detallado sobre lo sucedido, tarea que recayó en Nahuel y Silecio ya que el primero redactaba muy bien y el segundo los traducía. Esa noche, Nahuel y Silecio estaban sentados frente al escritorio que había en la habitación de los tres Caballeros argentinos, al tiempo que el primero escribía el informe y que el segundo traducía las páginas que ya estaban listas para acelerar el trabajo ambos hablaban de muchas cosas, mientras que Alejandro y María se estaban bañando.
–Entonces Alejandro me contó que eras bueno recordando fechas históricas, tanto de la historia universal como las de la historia Dualista Panuniversalista. Seguidamente María dijo que en vez de seguir una carrera que involucre a una de ellas querías entrar en la milicia. –dijo Silecio al tiempo que traducía una página.
–Sí, ni me hagas acordar de eso. Medio Templo y su abuela me trataban de loco por entrar en la milicia, desaprovechando mi facilidad para recordar fechas históricas. –comentó Nahuel mientras redactaba el borrador del informe.
–¿Y por qué quieres entrar en la milicia sabiendo que puedes ser historiador o algo similar?
–No me gusta ser historiador. Sé muy bien que sirvo para algo más que contar hechos que pasaron hace tiempo y que a muy pocos les importa. Mi padre formó parte de la milicia aunque nunca pudo hacer un ataque elemental.
–Eso también me lo contó María, además de decirme que tú pudiste hacerlo por primera vez en una situación crítica.
–Sí… gracias al gran Beelzebub.
–¿No tenías miedo cuando viste a ese demonio, a los demás “Derrotados” y a todos los que conforman la Orden de los Poderes Impíos?
–Si no sentía miedo no sería humano. Aunque después de verles la cara y sabiendo lo que pueden llegar hacer… el miedo disminuye drásticamente, pero sigue están allí como un tigre asechando a su presa.
–Eso es lo que dicen los soldados dualistas cuando se van a enfrentar contra los ángeles y los demonios.
–Cierto, pero saben bien que esos seres pueden atacar de cualquier forma.
–Incluso esos poderosos demonios. No sé cómo puedes decir que el miedo se te redujo sabiendo que lo que has leído puede que sea la punta del iceberg o sea una total mentira.
–A veces lo pienso… y supongo que… tal vez sea apto para el combate.
–¡Sí, claro! Eso es imposible, cualquier soldado se cagaría encima al ver uno de ellos y tú crees que puedes enfrentarte a uno aunque te hagan pedacitos.
–¿Entonces cómo explicas que busque a los dioses antiguos?
–¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
–Aunque los demonios de la Orden de los Poderes Impíos y los dioses antiguos son distintos, ambos tienen algo en común.
–¿Qué cosa?
–Que si quieren borrarme del mapa, lo harían en un solo movimiento y sin que yo me percatara de ello.
–Ah, sí. ¿Y qué ocurriría si, en algún momento de la búsqueda sea aquí o en otra parte del mundo, aparecen Yahvé y Kasbeel y quieren enfrentarse a ti?
–Para empezar no haría falta. Ellos chasquean los dedos, si es que tienen, y me hacen desaparecer. Aunque si eso quieren ellos yo me iría a otra dimensión.
–¿Miedo?
–No, coherencia.
–¿Coherencia? ¿Por qué?
–¿Qué probabilidades tendría de vencer yo sólo?
–¡Por supuesto que no le podrías ganar ni aunque fueras un Misántropo Oscuro! A ver si lo digo de otra forma… Lo que quería decir es que si esos dos quieren enfrentarse a ti con la ventaja de que puedas utilizar a los dioses que ya están en la alianza.
–Eso equilibraría la lucha, pero yo no me enfrentaría directamente contra Yahvé o Kasbeel, si no los dioses.
–¿Quieres decir que teniendo el poder de los dioses aún quieres luchar contra Yahvé y Kasbeel?

sábado, 17 de septiembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XV: Problemas en el mar. (Parte final)






Para cuando el agua bajo una gran cantidad de magma emergía al tiempo que se solidificaba y largaban mucho vapor en contacto con el agua del mar creando una suerte de isla muy pequeña.
–Creo… creo que tienes razón… –dijo completamente anonadado Silecio viendo como la lava seguía manando al tiempo que se solidificaba para aumentar el tamaño de la isla gradualmente.
–¿Pero cómo es posible? –pensó María.
–Tal vez por culpa de la velocidad con la que viajábamos. Tal vez hayamos viajado en el tiempo. –razonó Alejandro.
–¿Qué significa todo esto? –les preguntó Nahuel a Argo y al Titán.
–Pronto lo sabrán todo, falta poco para que lleguemos. –contestó Océano.
–Mejor dicho, ya llegamos. –afirmó Argo que se acercaba a un gran agujero en medio del mar que se tragaba toda el agua al tiempo que unos rayos caían al abismo para que el mismo emitiera una luz similar a los refucilos, como si en el fondo del gran agüero había unas nubes de tormenta. Argo les dijo a los muchachos que se vieran el dicho agujero mientras la embarcación movía sus remos a contracorriente para evitar que el extraño hoyo lo tragara.
–¿Qué diablos es eso? –expresó Nahuel un tanto sorprendido por lo que veía.
–No lo sabemos. Este agujero surgió de la nada. Primero era del tamaño de una piedra pequeña, pero ahora es inmenso. –respondió Océano.
–Este agujero, además de ser extraño, es muy peligroso. Estoy comenzando a sentir como la fuerza de succión del agujero está comenzando a ceder la velocidad de mis remos. Creo que tendré que retroceder un poco antes de que la corriente me arrastre al abismo. –aseguró Argo.
–¿Y cuándo comenzó? –interrogó Alejandro.
–Por lo que me contó Poseidón, hace no más de dos días. No obstante está aumentando de tamaño considerablemente. Asimismo ya hubo una víctima de la fuerza de arrastre de la corriente: Caribdis. –contestó el barco.
–¿El agujero se tragó al monstruo? –interpeló Silecio.
–Así parece. Poseidón no me contó mucho sobre el suceso. Sólo me dijo muy resumidamente lo que estaba sucediendo y me ordenó que fuera a buscarlos. –admitió la embarcación.
–Pero yo sí estuve en ese momento con el señor de estas agujas –dijo Océano–. Fue hace un día, cuando el agujero tenía el tamaño de un gran peñasco y tragaba agua creando una corriente que podría arrastrar tanto a Poseidón como a mí al abismo. Debido a eso Poseidón envío a Caribdis para que investigara ese fenómeno pensando que el monstruo podría crear un remolino cuya fuerza sea opuesta al del agujero y de esa forma podría salvarse, sin embargo cuando llegó al borde la corriente fue tan intensa que Caribdis no tuvo oportunidad de ofrecer resistencia y fue arrastrada a las profundidades. Desde entonces algunos rayos caen en el centro como los que están viendo ahora.
–Espere, ¿desde cuándo el cielo está nublado? –inquirió Nahuel.
–Ya estaba cubierto de nubes antes de que surgiera el agujero. Aunque ahora que lo veo mejor, ahora hay más nubes oscuras y algo amenazantes.
–¿Y ni Poseidón ni usted se acercaron al agujero tratando de resistir?
–Lo intentamos, pero era inútil. Cuando lo veíamos desde lejos no parecía tener tanta fuerza de arrastre, aunque cuando nos acercábamos comprobábamos que su fuerza era muy poderosa. Incluso ahora estoy comenzando a sentir que la corriente me está atrayendo al agujero.
–¿Qué sucede, Nahuel? Recuerda que nosotros no podemos escuchar al Titán. –manifestó Silecio por lo que el muchacho tuvo que contarles todo lo que el Titán le había dicho.
–¡¿Tan poderoso es ese agujero?! –vociferó perplejo Alejandro.
–¡Es como si fuera un agujero negro en medio del agua! –voceó María.
–Bueno… si fuera un agujero negro de verdad el planeta ya hubiera dejado de existir. –declaró Silecio.
–Sí… pero no entiendo porque estamos en la prehistoria. –comentó Nahuel pensativamente.
–Puede que ésta sea una dimensión paralela. Otro planeta Tierra en formación y este agujero podría afectar su formación. –opinó Alejandro.
–No sólo eso, también podría perjudicar a otras dimensiones incluyendo la nuestra. –afirmó María.
–Sí… pero hay detalles que no me cierran… –expresó Nahuel.
–¿Cómo cuáles? –preguntó Silecio.
–Como por qué Poseidón y Océano se preocuparían por ésta dimensión sabiendo que lo que ocurre con los ángeles, los demonios y los nosotros cuatro está en otra dimensión. O si se esconden aquí hasta que la alianza de dioses esté consolidada, por qué no eligen otra dimensión y ya. –manifestó Nahuel.
–Hay una gran respuesta que contesta a todas sus inquietudes: Este planeta está a punto de destruirse. –dijo una voz que resonaba como fuera el eco en las montañas.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XV: Problemas en el mar. (Parte 2)






De inmediato los jóvenes miraron hacia donde supuestamente provino la flecha para saber quién la había lanzado, aunque ya intuían quién pudo haber sido. Cuando sus miradas llegaron un gran arbusto, descubrieron que, arriba de éste, se encontraba un ser oscuro que tenía forma humana pero estaba encorvado, poseía piel oscura como la noche, carecía de nariz pero poseía agujeros nasales, su boca estaba desencajada y sus ojos que cambiaban de color manteniéndose dentro de la escala del rojo; vestía un peto y un casco sin visera con un cono metálico en la parte superior justo en el centro, ambos parecían ser de cuero pero tenían un color grisáceo. Su cuerpo mostraba signos de desnutrición aunque varios músculos estaban muy bien marcados dentro de la flacidez que presentaban, sus manos y pies no tenían ninguna protección por lo que se podía observar algunos huesos y como algunas partes de la piel sin materializar se movían como si fueran gusanos, aparte de eso poseía una cola pequeña, tanto que parecía ser más un tumor que un rabo.

Los tres dualistas argentinos supieron que eso era un demonio, llamado vulgarmente “monito”, por lo que no se mostraban demasiado sorprendidos aunque Silecio, quien nunca vio uno, se encontraba patidifuso; pese a ello los cuatro jóvenes observaron que ese demonio sostenía un arco en mal estado en su mano derecha y su mano izquierda estaba agarrando una flecha que se encontraba, junto con varias más, en un carcaj negro situado en la espalda de dicho ser.
–¡No puede ser! ¡Un monito! –gritó Alejandro y rápidamente los dualistas asieron sus armas para luego apuntar hacia el demonio, todo eso a una velocidad casi inhumana.
–¡Ahora vas a pagar por haber matado a Megalesio! –voceó María obteniendo como respuesta una risa chillona del ser, pese a que en ningún momento movió su desencajada boca, lo único que hacía era mirar a los humanos que avanzaban lentamente hacia el demonio.
–¡Con que riéndote, ¿eh?! ¡Vamos a ver si sigues riendo cuando tengas mi lanza en medio de tu cara deforme! –declaró Alejandro sosteniendo su lanza como si fuera una jabalina al tiempo que los muchachos se detenían.
–¡Espera, Alejandro! ¡Esto puede ser una trampa! –advirtió Nahuel.
–¡¿Cómo que una trampa?! ¡Sólo hay uno! ¡Liquidémoslo ahora antes de que alerte a los demás! –replicó Silecio.
–No, Silecio. Hasta donde mi experiencia me permite decir, estos desgraciados andan en grupo. Nunca he visto a uno sólo andar por un sitio. –explicó Nahuel.
–¿Pero cuántas veces viste actuar a los monitos? –cuestionó Alejandro.
–Mmm… unas pocas veces. –contestó el joven.
–¿Y eso es suficiente para determinar si ésta clase de demonios andan en grupo o no? –protestó María.
–Dije hasta donde mi experiencia me permite decir; eso es mejor que nada. –aseveró Nahuel.
–¿Entonces qué hacemos? ¿Atacamos o esperamos a ver qué hace el desgraciado que tenemos enfrente? –preguntó Alejandro.
–Me parece que tenemos que dar el primer movimiento porque veo que el monito no tiene intensiones de moverse. –respondió Silecio.
–¿Aunque eso signifique correr un gran riesgo? –manifestó María mientras retraía la cuerda al tiempo que apuntaba directamente a la cabeza del demonio.
–A mí me da igual. –afirmó Alejandro para luego intentar arrojar su lanza hacia el demonio pero en ese momento el ser movió su cabeza hacia adelante, realizó en lento giro de 360 grados con la misma y cuando volvió hacia la posición donde estaba, emergieron muchos seres por todos lados, sosteniendo diversas armas en muy mal estado: espadas con hojas oxidadas, lanzas cortas con astas carcomidas, arcos que parecían quebrarse en cualquier momento y unas hachuelas sin filo. Los dualistas comenzaron a apuntar sus armas hacia todos lados comprobando que se encontraban rodeados y su única salida era escapar hacia el mar.
–Bueno, ahora sabemos que hay un buen grupo de estos desgraciados… –declaró Silecio.
–Aunque también que estamos rodeados. –agregó Nahuel.
–¿Alguien sabe nadar? –preguntó Alejandro.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XV: Problemas en el mar. (Parte 1)







Era una apacible noche cuando Nahuel, María, Silecio y Alejandro decidieron pasar un tiempo en la azotea del Templo, recostados sobre una gran manta tendida en el suelo, hasta que el reloj indicara que había que irse a la cama. Como el firmamento estaba estrellado, sin ninguna nube, engalanado con luna llena, los tres dualistas argentinos trataban de identificar algunas de las constelaciones que les había dicho Silecio hacía un tiempo atrás en Chipre, sin embargo no recordaban con exactitud los nombres o bien trataban de buscar constelaciones del hemisferio sur, cosa que les serían imposibles localizarlas porque se olvidaban que se hallaban en el Hemisferio Norte y no en el Hemisferio Sur de donde procedían, incluso Alejandro se jactó de haber encontrado la Cruz del Sur, pero después de indicarles a sus compañeros la supuesta ubicación de la constelación, ellos lo regañaron puesto a que el joven había encontrado cuatro estrellas que, efectivamente, creaban una cruz, pero era diez veces más grande que dicha constelación y además abarcaba algunas constelaciones más, hecho que era imposible que la verdadera Cruz del Sur pudiera hacer eso ya que su tamaño era menor y no contenía ninguna otra constelación más.

Luego de un rato de risas y ridículas peleas debido a que a veces resultaba un poco difícil que todos los jóvenes pudieran ubicar alguna que otra constelación, Silecio, María y Alejandro se fueron a dormir dejando a Nahuel solo porque éste les dijo a sus amigos que iría más tarde porque quería hacer una cosa antes. A los pocos segundos de los tres muchachos ingresaron al Templo, Nahuel vio como partía una punto luminoso desde la luna que comenzó a adquirir tamaño mientras se acercaba a la azotea del edificio, a unos cien metros la esfera se desvaneció para desvelar un carro plateado tirado por un par de caballos del mismo color que el carro y una mujer que conducía el mismo; se detuvo en la terraza del Templo y la mujer, que llevaba puesto un vestido que parecía ser el firmamento nocturno debido a la oscuridad y a los puntos brillantes que poseía el mismo, descendió del carro y avanzó hacia Nahuel mientras que éste se levantaba del suelo, aunque sabía que esa mujer era Selene, Titánide que no veía desde aquella noche en las costas de la ciudad de Pafos.

Después de saludarse, Nahuel le preguntó por qué había descendido a lo que la entidad le respondió que quería darle una buena noticia desde hacía mucho tiempo: ella había encontrado a su hermano, Helios, y le contó todo sobre la alianza de deidades que pretendía crear el joven; Helios le contestó que ya sabía algo de esa idea porque había participado de la reunión que tuvieron algunos dioses griegos y, que si bien le gustaría formar parte de esa coalición, quería preguntarle personalmente a Nahuel sobre esa idea, no obstante lo haría a su debido momento puesto a que tenía que surcar los cielos de Hemera y no quería frenarse en ningún momento de su trayecto, aunque se las arreglaría para descender. Después de esto Selene lo regañó a Nahuel porque éste nunca la había llamado y que nunca salió por las noches para que ella lo viera y descendiera por unos momentos, pero Nahuel se excusó diciendo que estaba ocupado, que no tenía nada para decirle a la ella y que temía que si ella descendía constantemente dichos descensos causaran problemas en el mar dado al “acercamiento” de la “Luna” a la tierra.

Pese a que la Titánide le dio la razón en cuanto al tema de las pleamares, se enfado con el dualista por haberle dicho que no tenía nada que decirle porque ella deseaba saber cómo iba el proceso de de la alianza de deidades, sobre todo cuántos dioses estaban afiliados, por lo que Nahuel tuvo que contarle todo lo que había ocurrido con las deidades desde que dejaron de verse, remarcando el problema que tenía con Hera puesto a que ésta estaba dispuesta a todo para frustrar su plan. Tras esto Selene le aseguró al muchacho que haría todo lo posible para evitar que Hera tramara algún plan mientras ella surcaba los cielos nocturnos, al escuchar esto Nahuel le preguntó si había visto a la personificación de la noche, es decir Nix, aunque la Titánide afirmó que no la había visto y que de hecho la última vez que la vio fue hacía muchísimo tiempo, después de que Selene había realizado unos cincuenta o sesenta viajes nocturnos; seguidamente ella le preguntó a qué se debía la pregunta a lo que el dualista contestó que, hacía unos días atrás, se encontró con Chronos, la personificación del tiempo, provocando una gran sorpresa en Selene que declaró que nunca lo había visto, sólo había oído algunos rumores que afirmaban que Chronos se había encontrado con Zeus, pero como nunca tuvo tiempo para investigar sobre la veracidad de los mismos, siempre pensó que sólo eran rumores infundados y rápidamente interrogó a Nahuel para que le describiera la forma de la personificación ya que siempre quiso verlo porque él era el que controlaba, en parte, la duración de sus viajes determinando cuando Nix debía cederle los cielos a Hemera, entonces el joven le describió las formas de Chronos, tanto la que él veía como la que habían visto sus amigos, confundiendo a la Titánide porque quería saber cuál era el verdadero aspecto físico de la personificación del tiempo ya que el muchacho siempre remarcaba que Chronos no tenía una forma física definida puesto a que era un ser incorpóreo y Selene no entendía ese concepto. Después de que Nahuel trató de que entendiera, la Titánide como pudo y la entidad comprendió mediamente la idea, Selene decidió marcharse para continuar con su viaje nocturno porque había pasado mucho tiempo detenida, por lo que de inmediato subió a su carro plateado y rápidamente ascendió a su lugar, haciendo que la luna volviera aparecer debido a que durante el tiempo que estuvo la Titánide el satélite natural de la Tierra había desaparecido. En ese instante Nahuel se golpeó con una mano su frente porque se había olvidado de preguntarle a la entidad por qué ocurría eso, no obstante dejó de pensar en eso rápidamente para recoger la manta.