martes, 30 de junio de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo XV (Parte 1)



Durante los dos meses que duró el viaje de regreso al navío con el que llegó, Labhras y sus compañeros tuvieron que soportar varias nevadas y tuvieron algunos enfrentamientos con los Durabling y Terlfarg, que gracias a los Berserker no duraban mucho puesto a que los enemigos huían despavoridos al observar a sus compañeros sucumbir ante la ferocidad casi inhumana que presentaban los particulares vikingos.

                En ese tiempo, Labhras estuvo obligado a aprender el idioma de los vikingos. No porque Styrmir se lo sugirió sino porque como estaría con ellos un buen tiempo debía aprender su lengua para comprenderlos, además para darle órdenes sin necesidad de recurrir a Styrmir, ya que no estaría con él todo el tiempo. Al principio decía unas cuantas palabras sueltas, formando oraciones muy básicas, pero luego de dos meses, el caballero ya hablaba con cierta fluidez, sin embargo, para que pudiera entender a sus compañeros debía pedirles que hablaran pausadamente con el fin de que pudiera detectar las palabras y traducirlas mentalmente para saber qué estaban diciendo.

                Con respecto a Xiao chen, ella tuvo que cuidarse de los Berserker. En más de una ocasión notó que varios hombres la miraban con lascivia, por lo que estaba siempre alerta ya que creía que si se descuidaba podría ser violada. Labhras, sintiendo el temor de la mujer, se mantenía cerca de ella, tocando la vaina de Thyrfing con una de sus manos, muy cerca del guardamano, haciendo que los Berserker dejaran de mirarla, haciéndose los distraídos.

                Para la desgracia de ambos, estaban solos. Styrmir, por razones obvias, no iba a defenderla y Labhras no podía estar todo el tiempo encima de ella. El peligro se acrecentaba en la noche, donde algunos hombres podían colarse en la tienda donde dormía Xiao chen sola y violarla sin que nadie se enterara. Labhras no podía dormir con ella y no deseaba hacerlo, por lo que instalaba su tienda muy cerca de donde se ubicaba la de Xiao chen, manteniendo sus armas cerca para atacar a los violadores rápidamente.

                Más allá de todo, el miembro más importante del grupo era Thyrfing, la espada maldita. Labhras la llevaba todo el tiempo encima, incluso dormía abrazado a ella para evitar que alguien se la robara, sea Xiao chen o cualquiera de los Berserker o Styrmir. Los Berserker, bastante curiosos, querían saber cómo era la hoja del arma, ya que si les llamaba bastante la atención el guardamano creían que la hoja debía ser extraña, por lo que cada tanto le pedían a Labhras que la desenvainara. Sin embargo, el caballero se negaba y Styrmir les reprendía por lo que le pedían al Guardián. Por alguna extraña razón, se olvidaban de lo que ocurriría si Labhras la desenvainaba y no liquidaba a alguien o a varios.

viernes, 26 de junio de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XXIII: Agitado combate en Salta (Parte 1).




Las peleas entre ángeles, demonios y dualistas se recrudecieron. Las entidades luchan con mayor ferocidad causando que los soldados que apenas entraban a la milicia no pudieran defenderse como debían y en consecuencia quedaban fuera de combate casi al instante, los veteranos eran los que los salvaban de una muerte segura pero no de las heridas. Asimismo los veteranos también tenían problemas en combate no sólo en la lucha cuerpo a cuerpo aunque terminaban siempre triunfando con alguna que otra herida, la dificultad radicaba en lo prolongado que eran los combates; también con las continuas emboscadas o en la aparición repentina de refuerzos angelicales o demoníacos. Cada misión que efectuaba la milicia dualista del mundo terminaba con muchos soldados heridos, tanto fueron los heridos que en un momento dado la milicia mundial dualista se había reducido a casi el veinticinco por ciento de efectivos sin que tuviera lesiones o estuviera en la cama de alguna Enfermería General, los únicos dos países que se salvaban de las estadísticas eran Italia y Argentina, por lo que a los soldados dualistas de esos países tenían que realizar las misiones del resto de los países afiliados hasta que dicho países recuperaran sus fuerzas, por lo que esos países recibieron más equipamiento para hacer las misiones sin problemas. Las Salas Técnicas argentinas e italiana trabajan casi al doble de lo normal para general armaduras, armas blancas, de fuego y municiones mentales, pero por más horas que trabajaran los técnicos las máquinas no podían trabajar continuamente ya que se sobrecalentarían y por consiguiente se destruirían, por lo tanto la cantidad de armas era limitada pese a los esfuerzos de los técnicos.

Para los primeros días de marzo la situación había entrado en un una suerte de impasse, una tregua sin acordar y el ambiente mundial se tornó tenso, todos los dualistas temían que esa inactividad repentina sea la antesala de un conflicto a gran escala, tan grande que el resto de la humanidad vería a las entidades energéticas atacándoles sin piedad generando un pánico mundial tan intenso que todos pensarían que sería el fin de la raza humana. Debido a eso, los técnicos seguían trabajando sin descanso para generar suficientes suministros para un conflicto de increíbles magnitudes al tiempo que los instructores hacían entrenar a los reclutas con mayor intensidad para que estén preparados para lo peor. Un día, en el Templo Dualista Panuniversalista de Capilla del Monte, uno de los soldados estaba caminando por el jardín interior cuando, de repente, recordó algo y lo enunció a los cuatros vientos “-¡Pasó casi un mes del aniversario de la muerte de Fabricio Belmonte!-” El grito fue escuchado por casi todos en el Templo y de inmediato muchos que lo escucharon organizaron un homenaje, pero debido a que faltaba poco para que anocheciera, decidieron hacer el homenaje a la mañana siguiente.

martes, 23 de junio de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo XIV (Parte final)



Mientras tanto, en el castillo de Ávalon, el ambiente era muy extraño.

El hecho de que Labhras todavía seguía con vida alteró drásticamente la vida de Merlín y las Reinas-Hadas. Los diez dormían y comían poco y se tornaron un poco irascibles. Todo por causa de la intranquilidad que sentían y que no podían disminuirla por más que hicieran todo lo posible. Incluso se recluyeron en la torre del homenaje e intentaron evitar tener contacto con cualquier ser que no formaran parte de la Guardia de la Torre.

La que más irascible se había vuelto fue Morgana. La Reina-Hada no podía ponerle freno a su ira y Mildred, su cortesana, se llevaba la peor parte. La pobre mujer recibía gritos constantes por parte de su señora, era azotada contra la pared por culpa de los intensos ataques y en el peor de los casos se retorcía de dolor gracias a la tortura que recibía de los poderosos hechizos. Varias veces el resto de las cortesanas y el resto de las Reinas-Hadas tuvieron que atenderla ya que de no recibir la atención necesaria rápidamente moriría. Merlín se cansaba de regañarla y tratar de que se calmara de una vez, pero si él no podía recobrar su ecuanimidad por el sentimiento de desasosiego que lo atacaba constantemente nunca lograría que Morgana se tranquilizara.

Por su parte, el resto de las cortesanas a veces recibían gritos de sus señoras sin motivo alguno. Incluso les parecía que respirar les molestaba bastante. Como si hubieran perdido la cordura, las Reinas-Hadas les pedían disculpas, ocasionando que las cortesanas las aceptaran solamente por respeto ya que no creían que las mismas fueran sinceras. Después de haber recibido gritos sin motivos y de haber perdonado muchas veces, creyeron que estaban sirviendo a unas psicópatas, que las matarían cuando menos se lo esperaran. Todas seguían sirviéndolas con la esperanza de que algún día todo volviera a la normalidad, resistiendo el miedo todo lo que podían, sin embargo, Mildred no quería saber más nada de Morgana y mucho menos seguir sirviéndola, pero sus compañeras la animaban para que continuara; si ella renunciaba, el resto no tardaría en seguirla.

Los rumores comenzaron a circular por el resto del castillo. La gente empezó a hablar que las Reinas-Hadas y Merlín estaban preocupados porque sabían que Labhras había sobrevivido al Anillo de la Serpiente y que tal vez él regresaría para vengarse por lo que ellos le hicieron a su pueblo. A medida que pasaban los días, los rumores se acrecentaban más y más, hasta el punto que todos creían que Labhras logró atravesar el peligrosísimo fenómeno marítimo. Sin embargo, los rumores no salían de la isla, para la fortuna de Merlín y las Reinas-Hadas.

sábado, 20 de junio de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XXII: Una caverna maldita (Parte final).




Segundos más tarde apareció, desde el costado izquierdo, según donde entraron los dualistas, emergiendo de la densa oscuridad una gigantesca mosca negra que en vez de ojos compuestos tenían grandes ojos comunes completamente rojos a excepción de la pupila que era negra, salvo ese detalle el resto del cuerpo era al de una mosca común. El insecto dio unas cuantas vueltas en el “claro” de la caverna provocando que su zumbido fuera más estruendoso causando que los dualistas le dolieran sus oídos cada vez más y más, luego de unas vueltas la mosca posó en la parte superior de la roca dejando de batir sus alas lo que produjo que el zumbido ensordecedor dejara de escucharse tras eso el insecto empezó a hacer contorsiones muy violentas mientras adquiriría una forma humana al tiempo que se escuchaban unos chillidos de dolor, luego de unos segundos de espantoso y curioso espectáculo contemplado por los atónitos dualistas apareció un ser colosal con alas extrañamente de murciélago totalmente extendidas con forma humana bien definida que Nahuel conocía muy bien.

–Lo que me temía… Beelzebub. –declaró el joven sin titubear mirando al demonio.
–Saben… cuando me di cuenta que significado le colocaron ustedes, humanos, a mí nombre, pensé que era un ultraje. Pero luego… descubrí que ser el señor de las moscas y ser una tiene sus ventajas… –afirmó Beelzebub.
–Como si no supieras el significado de tu nombre antes de que fueras derrotado. –afirmó Nahuel a modo de broma.
–¡¿E-E-E-E-Es… ese demo-demo… demonio… e-e-es Beel-Beel-Beelzebub?! –preguntó Nobelis totalmente aterrado.
–“¡¿E-E-E-E-Es… ese demo-demo… demonio… e-e-es Beel-Beel-Beelzebub?!” ¡¿Tienes un grave problema de disfemia que no puedes formar una jodida frase bien?! ¡No creo que ésta sea la primera vez que ves a un demonio! –exclamó el demonio tras escuchar a Nobelis.
–¡Pues tu inmunda presencia causa que él no puede hablar como corresponde! –gritó Nahuel.
–Gracias, ¡qué lindo cumplido! –dijo el ser con sorna.
–¡Basta de charlatanería! –gritó Mercado–. ¡¿Qué haces tú aquí?! ¡¿Eres el causante de ésta dimensión?! –le preguntó a Beelzebub.
–En teoría nunca le digo a humanos que es lo que hago o dejo de hacer si uno me pregunta, pero en ésta ocasión haré una excepción. Vine aquí para averiguar algunas cosas que no valen la pena mencionarlas, y sí, soy el responsable de ésta dimensión. –contestó Beelzebub.
–¿Y por qué decidiste que ésta dimensión tuviera un ingreso que coincidiera con el de la Caverna de las Brujas? –interrogó Nahuel.
–A decir verdad, elegí al azar el ingreso de la dimensión en tú planeta. Si hubiera sabido que el ingreso en la Caverna de las Brujas causaría tanto revuelo hubiera escogido otro lugar, uno inhóspito para que nadie nos molestara. –respondió el ser.
–No importa el lugar, siempre habrá un grupo de nosotros de cualquier nacionalidad investigando las entradas a otras dimensiones sean causadas por ti o por otros de tus camaradas o por los ángeles. –aseveró Mercado.
–Sí… eso me temo… –admitió Beelzebub– Es increíble y admirable que hayan derrotado a un hechicero jefe y tres de sus mejores acólitos y les hubiera quedado más municiones…
–¿Hechicero jefe y sus mejores acólitos? Ja, ja, ja, ja. ¿En serio? ¡No me hagas reír! ¡Tan buenos eran que fueron abatidos por nuestras armas en menos de medio minuto! Ja, ja, ja. –comentó Nahuel entre risas.
–Además reservamos las balas para los últimos demonios que nos enfrentáramos. Y como sos el único que veo… serás el que reciba mis descargas… –expresó Nobelis y apuntó con su arma a Beelzebub.
–¡Nobelis, no! –gritó Nahuel para que su compañero no disparara, pero ya era tarde. El cabo descargo todo su cargador contra Beelzebub y éste se movió hacia un costado para evadir las balas sin cambiar su postura en lo más mínimo, el movimiento fue tan rápido que el demonio parecía como si se hubiera teletransportado.

martes, 16 de junio de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo XIV (Parte 1)



    El regreso fue más largo de lo que pensaron. El temor de volver a encontrarse con el dragón hizo que marcharan con mucha lentitud y con más cautela que cuando avanzaban hacia el lugar donde se encontraba Thyrfing, aparte de que se movían con cuidado para no volver a experimentar otra caída como la que tuvieron antes de encontrar el lago congelado.

                Al volver a ver la raíz del Yggdrasil ellos se detuvieron y contuvieron la respiración ya que si había un lugar donde podrían toparse otra vez con la oscura criatura era ése. Se desplazaron con mucha lentitud, mirando cada paso que hacían, con el fin de mirar al dragón royendo la raíz primero antes de que éste los descubriera. No obstante, cuando tuvieron dentro de su campo visual el área donde estaba el dragón antes de que los atacara por primera vez, no lo vieron, ocasionando que el trío suspirara.

                Sin embargo, no podían relajarse. El hecho de que no lo observaran allí no significaba que estaban a salvo; la bestia podría estar volando por toda la gran sala y podría verlos en cualquier momento mientras volaba entre las gigantescas estalactitas y estalagmitas. Por ello, avanzaron con un poco más de rapidez pero sin bajar la guardia en ningún momento.

                Finalmente, luego de varias horas de tensión, pudieron ver a la distancia la luz del exterior y varios minutos después salieron de la caverna. Nunca en sus vidas se sintieron tan aliviados por salir de una cueva, aunque nunca antes entraron a una que era el ingreso a otro mundo. Además experimentaron una gran sensación de sosiego al saber que no volverían a ver ese dragón nunca más.

                Dado a que estaban muy cansados por haber caminado muchas horas sin detenerse, los tres se sentaron en el nevado suelo, contemplando el paisaje invernal bajo un cielo despejado. Al cabo de unos minutos de silencio, empezaron a planear la mentira que le dirían a Asbjorn y los demás para explicar por qué Xiao chen estaba con vida. Decirles la verdad, que era que Labhras necesitaba guerreros para enfrentarse a los que protegerían la “espada de la luz” que necesitaba para llevar a cabo su destino, no sería suficiente para convencerlos y evitar que los atacaran. Necesitaban algo más y que fuera lo más creíble posible. Sin embargo, al poco tiempo crearon una buena mentira.

sábado, 13 de junio de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XXII: Una caverna maldita (Parte 3).




Apenas se asomaron por una gran estalagmita los soldados que iban al frente junto con el Teniente, vieron que en la pared rocosa había una entrada de otro camino por lo que esos soldados se alegraron al verla, pero apenas terminaron de pasar la formación, se dieron cuenta de que había más caminos en la pared y debido a eso su alegría se transformó en una completa desilusión, lo mismo le pasó al resto de los dualistas cuando vieron los distintos caminos para elegir. Apenas todos observaron los caminos, se colocaron delante de todos ellos.
–Bueno… me temo que hay seis caminos para escoger… –admitió Mercado.
–Ahora sí que se ha vuelto confuso, ¿cómo sabremos cuál camino es el correcto? –afirmó Sabrina.
–Además la confusión puede llevarnos a una trampa mortal… si elegimos el incorrecto… puede que no la contemos después… –aseveró Nahuel.
–Sé que les parecerá raro lo que diré, sobre todo para los que ya han hecho misiones de rescate, pero todos ustedes reúnanse para elegir que caminos tomamos. Entretanto me comunicaré con Vanegas para informarles lo que sucedido hace unos minutos atrás –afirmó Mercado y se alejó un poco de los soldados para comunicarse con el técnico en la “superficie”, debido a eso el resto de los soldados comenzaron a debatir sobre qué camino tomar para continuar su misión. Sin embargo, no se ponían de acuerdo para escoger un camino, ni echándolo a la suerte podían estar seguros ya que la fortuna pareciera no apoyarlos. Un tiempo después el Teniente Mercado volvió al grupo.
–¿Y bien? ¿Ya han escogido? –preguntó.
–Me temo que no hemos podido ponernos de acuerdo, señor. –contestó Nobelis.
–Por algún motivo no podemos llegar a un jodido acuerdo. –secundó Nahuel.
–¿Y entonces por qué no nos dividimos y tomamos distintos caminos? Si uno de ellos se torna peligroso, podemos regresar hacia atrás y esperar al resto a ver si han encontrado el correcto, el grupo que lo encuentre regresaría y le avisaría a los demás… –sugirió Sabrina.
–Es una buena idea, señorita Martínez, pero esta caverna no es normal… de hecho puede que no sea lo que aparenta… –afirmó Mercado– No obstante, y viendo que nadie se pone de acuerdo, es la única opción que tenemos y no hay tiempo que perder.
–¿Y Vanegas le dijo si han podido establecer la naturaleza de la dimensión? –preguntó Nahuel y el Teniente negó moviendo su cabeza de lado a lado–. ¡Maldición! ¡Todavía no sabemos si esas sombras son ángeles o demonios!

martes, 9 de junio de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo XIII (Parte final)



De repente, el caballero empezó a tambalear. Había perdido bastante sangre por la primera herida que le ocasionó Xiao chen y por culpa de eso estaba debilitándose. Styrmir y Bastugitas se percataron de ello y empezaron a sentirse muy intranquilos. Ninguno de los dos quería que la mujer ganara. Mientras tanto, Xiao chen, jadeante por el intenso combate, sabía que era cuestión de tiempo para que su rival cayera al suelo y muriera. Arremetió con todas sus fuerzas, esperando herirlo de gravedad como antes, pero el caballero, aun estando débil, se defendía como si estuviera en buen estado.

Un minuto después, Labhras se arrodilló porque sus piernas no podían sostenerlo más, ocasionando que Xiao chen redoblara sus esfuerzos. Viendo que el caballero se encontraba en un grave aprieto, Bastugitas se preparó para lanzarle a la mujer un hechizo para detenerla antes de que el caballero muriera, al tiempo que Styrmir agarraba sus hachas para atacar mortalmente a la mujer; aunque ganara, el vikingo no iba a permitir que alguien que ocasionó mucho dolor a su pueblo y a otros obtuviera a Thyrfing.

Sin embargo, y para la sorpresa de todos, Labhras giró sobre sí mismo, tumbando a Xiao chen con una de las piernas que la extendió apenas comenzó a girar. Al darse cuenta de que cumplió con su objetivo, se detuvo en seco y arremetió contra la mujer con un poderoso espadazo descendente, pero ella rodó hacia un lado, esquivando a espada que se estrelló contra el suelo con tanta fuerza que resquebrajó un poco el hielo.

Adolorida por la caída, Xiao chen se irguió como pudo y se apartó varios pasos del caballero, resbalándose constantemente y a punto de caerse varias veces. Inmediatamente el Guardián se levantó, luchando con todas sus fuerzas contra el cansancio del combate y la debilidad que le estaba generando la única herida grave, y una vez que pudo sostenerse por sí mismo avanzó hacia la mujer para atacarla.

sábado, 6 de junio de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XXII: Una caverna maldita (Parte 2).




Pasaron varios minutos y no pasaba nada interesante para Nahuel y los demás soldados, los únicos que tenían algo de “acción” eran los técnicos, Sabrina que controlaba el aparato y Mercado que se comunicaba cada tanto con Gabriela con la ayuda de un auricular porque no quería usar el otro porque de lo contrario tendría que sacarse su comunicador y no debía hacerlo. En un momento dado, Mercado empezó a gritar desaforadamente.
–¡Señorita Izaguirre! ¡Señorita Izaguirre! ¡¿Qué está pasando?! ¡Responda! –gritó el Teniente desesperadamente y luego retiró el auricular con que se comunicaba con Gabriela rápida y bruscamente– ¡Maldita sea!
–¿Qué ocurrió, señor Mercado? –preguntó Nahuel intranquilo después de escuchar la desesperación de su superior y un agitado por haber corrido hacia él, al tiempo que Sabrina miraba al Teniente con mucha preocupación y los técnicos dejaran de trabajar para escuchar la respuesta del hombre.
–Se cortó la comunicación y… me atrevería a decir que los estaban atacando… –respondió Mercado con seriedad sintiendo la presión de las miradas de todas las personas allí presentes mientras se llevaba las manos hacia la cabeza.
–¡¿Qué?! –exclamaron todos en el toldo.
–¿Pe-Pe… pero está se-seguro de… de eso? –interrogó titubeando Sabrina aterrada.
–Sí… antes de que se cortara la comunicación, la señorita Izaguirre dijo que estaba viendo unas cuantas sombras que se movían hacia todos lados, rodeando a ella y a su grupo. Seguidamente los soldados empezaron a disparar, después escuché un grito de Izaguirre y finalmente silencio… Eso es todo… –contestó Mercado causando que Sabrina se sintiera muy preocupada y sus ojos comenzaron a lagrimear.
–¡Sabrina! ¡¿Has podido determinar qué clase de dimensión es?! –preguntó Nahuel rápidamente.
–Yo… yo no lo sé. Sólo me encargo de que el dispositivo funcione correctamente. Para eso tienes que preguntarles a algunos de los técnicos. –contestó la mujer.
–¡¿Y ustedes?! –preguntó a los técnicos.
–Nada, ni siquiera los pocos datos que pudo recoger la señorita Izaguirre no son suficientes para determinar su naturaleza… –admitió uno de ellos.
–¡Maldición! ¡Cómo detesto que ocurran éstas cosas! –maldijo el joven.

martes, 2 de junio de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo XIII (Parte 1)



La niebla era muy densa. La poca luz que había en esa sala y la luz de las antorchas no les ayudaba en lo más mínimo. El grupo no podía observar lo que había más allá de unos pocos centímetros, ni siquiera podían ver dónde estaban pisando. Avanzar en esas condiciones les resultaba muy peligroso; en cualquier momento podrían caer en un pozo profundo o por un precipicio y si eso sucedía no había nada que pudieran hacer para terminar estrellándose en el fondo.

                Para evitar que su búsqueda terminara de esa forma, decidieron avanzar en cuclillas, ya que así al menos podían palpar el suelo. Sin embargo, a los pocos metros se irguieron porque avanzar con esa postura les resultaba incómodo y algo doloroso. Por lo tanto, prosiguieron como lo venían haciendo: tanteando el suelo con sus pies antes de dar el siguiente paso.

                Xiao chen era la que más preocupada y asustada se encontraba. Al ser la que se hallaba a la cabeza de la fila india que había formado el grupo para no perderse, podría ser la primera en caer si no era muy precavida. Asimismo, la espada de Labhras amenazaba con clavársele en su espalda si no se movía con rapidez. Confiaba en que el caballero no fuera tan descuidado de avanzar más rápido que ella porque de lo contrario le ensartaría su arma, por lo tanto, no podía dudar mucho a la hora de dar el siguiente paso.

                Bastugitas intenta buscar alguna manera de iluminar el sitio o bien disipar la niebla. Sin embargo, las esferas de luz que creaba, aparte de que duraban poco tiempo ya que aún estaba fatigado por el esfuerzo que hizo al realizar el hechizo para alejar al dragón antes de que Labhras lo hiriera “mortalmente”, no disipaban nada y los hechizos para hacerla retroceder tampoco surtían efecto. Sin embargo, seguía intentándolo, procurando no extralimitarse o de lo contrario se desvanecería y se llevaría un buen golpe.