martes, 27 de octubre de 2015

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo IV (Parte final)




                Inmediatamente Labhras atacó, pero Walter evadió la espada de su contrincante justo a tiempo haciéndose a un lado. Al instante siguiente el Guardián le dio un fuerte hachazo de su enemigo en el brazo derecho con el fin producirle una herida o en el mejor de los casos cortarle un brazo, pero lo único que consiguió fue que el brazo de su contrincante bajara violentamente, sin que la parte de la armadura que protegía esa parte no sufriera daño alguno.

                Labhras se recuperó rápidamente y embistió a su viejo compañero, pero no logró mucho ya que Walter era más fuerte que él y solamente retrocedió un paso. Al ver que su movimiento fue en vano, atacó con su espada, pero Walter la repelió usando su hacha y acto seguido usó su mangual de nuevo, pero Labhras la esquivó a tiempo.

                Luego de eso ambos luchaban con todas sus fuerzas. Walter intentaba lastimar a su contrincante antes de que éste lo matara, pero lo único que quería Labhras era cansarlo hasta que ya no pudiera continuar combatiendo. El Guardián le propinó muchos golpes a su enemigo, pero la armadura continuaba quedando intacta, haciendo que cada golpe fuera más intenso que el anterior, esperando que alguno venciera la insólita resistencia de la armadura. Labhras, que no recibía ninguna herida, soportaba el castigo que le estaba dando su viejo compañero. Cada golpe hacia que su cuerpo se estrellara contra la armadura, haciendo que le doliera bastante todo su cuerpo. Asimismo evitaba lanzar algún quejido de dolor para que Walter no ser percatara quien era.

martes, 20 de octubre de 2015

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo IV (Parte 2)




                Labhras no veía la hora para aparecer con su armadura en ese pueblo que sería saqueado por los Dragwolf. En su cabeza se imaginaba el terror que sentirían las Reinas-Hadas y Merlín cuando se enteraran que una persona pertrechada con una armadura casi idéntica a la de los Guardines no hizo absolutamente nada cuando los Dragwolf arrasaron ese poblado. La opacidad de la armadura podría hacer que los habitantes dudaran si en verdad era un Guardián el que habían visto, pero de todos modos se lo informarían a los soberanos de Ávalon.

                Le parecía una lástima que no hubiera Guardianes en ese pueblo ya que el efecto sería más demoledor moralmente. Ellos lo verían y no sabrían que hacer puesto a que nunca vieron a uno de los suyos llevar una armadura un poco más opaca que las que tenían y tendrían miedo de que fuera un extraño Dragwolf que consiguió una armadura o que se fabricó una, haciendo que pensaran que los Dragwolf estaban evolucionando y que pronto aparecerían más “Dragwolf con armaduras”.

                Tendría que conformarse con asustar a los habitantes del pueblo y esperar para observar las consecuencias de su aparición. Sin embargo, antes tendría que pasar una noche con unos Dragwolf que desconfiaban de él más que Ratlith. Debía estar siempre alerta para evitar que lo atacaran por sorpresa. Su armadura lo defendería de cualquier ataque que pudieran hacer los Dragwolf de la meseta, pero si muchos se abalanzaban sobre él podrían quitarle el yelmo y así podrían matarlo.

                Al cabo de un rato, Labhras y los cien Dragwolf de la meseta se unieron con los otros doscientos que esperaban en la base de la “rampa” que conducía hacia la entrada de Armifra y seguidamente marcharon hacia su destino. Al llegar al cruce de camino el grupo tomó al que se dirigía hacia el noroeste. Unas pocas horas después, estaban marchando entre las montañas del Muro de Emrys.

                Esa cordillera es muy difícil de atravesarla. Merlín elevó la tierra de una manera tal para que las montañas fueran tan traicioneras que todo aquel que intentara atravesarlas tuviera una muerte sorpresiva por caer de un precipicio en cuyo fondo se encuentran afiladísimas rocas. Asimismo, el terreno era muy accidentado, causando que actuara como una razón para que aquellos que tuvieran la osadía de cruzarla se lo pensaran dos veces antes de hacer los primeros pasos.

martes, 13 de octubre de 2015

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo IV (Parte 1)




Labhras no pudo dormir en toda la noche. Cada vez que parecía que conciliaba el sueño, la oscura y gutural voz de Thyrfing lo despertaba. El caballero trataba de ignorarla, pero al hacerlo el arma le gritaba de forma horrible, haciendo que se le helara la sangre. Él no comprendía que sucedía.

                Algunas noches oía la voz del arma, como si le estuviera susurrando algo, no obstante la ignoraba y podía seguir durmiendo. Empero, esa noche quería ser escuchada. Aparte de la oscuridad en su voz, tenía que soportar su desconocimiento del idioma en que le hablaba. Por lo poco que sabía, entendía que decía frases en vez de decir la palabra “destrucción” como lo hacía desde que la consiguió y era la misma palabra que le susurraba durante las noches en que la oía.

                Posiblemente quería decirle algo, pero sabía perfectamente que debía ignorarla. “Nada bueno puede decirme”, pensaba mientras intentaba ignorar la voz que cada vez que lo hacía aumentaba su tono hasta alcanzar gritos desaforados.

                Pensó que el arma se percató de sus preocupaciones e intentaba usarlas en su contra. En esos momentos maldijo a Xiao chen ya que le echaba la culpa de lo que estaba ocurriendo. De repente, creyó haber encontrado la manera de callar el arma y era repitiendo la frase que le había dicho el difunto Bastugitas: “¿Cuánta verdad seré capaz de soportar?”. Sabía que la frase lo “prepararía” para el momento en tendría que unir a Thyrfing y Excalibur, evitando que “la Verdad” fuera demasiado para él y lo destruyera, sin embargo, él sentía que esa pregunta podría ayudarlo en la situación en que se encontraba, así cómo le ayudó cuando tomó por primera vez a Thyrfing.

                Comenzó a repetir con intensidad la pregunta mentalmente, suscitando que la voz de la espada empezara a gritar con más fuerza, como si supiera que él intentaba hacer algo para ignorarla. Cuando menos se lo esperó, el caballero se hallaba en una lucha porfiada. Era imposible saber si le estaba ganando a la espada o viceversa, pero iba a reiterar esa pregunta hasta que hiciera callar a Thyrfing, incluso si la “contienda” durara toda la noche y no pudiera pegar un ojo.

                Finalmente, cuando menos se lo esperó, la espada se calló, produciendo que Labhras pudiera dormir tranquilamente. Pero a los pocos segundos se percató que estaba amaneciendo por lo que sólo podría dormir unos pocos minutos. Casi media hora más tarde, Styrmir lo despertó, ocasionando que no tuviera más opción que levantarse. No podía decirle lo que ocurrió durante la noche porque estaría dándole a él y a Xiao chen que la espada le estaba influenciando, algo que no quería admitir porque intentarían apartársela, causando que la mujer tuviera una oportunidad perfecta para robársela.

martes, 6 de octubre de 2015

El Señor de las Espadas (Libro III): Capítulo III (Parte final)




Labhras estaba algo nervioso. Presentía fuertemente que dentro de poco se encontraría con los habitantes de la aldea junto con los habitantes de otras aldeas para al segundo siguiente combatir contra ellos. En el caso de ocurrir eso, podía recurrir a Thyrfing para asustarlos un poco, pero si la desenvainaba tendría que matar a una cantidad indeterminada de Dragwolf para evitar que la maldición del arma cayera sobre él, produciendo que fuera una mala idea si tendría que aniquilar a muchos. Por otra parte, podía desenvainar su otra espada y luchar con normalidad, confiando que la insólita resistencia de su armadura asustara bastante a sus oponentes, tanto que harán detener el combate. No obstante, hacer esto podría demandarle mucho tiempo. Hasta ahora no vio a ningún Dragwolf contra los que luchó rendirse por descubrir que sus armas no podrían penetrar su armadura. Boldur era una prueba de ello.

Minutos después de que todos se alejaran un poco del pueblo, se encontraron con una pendiente descendente no tan pronunciada que poseía una sorpresa: su suelo era compuesto por muchas rocas de diversos tamaños y las rocas no se detenían cuando terminaba la pendiente sino todo lo contrario, el suelo era totalmente rocoso.

A los Berserker, a Xiao chen y a Labhras no les gustaba ese terreno. No había que ser un sabio para entender que ese terreno era el peor para combatir. Un paso en falso y terminaban en el suelo para después ser rematados por el enemigo. Nadie creía que no combatirían contra los Dragwolf de la meseta, por lo que el terreno les jugaba en contra, aunque también desfavorecía sus adversarios. Sin embargo, los Dragwolf que acompañaban a Labhras no les importaba mucho el suelo rocoso. Ellos ya habían batallado en un terreno así y sabían cómo moverse en un sitio tan desfavorable.

Sin perder el tiempo el grupo continuó su marcha aunque desplazándose con cautela. Debían tener mucho cuidado donde pisaban o de lo contrario sus pies se atorarían o resbalarían y caerían al suelo llevándose un buen golpe. A pesar de todo, estar en ese terreno era buena señal ya que faltaba poco para llegar a Armifra.

Un rato después, llegaron a un cruce de caminos. Tenían tres caminos para elegir, dos de los cuales se encontraban a la izquierda que estaban separados por una gigantesca roca y el tercero a la derecha. Feliph le dijo a Labhras que había que tomar el de la derecha y seguir caminando hasta encontrar una pendiente ascendente que los conduciría  a la entrada del valle fértil. Acto seguido el grupo viró hacia la derecha, estando atentos para encontrarse con los Dragwolf.

domingo, 4 de octubre de 2015

ENTRADA ESPECIAL: O.M.A.C. (Oficina Mundial de Anti-Corrupción)

¡Hola! Muy buenos días/tardes/noches. Con un poco (bastante) de retraso les traigo el segundo relato prometido. Ojalá les agrade y recuerden que esto es una pequeña parte de algo más grande. ¡Saludos!


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                Hoy es uno de esos días en lo que cuesta levantarse, donde es mejor seguir refugiado debajo de las sábanas y dejar que los minutos se escurran como les plazca mejor. Sin embargo, no puedo darme ese lujo, por lo menos no hoy. Hace dos semanas que me despierto con esta sensación de cargar un gran y agobiador peso en mis hombros, aunque hoy pesa más porque hoy es el día que todos esperan.

                Me levanto a regañadientes y comienzo a prepararme para el largo día que tendré por delante. Me baño con agua bien fría, tengo que pensar muy bien y el agua fría, esa que te hace contraer todos los músculos me genera la concentración que necesito. Maldigo el día en que accedí a convertirme en el sucesor de Sergei  Berezutski

                Mi nombre es Niccolò De Luca, aunque para el mundo soy Albino Luciani VII, Director General de la O.M.A.C (Oficina Mundial de Anti-Corrupción). Es uno de los cargos más poderosos y peligrosos del planeta. Una gran responsabilidad que de no desempeñar bien las funciones adquiridas pueden poner al mundo patas arriba.

                Hace casi 200 años atrás existió un joven soldado de la OTAN, llamado Evino Gaetano Fabbri, que decidió desertar luego de descubrir que luchaba del bando equivocado. Combatió apoyando a gobiernos corruptos, empresas multinacionales sin escrúpulos y grupos fundamentalistas de diversas religiones que poseían lobbys que hubieran asombrado hasta el más estoico. Resolvió unirse a los Misántropos en su lucha contra el Pastor, uno de los cuatro enemigos de la raza humana y uno de los vástagos del terrible Demonio Sociedad, archi-enemigo del Ángel Liberador. Sin embargo, temiendo que los Misántropos se volvieran tanto o más corruptos cuando vencieran tomó una decisión más arriesgada.

                Echando mano a su herencia mandó a construir un edificio en las costas de la ciudad de Anzio y fundó allí una organización que se dedicaría a la lucha de la corrupción mediante un sistema judicial universal, con el fin de que funcionara en cualquier país del planeta independientemente de cómo fuera su sistema judicial. La bautizó como Oficina Mundial de Anti-Corrupción.

                Sabiendo que si adquirían más poder su organización podría corromperse, estableció una serie de normas que procedían de tres palabras usadas por un antiguo sacerdote procedente de las Dolomitas, que con el tiempo, y sin que se lo propusiera, llegaría al sitial más alto de la Iglesia Católica. Esas palabras eran: “Deliberar, Decidir y Ejecutar”. El hombre que las usó en una de sus famosas cartas era Albino Luciani.

                Con el correr del tiempo Fabbri y su grupo eliminó buena parte de la corrupción de varios países, tanto del lado de los Misántropos como del lado de los “Dominados” del Demonio Sociedad. Pronto, lo que comenzó con un edificio de pocas oficinas fue ampliándose y la estructura de organización fue haciéndose más compleja. Asimismo, el mundo poco a poco se olvidaría el nombre de Evino Gaetano Fabbri y en su lugar sería llamado Albino Luciani.