sábado, 30 de mayo de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XXII: Una caverna maldita (Parte 1).




Como era de esperarse, Nahuel fue sometido a un interrogatorio para que contara todo lo que había visto. Sin embargo, en esta ocasión, el General Kordevan grabó las respuestas del joven en un grabador de audio, argumentando que sería luego se harían copias de la grabación y éstas serían enviadas hacia los Templos Dualistas Panuniversalistas del mundo para advertirles de la nueva modalidad de los ángeles y los demonios para “invadir” un lugar que deseaban al mismo tiempo. Por suerte para el muchacho, la indagación fue corta ya que, antes de que empezara con la indagación, los interrogadores realizaron las preguntas que harían, mientras que a Nahuel le dijeron que sus respuestas sean claras y, si fuera posible, que hablara en un castellano lo más neutro posible, todo esto lo hicieron porque la querían que el proceso de doblaje a otros idiomas no tuviera inconvenientes y se realizara lo más rápido posible para que todos los dualistas del mundo se enteraran de lo sucedido lo más rápido posible. Aunque lo que había visto Nahuel no sería nada nuevo para algunos, un relato más podría hacer que el resto de los incrédulos, como lo era el General Kordevan, empezaran a reevaluar su opinión sobre el tema.

Entretanto, los habitantes de la ciudad de Santa Rosa volvieron a habitar la ciudad y a comenzar con los trabajos de limpieza y recuperación. Mayúscula fue la sorpresa que se llevaron todos al ver que la plaza al norte del centro cívico tenía un cráter y que los edificios de alrededor estuvieran resquebrajados además de que los árboles se encontraban chamuscados, muchos pensaron inmediatamente que eso fue obra de un potente rayo, pero con el tiempo y con la mente un tanto tranquila tras lo sucedido, comenzaron los cuestionamientos. Los medios de comunicación nacionales hicieron eco de lo acontecido propagándose por todo el mundo por lo que varios expertos en desastres naturales no podían concebir que un rayo pudiera hacer tanto daño en esa plaza mientras que expertos sobre explosivos y elementos afines decían que ese daño solamente lo podía ser causado por una gran explosión proveniente de una poderosa bomba, todo eso provocó que los santarrosenses tuvieran miedo, pero pese a todo lo que decían los expertos, todos los habitantes de la ciudad coincidían en algo: que lo que ocurrió en su ciudad era producto de alguna maldición, increíblemente no se ponían de acuerdo que quién podía haberlos maldecido, si Dios o el diablo o un brujo o el mismo planeta, de todos modos nada ni nadie podía sacarle a esas personas esa ridícula idea, pero factible para ellos por lo que después de varios días, el asunto quedó en el olvido ya que los santarrosenses querían olvidarse del mal trago y reparar los daños causados por los fuertes cataclismos. No obstante, Nahuel no se salvó de un sermón del General Kordevan porque, por culpa de su torpeza, la gente de Santa Rosa pensaba lo que pensaba, increíblemente, el joven no recibió ni un solo castigo ya que Kordevan no sabía que castigo imponerle y el asunto de la explosión ya estaba casi resuelto aunque su resolución fuera errónea, pero le advirtió que si él tenía otro “episodio de torpeza” sería severamente castigado.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo XII (Parte final)



En cierto momento, el dragón empezó a descender en picada y alzar vuelo rápidamente, haciendo que Xiao chen se sacudiera como una bandera atrapada en una ráfaga de viento. De repente, luego de que el dragón bajara en picada y volviera a alzar vuelo a gran velocidad, el caballero y el vikingo vieron que la cola del dragón no había rastro del látigo y de la mujer, por lo que rápidamente se dirigieron hacia donde su látigo se habría soltado de la cola de la oscura criatura.

Mientras tanto, Xiao chen se erguía con dificultad del suelo. Su látigo se soltó justo cuando el dragón alzó vuelo, ocasionando que rodara descontroladamente por el piso. Para su suerte, solamente se recibió unos buenos golpes, a pesar de que creyó que, por la forma en que rodaba, se quebraría varios huesos. A pesar de que le costaba erguirse por culpa de los golpes, intentaba de hacerlo lo más rápido posible ya que sabía que el dragón volvería hacia ella.

De pronto, oyó a la bestia acercarse a gran velocidad, observando, con su vista periférica, que se preparaba para lanzarle una llamarada verde, por lo que rápidamente se movió hacia un costado, tropezándose con ella misma y cayendo irremediablemente al suelo, justo en el momento en que el dragón lanzó su llamarada verde. Inmediatamente rodó por el piso, evitando que las llamas la alcanzaran. La criatura oscura se alejó volando a gran velocidad, emitiendo gruñidos de furia ya que sabía que había fallado.

Xiao chen trató de levantarse de nuevo, pero el dolor en sus piernas le impedían mantenerse más de un par de segundos sin volver a quedar arrodillada. Al poco tiempo, aparecieron Labhras y Styrmir, quienes al verla se dirigieron para ayudarla, pero de pronto se detuvieron al observar al dragón aproximarse a la mujer a gran velocidad. El Guardián le gritó a Xiao chen que se acercaba la bestia, haciendo que ella dirigiera su mirada sin quererlo hacia donde el dragón se desplazaba y raudamente se lanzó al suelo porque observó que la criatura iba a arrojarle más fuego verde. El vikingo y el caballero se desplazaron hacia un costado al ver que las llamas iban a alcanzarlos, esquivándolas sin problemas. Nuevamente el dragón se alejó tras la arremetida.

sábado, 23 de mayo de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XXI: El comienzo del caos (Parte final).




–No hay nada, ni siquiera una maldita esfera lumínica, parece que los ángeles lo hubieran abandonado… aunque hay algo raro en el ambiente. –informó Camila a los dualistas mientras éstos se levantaban.
–Eso es extraño. Si ahora los demás están peleando contra los ángeles, deberían aparecer más en el pilar y unos cuantos deberían estar custodiándolo. –admitió Escudero.
–¿Pero por qué harían eso? Hasta donde yo sé, porque uno de los capitanes se comunicó con los operadores, los ángeles habían adoptado una táctica de guerrilla. Por lo que los ángeles no deberían estar perdiendo… efectivos. –aseguró Nahuel.
–Puede ser, pero es una decisión arriesgada, por parte de los ángeles, dejar el pilar abandonado a su suerte. Y más aún cuando hay personas que están intentando “cerrarlo”. –aseveró Guerrero.
–No creo que ellos se enteren de lo que está pasando. –declaró con seguridad Nahuel.
–¿Por qué crees eso con tanta convicción? –preguntó Camila.
–Los operadores me dejaron al frente de la municipalidad, a unas siete cuadras de más o menos por la calle por donde caminé para llegar acá. En todo el recorrido vi unos cuantos grupos de ángeles, algunos dirigiéndose hacia el sur y otros hacia el oeste, nunca vi a un grupo ir en dirección hacia el pilar. Por eso creo que están más preocupados en impedir que los soldados dualistas, nuestra gente, avance hacia el pilar. –argumentó Nahuel.
–Aunque parezca factible su pensamiento, cuando se trata de entidades energéticas es muy difícil saber cuál será su próximo movimiento –rebatió Guerrero–. Son como los animales y las personas, impredecibles.

martes, 19 de mayo de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo XII (Parte 2)



–¿Dónde está Xiao chen? –preguntó Labhras apenas dejaron en el suelo a Bastugitas.
–Debería importarle más el hechicero que la mujer. –respondió seriamente Styrmir.
–El dragón puede atacarla y ella sola no podrá contra él.
–Usted tampoco, ni el hechicero, ni yo… Nadie puede contra Niðhöggr.
–Sin embargo, habrá que buscar alguna manera de vencerlo.
–Por la fuerza será inútil; tendremos que usar nuestras cabezas antes que nuestros músculos.
–Si tuviéramos con qué, podríamos hacerle caer un gran trozo de estas formaciones justo encima.
–El hechicero podría, pero en su estado, no creo que pueda levantarse.
–Ese dragón… es más poderoso… de lo que… pensaba… –dijo Bastugitas con dificultad.
–Recuerde que sus poderes están reducidos. –recordó Labhras.
–Eso no… importa… Su ataque fue… en teoría… “sencillo” y… yo no… no puede soportarlo bien… Si esa llamarada… hubiera seguido por… por unos instantes más… hubiera superado mi… defensa y… el fuego me hubiera… envuelto.
–Trate de no hablar mucho. –aconsejó Styrmir.
–Esa llamarada no fue “sencilla”. No eran llamas comunes, eran de color verde. –afirmó Labhras.
–¿Llamas de color verde? –preguntó el vikingo.
–¿No vio cuando el dragón atacó a Bastugitas?
–No. Salí de donde me escondía luego de que oí al dragón aterrizar en el suelo.
–A pesar de… su color… era una llamarada… común y corriente… –aseguró el Nigromante.
–Si usted lo dice… –dijo Labhras cuando de pronto los hombres escucharon al dragón volar cerca mientras gruñía con furia.

Labhras y Styrmir miraron a su alrededor, esperando encontrar a la criatura volando. De repente, oyeron al dragón aterrizar en un lugar cercano a ellos. Sin saber por qué, elevaron sus miradas, descubriendo que la criatura estaba en la punta de la estalagmita donde se escondían, pero mirando hacia el lado opuesto a donde estaban. Inmediatamente se pegaron a la estalagmita, esperando que el dragón no los viera, aunque con Bastugitas tirado en el suelo era cuestión de tiempo para que la criatura supiera dónde estaban.

sábado, 16 de mayo de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XXI: El comienzo del caos (Parte 2).




Los puntos celestes empezaron a desaparecer hasta que no quedó ninguno, mientras que el operador Muñoz recibía una comunicación de uno de los capitanes.
–¡Muñoz! ¿Está comunicándose con uno de los capitanes? –le preguntó Kordevan al operador.
–Así es señor, es el Capitán Ramos y dice que los ángeles desaparecieron repentinamente dejándoles el camino libre hacia el pilar, pero creen que es una trampa. Están evaluando la situación para saber cuál es el siguiente movimiento. –informó Muñoz.
–Dígale que yo ordeno que mande a un pequeño grupo de soldados para cubrir a un agente que enviaremos para “cerrar” el pilar. –afirmó el General.
–Por supuesto… –aseguró Muñoz y le dijo al Capitán todo lo que el General le había dicho–. General, el Capitán dice que ésta mañana envió a dos tiradores a explorar el lugar donde se halla el pilar, por lo que deben estar cerca. Ellos se mantienen en contacto con los capitanes, aunque hace más de una hora que no se sabe nada de ellos. –le comunicó al General.
–Dos tiradores, ¿eh? Bueno… eso es mejor que nada –expresó Nahuel–. Puede que la influencia de los ángeles esté afectando el funcionamiento de las comunicaciones en la ciudad…
–Me temo que tendrá que realizar la misión sin mucha ayuda… –aseveró Kordevan.
–No importa, tendré más cuidado –dijo Nahuel–. Hablando de otra cosa, ¿Cuándo llegó aquí?
–¿Usted cree que eso es relevante para la misión? –replicó Kordevan.
–Para mi curiosidad, sí. –contestó Nahuel.
–No hay tiempo para eso, Díaz. Tiene que prepararse para ir a Santa Rosa lo más rápido posible ahora que los ángeles desaparecieron. –aseveró Velásquez.
–No importa, Velásquez. Llegué ésta hace una hora aproximadamente y desde entonces estoy aquí observando la situación. Pero no viene por lo que está sucediendo en Santa Rosa, sino que ésta visita ya estaba programada hace más de una semana. –dijo el General.
–Entiendo. Entonces debió haber pasado por la Sala Común cuando yo estaba leyendo allí. ¿Cómo es que no lo vi? –pensó Nahuel.
–Basta de perder tiempo con divagaciones y váyase prepararse para la misión. –ordenó el General con voz alta y el joven de inmediato se dirigió a su habitación para cambiarse.

martes, 12 de mayo de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo XII (Parte 1)



    –Está caverna es más profunda de lo que pensaba… –afirmó Labhras.

                Hacía más de tres horas que el grupo marchaba por la cueva, siempre descendiendo. La oscuridad y el frío imperaban por completo y la luz de las antorchas parecía que no alumbraban como debían. Después de haber pasado bastante tiempo en la misma, el cuarteto pensaba que descendían por una gran espiral, sin saber cuánto faltaba para llegar al final, donde Thyrfing los estaba esperando.

                La sensación oscura no se incrementó desde que ingresaron pero el percibirla de esa manera los ponía nervioso. Xiao chen observaba a hacia todas partes, asustándose un poco cada vez que veía las sombras de los tres hombres en el suelo. Labhras, mientras apuntaba su espada a la mujer estaba alerta por si sucedía algo extraño, como que si una trampa se activara no cayera solamente la mujer. Styrmir tenía sus manos cerca de los mangos de sus hachas para agarrarlos apenas algo ocurriera. Bastugitas miraba hacia todas partes, concentrándose un poco para saber dónde procedía esa sensación oscura, ya que si determinaba eso, sabría cuán lejos o cuán cerca estaban de la espada de la oscuridad.

A todos les parecía extraño que ninguna trampa se hubiera activado. Por un lado era un alivio para todos ya que no querían caer en una, aunque Bastugitas y Styrmir deseaban que Xiao chen cayera en una, mientras que Labhras no estaba muy seguro si quería ver a la mujer morir por culpa de una. Pero, por otro lado, les asustaba un poco puesto a que tal vez las trampas que habría serían más elaboradas y se hallarían cerca de donde se encontraba Thyrfing, si no es que en el mismo lugar donde se encuentra la espada hay una trampa mortal casi imposible de evadir.

Por el momento, de lo único que tenían que preocuparse era de la oscuridad porque la misma podría esconder ciertas sorpresas nada agradables, como pozos profundos o barrancos abruptos. En todo caso, la única que tenía que preocuparse más que todos era Xiao chen; si alguien sería el primero en saber si había algo de lo anteriormente mencionado u otra cosa, ella era la candidata.

–Parece que vamos a estar un rato muy largo marchando por esta cueva. –comentó Xiao chen inesperadamente.
–En algún momento llegaremos al final. –dijo Labhras.
–Pero… ¿Llegaremos vivos?
–Limítese a caminar.

sábado, 9 de mayo de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XXI: El comienzo del caos (Parte 1).




La situación de los dualistas se tornó crítica. Tras la vuelta en escena de los “Derrotados” la actividad energética en el planeta se intensificó hasta tal punto que en un mismo día podía haber hasta seis puntos de actividad energética muy importantes. Los soldados dualistas de todo el mundo estaban de misión en misión para mantener “controlados” a los ángeles y los demonios, en algunas ocasiones tenían que pelear contra las entidades energéticas y en otras con sólo hacer acto de presencia era suficiente para que éstas desaparecieran, no obstante, algunos efectivos no dormían y llegaban a estar más de treinta y seis activos, por lo que los Generales y los Hijos del Universo decidían retirarlos para que hicieran un descanso obligatorio, aunque algunos no querían hacerlo porque afirmaban que no estaban cansados. Al mismo tiempo, todos los Hijos del Universo determinaron que las misiones las harían únicamente soldados dualistas alistados, no podían participar los aspirantes y en cuanto a los reclutas sólo participarían aquellos que ya estaban a punto de terminar con su entrenamiento, los Sabios Maestros habían tomado dicha decisión debido a que las nuevas incursiones podrían llegar a ser muy peligrosas y no querían que los jóvenes sufrieran heridas importantes que los dejaran con alguna secuela tanto física como psicológica, además de que podrían morir en plena acción. Esta decisión causó un revuelo en todos los demás dualistas ya que sabían, incluyendo a los Sabios Maestros, que la milicia no bastaba a cubrir todas las zonas en donde se desarrollaban actividades energéticas muy intensas, y tras muchas discusiones todo el mundo tuvo que acatar la medida ya que era bien sabido por todos que ellos querían proteger a los más jóvenes de los horrores de los combates.
           
Entretanto, en el Templo Dualista Panuniversalista de Capilla del Monte, las situación era más complicada que en el resto de los Templos. Tras realizar el entierro de Esteban Gustavo Fernández con todos los honores, muchos querían hacer un día de luto por el deceso del Coronel, pero por como las cosas en el mundo no era el mejor momento para detener la actividad un día. María quedó prácticamente destruida por la muerte de su padre, ya no tenía el mismo humor de siempre y sus ojos siempre estaban mirando el suelo, apenas podía hablar bien ya que lo hacía con voz baja hasta tal punto que parecían ser balbuceos; sus amigos trataron, por todos los medios que era posible, de animarla, aún así lo único que conseguían era que su amiga esbozara una débil sonrisa melancólica. Al mismo tiempo, Nahuel y Alejandro no la estaban pasando del todo bien. Tras regresar de Haruj, los Hijos del Universo y varios militares dualistas de alto rango, a excepción del General Kordevan que no pudo ir al Templo porque tenía asuntos que resolver en Buenos Aires aunque se mantenía al tanto de lo que ocurría en el Templo, interrogaban, en la oficina de los Hijos del Universo, a los muchachos sobre lo que habían visto y cómo eran los demonios que vieron al final de su aventura Alejandro contó con lujo de detalles, demasiado para algunos de los presentes, sobre el combate con los Centurionados, el rescate de los soldados dualistas inconscientes, la misteriosa cueva en una de las laderas del volcán y de lo poco que estuvo de pasar al otro barrio en manos de un buen grupos de demonios dentro de la caverna, no obstante, al momento de recordar sobre los “derrotados” y de los de la Orden de los Poderes Impíos, el muchacho se quedaba vacilando, puesto a que el miedo que sintió al ver los demonios le impidió a su mente que recordara lo que había visto, entonces Nahuel fue el encargado de contar la última parte de la misión. Todos los interrogadores se quedaban estupefactos por lo que escuchaban ya que, y como Alejandro sintió, era la primera vez que oían que unos demonios superiores se materializaban de una forma que estaban descritos en los libros que había en la biblioteca sobre el tema, más se sorprendieron cuando el joven describió a los tres derrotados, mejor dicho se escandalizaron por la descripción, seguidamente los Sabios Maestros y los militares dualistas empezaron a discutir mientras mencionaban el cuento que aparecía en el libro “Antología de historias ocultas e insólitas del viejo mundo”, Alejandro era el único que no entendía nada sobre el ese libro por lo que preguntó unas cuantas veces de qué se trataba a los demás, pero nadie contestaba sus preguntas ni siquiera Nahuel ya que éste estaba intentando saber sobre qué hablaban el resto de los dualistas. Después de unos cuantos interrogatorios, los Sabios Maestros reunieron a los jóvenes y a los cuatro operadores que se encargaron de la misión de Fernández, para comunicarles que serían castigados por no obedecer los protocolos, a los jóvenes se les castigaba con limpiar los baños de la Sala Común de los dormitorios mientras que a los operadores se los suspenderían de sus funciones por un tiempo determinado, sin embargo, sabiendo que la situación mundial era bastante grave por culpa de las escaramuzas entre ángeles y demonios, decidieron suspender ese castigo hasta que todo volviera a la normalidad, no así los jóvenes debían hacer su castigo por lo que ellos mostraron su desagrado con respecto al castigo pero de todas maneras debían hacerlo. El hecho que no querían limpiar los baños era que ese lugar, aunque siempre se mantenía limpio porque había gente que se encargaba de mantenerlo así además de que los residentes trataban de mantenerlo lo más limpio posible, no les gustaba hacerlo porque serían el blanco de las bromas de los sus compañeros ya que éstos tendían a hacerles bromas a los que eran castigados a realizar la limpieza de los baños, no obstante, los jóvenes pudieron realizar su castigo sin que los demás le jugaran bromas, debido a que algunos éstos estaban muy preocupados por María y el resto por la situación mundial.

martes, 5 de mayo de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo XI (Parte final)



Regresó, bastante molesto, a donde estaba sentado en la gran fogata, cerca del Nigromante que sintió su molestia, y cuando se calmó, varios minutos después, comenzaron a hablar sobre las conexiones. Tenían más tiempo que la noche en que tocaron el asunto, pero no el suficiente como para que Bastugitas se explayara lo suficiente como para que Labhras entendiera todo, no obstante, el caballero pudo comprender todo lo que dijo el hechicero, pero aun así el tiempo se le agotó.

–¡Maldita sea! ¡A este ritmo no podré decirle todo! –se quejó Bastugitas.
–Tiene varias noches para contarme todo. Además no decidiremos a dónde ir hasta que obtenga a Thyrfing y no crea que una vez que la coja nos vamos de Fartholew-Vär. –dijo el Guardián.
–Lo sé, lo sé. Estamos tan cerca de lograr nuestro primer objetivo… –admitió el hechicero con ansiedad.
–No se ponga tan ansioso. Todavía no tengo la espada en mis manos. Tenga en cuenta que esa espada posee mucho poder y puede liquidarme si yo no soy el “Señor de las Espadas”.
–Y si no es usted, ¿quién cree que será? Espero que no piense que la mujer sea la que deba blandir esa espada.
–¿Y si lo es?
–¡No lo es! –bramó Bastugitas, lanzando un gritó muy fuerte.
–¡Baje la voz! –reprendió Lahbras, temiendo que el grito hubiera despertado a alguien, aunque todos se habían ido a dormir hace pocos minutos.
–¡¿Cómo no quiere que grite luego de escuchar semejante estupidez de su parte?! –regañó Bastugitas tratando de no levantar la voz.
–No me diga que nunca ha contemplado esa posibilidad después de lo que ella nos contó. Además recuerdo muy bien que me dijo que las profecías hablan de una entidad como si fuera masculina simplemente por generalizar y que siempre son confusas.
–Recuerdo bien lo que dije.
–¿Y entonces?
–En ese momento estaba perplejo por lo que dijo la mujer. Sin embargo, nunca pensé que ella fuera esa “Señora de las Espadas”.
–Pero es cierto eso que las profecías no siempre especifican el género, ¿cierto?
–Por supuesto. Pero la profecía señala a usted como el “Señor de las Espadas”.
–¿Por qué? ¿Por qué nací en una noche donde la Luna tenía un color distinto que de costumbre? Xiao chen afirmó que también nació en una noche donde la Luna tenía un color distinto, ¡el mismo que la Luna que alumbró mi nacimiento!
–Ya le dije que son coincidencias, usted es el Señor de las Espadas, no esa ramera asesina. Cuando esté delante de “la Asesina” y la tenga en sus manos, sabrá que usted es el dueño de esa arma.
–¿Y si no sucede eso? ¿Y si algún… hechizo me lanza contra una de las paredes rocosas de la caverna y me mata? ¿O si la espada me rechaza quemándome la mano o arrojándome un rayo y cuando Xiao chen la toque no le suceda nada?

sábado, 2 de mayo de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XX: El retorno menos anhelado (Parte final).




–Quizás está ubicada en una de las paredes laterales. –razonó Alejandro y los dos muchachos se pusieron a buscar otro camino. Al poco tiempo Alejandro encontró otro camino en la pared izquierda en relación con el camino por donde entraron los jóvenes, que descendía al igual que el primero y tanto él como su amigo continuaron con su marcha. Una vez que terminaron de recorrer el camino se encontraron con otra inmensa sala pero está estaba más oscura debido a que había menos antorchas que en las demás, por otro lado esta sala tenía diferencias aún mayores que con la primera y la segunda: las piedras del suelo estaban deterioradas, algunas completamente reducidas a polvo mientras que en algunos sitios le faltaban las piedras por lo que mostraban un suelo negro al igual que las paredes. Las columnas eran bastantes irregulares más bien parecían ser enormes pilares de rocas sin trabajar que variaban su grosor en ciertos puntos por lo que se veía que eran inestables, debido a eso lo dualistas pensaron que esos pilares se caerían en cualquier momento, pero le extrañó que estuvieran firmes a pesar de que las bases de algunas de las improvisadas columnas eran de menor tamaño que el resto del cuerpo. La densa oscuridad que cubría el techo ahora parecía estar más abajo que en las otras dos, disminuyendo bastante el campo visual de los muchachos. Todo ese lugar parecía ser las ruinas de algo y tanto Nahuel como Alejandro pensaron que había sido obra de los demonios, no obstante, no había ningún ser en el lugar. Para la fortuna de los jóvenes, otro camino se podía ver al fondo del lugar.
–Me gustaban más las otras salas. –admitió Alejandro al ver todo el panorama.
–Esto es bastante extraño. No entiendo por qué los demonios crearon un lugar tan… destruido. –afirmó Nahuel.
–¿No es que ellos “viven” en un lugar caótico?
–En teoría sí… pero si ellos se tomaron el tiempo de crear dos salas bastante elaboradas, ¿por qué hicieron ésta tan… rudimentaria?
–Ellos lo sabrán, aunque el próximo camino está allí adelante. –dijo Alejandro indicando el lugar.
–Cierto, será mejor que sigamos nuestra marcha. Pero no bajemos la guardia. –asintió Nahuel. Los jóvenes se dirigieron hacia el siguiente camino con mucha más cautela que antes puesto a que el lugar estaba más oscuro que las otras dos salas. Todo parecía estar bien, pero cuando los dualistas llegaron hacia la mitad del recorrido un extraño viento frío proveniente desde atrás de los muchachos hizo que redujeran el fuego de las antorchas dejando el lugar casi a oscuras. Tras unos segundos el viento amainó hasta que despareció, provocando que las llamas de los hachones volvieran a su intensidad original, revelando lo que la oscuridad les tenía preparado a los jóvenes. Estaban rodeados por una cantidad indeterminada de demonios materializados de distintas formas como los denominados “monitos”, los demonios antropomorfos, algunas sombras humanas y esferas oscuras que emitían una niebla gris oscura que las envolvía, lo peor de todo es que había Centurionados Infernales también en ese montón, unos cuarenta o cincuenta, por lo que Nahuel y Alejandro sabían que no había forma de escapar de esa situación.
–¡Me cagó en Kasbeel! ¡Ahora estamos al horno y con papas! –exclamó Alejandro maldiciendo su suerte.