sábado, 27 de agosto de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XIV: Una acalorada lucha. (Parte final)






A los pocos segundos apareció, detrás de una gran columna de calcita que se hallaba a la derecha de los muchachos un hombre anciano con cabellos largos y barbas blancos, rostro arrugado y ojos tan claros que prácticamente no había distinción entre la iris y la esclerótica, vestía una larga túnica grisácea que le cubría todo el cuerpo y poseía en uno de sus manos un bastón robusto de madera que parecía tener una forma cónica que medía la misma altura el hombre. Caminaba hacia los muchachos lentamente sosteniéndose con el bastón a cada paso que daba, no obstante los muchachos no podían el movimientos de sus piernas moviendo la túnica, como si en vez de caminar estuviera levitando, asimismo vislumbraron que la persona anciana poseía unas alas diáfanas, tanto que se podían ver completamente tras ellas destacándose únicamente el contorno de las mismas.
–Pues… ¿qué los trae por aquí, jóvenes mortales? –interrogó el anciano estando cerca de los jóvenes.
–Vinimos a investigar algo, señor. –contestó María.
–¿Señor? –cuestionó Nahuel.
–¿Por qué haces esa pregunta? –le preguntó Silecio a Nahuel.
–¿Ven lo que yo veo? –respondió el joven.
–Sí, un hombre mayor. –aseguró Alejandro.
–¿Cómo que un hombre mayor? –interpleó Nahuel extrañado generando una halo de confusión en sus compañeros; lo que sucedía era que María, Alejandro y Silecio veían a un anciano sosteniéndose sobre su bastón, pero Nahuel observaba otra cosa completamente distinta: un ser serpentino que levitaba, poseía brazos humanos y tres cabezas, de toro, de león y de hombre ubicadas a su derecha, centro e izquierda de su cuerpo respectivamente. El cuerpo tenía un color negro con puntos brillantes como si fuera el cielo nocturno estrellado, la cabeza de hombre tenía tez blanca, cabello corto y carecía de barba, la cabeza de león era idéntica a una normal con sus bigotes y melena, y la cabeza de toro tenía pelos muy claros sin llegar a ser blancos y un par de cuernos que poseían unas ligeras curvaturas y estaba adornado por anillos plateados ubicados equidistantemente una de la otra mientras se adaptaban a la variación del grosor de los cuernos siendo las más grandes la que se ubicaban en la base de los mismos y las más pequeñas las situadas muy cerca de las puntas. Lo más extraño era que su cuerpo pasaba de ser opaco a transparente en intervalos de cincos segundos sorprendiendo a Nahuel.

sábado, 20 de agosto de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XIV: Una acalorada lucha. (Parte 2)






Acto seguido la misma se expandió por todo el techo transformando radicalmente la sala: las columnas de cal se convirtieron en verdaderas columnas de fuego y las sólidas cortinas de estalactitas en ondeantes cortinas en llamas; finalmente una gran barreda de fuego salió desde el suelo cercando el centro del sitio, donde se hallaban los dualistas, dejando a los muchachos en medio de un lugar llameante, como si estuvieran en el infierno. Para la suerte de los jóvenes el área donde estaban no había cambiado, las estalagmitas seguían siendo depósitos de calcita y el suelo era rocoso, no obstante supieron, con desesperación, que no podían escapar por ningún lado puesto a que miraran donde miraran el fuego estaba por todas partes. Un par de segundos después se escucharon nuevamente los sonidos de los tres animales de modo tal que parecieran que estuvieran cerca de los jóvenes y de inmediato se oyeron unos pasos veloces que se hacían cada vez más fuertes hasta que, desde un costado de los dualistas, emergió de las llamas una criatura cuadrúpeda en una posición como si hubiera dado un salto que cayó a veinte metros de los sorprendidos muchachos que asieron con más firmeza sus armas apenas el monstruo puso sus cuatro patas en el suelo. Tenía en cuerpo de un felino grande como de un león, aunque era un poco difícil determinar puesto a que el tamaño no correspondía con el del rey de la selva, y tres cabezas, una la del animal anteriormente dicho; otra la cabeza de una cabra con dos afiliados cuernos negros que partía desde el lomo, la misma tenía un cuello largo de modo que pasaba la cabeza de león creando la ilusión que la cabeza de cabra estaba apoyada sobre la de león; y la última cabeza era de serpiente, ubicada en el trasero del monstruo formando su cola. De sus bocas exhalaban un aliento caliente, tanto que largaban una especie de humo gris mientras observaban, con sus ojos rojos, a los muchachos ocasionando que éstos retrocedieran lentamente.

–¡Es… la Quimera…! –voceó Silecio un tanto asustado.
–¡¿Eso es la Quimera? ¿No era que tenía alas?! –cuestionó Alejandro en el mismo tono de voz que su primo.
–¡Ssshhh! ¡Bajen la voz! –regañó Nahuel a media voz– Lo que tú dices, Alejandro, es la mantícora, pero esa criatura tiene una cabeza, cuerpo de león color rojo y es de origen persa más que de origen griego. –dilucidó.
–Es verdad, pero la Quimera debería encontrarse en Asia Menor, no en Creta. –aseguró Silecio con voz baja.
–Es posible que esto se trate de una trampa de Hera. –afirmó María también con voz baja.
–¿Y? ¿Qué hacemos? –preguntó Alejandro.
–Hay que pelear contra el monstruo. –respondió María.
–Ya lo sé, genio. Me refería a cómo vamos a enfrentarnos contra la Quimera, si atacamos directamente o planearemos algún plan para derrotarla sin correr ningún riesgo.
–A no ser que quieras convertirte en carbón para asado, conviene idear algún plan. –aseguró Nahuel.
–¿Por qué dices eso? –interpeló Alejandro y a continuación las tres bocas del monstruo emitió una pequeña llamarada–. Oh, no… no me digan que el monstruo tiene aliento de fuego… –agregó sin gustarle en lo más mínimo lo que había visto.
–En realidad escupe fuego, pero también es correcto decir que tiene aliento ígneo. –explicó Silecio.
–¿Pero las tres cabezas?
–Las tres.
–Creo que esta lucha será larga… –comentó María bastante preocupada.
–¡¿Qué hacemos, Nahuel?! ¡¿Qué hacemos?! –vociferó Alejandro causando que sus compañeros lo regaran por haber gritado.
–¡Baja la maldita voz! –reprendió Nahuel– En primer que no cunda el pánico y en segundo…
–¡¡¡CUIDADO!!! –gritó María al tiempo que la cabeza de león y de cabra abrían sus mandíbulas.

sábado, 13 de agosto de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XIV: Una acalorada lucha. (Parte 1)






Zeus se enfureció al ver a los hermanos Prometeo y Atlas cuando ambos dioses encontraron el escondite donde se refugiaba con el resto de las deidades. Prometeo intentó engañarlo para que el gran padre de los dioses no descubriera quién había liberado a los Titanes de su castigo, no obstante Zeus se percató que fueron los dualistas por lo que él decidió no castigar a los Titanes incluso los perdonó y los absolvió de sus correspondientes castigos, pero sí castigaría los cuatro mortales, sin embargo Atenea, Afrodita y hasta cierto punto Apolo lo detuvieron puesto a que el joven Crónida iba a salir de su escondite para buscarlo y cuando lo hiciera crearía una poderosa tormenta para lanzar fulminantes rayos hacia los humanos, esto causó un gran revuelo entre los demás dioses porque a algunos le parecía justo el castigo mientras que otros pedían que los perdonaran puesto a que ellos no tenían la intención de contrariar las palabras del gran dios sino que querían liberarlos para reforzar la ayuda puesto a que la alianza de dioses incluía a todos ya que la defensa de la humanidad y del planeta competía a todos ya sean mortales o deidades, aunque también tenían en cuenta que en el pasado hubo diferencias entre varios seres rogaron que en esta oportunidad dichas diferencias se olvidadas porque ahora había algo terrible que amenazaba a la humanidad, al planeta y, porque no, a ellos mismos. Zeus, viendo cómo los suyos discutían con la misma intensidad o más que cuando Eris causó un caos al crear una disputa entre Hera, Afrodita y Atenea para ver quién era la más bella y como era imposible que las deidades se pusieran de acuerdo, determinó que pensaría mejor el castigo y que no se hablara más del tema hasta que él lo dispusiera. Los demás dioses aceptaron la decisión de su líder excepto Hera que no se mostraba muy conforme con la misma; Atenea justo la observó cuando se mordía los labios en señal de disgusto por lo que había dicho su esposo, por lo que la diosa de la sabiduría entendió que Hera tenía algo que ver con la liberación de los Titanes.

Durante la noche, mientras los dioses dormían, Atenea y Afrodita interrogaron a Hera sobre el asunto presionándola para que hablara puesto a que la esposa de Zeus mentía diciendo que ella no tenía nada que ver sobre ese tema, entonces Atenea, sabiendo que su madrastra le mentiría si le preguntaba directamente, comenzó a hacer preguntas tramposas con tal de que poco a poco la verdad saliera a la luz y cuando Hera estuvo a punto de decir la verdad sin que se diera cuenta, Afrodita, muy impaciente, le dio una bofetada a Hera para que dijera la verdad de una vez por todas generando una violenta lucha entre las diosas femeninas mientras que Atenea trataba de separarlas, pero la pelea terminó cuando las demás deidades se despertaron causando que Zeus pidiera explicaciones sobre el por qué de la trifulca a lo que Hera dijo que Afrodita, en un arrebato de ira por recordar algunos hechos del pasado cuando reinaban sobre los mortales, le dio una bofetada para después empezar a injuriarla por lo que ella no pudo contenerse y le devolvió el golpe generando la posterior riña; tras eso Zeus le preguntó a Afrodita y Atenea si eso era verdad y mientras Atenea pensaba algún argumento para contradecir a Hera de modo de librar a Afrodita de toda la responsabilidad de la pelea, Afrodita, de inmediato, afirmó que todo lo contó Hera era verdad, por lo que Zeus castigó a Afrodita a permanecer un tiempo en una suerte de calabozo que había en el escondite por un tiempo y mientras duraba el castigo recibiría menos alimento de lo habitual como parte del mismo. En ese instante Hera hizo una expresión en su rostro de gozo por el castigo que recibía Afrodita por lo que Atenea supo en ese instante dos cosas: la primera que Hera era responsable de conducir a los cuatro mortales a los sitios donde estaban los Titanes cumpliendo con su penitencia, y la segunda que Afrodita se adjudicó toda la culpa para no generar más discordia entre los dioses. Cuando Poseidón llevó a Afrodita al calabozo, Afrodita le dijo algo a Atenea en el oído apenas estuvo cerca, después de esto los dioses volvieron a dormir y al poco tiempo de que todos estuvieran dormidos, Atenea salió del escondite.

Nahuel se enteró de todo esto en un sueño en donde Atenea le informó todo lo acontecido y que Afrodita fue la que tuvo la idea de que ella le contara todo puesto lo que le había dicho al oído era eso cuando se dirigía al calabozo. El dualista supo que Hera era capaz de hacer cualquier cosa con tal de él y sus amigos desistieran de la búsqueda de los dioses y que había que tener más cuidado porque Zeus ya los estaba observando con malos ojos por haber liberado a los Titanes. Tras esto el joven le preguntó a la diosa cuál era el lugar donde Atlas debía cargar con el peso de los cielos sobre sus hombros a lo que Atenea, extraña por la pregunta, contestó que era en unas montañas cerca del Océano mundial, entonces Nahuel se sorprendió no por la respuesta sino por el hecho de que Hera, de alguna forma, había teletransportado a Atlas desde la cordillera del Atlas hasta Arcadia y le expresó lo que sentía a la diosa sorprendiéndola sobremanera, sin embargo la deidad no podía entender cómo Hera había hecho eso puesto a que ningún dios podría hacerlo por lo que de inmediato pensó que, quizás, ella tuvo ayuda de algún otro dios o que había descubierto una nueva habilidad propia que desconocía poseer. Esto causó que ellos comenzaran a hacer conjeturas bastantes extrañas sobre la esposa de Zeus, pero al poco tiempo Nahuel decidió dejar el tema de lado porque no quería saber más nada de Hera porque le causaba una ira terrible, tanto que deseaba asesinarla con sus propias manos si se le daba la oportunidad. Seguidamente el joven manifestó su tristeza por el castigo que Afrodita tuvo que soportar por culpa de él y de sus compañeros ya que si no hubiera liberado a los Titanes, todo eso no estaría pasando, no obstante Atenea le aseguró que ni él ni sus amigos tenían la culpa puesto a que era imposible que ellos supieran que todo era una gran trampa de Hera, si no que la responsable de todo era la esposa de Zeus y le prometió que Hera no saldría impune de eso, pero Nahuel comentó que no prometiera nada que no pudiera hacer porque sería una misión imposible hacer que Hera pague por lo que hizo ya que ella podría hacer que Zeus se ponga de su lado.

sábado, 6 de agosto de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XIII: Exonerando castigos. (Parte final)






Después de caminar un buen tiempo los jóvenes no detectaron nada extraño, incluso Nahuel tampoco detectó la presencia de una deidad, no obstante no se desanimaron puesto a que ya habían pasado por situaciones como éstas.
–¡Uf! Ya me estoy cansando… Caminar por entre las montañas en verano no es buena idea… –dijo Alejandro después de caminar mucho tiempo.
–Sí… pero no entiendo por qué tuvimos que caminar tanto cuando podríamos acercarnos hacia el sitio donde se originó la actividad con el helicóptero. –expresó María.
–Es que, si no lo recuerdan, estamos dentro del área que fue influenciada por esa actividad. Yo aterricé a unos varios metros del sitio porque la aeronave no puede aterrizar en un terreno irregular. –aseguró Silecio.
–Aunque sea algo agotador, por lo menos estamos haciendo ejercicio. –admitió Nahuel.
–Naturalmente, pero preferirían que alguien bajara la intensidad del sol… –comentó Alejandro.
–Si tuviéramos a Helios a nuestro favor, le pediría que dejara de emitir tantos rayos calientes. –declaró Nahuel.
–¿Eso fue una broma o qué?
–Una expresión de deseo…
–¿Tienes calor? ¿No era que te gustaba el calor?
–Antes que el frío, ¡seguro! Pero odio la transpiración.
–¡Pero lo quieres todo! ¡Quieres que haya calor pero que no sudes! ¡Eso no va a ocurrir!
–Entonces le pediré a algún dios que haya que mi piel sea siempre fresca para que las glándulas sudoríparas no trabajen nunca más.
–Para eso están los desodorantes. –afirmó María.
–Pero perjudican al medio ambiente… y me marean. –aseveró Nahuel.
–Entonces, lo único que puedo decirte es que si quieres calor, aguántate la transpiración. –expresó Silecio.
–La historia de mi vida… –dijo Nahuel con resignación suscitando que sus amigos se rieran.
–Hablando de otra cosa, dentro de unos metros más llegaremos a un recodo. –aseguró Alejandro.
–Sí, y tendremos que doblar. Si no hallamos nada, regresaremos al helicóptero y haremos una búsqueda aérea. Caminar por toda el área será un desperdicio de tiempo valioso. –advirtió Nahuel.
–Cierto, además ya estamos algo lejos del helicóptero. –secundó María.
–Me parece extraño que alguna deidad o alguna criatura no haya aparecido aún, o que no hayamos encontrado una cueva o un sitio que tenga una particularidad que nos indique que es el ingreso a otra dimensión. –comentó Alejandro.
–Sí. Pero, ¿aquí hay algún templo o ruinas de éste o algo que se relacione con la mitología griega? –cuestionó María.
–En realidad casi todos los lugares de Grecia tienen algo que ver con la mitología griega. Aunque… por aquí creo que no hay nada… –respondió Silecio.
–Tal vez sea algún dios o semidiós errante que pasó por aquí y los Ojos lo detectaron… –razonó Nahuel–. No obstante… creo que hay algo referido a… No, es improbable. –añadió dubitativo.
–¿Qué cosa? ¿Algo referido a un dios? –preguntó Alejandro.
–Sí… aunque es una referencia muy endeble… No es necesario que lo mencione. –contestó Nahuel.
–Pero cualquier cosa puede ayudarnos. –declaró Silecio.
–Cierto, sin embargo es tan poco probable lo que pienso que es lo mismo que nada. –aseguró Nahuel y de pronto los muchachos escucharon un sonido, similar a una persona gimiendo de dolor.
–Chicos… ¿oyeron eso? –interrogó Alejandro.
–Sí… y creo saber de dónde vino… –contestó María.
–¿Pero qué pudo haber sido? No veo a ninguna persona por aquí. –afirmó Silecio.
–Tal vez no sea una persona… –admitió Nahuel.
–¡Sea lo que sea que se manifieste! ¡No seas un cobarde! –vociferó Alejandro.
–¡¿Qué haces?! ¡¿Estás loco?! –gritó Nahuel enfurecido.
–¿Qué? ¿Hice algo malo? –expresó Alejandro con cierta inocencia.
–¡Idiota! ¡Si hay algún dios por aquí lo último que querríamos hacer es provocarlo! –regañó María.
–Pero yo le estoy diciendo que se manifieste, como hacen los investigadores paranormales para averiguar si hay algún fantasma en un sitio. –aclaró Alejandro.
–Eso está bien, salvo por el detalle que dijiste “¡No seas un cobarde!”. Eso es una provocación tanto aquí, como en Argentina y como en el Olimpo. –aseveró Silecio a modo de reproche.
–Y si alguien puede decir que se manifieste, soy yo porque soy el único, por el momento que puede ver a los dioses antiguos. –aseguró Nahuel.
–¿Tú también lo provocarías? –interpeló Alejandro.
–¡No! No sería tan estúpido para provocar a algo que me supera en términos evolutivos, de antigüedad y de poder. –expresó Nahuel.
–Y si gritara… –dijo Alejandro pero se calló al ver que sus compañeros lo estaban mirando con ganas de asesinarlo– Está bien… me callaré para no decir alguna sandez para que luego ustedes me recriminen como si hubiera cometido el error más grave de la historia.
–No tan así, sólo por haber cometido el error más estúpido que pudo costarnos la vida. –afirmó María y en ese momento escucharon otro gemido.
–Ahí va otro… –manifestó Nahuel.
–¿Dónde crees que provino el sonido, María? –le preguntó Silecio a la joven.
–¿Eh? ¡Ah, sí! Creo que los dos gemidos, tanto éste como el anterior, provienen al otro lado del recodo. –respondió María.
–Entonces hay que ir allá. –aseguró Nahuel.
–¿No es peligroso? –interrogó Alejandro.
–Desde que gritaste lo que gritaste, sí. –manifestó Nahuel a modo de regaño.
–Creo que me van a regañar por eso durante todo el día… –admitió Alejandro.
–Y por más tiempo también –aseveró Silecio–. Ahora andando hacia el recodo para saber qué produce ese sonido. –agregó y raudamente los jóvenes se dirigieron hacia el recodo y doblaron sin pensarlo descubriendo, para su gran sorpresa, un gigante, pero un gigante tan alto que parecía ser el rey de los gigantes puesto a que medía más de de mil metros de altura o incluso más.