sábado, 25 de junio de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XI: El que está a favor y la que está en contra. (Parte final)





El dualista pensó que lo más obvio era escoger el pavo real para pelear pues más que unos cuantos picotazos era lo único que sufriría en una pelea, pero aun así tuvo en cuenta que el pavo real podría estar escondiendo algo que no saltaba a la vista; sin embargo el león era una opción arriesgada puesto a que el animal se veía joven por lo que eso será signo de agilidad lo que significaba que él tendría que hacer lo mismo que en la tauromaquia, cansar al animal para luego darle muerte, aunque es esta oportunidad no tendría espadas para clavárselas al lomo u otras partes del cuerpo la fiera acelerando de esa manera la fatiga, pero aunque tuviera esas armas, sería una locura enfrentarse contra un león, por otra parte tenía en cuenta que, al igual que el ave que se encontraba al lado del felino, podría estar escondiendo algo que no veía.
–Bueno, es un tanto complicado decidir puesto a que no veo nada extraño en los animales, parece que son un pavo real y un león comunes y corrientes… –declaró Nahuel pensativamente.
–Pero de cualquier manera tiene que decidir. –aseveró Hera.
–Pues… en ese caso, escojo al león. –expresó el muchacho y apenas terminó de decir la última palabra, el pavo real comenzó a cloquear de manera extraña, acto seguido levantó sus bellas plumas cuyos “ojos” se transformando su color azul a rojo sangre  al tiempo que la coloración de las plumas se tornaban negras o grises oscuras. A todo esto la cabeza del ave giraba de un lado al otro con una velocidad tan rápida que espantaba  puesto a que parecía que en cualquier momento se desnucaría, alterando, de esta forma, el sonio del cloqueo que para ese momento era un sonido indefinido y aterrador. Tras esto las plumas traseras se transfiguraron en tentáculos negros con atemorizantes ojos rojos, un una cabeza que viraba de un lado a otro sin cesar, emitiendo un sonido horripilante y todas sus plumas eran oscuras o grisáceas ya que habían perdido completamente sus colores. En un momento dado el animal comenzó literalmente a derretirse convirtiéndose en poco tiempo en un líquido que todavía emitía ese sonido indescriptible pero que causaba escalofríos, seguidamente comenzó a filtrarse en las grietas de los bloques de piedra de las ruinas y una vez que desapareció la última “gota” del animal el inquietante sonido dejó de escucharse.

–¿Qué fue eso? –interpeló Nahuel sumamente perplejo por que había visto, pero más aún cuando se percató que el león ni siquiera se había movido de lugar.
–Fue bastante inteligente al no escoger al pavo real… si es que podríamos llamarlo pavo real. Era un ánima que merodeaba las cercanías de mi templo y lo convertí en un pavo real. Si lo hubiera escogido se enfrentaría a un ser iracundo, capaz de destruirlo tanto en cuerpo como alma. –contestó la diosa.
–Eso me suena a un demonio.
–No era un demonio. Como dije antes, era un ánima, pero yo le di más poder sin que se revelara contra mí. Después de que hiciera eso lo mantuve cerca para utilizarlo en algún momento como hace unos instantes.
–¿Y a dónde lo envió?
–Cuando eligió al león, le quité todo el poder que le concedí y lo liberé. He ahí el porqué hizo esa… actuación exagerada.
–Pues  yo opino que no fue una actuación exagerada. Si otra persona hubiera visto eso se aterraría y admito que yo también me asusté un poco, no por la particular metamorfosis, sino por ese chirrido escalofriante.
–Es factible. Pero usted se asustó antes de tiempo.
–¿Por qué lo dice?
–Porque debería asustarse cuando se enfrente contra él. –aseguró Hera y de inmediato el león rugió para después pararse sobre sus cuatros patas y mostrarle sus afilados dientes al muchacho.
–Mmm… parece que tiene razón. Me he asustado con nada, ahora viene lo aterrador –asintió Nahuel–. ¿El gato es otra ánima?
–No, pero tiene algo fuera de lo común para un animal de su estilo.
–Ojalá no sea más dientes que los que tiene.
–No necesariamente, pero lo descubrirá dentro de poco. –respondió la diosa y acto seguido el león dobló ligeramente sus patas traseras mientras enseñaba sus dientes de forma amenazante al dualista.
–No sé mucho sobre leones, pero apuesto que está a punto de hacer un zarpazo. –comentó el joven.
–Pues ha apostado bien… –declaró Hera y el león se abalanzó hacia el joven dando un largo salto.
–Perdóname… –dijo Nahuel y raudamente le lanzó un golpe energético al felino causando que el animal volara hacia atrás unos cuantos metros hasta que cayó parado en el suelo.

sábado, 18 de junio de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XI: El que está a favor y la que está en contra. (Parte 2)







–De acuerdo… a ver… –dijo Nahuel y luego se puso a pensar– Las nueve Musas… son… Euterpe, musa de la música; Clío, musa de la historia; Melpómene, musa de la tragedia; Polimnia, musa de los cantos sacros y la poseía sagrada así como los himnos; Terpsícore, musa de la danza; Erató, musa de la poesía amorosa; Talía, musa de la comedia y de la poesía pastoril; Urania, musa de la astronomía, poseía didáctica y las ciencias exactas; y, mi musa favorita si se me permite decirlo, Calíope, musa de la elocuencia y de la canción narrativa mejor conocida como poseía épica. –añadió y cada vez que mencionaba el nombre de una Musa se levantaba y cambiaba su forma para parecerse un poco a las representaciones que los mortales les habían dado. De esa manera Euterpe apareció con una corona de flores y una flauta en una de sus manos; Clío con una corona de laureles llevando una trompeta en una mano derecha, un rollo de papiro en la izquierda y una caja con papiros a sus pies; Melpómene con un vestido lleno de detalles, con una mirada severa, en una de sus manos tenía una máscara trágica y en la otra un puñal ensangrentado; Polimnia apareció vestida de blanco en vez de estar vestida en color violeta como antes y poseía una actitud pensativa con dedo en sus labios y alrededor de ella había unas cadenas finas plateadas; Terpsícore se convirtió en una joven esbelta con un aire alegre y guiznarlas de flores conformaban su corona que se extendía hasta sus hombros como si formaran parte del cabello; Erató con una corona de rosas muy bellas portando en su mano izquierda una antorcha encendida y una flecha dorada; Talía se mostraba risueña, con una mirada burlona portando en una mano un cayado y en la otra una máscara cómica; Urania mantuvo su toga azul pero en esta oportunidad estaba repleto de puntos brillantes como si fueran estrellas, tenía una diadema hecha por un grupo de estrellas y en una de sus manos sostenía una esfera que tenía una especie de imagen de movimiento y dicha imagen era un planisferio por lo que esa esfera podría ser un globo terráqueo que se movía por sí solo; y Calíope poseía un aire majestuoso, tenía en su cabeza una corona dorada y en una de sus manos tenía un papiro con un poema escrito en él.

Luego de todo eso Apolo aplaudió.
–Impresionante. Creo que sólo un experto en el tema podría decir cuáles son los nombres de las Musas, pero incluso ellos también se olvidan. –afirmó el dios.
–Pues la mitología griega abarca un montón de hechos, deidades y personajes. No es fácil acordarse de todo, por no decir imposible. –comentó Nahuel.
–Es verdad.
–Aunque las mujeres ahora sí se parecen a las Musas.
–Sí, que se materializaran en otra forma fue una idea para distraerte puesto a que sabrías quien era quien si se materializaban como eran.
–Gracias por eso.
–Je, je. ¿Acaso dudabas de tu memoria?
            –Es que no estoy pensando todo el tiempo en mitos por lo que es probable que se me olvide de algo si no releo cierta o toda la información cada tanto. Es más, si no leo seguido sobre las Musas se me olvidarían sus nombres.
–Si tú lo dices. Ahora tienes que hacer una última cosa y concluirás la prueba.
–¿Cuál esa “cosa” entonces?
–Adivina cuál es la Musa que está, como decirlo, encantada contigo.
–¿Cómo dices? –preguntó Nahuel pensando que el dios le estaba jugando una broma.
–¿Estás sordo?
–No, es que quiero oír bien porque me pareció que me estás bromeando.
–No, no lo estoy.
–¡¿Y cómo pretendes que sepa eso?! ¡Eso no es algo inherente a la prueba! ¡Parece un juego de niños!
–Es una prueba y mi confianza en ti está en juego –afirmó Apolo–. Así que hazlo. –añadió con severidad.
–¿Pero cómo quieres que sepa? Yo no tengo ni la más puta idea para averiguar si alguien está interesado en mí… y mucho menos una deidad.
–De alguna manera lo sabrás, aunque te tardes todo el día.
–Lo que menos tengo es tiempo.
–Entonces fabrícalo.
–Ja, ja… qué gracioso –admitió Nahuel con ironía.
–Te daré una pista para que te facilite el trabajo, la Musa que está interesada en ti no es tu favorita.
–Genial, gran ayuda. Ahora tengo que adivinar entre ocho…
–Es mejor que adivinar entre nueve.

sábado, 11 de junio de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo XI: El que está a favor y la que está en contra. (Parte 1)







Apenas amaneció, Silecio despertó a Nahuel para saber si la medicina podía ser utilizada en humanos a lo que el muchacho medio dormido le respondió que sí y que tenía un plan para suministrársela a los hermanos Tsartsaris pero necesitaba de la ayuda de él y de María y Alejandro para que funcionara. Acto seguido Nahuel le pidió a Silecio que consiguiera un frasquito o dos para verter en ellos lo que había quedado de la sustancia en la vasija mientras tanto él despertaría a los demás para así explicarles a todos el plan. Minutos después Silecio regresó con un par de frasquitos de rollos fotográficos siendo éstos los únicos recipientes pequeños que consiguió en poco tiempo al tiempo que los demás se estaban despertando, acto seguido Nahuel vertió en cada recipiente la sustancia medicinal, para cuando terminó había llenado hasta la mitad cada frasco aunque eso no le importaba llenarlos.

Rápidamente les contó la idea que tenía en mente y les dio a cada uno de sus amigos el papel que cumpliría en dicho plan aparte de advertirles que no debían fallar bajo ningún punto de vista por lo que les afirmó que si no entendían alguna parte del plan que se los explicaría las veces necesaria para que se acuerden perfectamente lo que tendrían que hacer. Un poco más de una hora después todos tenían en claro el plan y el rol que cada uno debía cumplir por lo que pusieron en marcha la idea de inmediato; tras desayunar Silecio llevó a sus amigos, a su madre y a su tía al hospital donde se encontraban internados los hermanos Tsartsaris aprovechando la última hora que quedaba de visitas por la mañana. Seguidamente se dirigieron hacia el pasillo de la sala de terapia intensiva para poder entrar poder saber si podían visitar a Adrian y a Kiriakulis porque no siempre era posible ver a personas que se encontraban en terapia intensiva, sorprendentemente las recepcionistas les permitieron el acceso para poder verlos y apenas llegaron uno de los médicos del Templo les informó sobre el estado de salud de los Tsartsaris al tiempo que María y Alejandro se encaminaban hacia el baño.

El médico comunicó que por el momento estaban estables y que habían recuperado aunque su estado era delicado, aparte aseguró que habían salido del estado de coma y que ahora estaban inconscientes pero respondían a algunos estímulos por lo que el pronóstico era favorable aunque siempre hacía hincapié en que aún estaban en un estado delicado puesto a que no sabían si eso era señal de una recuperación o la calma antes de la tormenta, y con esto quería decir que todavía no habían identificado a la enfermedad pero seguían haciendo pruebas; lo único que podía decir era que podría ser una autoinmune, sin embargo era una hipótesis ya que varios médicos no estaban de acuerdo puesto a que algunos síntomas no coincidían con una enfermedad de esa clase. Tras esto el médico les dio permiso para ver a los pacientes si querían hacerlo y en esos instantes Alejandro y María regresaron, a continuación las esposas de los Tsartsaris entraron a verlos primeros y cuando cerraron la puerta de la habitación, Alejandro le dio a Nahuel un par de jeringas de tamaño normal y María un par de agujas en sus correspondientes bolsitas; en ese momento los muchachos sabían que ahora el plan entraba en su parte final y que dependía de Nahuel que fuera un éxito. Minutos después las mujeres salieron de la habitación y entraron los cuatros muchachos, apenas cerraron la puerta Silecio sacó de sus bolsillos los frasquitos de rollo fotográfico y Nahuel preparó las jeringas, a continuación los muchachos llenaron los tubos de las jeringas por completo de la sustancia medicinal y se prepararon para la última y la más arriesgada parte del plan: introducirle en el suero de los hermanos Tsartsaris la medicina de Asclepios y esperar que funcionara.

sábado, 4 de junio de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo X: Hallando la medicina. (Parte final)






Pocos minutos después y muy disimuladamente los jóvenes se aproximaron al bosque como si quisieran ver los árboles mientras algunos turistas los veían, cuando nadie los observó se internaron el bosque dirigiéndose raudamente hacia donde procedía los haces de energéticos amarillentos. Segundos más tarde los muchachos llegaron al sitio pero se llevaron una gran sorpresa al ver la emanación energética provenía debajo del suelo, como si lo que sea que originaba los haces se hallaba enterrado por lo que de inmediato empezaron a cavar con sus propias manos procurando hacerlo lo más rápido posible; un par de minutos después los haces energéticos dejaron de emitirse en el preciso instante que Alejandro dijo que había sentido algo sólido, inmediatamente los dualistas removieron un poco la tierra y cuando menos se los esperaban, desenterraron una vasija de arcilla naranja que poseía un par de asas, una de ellas muy estropeada, cuello largo y una tapa del mismo material que el objeto que era sostenida en su lugar por unas especies de abrazaderas de bronce que consistían en un aro del material mencionado ubicado a pocos centímetros de terminar el cuello y desde allí partían tres partes articuladas que mantenían afirmada la tapa al resto de la vasija; lo que más impactó a los jóvenes es que tenía un tenue brillo amarillo que coincidía con los haces energéticos que ellos vieron además de que las agarraderas relucían como si fueran nuevas, algo extraño para un objeto que debía tener varios siglos de antigüedad. No obstante y aunque intuían que esa particular vasija, que apenas superaba los treinta centímetros de alto, tal vez contuviera la medicina que ellos estaban buscando, ninguno de ellos se atrevía a retirarla del pequeño poso que crearon por lo que estuvieron un tiempito discutiendo sobre quién la recogería hasta que Nahuel decidió que él mismo la retiraría de allí pero apenas la levantó unos escasos centímetros el asa estropeada se quebró en ciento de minúsculos fragmentos que asustaron al muchacho puesto a que pensó que se rompería del todo, sin embargo al ver que la vasija parecía estar intacta pese a la rotura del asa la retiró del pozo.

Apenas estuvo fuera el brillo amarillento se desvaneció del todo y seguidamente, pero con lentitud, Nahuel comenzó a quitarle las abrazaderas una por una para saber qué era lo que contenía adentro; al retirar la tapa descubrió, junto con sus compañeros, que poseía una sustancia líquida incolora algo viscosa, como el aceite, con aroma agradable que identificaron que era menta junto con otras hierbas que no podían identificar pero que sin dudas creyeron que eso era la medicina.
–¿Eso es la medicina? –preguntó Silecio emocionado.
–Eso parece… –contestó Nahuel.
–¡Ahora podremos curar a Atenea y a los padres de Alejandro y Sielcio! –exclamó María con total alegría.
–Pero… ¿por qué no la vimos apenas llegamos? –cuestionó Alejandro.
–Puede que… sea por culpa de los Misántropos. –aseveró Nahuel.
–¡¿Por culpa de los Misántropos?! –preguntaron Alejandro y Silecio al mismo tiempo.
–¡Ah, claro! Por culpa de esos haces energéticos no les dijimos nada sobre ellos… –afirmó María y acto seguido les contó a sus compañeros que ese par de personas que creía que eran Misántropos lo eran y que Nahuel lo confirmó estando en la terraza superior del Asclepeion.
–¡¿Pero creen que ellos vinieron aquí por lo mismo que nosotros?! –interrogó Alejandro con cierto temor.
–No lo sé. Pero tal vez la vasija se “protegió” de ellos al no emitir algún rastro energético… Por eso es que nosotros no pudimos percibir su energía… aunque es sólo una teoría. –respondió Nahuel.
–Por suerte ya tenemos lo que queríamos y ahora podemos irnos de aquí. –declaró Silecio.
–Sí, pero hay un problema. –expresó Nahuel con preocupación.
–¿Cuál?
–¿Cómo sacaremos la vasija de aquí sin llamar la atención de los turistas ni de los guías ni del personal de seguridad que hay en la entrada del complejo?
–¡Ay! ¡Mierda! ¡Es verdad!
–Encima no trajimos ni siquiera una sola mochila… –afirmó María.
–Mmm… algo habrá que hacer… –aseguró Alejandro pensativo.
–Hay que pensar rápido porque el tiempo se nos echa encima y no sé si lo que contenga esto dure mucho tiempo. –aseveró Nahuel mientras colocaba la tapa de nuevo en su lugar para después asegurarlas con las abrazaderas. Mientras Silecio, María y Alejandro discutían cómo harían para extraer la vasija del Asclepeion sin que se la confisquen las personas de seguridad o los guías turísticos por pensar que ellos estaban robando una pieza arqueológica, Nahuel miró con detenimiento el particular cuenco y vio que la parte posterior tenía mucha tierra por lo que la limpió y descubrió que tenía un símbolo muy especial que eliminaría cualquier duda que tuvieran los muchachos sobre si esa sustancia era lo que pensaban.