sábado, 28 de noviembre de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Tierra de pasiones. Prólogo: Visiones oníricas.




Pocas son las personas que conocen el verdadero significado de los sueños y muy pocas sobre su origen. En la antigüedad, los sueños no eran representaciones en la fantasía de sucesos y/o imágenes mientras se duerme, como se sabe ahora, o simple fantasía o algo trivial, eran advertencias de un futuro, cercano o remoto, feliz o trágico, que servían para mantenerse atentos en el presente de modo que los que los tenían modificaran su conducta para mejorar su futuro o bien proseguir en el camino y no caer en una desgracia mayor. Pero muchas de aquellas personas no podían interpretarlas aunque parecieran ser visiones más que claras en ese momento, al despertar tenían muchas dudas sobre su significado y es que el consciente y el inconsciente, como si estuvieran jugando con la persona o cual trampa del destino, son diferentes y “actúan” en distintos momentos de la vida del hombre: mientras que el consiente trabaja cuando el sujeto está despierto, el inconsciente tiene sus dominios en el estado de relajación más absoluta del mismo, el sueño; por lo que pareciera que nunca se encontrarán en un mismo lugar pese a que “conviven” en el mismo espacio físico: la mente.

Los hombres y mujeres que tenían sueños premonitorios que advertían de un peligro mayor o que querían decir algo que no podían entender conscientemente recurrían a personas que supuestamente conocían sobre ésta clases de sueños algo perturbadores y podrían arrojar algo de luz sobre ellos y dilucidar el misterio. Las respuestas eran diferentes, inconclusas hasta tal punto de ser más inentendibles que el sueño en sí, o bien eran acertijos que brindaban más dudas que certezas, dejando a la persona más confundida y sin saber cómo prevenirse sobre lo que vendrá, o alguno que otro, más pensante y lúcido comprendió su significado logrando evitar un destino funesto o fatal, mientras que algunos entendieron el significado pero ya era demasiado tarde y el destino se le presentó, sin resquicios, con total prepotencia sin que pudiera haber escapatoria creando con callejón sin salida donde los muros son tan altos que en ese preciso instante cualquier esperanza de huida se destroza en cientos de pedazos y la subyugación es el único camino. Con el tiempo esos sueños dejaron de cobrar importancia porque la razón comenzaba a ganar terreno y como no pueden coexistir la lógica y la fantasía en un mismo sitio, la lógica reemplazó con total eficiencia a la fantasía, relegándola hacia las artes o, en el peor de los casos, a la insania mental humana. Sin embargo, los sueños premonitorios continuaron siendo vigentes en el inconsciente colectivo humano hasta nuestros días ya que una vida sin misterios y sucesos que sólo se explicarían por medio de ideas fantásticas, irrisorias e increíbles no sería una vida.

martes, 24 de noviembre de 2015

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo VI (Parte final)




Al cabo de un tiempo, sir William y sir Bartholomew estaban reunidos en la habitación del primero.
–Al final tenías razón… –dijo William sentado en su cama y con la mirada clavada en el suelo a Bartholomew.
–Y ahora todos lo saben. –afirmó Bartholomew casi recuperado de su sorpresa.
–No parece que todo lo que oíste te afectó. Te vi y actuabas como si hubieras oído algo normal.
–Quedé demasiado sorprendido, pero no lo manifesté. Aunque tal vez el impacto no fue mayor porque ya lo intuía.
–¿Qué haremos ahora?
–Creo que ya sabes, pero no quieres admitirlo.
–¿Y quién querría admitirlo?
–Nadie, pero tú eres nuestro líder y como tal no puedes mostrarte vacilante.
–Ya no quiero ser el Guardián Jefe.
–Si renuncias será peor que si te mostraras débil ante lo que supiste.
–No me importa. De todos modos nadie querría ser el Guardián Jefe porque eso significaría buscar a Labhras y cazarlo como si fuera un animal y enfrentarse contra él cuando esté en el castillo.
–Hay varios que harían todo lo que dijiste sin dudar. Tú eres quien no quiere hacerlo.
–¡¿Cómo pretendes que ataque a mi amigo?! –bramó William, levantándose de su cama de un salto al tiempo que dirigía su furiosa mirada hacia su compañero.
–Sabes que en algún momento tendrás que enfrentarte a Labhras y deberás… derrotarlo si no quieres que él cumpla con su destino…
–¡¿Evitar que cumpla con su destino?! ¡¿Es en serio?! ¡¿Lo dices en serio?! ¡Nada ni nadie evitará que el cumpla con lo que debe hacer! ¡Nació para eso!
–Recuerda que en la misma noche que él nació otros veinte niños también…
–¡Y él fue el único que sobrevivió! ¡Las Reinas-Hadas  y Merlín pensaron que ya habían liquidado al niño que lo destruiría, pero en vez de eso se sentenciaron a muerte a sí mismos! –exclamó William para luego dirigirse hacia su compañero y agarrarlo por debajo del cuello de su camisa– ¡Si ellos no pudieron liquidar a Labhras cuando tuvieron la posibilidad nadie podrá hacerlo, ni siquiera yo! ¡Moriré apenas él me dé la primera estocada! ¡Y todavía no dije lo peor: ninguna de las armas que poseemos puede atravesar su maldita armadura! –agregó sacudiendo a Bartholomew.
–Eso no significa que no puedas vencerle.
–¡¿Tú crees que puedo vencerle?! ¡¿Crees que yo le impediré que cumpla con su destino?! ¡¿Piensas que tengo una maldita posibilidad de ganarle aunque fuera por un pequeño error que él cometa?!
–¡Si quieres saberlo, no! ¡No le vencerás! ¡Pero es mejor tener la esperanza de que le vencerás a que esperar el momento en que él se ponga delante de ti para que te pongas de rodillas y él te corte la cabeza de un tajo! –gritó Bartholomew, produciendo que William lo soltara.

martes, 17 de noviembre de 2015

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo VI (Parte 1)




El grupo que lideraba William regresó antes de lo previsto al castillo y rápidamente el Guardián Jefe pidió una reunión con Merlín y las Reinas-Hadas. Unos minutos después, en el Gran Salón se encontraban los soberanos de Ávalon, el Guardián Jefe y sir Walter, ya que él era el único que vio a Labhras. Para evitar que todo el castillo se enterara del regreso de Labhras, William hizo jurar a todos los Guardianes que lo acompañaban, justo antes de partir del puerto de la isla, que no dirían nada a nadie, ni siquiera a sus compañeros, hasta que él o las Reinas-Hadas o Merlín ordenaran lo contrario.

Cuando los soberanos de Ávalon oyeron a sir Walter su encuentro con Labhras y lo que éste le dijo, quedaron sumamente impactados y algo aterrados.
–Te lo vuelvo a preguntar, sir Walter, ¿está seguro de que la persona a la que se enfrentó era Labhras? –preguntó William sin poder creer todavía lo que dijo su compañero.
–¡Claro que sí, William! ¡Yo sé muy bien lo que vi! ¡Era él! ¡No sé por qué no me crees! ¡Si hubiera sido otra persona o una criatura horrenda invocada con magia lo diría! –exclamó Walter sumamente enfurecido.
–Cálmese, Guardián. Lo que dijo usted es muy difícil de creer y por eso el Guardián Jefe no está seguro si lo que dice es verdad, pero no es por usted sino por lo que dice. –dijo Merlín intentando calmarlo.
–¡Pero me miran como si estuviera mintiendo! ¡Y William no me cree por más que le cuente con lujo de detalles lo que sucedió!
–Debería entender que Labhras debió haber muerto cuando el barco donde se encontraba avanzó hacia el Anillo de la Serpiente. Que aparezca de la nada y acompañando a los Dragwolf es algo increíble y es natural que muchos duden. Empero, como usted lo cuenta de forma sincera no lo quieren tratar de embustero sino que prefieren dudar.
–Además recuerde que sir William es su superior. Debe referirse a él como corresponde. –regañó Morgana.
–No importa, lady Morgana. Sir Walter está enfurecido y se le olvida cómo hablarme –dijo William, defendiendo a su compañero–. Dejando eso de lado, hay algo que no me ha contado y que dijo que lo haría frente a Merlín y a las Reinas-Hadas porque era algo muy importante y… espeluznante, sir Walter.
–Sí y es lo más increíble de todo. Por culpa de eso perdí mi enfrentamiento contra Labhras.
–¿Y qué es? –preguntó Morgause intrigada, como sus pares.
–Su armadura… era… impenetrable… –contestó Walter con terror.
–¿Impenetrable? ¿Cómo? –preguntó Nimue desconcertada.
–¡Mis armas no pudieron atravesarla! ¡Le di golpes tan fuertes con mi mangual que le hubiera quebrado los huesos, le di poderosos hachazos que le hubiera cortado los brazos y la armadura no sufrió ni un pequeño raspón! –vociferó Walter aterrado y sin creerse lo que él mismo decía, produciendo que los demás quedaran pasmados.
–¿E-en verdad no pudo atravesar su armadura? –preguntó William patidifuso.
–¡Ni siquiera una pequeña abolladura! ¡No sé qué tenía esa armadura! ¡Tú sabes, William, lo fuerte que soy! ¡¿Cuántas veces he atravesado  las armaduras de nuestros compañeros y cuántas veces he abollado algunas hasta quedar inservibles?! ¡La armadura de Labhras poseía una resistencia insólita! ¡Por más que lo atacaba la misma no cedía ni un poco!
–¡Eso es imposible! –gritó Lois sorprendida.
–¡Es verdad! ¡Gracias a eso él me venció!
–¡La única forma que esa armadura no hubiera cedido ante los impactos es que estuviera hechizada! –pensó Eleaine.
–Es lo más lógico –asintió Cairenn–. ¡Ese maldito hechicero misterioso debió encantar su armadura! –agregó para al instante siguiente taparse la boca con sus manos ya que había dicho algo que no debía saber sir Walter.
–¿Hechicero misterioso? –preguntó el caballero desconcertado.

martes, 10 de noviembre de 2015

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo V (Parte final)




                 Minutos después de que se recostara y meditara sobre la última parte de su plática con la mujer, entendió que ella estaba en lo cierto. Thyrfing trataba de dominarlo y eso quedó demostrado durante esas noches que el arma le gritaba. Nuevamente volvió a cuestionarse si él era ese tal “Señor de las Espadas”. Comenzó a pensar que hasta ahora tuvo mucha suerte y que gracias a eso pudo escapar de Merlín, las Reinas-Hadas y sus compañeros de Pelarbem, atravesar el peligrosísimo Anillo de la Serpiente, viajar por la tierra de los vikingos en compañía de unos nativos que aceptaron llevarlo hasta su destino, haber sobrevivido a la invasión de los temibles y poderosos Jotuns, haber conseguido a Thyrfing, poder regresar a Ávalon y reunir un gran ejército de Dragwolf, aparte de no ser aniquilado por estos.

                Entendía que eran muchas coincidencias para que sólo fueran eso. Cualquiera podría pensar que él era “el Señor de las Espadas” y que su corazonada de que Etriel lo ayudaría sería cierta. No obstante ha conocido gente y ha oído historias de personas que han tenido mucha suerte durante toda su vida, pero que también ha sufrido grandes reveces por culpa de la caprichosa dama fortuna. Quizá su “revés” sería dirigirse hacia Alfheim.

                Las dudas le carcomían la mente y su alma. Tenía mucho miedo de que todo lo que hizo hasta ahora fue en vano, que lo único que consiguió fue cumplir los deseos de un loco que nunca los verá porque ahora era alimento para los gusanos, que trajo con él un centenar de hombres de una tierra distante para nada, que mató a dos de sus compañeros en la entrada de Pelarbem sin motivo alguno y que ocasionó la muerte de varios más en Flaburdick sólo para el disfrute de sus eternos enemigos.

                De repente, Thyrfing comenzó a reír en voz baja. Labhras la oyó y se enfureció con ella. Sintió que el arma se estaba burlando de él, pero decidió ignorarla y comenzar a buscar razones para que creyera que él era el “Señor de las Espadas” y así callarla, teniendo presente que tal vez eso ocasionaría que la risa se empezara a oír con estrépito, enloqueciéndolo hasta tal punto que Xiao chen se despertaría y se jactaría de que tenía razón, cosa que no le permitiría que se olvidara por mucho tiempo. No obstante, cuando menos se dio cuenta se quedó profundamente dormido.

jueves, 5 de noviembre de 2015

ENTRADA ESPECIAL: ODIO PURIFICADO.

¡Hola! Buenos días/tardes/noches. he aquí el tercer y último relato prometido. Espero que lo disfruten, al igual que los anteriores. ¡Saludos!



Aclaración: La "Misantropía Unida" que se mencionará en este relato no guarda relación alguna con la que aparece en "Historias del universo".






                “Cuando se creía que la Misantropía Unida marchaba por el buen camino, varios Misántropos se percataron de que muchos estaban retrocediendo, regresando sobre sus pasos, dirigiéndose hacia la senda que juraron nunca transitar. La caída de <El Pastor>, una de las facetas que usaba el Demonio Sociedad para controlar las voluntades humanas, demostró que la religión no podía coexistir con las ideas de la nueva raza humana. Sin embargo, y de alguna manera, intentó resucitar infiltrándose en el corazón del ideal misántropo: el Ángel Liberador.

                Señales visibles y alarmantes procedían desde el sitio menos pensado, la legendaria Legión 513 de Italia. Los más de cinco mil Misántropos que la conformaban, comandadas por Leone Aurelio Colombetti, era, como todos saben, la legión más poderosa, terrorífica y efectiva de la Misantropía Unida. Lograron unir a los Misántropos italianos y dominaron toda Italia, incluso amenazaron a la casi extinta religión católica en el Vaticano y a su intento de salvación, Ecclesia. En el pecho de cada Misántropo tenía una representación dorada del Ángel Liberador que casi cubría dicha parte del cuerpo. Ellos atacaban invocando al enemigo número uno del Demonio Sociedad, quemaban a los Dominados con sus lanzallamas, que para ellos eran las armas sagradas por excelencia, y se entregaban al Odio más puro. Empero, esto ocasionó que poco a poco los miembros de la Legión 513 se convertían en fanáticos de una religión que estaba surgiendo lentamente.

                Para evitar que la historia se repitiera y evitar males mayores, un grupo de Misántropos de diversos países formaron una sociedad que, con el correr del tiempo, sería uno de los bastiones de la defensa de los Misántropos y su ideología: los Intelectuales Misántropos.

                Expertos en varias ramas de la filosofía occidental y oriental, hábiles oradores y de una agudeza sin igual, se adjudicaron a sí mismos la misión de organizar el ideal Misántropo, proteger lo dictaminado por el Derecho Misántropo y mantener el desarrollo del Odio en su curso natural. De esta forma creían que el concepto del Ángel Liberador no caería en una simple ideología religiosa, carente de todo sentido y anticuada para los tiempos que corrían y corren en la actualidad.

                Cumplieron con éxito sus objetivos y con creces. No pasaría mucho tiempo para que en la incipiente ciudad de Irdhalia se creara una pequeña academia para la enseñanza, instrucción y formación de nuevos Intelectuales Misántropos con el fin de continuar la tarea que dejaron sus antecesores.

                El desafío fue grande en su tiempo y lo es aun hoy en día. De una cosa es segura: si no fuera por los Intelectuales Misántropos, la humanidad se hubiera destruido mucho antes de la llegada del Odio Purificado…”

Fragmento del prólogo del libro “Del ocaso del Corrupto y el surgimiento del Odio Purificado” del historiador e Intelectual Misántropo Gnagne Kamdem.

martes, 3 de noviembre de 2015

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo V (Parte 1)




Apenas los primeros Dragwolf del grupo asomaron en el punto más alto de la “rampa” que daba acceso a Armifra, los que se encontraban en el valle clavaron sus miradas en ellos, esperando ver a Labhras entre ellos, sobre todo Styrmir, los Berserker y Xiao chen. Cuando vieron al caballero, todos lanzaron gritos de alegría, mientras que los vikingos y la mujer suspiraron aliviados.

                Una vez que Labhras llegó y dijo que los Dragwolf que lo acompañaban se unían a ellos, la multitud gritó eufórica. Sin embargo, los Dragwolf de la meseta le dijeron a Labhras que no se quedarían en Armifra porque debían dirigirse hacia sus aldeas para informarles a sus pares que se irían para asediar el castillo de Ávalon y para llevarse el botín de guerra. Empero, Labhras les pidió que les dejaran los once caballos que habían encontrado para que sus pares del desierto los montaran y se acostumbraran a andar sobre ellos. El caballero sabía que si se los llevaba nunca más los volvería a ver, no porque los convertirían en alimento para los Arenosos, ya que ellos no poseían esas criaturas, sino porque los matarían para comer su carne.

                Los Dragwolf aceptaron darle los caballos y cuando estaban a punto de marcharse, los demás Dragwolf los detuvieron y empezaron a discutir por el resto del botín. El mismo no constaba de algo valioso. Aparte de los caballos, había partes de armaduras y varias armas que pertenecían a los ochenta y ocho Guardianes que perdieron la vida defendiendo Flaburdick, nada más. Empero, los Dragwolf discutían como si hubiera oro o joyas.

                Labhras intervino rápidamente y les permitió a los Dragwolf de la meseta llevarse el botín, diciéndoles a los del desierto que si les dejaban irse con todo tal vez traerían más hombres. Los Dragwolf del desierto no estaban conformes con eso, pero tuvieron que aceptarlo ya que era más importante tener más hombres que unas cuantas armaduras y armas. Feliph le advirtió a Labhras que lo que hizo no cayó bien en sus pares y que tal vez ayudaría a Ratlith a conseguir más personas para revelarse, pero el caballero aseguró que no pasaría nada porque a fin de cuentas el botín era insignificante.