martes, 29 de marzo de 2016

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo XV (Parte 1)






La batalla se había encrudecido. 128 Guardianes y más de 300 personas entre Dragwolf, Berserker y demás habitantes de otros pueblos habían dejado de respirar y sus almas se encontraban en el más allá. Había muchos heridos pero nadie iba a dejar de combatir hasta que sus venas se quedaran sin sangre o sus cuerpos sin cabezas. Era la batalla final; era vencer o morir.

                Los Guardianes debían tener extremo cuidado con los Dragwolf, pero sobretodo con los Berserker. A decir verdad todos debían tener muchísimo cuidado con estos vikingos. Se tornaron en verdaderas bestias salvajes. Sus arremetidas extremadamente violentas amedrentaban tanto a los Guardianes como al resto de los beligerantes, incluyendo a los Dragwolf quienes en comparación luchaban como si fueran hombres adiestrados. Todo desdichado que sin querer se interponía entre uno de ellos y su nuevo enemigo terminaría muerto, casi siempre con el cuello desgarrado por sus dientes, como si fueran realmente lobos.

                A pesar de eso y de que el enemigo los superaba ampliamente en número, los Guardianes combatían, luchando además contra su propio cansancio. Sir Bartholomew y sir Edward, junto con varios de sus compañeros libraban un combate más encarnizado que sus pares que luchaban al frente. A diferencia de lo que sucedió en el pueblo bajo, las fuerzas de Labhras ahora quería rodearlos para así acabar con ellos rápidamente. Los Guardianes que combatían por los flancos intentaban que el enemigo no los encerrara, ocasionando que en esas zonas los gritos de dolor de hombres y mujeres eclipsaran al de los hierros tronando al frente.

                Sir William intentaba llamar la atención de los Berserker antes de que varios de éstos, que quedaban menos de cincuenta, liquidaran a sus compañeros. Con la increíble resistencia de su armadura trataría de agotarlos un poco antes de darles el golpe de gracia, sin embargo comprendía que no debía abusar mucho de su suerte porque si más de un Berserker lo atacaban uno de ellos le quitaría el yelmo, dejándolo expuesto a sus feroces ataques. Ya había visto esta forma de atacar, en la cual algunos de sus compañeros sucumbieron.

                En poco tiempo consiguió que tres de ellos se acercaran a él para atacar. El hecho de que sus bocas y dientes estuvieran ensangrentados los volvía más aterradores, pero William no debía tenerles miedo. Por más ferocidad que demostraran, por más ensangrentadas que estuvieran sus bocas y por más que gruñeran o incluso ladraran, seguían siendo humanos semidesnudos y desnudos.

sábado, 26 de marzo de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo VII: Más allá de las Columnas de Hércules. (Parte final)






Durante los siguientes dos días los jóvenes la pasaron muy bien y pudieron visitar una parte de Italia y España. Aun así los María, Alejandro y Nahuel pensaron que había algo raro puesto a que ninguno de los cinco dualistas podrían andar con tanta libertad por los dos países europeos ya que Serrano tenía que presentarse a las autoridades para que no tener problemas legales, por lo que en la segunda noche, muy intrigados, le preguntaron a Silecio al respecto. El dualista griego les contó que Serrano tenía muchos conocidos en donde iba a presentarse y que les debían favores, por consiguiente él y ninguno de los jóvenes tendría problemas en los lugares donde irían, más aún en España donde Juan Carlos Serrano es muy conocido. Por otra parte, Serrano trató, siempre que pudo, de investigar para qué querían los muchachos adentrarse en el océano Atlántico, no obstante los jóvenes dualistas contestaban sus preguntas con la misma respuesta: “Cuando lleguemos allá, se lo diremos”, y como esa respuesta le era insuficiente, el dualista español tuvo que interrogar a Silecio obteniendo el mismo resultado. Resignado, Serrano no tuvo más remedio que esperar hasta que llegara al océano Atlántico para saber la verdad.

Al comenzar el tercer día todos los dualistas tomaron un buen desayuno en un restaurante y de inmediato zarparon hacia su destino. Unas cinco horas después, mientras esperaban a que la embarcación llegara a su destino, María y Alejandro iban de proa o popa y de estribor a babor señalando cada cosa que veían en el mar y en el cielo, emocionados como si fuera la primera vez que viajaban solos en un barco pese a que hace dos días que estaban de viaje, Silecio charlaba con Serrano mientras éste manejaba el barco y Nahuel, en vez de estar mirando la inmensidad y belleza del mar junto con sus dos alocados compañeros, estaba sentado en muy cerca del borde de la proa mirando su tablet. Quería buscar más información sobre el Titán Océano, pero todo lo que encontraba ya lo sabía.
–¿Qué te pasa, Nahuel? –le preguntó María sentándose al lado del joven–. ¿Estás mareado?
–No, no. Si no me he mareado antes menos lo estaré ahora. Estoy mirando la información que tengo sobre Océano. –respondió el joven.
–¿Y por qué lo haces? ¿No te acuerdas nada sobre él? –volvió a preguntar la muchacha.
–De acordarme me acuerdo, el problema es que no es lo que busco –contestó el joven para luego mirar a su amiga y descubrir que ella tenía su cámara de fotos en su mano–. No me digas que estás de nuevo con tu obsesión de capturar cada cosa que veas…
–Je, je. No. Sólo saqué unas fotos al barco y a los demás. Cuando lleguemos al estrecho, ahí podré sacar fotos más interesantes.
–Sólo espero que saques fotos como una persona normal en vez de utilizar el botón de esa cámara como el gatillo de una pistola.
–¿Por qué me criticas? ¿Ahora no puedo sacar fotos?
–Sí, pero con moderación. Ya hablamos de eso con Alejandro antes de que empezaras a gritar como loca.
–Je… je… Es verdad, exagero mucho al sacar tantas fotos. Trataré de moderarme un poco.
–Ojalá mantengas tu palabra…
–Admití que tengo una obsesión y que tengo ganas de cambiar mi conducta, por lo que fui sincera. Ergo voy a hacerlo.
–Mmm… Está bien. Te creo.
–¿A qué viene es “Mmm…”?
–¿No puedo optar por el beneficio de la duda?
–Como quieras. ¿Puedo ver lo que estás viendo en la tablet?
–Sí, claro. –Afirmó Nahuel y luego le cedió el dispositivo a su amiga quien comenzó a leer lo que estaba en la pantalla.
–“Según algunos estudiosos, los antiguos griegos creían que Océano representaba a todos cuerpos de agua salada ya sea del mar Mediterráneo y el océano Atlántico, las dos masas de agua más grandes que los griegos conocían. Con el correr del tiempo y a medida que la geografía se hacía más precisa, el Titán pasó a representar las aguas misteriosas del Océano Mundial, es decir del Atlántico. Debido a eso los griegos no se aventuraban más allá de las columnas de Hércules porque, a causa del desconocimiento, tenían miedo de que hubiera algo extremadamente peligroso para ellos y sus embarcaciones, sumando a que no sabían si Poseidón los protegería puesto a que, tras pasar las columnas de Hércules, terminaba sus dominios marítimos…” –leyó en voz alta la muchacha– Esto no me deja tranquila…
–Relájate. De lo único que hay que temer es que Océano nos mande olas altísimas y que no sobrevivamos cuando impacten con el barco.
–Ahora tengo miedo.
–No seas miedosa, ¿quieres? No creo que el Titán esté enfurecido por lo que le sucedió a los suyos. Puede que ni siquiera sepa lo ocurrido.
–No lo creo, de lo contrario hubiera seguido “actuando” cuando los barcos comenzaron a navegar por el Atlántico.
–Puede ser, pero puede ocurrir cualquier cosa –admitió Nahuel y después miró hacia el frente descubriendo que el estrecho empezaba a visualizarse–. ¡Mira, María! ¡Allí está el estrecho! –añadió señalando el sitio.
–¡Sí! ¡Lo veo! ¡Se lo diré a Alejandro! –afirmó María y le devolvió la tablet a Nahuel para después dirigirse hacia la popa y decirle a su compañero que estaba llegando a las columnas de Hércules.

martes, 22 de marzo de 2016

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo XIV (Parte final)






Elisabeth se puso en guardia y cuando Labhras estuvo lo suficientemente cerca arremetió contra ella, aunque la mujer esquivó el arma y contratacó al instante siguiente, impactando su estoque en el centro del pecho del caballero. Sin embargo, su arma rebotó con fuerza y en ese momento recordó que la armadura de Labhras era impenetrable, entendiendo lo que él le advirtió hace instantes. Sin embargo, no tuvo tiempo para estar perpleja porque de inmediato esquivó un espadazo y a continuación comenzó un duelo bastante desparejo.

Sin lugar a dudas Labhras tenía más ventajas que Elisabeth, aparte de la insólita resistencia de su armadura sus años de entrenamiento se manifestaban con cada arremetida a pesar de que estaba dominado por la ira, incrementada por el poder oscuro de Thyrfing. Empero, Elisabeth tenía algo que Labhras no poseía: agilidad. El caballero era ágil, pero luego de tener que usar por tantos años una armadura pesada hizo que su agilidad se viera reducida a sus movimientos evasivos. Aunque por meses usó una armadura más liviana de lo que estaba acostumbrado a tener puesta no hizo que sus movimientos ofensivos fueran más ágiles. De hecho seguía moviéndose como si usara una armadura común y corriente. Solamente se acordaba que podía moverse con más libertad cuando se hallaba ante una situación crítica.

Elisabeth no poseía la fuerza de un caballero para aguantar las arremetidas de su amado. Las pocas veces que bloqueó sus ataques con su estoque al no tener tiempo suficiente para esquivarlo sintió un fuerte dolor en su brazo y supo que debía ser evasiva y contratacar cuando podía, dando estocadas a la única parte del cuerpo de su adversario que no estaba protegido por la armadura: su cabeza. No obstante, ella sabía perfectamente que Labhras no dejaría que su estoque siquiera rozara su cabeza y haría todo lo posible para evitarlo. Por otra parte no quería matarlo y, con sus conocimientos médicos, si quería vencerlo sin matarlo el único lugar en su cabeza donde podía herirlo eran sus mejillas. Si no hundía su arma demasiado, Labhras simplemente sufriría una herida dolorosa y una cicatriz, pero debía ser sumamente cuidadosa porque era muy fácil hundir su estoque mucho más del límite, causándole una muerte horrible.

Durante tres minutos ambos se movían por todo el recinto. Labhras llevaba la batuta. Tenía bajo su control a Elisabeth porque podía hacer que se moviera hacia todas partes, pero notó que ella había sido bien entrenada por su hermano ya que hasta el momento no pudo herirla y si no fuera porque ciertas desprolijidades su agilidad podría comparada con la de Xiao chen.

Por su parte, Elisabeth no se extralimitaba a la hora de contraatacar. Esperaba e momento adecuado para hacerlo y varias veces logró que su estoque rozara las mejillas de Labhras. No se olvidaba que él estaba llevando el ritmo del combate, por lo que debía predecir por dónde arremetería con el fin de esquivar la extraña espada e intentar devolverle el ataque, aunque también tenía presente que su adversario aguantaría más tiempo que ella luchando, por lo que si quería vencer debía ser decidida cuando se le presentara la primera oportunidad de herir a Labhras.

sábado, 19 de marzo de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo VII: Más allá de las Columnas de Hércules. (Parte 1)






Algunos días después de su regreso, Nahuel y Silecio tuvieron que redactar un informe simbólico para que los Hijos del Universo vieran más o menos cómo era el modus operandi del “grupo de investigación especial” para perpetuar la mentira haciéndola un poco más creíble. Los muchachos tuvieron que trabajar por separado, Nahuel se encargaba de confeccionar el informe omitiendo los sucesos relacionados con las deidades y añadiéndole, en su lugar, hechos relacionados con entidades energéticas como apariciones de ángeles y demonios, tanto sea en grupos o seres aislados en distintos puntos de Pafos, manifestaciones extrañas, fuera de las habituales, materializaciones nunca antes vistas y, como al muchacho no le bastaba todo eso, le agregó supuestos avistamientos de OVNIS para hacer que el viaje había servido para algo, mientras que Silecio se encargaba de la traducción que, además de hacerlo con celeridad y prolijidad, le causó gracia la exageración de ciertos detalles que su compañero le había puesto al informe y gracias a eso pasó un buen rato. Una vez terminados los dos informes se lo llevaron a los Sabios Maestros con el fin de que supieran que había un escrito original en castellano y una copia en griego para que ellos lo entendieran, asimismo Nahuel, ayudado por Silecio, le advirtió que el informe no debía ser conocido por los demás dualistas griegos dado a la naturaleza secreta del grupo de investigación y que él mismo se encargaría de enviarlo a los Hijos del Universo de Argentina ya que era el encargado de hacerlo por cada investigación que realizaran; asimismo pidió que cada vez que una actividad energética de origen extraño era detectada por los Ojos del Demiurgo se le era informada tanto a él como a sus compañeros para que actuaran rápidamente en el sitio donde ocurría esa actividad, a lo que los Hijos del Universo aceptaron. Luego de que los Sabios Maestros leyeran una buena parte del informe en griego les regresaron los escritos a los muchachos, pero Nahuel les dio el escrito en griego ya que para él no le serviría de mucho, tras eso los jóvenes se retiraron de la oficina y cuando estaban en el ascensor festejaron por el éxito de los informes falsos.

Además de eso, los cuatro dualistas siguieron con su rutina de entrenamiento, pero Silecio no podía encontrar un sitio adecuado para que Nahuel entrenara a la Hidra sin que nadie se percatara de ello, no obstante Nahuel le dijo que desistiera en la búsqueda porque prefirió materializar a la Hidra, o cualquier otra criatura, cuando en verdad lo necesitara ya que el entrenamiento lo único que hacía era que se apartaran de su lado salvaje y precisamente ese lado es el que les deba más efectividad tenían los monstruos en combate, por lo tanto decidió no invocarlas hasta que estuvieran en situaciones muy apremiantes y peligrosas.

Sin embargo sus compañeros no creían que fuera buena idea puesto a que temían que ese lado salvaje se les revelara y que él no supiera cómo controlarlos y si eso ocurría en medio de un combate contra los ángeles y/o demonios podría perjudicarlos; entendiendo el temor de sus amigos, Nahuel les aclaró que, al ser criaturas materializadas por el accionar de sus pesudo-poderes psíquicos, porque sabía que en parte era gracias a sus facultades mentales y en parte por la ayuda de Atenea, podría controlarlas sin ningún problema y puso como ejemplo el Minotauro que, durante las primeras y posteriores materializaciones también, se comportaba de forma dócil y sólo se enloquecía cuando peleaba de forma amistosa con Silecio porque por un tiempo sabía que no debía lastimarlo, pero con el correr del tiempo su lado salvaje afloraba haciendo que su mente se ofuscara y atacara al dualista panuniversalista como normalmente lo haría con un humano; no obstante ninguno de los tres muchachos entendían la explicación de su compañero por lo que éste tuvo que esmerarse más y tras explicarlo de mil maneras distintas María, Alejandro y Silecio tuvieron que ceder ante la idea de Nahuel porque el joven tenía mucha más convicción en lo que decía que ellos tres juntos, pero con el tiempo esos temores de que los monstruos míticos los atacaran en plena lucha, que el disparo les saliera por la culata, menguaron y no se habló más del asunto.

martes, 15 de marzo de 2016

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo XIV (Parte 1)






El numeroso grupo avanzaba a paso ligero, sin llegar a correr. Labhras, acompañado por Xiao chen y Styrmir encabezaban el grupo, seguido por los ansiosos Berserker, detrás los Dragwolf, entre los cuales se encontraba el único Dragwolf gigante que presentaba heridas por casi todas las partes de su cuerpo, y finalmente el resto de los hombres y mujeres. El caballero iba al frente para indicarles a todos el camino hacia el Cementerio de Justos porque, obviamente, era el único que sabía cómo llegar hasta allí.

                No obstante, quería que los acompañara el vikingo y la mujer porque deseaba decirles algo.
                –Escúchenme, Styrmir y Xiao chen: nosotros no entraremos en batalla, nos defenderemos si es necesario pero no entablaremos combate alguno. Iremos directamente hacia la Tumba Real para que pueda obtener a Excalibur, eliminando a todo aquel que intente evitarlo dentro de la cripta y una vez que tenga la espada en mis manos nos uniremos a la batalla. –les dijo el caballero casi a media voz, cuando estuvieron a mitad del camino.
                –¿Por qué quieres que te acompañemos? –preguntó Xiao chen en el mismo tono de voz– Tienes muchos hombres para escoger…
                –Puede que los Guardianes sean inocentes y estén forzados a luchar, pero si no se rinden los mataremos ya que ellos nos matarían apenas tuvieran la más mínima oportunidad; un enemigo es un enemigo. –aseguró Styrmir en voz baja.
                –Yo tampoco tengo problemas en matar a sus viejos compañeros.
                –No tuvo problemas para liquidar a varios de los míos, menos tendrá para liquidar a todos los Guardianes que pueda. –comentó Styrmir, ocasionando que Xiao chen lo mirara con rabia.
                –No discutan ahora. Si quieren pueden matarse cuando derrotemos a los Guardianes –dijo Labhras con seriedad–. Quiero que ustedes me acompañen porque son las personas que más confío y porque sin guerreros excepcionales; acabarían con la resistencia que nos encontremos dentro de la Tumba Real sin problemas, incluso aterrarían a los Guardianes y no ofrecerán resistencia alguna. Por otra parte no quiero mucha gente dentro de la tumba de Arthur Pendragon. Aunque Merlín haya anulado el conjuro que bloqueaba la entrada puede que haya trampas mortales que no requieren magia para que funcionen y no quiero caer en una o quedar encerrado.
                –Entiendo, pero yo le sugeriría que Xiao chen no fuera con nosotros. –aconsejó Styrmir.
                –¡No voy a robarle las espadas a Labhras! –voceó sumamente encolerizada Xiao chen.
                –No discutan o tendré que herirlos con mi espada –expresó Labhras bastante molesto, produciendo que el vikingo y la mujer se calmaran–. Styrmir, entiendo por qué no quiere que Xiao chen no esté presente cuando consiga a Excalibur, pero confíe en mí cuando le digo que una vez que esté en mi poder ella no podrá hacer nada para quitármela porque tendré dos de las espadas más poderosas jamás vistas por el hombre. Por otra parte, ella me ha dejado claro que no quiere convertirse en la “Señora de las Espadas”.
                –Claro… Después de que se revolcara con usted varias veces. Así cualquiera le dejaría claro que no desea ser algo que en verdad quiere. –comentó el vikingo.
                –¡Miserable! –bramo Xiao chen entre dientes y muy ofendida.
                –¡Suficiente! ¡Los dos vendrán conmigo y punto! –vociferó Labhras.

sábado, 12 de marzo de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo VI: Una pequeña búsqueda fructífera. (Parte final)






El joven pudo comprobar lo apasionada que estaba la mujer por él dado a la intensidad del beso y la vehemencia con que se movía su lengua chocando con la suya. Acto seguido la señorita lo abrazó ardorosamente y obligó al muchacho que la tocara ocasionando que ella hiciera gemidos al tiempo que Nahuel, muy confundido entre la sorpresa, el nerviosismo, la intranquilidad de su tacto al tocar la suave piel de la mujer ya que la tela de su vestido parecía no existir y sus hormonas alteradas, intentaba recobrar la razón rápidamente antes de que su cuerpo cediera ante el capricho de la misteriosa señorita. Increíblemente el muchacho tuvo una sensación de que lo que estaba viviendo, que para cualquier joven de su edad sería lo más grandioso que le pudo haber pasado en la vida, para él era algo extraño y supo quién podría ser su apasionada compañera, si es que él podría llamarla así.
–Dime… ¿cómo… te… llamas? –preguntó Nahuel entre besos muy vehementes mientras que él también la besaba intensamente para seguirle la corriente.
–¿Qué… importancia… tiene… eso? –contestó entre besos la mujer.
–Lo quiero… saber porque… quiero decir tu nombre… cuando estemos a punto… de estallar de placer…
–Mmmm…. Eres bastante apasionado… Me gusta eso… pero… lamentablemente… mi familia me puso muchos nombres… y no sé cuál decirte…
–¿Tienes… un nombre muy largo?
–Sí… muy largo… –afirmó la señorita en medio de un gemido.
–¿Y... uno de tus nombres… no será… Afrodita? –preguntó Nahuel logrando que la mujer abriera sus ojos al máximo en clara señal de sorpresa para luego dejar de besarlo y retroceder unos pasos pequeños hacia atrás.
–Je, je. ¿Afrodita? Je, je… Nunca lo he escuchado –expresó con cierto nerviosismo la señorita.
–Por poco me haces caer ante tus caprichos, pero gracias al Universo pude pensar ante la presión que me imponías me di cuenta que una mujer tan inquietantemente bella apareciera a las orillas del mar en un lugar donde fue presuntamente el nacimiento de una de las diosas más bellas del panteón griego, mejor dicho la más bella, y ahora se me está insinuando muy explícitamente sólo me da una cosa que pensar y eso es que tú no eres ninguna mortal por más que aparentas ser una –razonó Nahuel obteniendo el silencio de la mujer–. ¡Tú eres la diosa del amor lujurioso, y hasta cierto punto pecaminoso, Afrodita! ¡Nacida de la espuma del mar!
–Y yo que pensaba que serías igual que el resto de los mortales. –admitió la mujer.
–¿Eso es un sí o un no? –interrogó Nahuel.
–Claro que sí… Aunque podríamos seguir con lo que estábamos.
–Tal vez tenga una mente abierta, pero las relaciones dioses-mortales no son de mi agrado…
–¿Acaso no te gusto?
–Por favor… mis nervios están a punto de colapsar…
–Está bien, je, je… No hay problema.
–Así que tú eras la causante de la actividad energética que nuestros satélites detectaron…
–Pues quise manifestarme y no sabía cómo.
–¿Y sabes porque nosotros estamos aquí?
–Sí, quieres formar una alianza con muchas deidades antiguas para hacerle frente a los ejércitos de Yahvé y Kasbeel.
–¿Y aceptarás?

martes, 8 de marzo de 2016

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo XIII (Parte única)






Los Guardianes llegaron exhaustos al Cementerio de los Justos. Se sorprendieron porque nadie los siguió, aunque eso los alivió un poco ya que querían descansar un poco antes de seguir combatiendo. Al poco tiempo descubrieron que había menos de mil caballeros, 975 para ser exactos.

                Sir William buscaba con cierta desesperación a sus amigos, aunque evitaba no demostrarlo. Encontró a Christian, Uinseann, Damon, Bartholomew y Edward, pero no había señales de Walter o Conall, por lo que comenzó a preocuparse. Pronto recibió la noticia que no quería escuchar: ambos habían muerto. No supo cómo, pero consiguió mantenerse íntegro a pesar de que se entristeció bastante al oír sobre la muerte de dos de sus amigos. No obstante, se sorprendió bastante al informarle al resto de sus amigos de la lamentable noticia sin quebrarse.

                Todos habían perdido algún amigo en la batalla del pueblo bajo y nadie quería seguir luchando. Algunos contemplaban la posibilidad de entregar sus armas a Labhras bajo la condición de que los Dragwolf no los asesinaran. Empero, todos debían defender la tumba que juraron proteger cuando se convirtieron en Guardianes de la Tumba Real.

                Agotado tanto física como mentalmente, se sentó en una de las lápidas.
                –Señor, tengo que informarle algo. –dijo un Guardián después de acercarse a William.
                –¿El enemigo está bajando la colina? –preguntó el Guardián Jefe sin alzar su mirada del suelo.
                –No, señor. El enemigo aún no ha sido avistado.
                –¿Entonces?
                –Algunos de nuestros compañeros descubrieron que la puerta de la Tumba Real está abierta.
                –¿Qué? –expresó William sorprendido para luego dirigir su mirada hacia la Tumba Real, que se encontraba a menos de cien metros detrás de él, descubriendo que había diez caballeros reunidos en la entrada.
                –Uno de ellos se acercó a la entrada y descubrió que una de las hojas se encontraba medio metro abierta. –informó el Guardián.
                –¿Pero qué sucedió? –preguntó William todavía sorprendido, mientras se levantaba.
                –Creemos que uno de nos… ¿Señor? ¿Adónde va? –dijo el Guardián al tiempo que el Guardián Jefe avanzaba hacia la Tumba real.

domingo, 6 de marzo de 2016

ENTRADA ESPECIAL: Imhara Stheel. La novela de Cynthia Soriano.

¡Hola! ¡Buenos días/tardes/noches! Hoy vengo a traerles una novela escrita por una compañera conocida por estos lares, la cual ha trabajado desde hace casi dos años y hace un poco más de un mes salió a la luz. Se trata de... redoble de tambores *suenan timbales* Dije "redoble de tambores" (pero es lo mismo) ¡No es lo mismo! ¡Redoble de tambores ya! *suenan bombos* ¡No estamos en la clase de folclore! *suenan matracas* Voy a matar al sonidista. ¡TAMBORES! ¡QUIERO TAMBORES! *suena una pandereta*

¡Argh! Ni modo... Bien. Se trata de... Redoble de tam... pandereta....

sábado, 5 de marzo de 2016

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Capítulo VI: Una pequeña búsqueda fructífera. (Parte 2)





Varios minutos después lo muchachos se dirigieron hacia la antesala de las oficinas de los Hijos del Universo con el fin de llegar a la azotea para reunirse con Silecio ya que faltaba muy poco para que se cumplieran los treinta minutos que había dado como plazo el dualista griego.
–¿Están seguros que no hace falta que llevemos las mochilas? –preguntó María mientras el grupo salía de uno de los ascensores pequeños para luego dirigirse hacia la puerta que los conduciría hacia la azotea.
–Él dijo que nos reuniríamos en la azotea, no que nos iríamos de aquí desde arriba del Templo. –respondió Alejandro.
–Por otra parte él no armó su mochila, sea lo que esa que esté tramando no creo que nos vayamos ahora. Más aun sabiendo que dentro de una hora más o menos tendríamos que almorzar. –añadió Nahuel.
–Puede ser… ¡pero ese maldito primo tuyo no nos quiso decir nada! –criticó María señalando a Alejandro.
–No es mi culpa que quiera darnos una sorpresa. –expresó Alejandro justo cuando los jóvenes llegaron al frente de la puerta.
–¿Y qué crees tú, Nahuel? ¿Qué sorpresa puede darnos Silecio? –le preguntó Alejandro.
–Mmm… en realidad no lo había pensado antes, pero viendo que él quería que nos reuniéramos en la azotea del edificio me dice que él quiere mostrarnos cuál sería el medio de… –contestó Nahuel y de pronto se escuchó el ruido del motor de un helicóptero que se escuchaba cada vez más y más cerca como si la aeronave se aproximara al edificio por lo que los muchachos se dirigieron rápidamente a la terraza del Templo y observaron como un helicóptero estaba acercándose a la edificación para aterrizar en el helipuerto del mismo creando un gran torbellino de polvo por culpa del viento que generaban las hélices lo que impedía a los Caballeros ver quién era el que piloteaba la aeronave o si Silecio estaba dentro de ella, luego de que el helicóptero aterrizar el piloto apagó el motor y cuando las hélices redujeron su movimiento hasta tal punto de detenerse, Nahuel, María y Alejandro se aproximaron a la aeronave para saber si el primo de Alejandro estaba dentro de ella y antes de que pudieran ver por la ventanillas, la puerta de la cabina se abrió y salió el piloto causando que los tres dualistas argentinos se llevaran una gran sorpresa: el piloto no era otra persona más que Silecio.
–¡Justo a tiempo! ¿No? ¡Pensé que tardaría más tiempo del que les había dicho! –comentó el dualista griego.
–¡¿Tú sabes manejar helicópteros?! –preguntó María con incredulidad por la sorpresa.
–Sí, hace un par de años tomé un pequeño curso de manejo de helicópteros para que se pudiera utilizar éste helipuerto y como era muy bueno terminé el curso rápidamente y desde entonces me encargo de hacer las encomiendas aéreas que los Hijos del Universo me dan como llevar algunas armas o equipos a al cuartel del ejército dualista en el monte Taigeto entre otros. –contestó Silecio con normalidad.
–¡¿Por qué no nos dijiste nada?! –replicó Alejandro sin salir de su sorpresa.

martes, 1 de marzo de 2016

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo XII (Parte final)





Mientras tanto, dentro del Gran Salón, la Guardia de la Torre se organizó formando tres filas en la mitad del lugar. Su líder, la “Dama de la Torre”, se ubicó detrás de sus pares y los animaba hablándoles telepáticamente. Entretanto, Merlín y las Reinas-Hadas estaban parados delante de sus tronos, preparándose para atacar apenas Labhras y su ejército entrara al recinto.

Uno de los Druidas les alertó a los soberanos de Ávalon la proximidad del enemigo, ocasionando que todos se organizaran. Los 120 Druidas que conformaban la Guardia de la Torre aparecieron rápidamente en el Gran Salón y se ordenaron según la Dama de la Torre les pidió. Todos estaban sorprendidos que hubieran Druidas apoyando a Labhras. Los soberanos de Ávalon pensaron que tal vez el misterioso hechicero que acompañaba al caballero logró reunir a ese grupo de Druidas, sin que Alator o Etriel lo supieran, y los hizo aparecer después del ejército de Labhras desembarcara en la isla. Desesperadamente intentaban comunicarse con Etriel para informarle sobre lo que ocurrió, esperando que él encontrara a más traidores, pero no lograban comunicarsel.

De pronto, la Guardia de la Torre se puso en alerta, al igual que los soberanos de Ávalon ya que sentían a los Druidas muy cerca de la entrada principal de la torre del homenaje. Era cuestión de tiempo para que abrieran la puerta e ingresaran atacando. Sin embargo, los Druidas enemigos no se movían de su posición. La tensión del ambiente era palpable. El silencio era terriblemente incómodo porque el primer sonido que escucharían sería el ataque de sus enemigos.

Los segundos pasaban lentamente y nada ocurría. La Guardia de la Torre y los soberanos de Ávalon no iban a realizar el primer movimiento. Se quedarían en sus lugares todo el tiempo que fuera necesario, incluso días, pero bajo ningún punto de vista arremeterían primero.

Sorpresivamente los aprendices de Etriel aparecieron a diez metros delante de la Guardia de la Torre y extendieron sus brazos hacia ellos, ocasionando que todos fueran empujados violentamente, cayendo de espaldas al suelo. Seguidamente apareció Etriel delante de sus aprendices, aunque con su capucha puesta, que le cubría su rostro por completo, y miró hacia Merlín y las Reinas-Hadas, ocasionando que los diez se paralizaran antes de atacar a sus enemigos.

La Guardia de la Torre se irguió rápidamente y se abalanzó contra los traidores, pero los aprendices de Etriel los detuvieron extendiendo nuevamente sus brazos hacia ellos con fuerza para luego mover uno de sus brazos como si dieran un gancho, produciendo que varios rayos aparecieran de la nada y fulminaran a varios Guardias de la Torre. De esta forma los aprendices de Etriel acabaron con toda la Guardia de la Torre hasta que quedó la Dama de la Torre, quien veía con espanto como uno a uno sus compañeros iban muriendo sin que pudiera hacer algo para evitarlo puesto a que sentía su cuerpo mucho más pesado de lo normal y lo máximo que pudo hacer fue incorporarse.

Con casi toda la Guardia de la Torre liquidada, Etriel alzó su brazo izquierdo, inclinándolo hacia adelante, sin dejar de mirar a los aterrados señores de Ávalon. La Dama de la Torre dejó de sentir su cuerpo pesado y de repente comenzó a levitar hasta que quedó a un par de metros del suelo. En ese momento Etriel contrajo los dedos de su mano izquierda, como si estuviera agarrando un objeto esférico y la Dama de la Torre se agarró su cuello al tiempo que emitía sonidos extraños, como si algo la estuviera ahorcando, sus piernas daban patadas sin control y su cuerpo se estremecía.