sábado, 30 de julio de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XIII: Exonerando castigos. (Parte 2)






Luego de varios minutos de intensa concentración, sustos y gritos, los dualistas lograron elevar al hombre y colocarlo a una distancia segura del precipicio, además de que dejarlo erguido en vez de acostado o sentado y, para fortuna de los jóvenes, el sujeto pudo sostenerse por sus propios medios una vez que dejaron de utilizar sus poderes telekinéticos. No obstante se sorprendieron que el sujeto siguiera en pie después de que hubiera perdido mucha sangre en la herida provocada por el águila gigante y en la mano que poseía la flecha de María. Inmediatamente Nahuel cayó sentado en el suelo, producto de los mareos que sentía, al tiempo que los demás se incorporaban un poco, un tanto agotados por el gran esfuerzo mental que tuvieron que realizar.
–¿Se encuentran bien? –preguntó el hombre.
–Más o menos… pero dentro de unos segundos ya estaremos bien. –contestó Silecio.
–A mí denme unos cuantos minutos… –afirmó Nahuel.
–¡Ustedes sí que son extraordinarios! ¡No he visto a nadie hacer lo que ustedes hicieron! –comentó el sujeto con cierto asombro.
–Nosotros tampoco… y creo que nosotros tampoco sabíamos que podíamos hacer eso. –aseguró Alejandro.
–Y hasta que no practiquemos bien, no volveremos a hacerlo. –expresó María y sus compañeros asintieron.
–Bueno… sea lo que sea que hicieron lo hicieron bastante bien. Aunque me dieron unos sustos cuando me subían ya que pensé que me estamparía la cara en la pared rocosa, pero en líneas generales lo hicieron bien. –criticó el sujeto.
–Era eso o dejarle caer. –aseveró Nahuel sin agradarle mucho la crítica.
–Yyyyyy… creo que eso significa que de no debo quejarme… –manifestó el hombre y Nahuel asintió con su cabeza.
–¿Y tú estás bien? –le preguntó Alejandro al hombre.
–Claro que sí. ¿Por qué lo preguntas?
–¡Porque estás sangrando bastante por la herida que te hizo el águila y…! Bueno… mi flecha… ¡Pero fue sin querer! –contestó María señalando las heridas.
–Ah, sí… pero como dije antes, tengo bastante para rato –aseguró el sujeto–. Sin embargo… me molesta la flecha –añadió mirando la saeta y seguidamente agarró el extremo que tenía la punta y la partió para deshacerse de la misma, a continuación retiró el otro extremo que quedó en su mano para tirarla hacia el precipicio–. ¡Listo! ¡Problema resuelto! Aunque creo que va tardar su tiempo en curarse…
–Creo que sangra más que antes. –admitió Silecio.
–Sí, pero no hay que hacerse problemas por pequeñeces. –aseguró el sujeto.
–¡¿Cómo que eso es una pequeñez?! ¡¿Puede llegar a morir?! –gritó María un tanto anonadada por la afirmación.
–Estoy comenzando a pensar que no saben quién soy… –declaró el hombre.
–¡Eso! Ahora que estamos creo que es hora de que reveles tu identidad. –afirmó Nahuel que sabía quién era al tiempo que se levantaba del suelo.
–Veo que tú si sabes quién soy…
–Sí, y Silecio también. –dijo el muchacho señalando al dualista griego.
–Cierto, aunque hubiera preferido no saberlo… –expresó Silecio.
–¿Por qué? –preguntaron Alejandro y Silecio sin entender nada de la situación.
–Porque hemos… ¡Bah! No importa. Total lo hecho, hecho está. –respondió el dualista griego.
–¿Solo dos de ustedes saben quién soy? –interpeló el hombre.
–Sí. Y ya que estamos dinos quién eres. –contestó Alejandro con impaciencia.
–Yo… estoy comenzando a tener miedo… –admitió María sin agradarle la situación.
–¿Doy mi identidad o lo hacen sus compañeros que saben? –interrogó el sujeto.
–Lo haremos nosotros. –dijo Silecio.
–¡¿Entonces quién es él?! ¡Maldita sea! ¡¿Es necesario tanto suspenso?! –exclamó Alejandro bastante exasperado ya que no quería esperar ni un segundo más para saber a quién había liberado. Rápidamente Nahuel y Silecio se miraron entre sí, luego dirigieron sus miradas a sus amigos y se detuvieron en el hombre.
–Prometeo. –respondieron Silecio y Nahuel causando que María y Alejandro adoptaran unas expresiones combinadas en sus rostros de sorpresa y espanto.

sábado, 23 de julio de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XIII: Exonerando castigos. (Parte 1)






Tras el encuentro con Tifón, María y Alejandro se dieron cuenta lo importante que era saber sobre mitología y que no era cuestión menor ya que ese conocimiento les permitiría resolver ciertos obstáculos como enfrentarse a monstruos de gran tamaño como Tifón. En ese momento entendieron de verdad lo que Nahuel les decía sobre aprender mitología, ya que hasta ese instante pensaban que era una pérdida de tiempo porque era suficiente con que Nahuel supiera y les dijera en el momento sobre qué relación con la mitología el lugar donde irían, qué templos eran consagrados a tal dios o qué criaturas habitaban una sitio específico. Notaron que si no sabían nada de eso, podrían salir, en el mejor de los casos, gravemente heridos en un combate contra una criatura, por no decir que lo peor sería la muerte, y recordaron que fue Nahuel quien les recordó que la sangre de la Hidra era venenosa y gracias a eso pudieron calmar al colosal monstruo, de lo contrario si su amigo no estaba o no se acordaba de ese detalle por culpa de todo lo que sabía sobre mitología nunca podrían completar su objetivo. Un par de días después los muchachos esperaban a Nahuel en la Biblioteca para que les enseñara sobre mitología griega al tiempo que su amigo los buscaba por medio Templo para comenzar con la “clase” sin saber que sus “alumnos” ya estaban en la Biblioteca.

Cuando Nahuel llegó a al lugar se sorprendió sobremanera al ver a sus amigos que lo estaban esperando para empezar con la lección y a los pocos minutos de iniciada la misma se percató del gran intereses de sus amigos ya que Alejandro no hacía bromas y María no se distraía mirando los polvorientos libros antiguos de las estanterías e intuyó que se trataba de alguna especie de broma ya que le parecía muy extraño el súbito interés de sus compañeros por lo que antes de que la supuesta broma se llevara a cabo les pidió explicaciones sobre el porqué del repentino interés a lo que Alejandro y María contestaron que no era una broma sino que esta vez querían aprender ya que si en algún momento, por algún “X” motivo tenían que enfrentarse a alguna criatura mítica y él no se encontraba para darles alguna información de la misma para luego planear una estrategia para acabar con ella podrían salir muy mal de esa situación y querían evitar eso a toda costa. Tras eso Nahuel entendió el punto de sus amigos y los regañó por darse cuenta de eso un tanto tarde ya que la idea principal de esas lecciones era que tuvieran información suficiente como para resolver algunas situaciones como las que habían planeado y acto seguido continuó con la clase.

Más tarde, Nahuel se hallaba sentado en el post-vestíbulo observando a unos Novatos realizando tareas de mantenimiento del patio del Templo como podando las pasturas altas, regando las flores, quitando las orugas y otros bichos que afectaban a algunas plantas, entre otros trabajos afines causando que el joven sintiera cierta nostalgia al recordar aquellos momentos en que él, junto con sus compañeros de clases, hacían las tareas de mantenimiento del jardín exterior y del interior en el Templo Dualista Panuniversalista de Capilla del Monte y tenía ganas de ayudar a los niños para apaciguar su nostalgia y evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas por lo que buscó a Silecio y le pidió si podía pedirle permiso al Maestro encargado de los Novatos si le permitía incluirlo en esa tarea. Pese a que el dualista griego le advirtió que eso sería un tanto difícil puesto a que el Maestro a cargo de los Novatos no permitía que nadie ajeno a su grupo se metiera en las actividades que hacían sus Novatos a no ser que sea imperiosamente necesario, Nahuel le insistió que le preguntara al menos si podía hacer y debido a la constante insistencia que tuvo que hacer, Silecio aceptó por ir a preguntarle al Maestro para quitárselo de encima.

Increíblemente el Maestro aceptó a que Nahuel participara de las tareas porque algunos Novatos no querían trabajar en unos rosales porque habían unas hormigas que picaban muy fuerte cuando se intentaba apartarlas de la planta puesto a que éstas quitaban trozos de pétalos de las rosas y si no las quitaban a tiempo las flores dejarían de existir y a causa de que varios de los niños fueron picados por esas hormigas no querían acercarse a las plantas y sólo el Maestro estaba trabajando en esas plantas por lo que Nahuel aceptó trabajar junto con el hombre mientras que Silecio les traducía, ya que de todas maneras no tenía nada mejor que hacer en ese instante. A los pocos minutos, Nahuel descubrió que las hormigas eran algo inteligentes porque si bien el muchacho utilizaba guantes para protegerse de las espinas de los rosales al tiempo que quitaba los insectos, las hormigas avanzaban por el guante hasta encontrar la piel del joven y allí picaban como si supieran que los guantes no le causaba dolor por más que picaran, a raíz de esto Nahuel recibió unas cuantas picaduras, las primeras eran dolorosas pero después eran como picaduras de mosquito. A pesar de ello en media hora había terminado a los rosales y de inmediato se dirigió hacia la Enfermería General junto con Silecio puesto a que alrededor de las picaduras de las hormigas la piel presentaba un sarpullido y temió que se tratara de una reacción alérgica a las mismas, no obstante el médico que lo examinó le aplicó una pomada y horas más tarde el sarpullido y la picaduras estaban tan claras que parecían que había desaparecido.

sábado, 16 de julio de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XII: Al calor del Etna. (Parte final)






Rápidamente los dualistas dirigieron sus miradas hacia donde indicaba el Olímpico y observaron como en un sector determinado de la ígnea pared comenzaba a abrirse como si fueran un par de cortinas revelando una entrada a una sala oscura. A los pocos segundos la pared dejó de abrirse.
–Se ve muy oscuro… –declaró Silecio.
–Y muy peligroso. –expresó María con preocupación.
–Ahora se verá oscuro, pero cuando entren se revelará ante sus ojos el camino que deben seguir para encontrarse con el monstruo. Y no se preocupen por la lava, no se les caerá encima apenas traten de cruzar el umbral y la pared no se cerrará hasta que vuelvan o perezcan en el intento de calmar al monstruo. –dilucidó el Olímpico.
–Gracias por la aclaración, aunque la última parte no fue muy alentadora. –afirmó Alejandro.
–No les mentiré, Tifón es muy fuerte. Puede que sea un gran desafío para ustedes. –advirtió la deidad.
–Mejor así, no debemos perder la costumbre que vamos a tener que sortear muchos desafíos para lograr nuestro cometido –expresó Nahuel–. Bueno, chicos, andando. Tifón nos está esperando. –dijo y acto seguido los muchachos avanzaron hacia el umbral.

Tras atravesar el ingreso varias antorchas se encendieron unas tras la otra disipando la oscuridad y desvelando un camino hecho con piedras que descendía a modo de espiral, asimismo reveló que los muchachos habían entrado a una gran sala cilíndrica cuyas paredes estaban hechas con grandes bloques de piedra que poseían grietas e increíblemente moho hecho que sorprendió a los jóvenes ya que pensaron que por el gran calor que debería ser no debía haber humedad, no obstante dejaron de pensar en ello y comenzaron a caminar por el camino para hallar al monstruo.
–¿Quién es ese tal Tifón? –preguntó Alejandro a mitad del camino.
–Es un monstruo hijo de Gea y de Tártaro. Es conocido por haber intentado destruir a Zeus por haber derrotado a los Titanes, pero falló y terminó confinado en las profundidades del volcán Etna donde con el movimiento de sus alas podía crear los terremotos que provocaban que el volcán entrara en erupción. –respondió Silecio.
–También podía crear con dichos movimientos los huracanes, de allí el nombre que se le da a los huracanes en ciertas regiones del planeta. –agregó Nahuel.
–¿Y cómo era? –interrogó María.
–Bueno, se decía era un espeluznante y colosal monstruo alado antropomorfo tan alto que podía alcanzar las estrellas. Tenía cabezas de dragón por dedos y muchas serpientes se encontraban repartidas  entre sus muslos llegando a formar sus piernas. –describió Nahuel.
–También se decía que podía abrasar todo lo que se le cruzara con su ígnea mirada y vomitar fuego y lava de su boca, de allí es que el monstruo fuera confinado en el volcán ya que se creía que la lava que expulsaba el mismo era provocado por ésta criatura. –añadió Silecio.
–¿Y este Tifón es el padre de varios de los monstruos de la mitología griega? –interpeló Alejandro.
–Exactamente, junto con Equidna. Y ya nos hemos enfrentado a una de ellas: la Hidra de Lerna. –aseguró Nahuel.
–Ahora que lo pienso, ¿alguien tiene alguna idea para calmar a ese monstruo? –interpeló Alejandro.
–Improvisaremos sobre la marcha. –respondió Nahuel.
–Yo tengo un mal presentimiento. Si el monstruo es altísimo no sé si nuestras armas le causarán algún daño si tenemos que defendernos. –expresó María un tanto asustada.
–Y si tiene tantas serpientes en su cuerpo estaremos en una gran desventaja… –agregó Alejandro con bastante preocupación.
–No se preocupen… todavía. Estoy seguro que la “celda” de Tifón debe ser pequeña, eso nos favorecerá. Por otra parte tengo un plan que seguro funcionará… –aseveró Nahuel.
–¿Y cómo es tú plan? –interrogó Silecio.
–Que sea una sorpresa –dijo Nahuel causando que sus compañeros comenzaran a protestar por su respuesta–. ¡No griten! Les aseguro que no es nada extraño. –agregó pero en vez de calmarlos los enfureció aún más.

Durante el resto de la caminata Nahuel tuvo que aguantar todas las protestas de sus amigos porque él no quería revelar su plan puesto a que, aunque no lo dijo, era bastante peligroso pero sabía que si funcionaba sería efectivo. Al llegar al final de camino en espiral las quejas de María, Alejandro y Silecio dejaron de oírse porque delante de ellos había una entrada que los conducía a una habitación muy oscura, tanto que no sabían si era enorme o pequeña. Los muchachos determinaron en entrar ya que pensaron que, al igual que en la sala por donde vinieron, se encenderían las antorchas desvelando de ésta manera toda la habitación, pero al hacerlo se dieron cuenta que no ocurriría lo que intuían.
–Está muy oscuro, es muy peligroso avanzar… –admitió María.
–Cierto y será mejor que demos ni un paso más porque por la poca luz que proviene de la sala anterior estoy viendo que estamos al borde de algo. –advirtió Nahuel.
–Iré a buscar una antorcha. –declaró Alejandro y acto seguido regresó a la habitación para retirar una antorcha cercana de su soporte. Al regresar corroboró lo que Nahuel había dicho puesto a que ellos estaban al borde de un precipicio donde no se podía visualizar el fondo, sin embargo también descubrieron que a unos pocos metros a su izquierda comenzaba una escalera de roca con peldaños irregulares, como si hubieran sido apiladas una sobre la otra sin prestar atención en la prolijidad, asimismo también observaron que las paredes y el suelo donde estaban parados estaban hechos con bloques de piedras que le faltaban algunos trozos y las grietas eran el detalle que más preocupaban a los muchachos puesto a que temían que los grandes bloques se les cayeran encima. Los dualistas querían ver más pero la luz de la antorcha era tan débil que no podían ver más allá de unos pocos metros, eso les hizo pensar que la habitación debía ser igual de grande que la anterior o incluso más.
–Además de la oscuridad, está sala se diferencia de la otra por el frío… –comentó María.
–Cierto, es como si aquí hiciera unos diez grados. –añadió Silecio.
–¿Pero cómo puede ser posible eso? –cuestionó Alejandro mientras miraba hacia todos lados con el fin de encontrar algún indicio de que allí se hallaba Tifón.
–No lo sé, pero a juzgar por lo que hemos caminado, la habitación anterior y ésta parecen ser cámaras donde la lava se acumulaba. Alguien, quizás Hefesto y sus ayudantes les colocaron paredes de piedra para que se asemejara como un calabozo de un castillo medieval. Es posible que el camino por donde transitamos lo construyeran con el fin de que alguien viniera hasta aquí y le diera alimento a Tifón. –razonó Nahuel.
–Pero no sabemos si aquí está Tifón. Puede que cuando bajemos por estas peligrosas escaleras encontremos otra sala. –declaró María.
–Cierto, aunque como aquí no hay antorchas es posible que… este lugar sea la “celda” de Tifón. –pensó Silecio.
–Ojalá que no… –admitió María.
–Entonces la única forma de averiguar será descender por la desprolija escalera… –aseveró Nahuel.
–¿Seguro? Esta antorcha se apagará dentro de poco… –advirtió Alejandro viendo como la llama de la antorcha comenzando a extinguirse de manera intermitente al tiempo que la misma reducía su tamaño gradualmente.
–Entonces habrá que traer otras de la otra sala. Es probable que estemos cerca. –dijo Silecio y de pronto los jóvenes escucharon un gruñido sordo, como si proviniera desde lo más profundo del lugar donde estaban.
–¿Qué… habrá sido eso? –preguntó un tanto intranquila María.
–No estoy muy seguro, pero tal vez sea lo que buscamos. –respondió Silecio.
–Chicos… levanten la mirada… –afirmó Alejandro algo asustado mirando hacia arriba en un ángulo de setenta y cinco metros.

sábado, 9 de julio de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XII: Al calor del Etna. (Parte 2)






Al día siguiente y bien temprano, los muchachos se levantaron y comenzaron a preparar sus cosas para ir hacia el volcán. Por recomendación de Nahuel todos cogieron sus armas y se pusieron ropa fresca puesto a que habría que entrar en el Etna y el calor sería tanto elevado como perjudicial por lo que todos consiguieron botellas de agua de dos litros, por otro lado decidieron guardar sus armaduras, además de sus armas y cuatro mochilas para poder llevar las botellas de agua, dentro de un baúl que Silecio les consiguió porque si ellos se dirigían a la terraza del edificio vestidos con sus armaduras y portando sus armas todo el mundo los verían y se harían preguntas al respecto, sobre todo los padres de Alejandro y Silecio, cosa que querían evitar a toda costa. Sin embargo los dualistas también se harían preguntas cuando los vieran transportar un baúl hacia la terraza tanto sobre por qué lo llevaban hasta allá y qué era lo que contenía, pero Nahuel, Alejandro y María les sería más fácil mentir de esa manera puesto a que no tenían la obligación de abrir el baúl si terceros les preguntaban si podían hacerlo. Después del desayuno los tres Caballeros argentinos transportaron el baúl con las armas y las armaduras hacia el helipuerto, donde Silecio los esperaba, y se salvaron de que la madre de Alejandro los viera subiendo en un ascensor con un baúl puesto a que la mujer estaba concentrada leyendo una revista en la antesala de la Sala de Usos Múltiples. Al llegar a la antesala de la oficina de los Hijos del Universo los jóvenes se apresuraron para llevar el maletón al helipuerto y una vez que lo pusieron en la aeronave y todos los dualistas ascendieran a la misma, despegaron con rapidez hacia el volcán Etna.

Después de un largo viaje aterrizaron en la base oeste del Etna y rápidamente descendieron para empezar a colocarse sus armaduras: Nahuel una coraza, grebas, musleras, un par de escarpes y un par de brazales; María una coraza con una agarradera especial en el espaldar de la misma para colocar su carcaj con tranquilidad, un par de escarpes plateados, grebas, musleras y un par de mitones; y Alejandro y Silecio eligieron la misma armaduras para ambos: corazas cuyos petos tenía la ilustración de un pecho masculino bien marcado y una escarcela compuesta de tres placas rectangulares, dos de ellas del mismo tamaño que cubrían la ingle coincidiendo con el inicio de las piernas mientras que la tercera era más ancha para proteger el trasero de los muchachos; ambas partes, tanto las corazas como las escarcelas eran doradas.

Tras colocarse sus armaduras los muchachos se dispusieron a agarrar sus armas y comprobar que estaban en buen estado ya que temían que durante el viaje el movimiento del baúl haya afectado a las mismas.
–¿Hay que escalar el volcán? –preguntó María observando la gran altitud que presentaba el Etna.
–Pues, de ser así, tenemos que escalar más de 3200 metros de altura. –contestó Silecio probando el balance de su lanza haciéndola girar en círculos con una velocidad moderada con una de sus manos.
–¡¿Qué?! ¡¿Hay que subir más de 3000 metros de altura para luego entrar en un cráter lleno de magma ardiente?! –exclamó Alejandro logrando que su lanza cayera al suelo girando puesto a que se le había escapado de su mano cuando se sorprendió al escuchar la altura que poseía el volcán– ¡¿En qué diablos estabas pensando, Nahuel?! ¡¿Nos quieres matar o qué?! –agregó enfurecido.

sábado, 2 de julio de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XII: Al calor del Etna. (Parte 1)






El volcán Etna comenzó a entrar en actividad pocos días después de que los cuatros dualistas regresaran de Samos. A los dualistas griegos les preocupaba la actividad del volcán puesto a que los Ojos del Demiurgo habían detectado una gran actividad energética de índole demoníaca por lo que intuían que dicha actividad volcánica la generaba la presencia de demonios lo que causaba gran preocupación no por el hecho de los demonios en sí sino por la erupción que podría llegar a hacer el volcán puesto a que la ceniza y la lava perjudicaría la vida humana, animal y vegetal aparte de cambiar la fisonomía de la costa oeste de Sicilia, donde se emplaza el volcán. Apenas recibieron unos informes de avistamientos de sombras que se movían sin tener un cuerpo sólido que las generara y de seres extraños y después de que una patrulla confirmara de la presencia de demonios, los Hijos del Universo italianos junto con su General determinaron enviar a un buen número de soldados dualistas para detener la actividad al tiempo que emitieron un alerta roja a todos los países afiliados al Dualismo Panuniversalista. Inmediatamente España, Grecia y Estados Unidos enviaron tropas para apoyar a los italianos porque temían que las lecturas del primer Ojo, que funcionaba mal de a ratos, sean ciertas y éstas eran que la actividad era inmensa hasta tal punto que en los gráficos la circunferencia que indicaba la influencia de los demonios abarcaba casi media Sicilia al tiempo que el segundo Ojo marcaba la mitad que el anterior satélite, pero tratándose de demonios y luego de lo ocurrido meses atrás con éstos y los ángeles, que aparecían en varios lugares y tenían contiendas bastantes porfiadas con los dualistas, los Hijos del Universo y los Generales de los países anteriormente citados decidieron enviar las tropas pensado que en el caso de que hubiera muchos demonios cerca del volcán, entablarían combate directamente con el fin de regresarlos al infierno.

A todo esto, algunos dualistas griegos bromeaban sobre la situación diciendo que Hefesto se enojaría mucho porque los demonios y los soldados dualistas le interrumpirían su trabajo o que Tifón volvería a tener que trabajar porque tendría que crear terremotos o hacer que el volcán emita lava para alejar a los demonios, incluso algunos, que eran más agudos, comenzaron a hacer chistes muy puntuales sobre el dios, el monstruo Tifón y el volcán mezclándolos con cuestiones políticas y cotidianas causando que el resto de sus compatriotas se olvidaran por un rato de la complicada situación que sucedía en Sicilia y se relajaran.

Los últimos que se enteraron de toda la situación fueron Nahuel, María, Alejandro y Silecio porque éste último recién se dio cuenta de todo cuando los chistes de algunos de sus compatriotas se hacían eco por todo el templo, cuando empezó a preguntar cómo surgió la moda de hacer bromas con respecto a Hefesto y el volcán Etna, le contestaron todo lo que estaba sucediendo en Sicilia y cómo habían aparecido los chistes por lo que de inmediato les comentó la noticia, aunque algo tarde, a los dualistas argentinos, no obstante los tres muchachos no les interesó la nueva moda pero sí la actividad demoníaca puesto a que temían que el dios Hefesto estuviera dentro del volcán y que los demonios estaban merodeando el Etna con el fin de destruirlo. Sin embargo, las preocupaciones del grupo eran otras. Nahuel tenía una cierta sensación de desasosiego con respecto a lo que haría Hera para complicarle la búsqueda del resto de los dioses antiguos tanto a él como a sus amigos por lo que el joven tuvo que advertirle a sus compañeros que ahora habría que tener mucho más cuidado con lo que ven y oyen cuando salieran a algún sitio puesto a que la diosa tendería trampas por todos lados con tal de evitar que cumplieran con la búsqueda de las demás deidades.