martes, 31 de marzo de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo IX (Parte final)



                Sin embargo, el frío se había vuelto insoportable, tanto que el Guardián prefirió entrar nuevamente al edificio ya que no quería soportar más frío ni siquiera un segundo. Al ingresar, vio que Styrmir estaba sentado en el mismo lugar cuando cenó, observando pensativo el fuego de la fogata, que los vikingos apagaron un poco para evitar algún incendio mientras dormían.

                Raudamente Labhras se acercó al vikingo para platicar con rato.
                –¿Se encuentra bien, Styrmir? –preguntó una vez que estuvo al lado, sacándolo de sus pensamientos.
                –Sí… Estaba mediando. –contestó el vikingo.
                –Parece que pensaba seriamente en algo.
                –Quizá.
                –¿Cómo que “quizá”?
                –Son cosas que no debe saber porque no son de su incumbencia.
                –Está bien. No indagaré más al respecto.
                –¿No puede dormir por la serie de pruebas que tendrá que realizar mañana?
                –Me preocupan un poco, pero la verdad es que no estoy muy cansando como para dormir.
                –¿O le preocupa otra cosa?
                –¿Qué podría preocuparme más allá de esos desafíos que me impondrán ustedes mañana?
                –La mujer.
                –¿La mujer?
                –Ya sabe a lo que me refiero.
                –Si de algo tengo que preocuparme es que ella intente escapar ahora. Está muy cerca de la cueva donde está Thyrfing y no quiero que ella la obtenga.
                –No escapará porque los hombres que la custodian no la perderán de vista ni un momento y, aunque quisiera, está desarmada; sus armas están en las carretas y ella no sabe dónde las guardaron.
                –Ciertamente.
                –Yo que usted dejaría de preocuparme por la mujer ya que le ocasionará muchos problemas.
                –Habla como si yo… estuviera interesado por ella.
                –¿Y no es así?
                –¡Por supuesto que no! –gritó Labhras exasperado.

sábado, 28 de marzo de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XIX: Erks, el cerro Uritorco y el Templo Dualista Panuniversalista (Parte 2).




Volviendo a la realidad, el Maestro contaba la última parte de la historia de Ángel Cristo Acoglanis ya que había captado toda la atención de los Aprendices, excepto de Nahuel, quien ya sabía la historia y en esos momentos empezaba a dormirse con su cabeza apoyada en sus brazos. Jessica, dándose cuenta de que su amigo podría dormirse de verdad y que si lo hacía el Maestro Bracamonte se enteraría y lo castigaría, decidió darle un empujoncito para que el joven saliera de su somnolencia, cosa que logró hacerlo y Nahuel le agradeció la ayuda por medio de una seña para no interrumpir al Maestro.
–Y eso es, a modo de resumen, la relación que hay entre este Templo y el cerro Uritorco –concluyó el Maestro–. ¿Alguna pregunta? –añadió y uno de los Aprendices levantó la mano.
–Tengo una duda que siempre quise expresar y creo que tiene que ver con todo lo que habló. –dijo el Aprendiz.
–¿Y cuál es? –preguntó Bracamonte.
–¿Cómo es que nadie, fuera de nuestra doctrina, no averigua sobre el Templo? No creo que éste edificio esté escondido, todos en Capilla del Monte y sus alrededores saben de su existencia, los turistas que suben a la cima del cerro no creo que no les llame la atención un edificio construido en la base del Uritorco y sumando los misterios que rodean al cerro es imposible que éstos no sientan curiosidad por saber qué es éste lugar y quienes los habitan… –respondió el joven.
–Además hay un balneario cerca del cerro… y seguramente escucharán sobre el Templo, por lo que nadie que visita el cerro y sus alrededores desconoce este lugar. –añadió una Aprendiz.
–Bueno, todo lo que dijeron los Aprendices Ríos y Botto respectivamente tienen razón. Es muy difícil que nadie que venga a este lugar no escuche sobre el edificio y tenga sus preguntas con respecto a eso. No obstante, los Hijos del Universo y luego algunos Maestros han hecho pactos de silencio con las autoridades locales y nacionales para que nadie investigara sobre el lugar, al mismo tiempo, éstas tenían que decir, cada vez que alguien le preguntara sobre el asunto, que el edificio era un lugar en donde una secta hermética vive allí y no quieren que nadie del exterior los moleste. La típica mentira que se dice en todos los Templos Panuniversalistas del mundo. En fin, la mentira resultó a pesar que puede generar más dudas, sin embargo y esto se habla entre nosotros los Maestros y los Hijos del Universo, parece que hay una fuerza que “protege” al Templo creando una especie de bloqueo a la curiosidad de los turistas, las personas que viven en Capilla del Monte y sus alrededores y en el resto del mundo. Y se presume que dicha “fuerza” proviene del cerro Uritorco, aunque es sólo una suposición pero debido a todo lo que he dicho anteriormente, puede que no sólo sea una simple presunción –aseguró el Maestro–. Además ustedes recordarán que hace unos meses atrás apareció un enjambre de helicópteros, ¿recuerdan? Es imposible que la gente no los haya visto y no los haya oído, por lo tanto es probable que se preguntaran que hacían dando vueltas aquí arriba. Los Hijos del Universo enviaron un mensaje a la municipalidad de Capilla del Monte diciendo que los helicópteros traían suministros desde Buenos Aires y que volverían para retirar unas cuantas cosas, con eso la gente no se hizo más preguntas, o eso quiero creer. De cualquier manera, siempre que ocurre algo dentro o cerca del Templo los Hijos del Universo se encargan de hacer todo lo posible para que nadie ajeno a nuestra doctrina ponga un pie en el edificio para investigar, y eso no sólo se hace acá, también se hace en todos los Templos Dualistas Panuniversalistas del mundo –añadió–. ¿Ha entendido todo, señorita Peralta? –le preguntó a Jazmín.

jueves, 26 de marzo de 2015

La guerra de los condenados: Juegos de guerra. Capítulo 5: La Base de Hielo (Parte 3 de 3)



La voz sonaba con estridencia por todas partes y repetía el mismo mensaje una y otra vez. Los Lobos de Hielo dejaron sus tareas y se prepararon para defender la Base de Hielo, al igual que el resto de la infantería de marina presente en el lugar. Joel, Leviathan y Gabriela se reunieron y corrieron hacia la salida del sector de los Lobos Gélidos, acompañados de cerca por la Guardia Blanca.
–Parece que habrá algo de acción. –comentó Joel.
–Ya lo creo. Ya me parecía demasiado bueno tanta paz… –admitió Leviathan.
–Mañana se hubieran cumplido casi tres meses desde el último ataque del Ejército Oscuro. –afirmó Gabriela.
–Entonces tendrán que poner el contador a cero de nuevo. –bromeó Joel y Leviathan se río en voz baja, pero Gabriela ni siquiera esbozó una sonrisa.
–Quisiera saber qué criaturas nos atacarán…
–Ya lo sabremos. Ahora hay que dirigirnos hacia el C.C.D.B.H. –dijo Leviathan.

El C.C.D.B.H., sigla de Centro de Control Defensivo de la Base de Hielo, es el lugar donde se controlan todas las defensas de la base, tanto las que hay sobre el acantilado como las que hay en ciertas escolleras del puerto. A causa del frío extremo es imposible implementar un sistema defensivo como en las ciudades-bunkers. No es porque las bajas temperaturas impiden que ese sistema funcione con normalidad, sino porque se tardaría mucho tiempo en construirlas y es probable que nunca culminen los trabajos porque la Base de Hielo ocasionalmente es atacada, aunque sean pocos los monstruos que participan que cada arremetida.

En su lugar, la Base Naval de Antártica cuenta con sistema defensivo que consta de torretas controladas remotamente desde el C.C.D.B.H. y que están muy bien camufladas con el ambiente. Gracias a este sistema, la base se salvó de todas las incursiones sin tener que lamentar muertos. Sin embargo, todas las torretas fueron reemplazadas muchas veces ya que en cada ataque se perdían una o dos. Esto es mejor que perder miembros de la infantería de marina o algunos Lobos de Hielo, aunque reemplazar una torreta con las condiciones climáticas de Antártica es una tarea muy difícil.

martes, 24 de marzo de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo IX (Parte 1)



   Xiao chen le debía mucho a Labhras. En los pueblos por donde pasaban ya sabían quién era y querían ajusticiarla apenas pasara delante de ellos. La noticia de que el enigmático guerrero escarlata había sido capturado se esparció rápidamente y todos los hombres querían ver quién era. Muchos de los habitantes se sorprendieron al descubrir que ese guerrero era una mujer, produciendo que la gran mayoría de los hombres se enfurecieran porque no les agradó para nada que una mujer hubiera asesinado a varios hombres sin que éstos pudieran defenderse.

                Algunos vikingos intentaron atacarla, pero Labhras siempre salía a su encuentro para defenderla, produciendo que muchos vikingos se abalanzaran sobre él hasta que Styrmir se metiera en la gresca, apartando a sus furibundos pares del caballero. A veces los enfrentamientos duraban unos segundos y nadie salía herido, pero otras veces se convertían en escaramuzas donde varios resultaban heridos, con heridas de distinta consideración, y en las que casi todos intervenían, hasta que la misma terminaba gracias a la magia de Bastugitas. Xiao chen no recibió ninguna herida a pesar de que varias veces estuvo en medio del conflicto.

                Por las noches, el caballero alimentaba a la prisionera. Después de su larga conversación durante la segunda noche desde que fue capturada, nunca más volvieron a hablar tan largamente. Apenas se decían unas palabras. No era porque no querían hacerlo o porque estaban enojados entre sí, sino porque ambos se dirigían hacia el lugar donde se encontraba la espada que necesitaban, por lo tanto, eran rivales. No querían tocar el asunto en lo más mínimo y por eso sus pláticas no duraban mucho y prácticamente se comunicaban mediante gestos.

sábado, 21 de marzo de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XIX: Erks, el cerro Uritorco y el Templo Dualista Panuniversalista (Parte 1).




Durante varios días Nahuel trató de hablar con Celina para saber cómo se sentía después de la noticia y pedirle perdón si fue muy avasalladora la verdad, pero cada vez que intentaba hacerlo, Celina lo ignoraba o se iba del lugar para no verlo. El joven, a pesar de que se sentía muy triste cada vez que su amiga hacía eso, no desistió con la idea de charlar extendido con ella por lo que dobló sus intentos, incluso llegó a quedarse más de veinte minutos parado en el palco de los operadores mientras Celina monitoreaba una misión, ignorando por completo a Nahuel, sin embargo no logró hacer que su amiga le prestara atención y lo único que ganó fue que los otros dos operadores lo retiraran a la fuerza al muchacho, pese a esa vergonzosa situación, Nahuel voceó que no se rendiría con facilidad, mensaje que era dirigido a su indiferente amiga, pero ella era no se inmutó ante esa afirmación más bien continuaba haciendo su trabajo con total normalidad. Situaciones así dejaban perplejos a los demás dualistas que no sabían lo que ocurría ya que tanto Celina como Nahuel no decían porque ambos estaban distanciados y cada vez que alguno le preguntaba a los protagonistas por el asunto, ellos decían cualquier mentira que se le cruzaba por la cabeza en esos instantes.

Esos intentos fallidos, junto con la férrea impasibilidad Celina, repercutían en casi todas las actividades que hacía Nahuel sobre todo en su entrenamiento nocturno con los Maestros Vidal y Ortiz que desde hace un tiempo el joven mostraba una gran mejoría física y mental desde que empezó el entrenamiento. Pero últimamente los Maestros se estaban dando cuenta que el rendimiento del muchacho no era el mismo que hace un tiempo atrás. Una noche en particular, mientras Nahuel peleaba contra el Maestro Vidal en un duelo de lanzas en el cuadrilátero, el bajo rendimiento se notó bastante ya que el joven se distraía con nada causándole que el Maestro lo golpeara con fuerza con la lanza cada dos por tres cuando Nahuel debía defenderse.
–Bueno, Díaz. ¿Va a concentrarse o qué? –aseveró Vidal harto de que el muchacho no se defendiera como correspondía.
–Sí, sí… sólo me distrajo algo menor… –respondió Nahuel no muy seguro con su afirmación.
–Si es algo menor, no debería desconcentrarlo tan seguido. –declaró Ortiz sentado cerca del cuadrilátero.
–Bueno… es que hace unos días tengo problemas con una amiga… –admitió Nahuel.
–¿Por qué? ¿Acaso no te presta atención? –interrogó Ortiz.
–Sí, pero no es porque esté enamorado. Es porque le dije algo y se ofendió bastante, ahora no me quiere ver ni siquiera en una foto… –respondió el joven con tristeza.

jueves, 19 de marzo de 2015

La guerra de los condenados: Juegos de guerra. Capítulo 5: La Base de Hielo (Parte 2 de 3)



                 Leviathan, preocupada por su joven superior, se sentó a su lado y lentamente le puso su mano derecha en el hombro.
                –No soy buena con esto… Sé que tienes una gran responsabilidad y que tu hermano, el que estaba desaparecido por diez años regresa convertido en el líder del enemigo… No me imagino por lo que pasa por tu cabeza todos los días. Debes tener conflictos permanentemente. Si piensas que renunciar es lo correcto, entonces hazlo.
                –¿Crees que no le he presentado mi renuncia a Esquivel antes? –replicó Joel, levantando su cabeza y apoyando su mentón en sus dedos entrelazados.
                –Supongo que las primeras veces y él las rechazó.
                –Le presento mi renuncia una vez al mes. –dijo Joel, ocasionando que la Reploide se sorprendiera.
                –¿E-en serio?
                –Sí, pero él las rechaza sistemáticamente. Creo que debo dejar de hacerlo y tal vez él me pida que renuncie.
                –Todo el mundo sabe por qué eres el Jefe de Estado Mayor del Ejército y si bien hay quienes desean quitarte el puesto hasta ahora has hecho todo bien o, dicho de otra forma, no has cometido errores graves. –aseveró Leviathan y nuevamente ambos quedaron en silencio.
                –Yo quisiera saber… por qué Erik se convirtió en el Señor de Castlevania… –dijo Joel preocupado.
                –Él nos odia, es decir a los Reploides –admitió Leviathan, señalándose con sus manos–, y se ve que de alguna manera él consiguió que…
                –Cuando desapareció, tenía diez años, Leviathan. Era un niño. ¿Dónde estuvo desde que desapareció hasta que reapareció declarándole la guerra a los Reploides? Dudo mucho que los castlevanians le hubiera dado un hogar y abrigo, aparte que en los Avernos hay de todo menos vida. Algo pasó… Tal vez, al igual que yo, fue obligado a convertirse en el nuevo Señor de Castlevania.
                –Desde que comenzó la guerra, Nataniel Edworth fue el único Señor de Castlevania que hubo. Evidentemente algo sucedió para que Edworth fuera derrocado y su lugar fuera ocupado por tu hermano.
                –¿Lo mataron… o Erik lo mató? –preguntó Joel, mirando fijamente a Leviathan.
                –Eso es… ¿posible? –expresó la Reploide sorprendida.

martes, 17 de marzo de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo VIII (Parte final)



A la mañana siguiente todos volvieron a trabajar para despejar el único camino que los sacaría de la cordillera. Estaban bastante cansados porque habían dormido unas pocas horas, pero como no faltaba mucho para lograr su objetivo trabajaban con ahínco. Antes de ayudar a los demás, Labhras se acercó a Xiao chen para averiguar si todavía estaba viva.

Cuando despertó, la fogata se había extinguido por completo y, a juzgar por las brasas apagadas, fue hace tiempo. El caballero se acercó hasta quedar a diez metros de distancia y a los pocos segundos vio a la mujer girar sobre sí misma, de la misma manera cuando uno se mueve en la cama mientras duerme, entendiendo que ella estaba viva y seguidamente se puso a trabajar con tranquilidad.

Para antes del mediodía los hombres lograron despejar el camino y rápidamente desmontaron el campamento. Una vez que tuvieron todo listo Labhras se acercó a Xiao chen con una cuerda. Ató la misma en sus manos, justo sobre las otras ataduras, hizo que uno de sus compañeros atara el otro extremo en una de las carretas y cuando éste aviso que había cumplido con la orden el Guardián desató las piernas de la mujer, diciéndole que caminaría como ellos, pero a una distancia segura para evitar cualquier problema.

sábado, 14 de marzo de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XVIII: La espeluznante verdad (Parte final).




–¿Sabes…? nunca nos llegamos a conocer bien…  y creo que nunca nos conoceremos –le dijo Nahuel a la tumba de Fabricio como si el muerto le estuviera escuchando–. Es más, nunca escucharás lo que te diga, o lo que digan los demás, ya sean tus amigos, tus camaradas de la milicia… ni tu novia… No tienes ni la remota idea de la mentira que están viviendo tus seres queridos, a los que tantos querías, a los que tantos ayudabas. No tienes ni la más puta idea de que es lo que sienten o ni muchísimo menos Celina… ¿Será acaso por la profundidad? No lo creo… ¿Será acaso porque los gusanos te habrán devorado tus orejas? No, tampoco. Tu desconocimiento se debe a que tu alma fue destruida, mejor dicho, tú fuiste destruido. Lo único que queda de ti es lo poco que los gusanos no han devorado de tu cuerpo y una vez que ya no tengas ni huesos, eso será todo, nadie sabrá más de ti tanto acá, en nuestra dimensión como en la dimensión energética donde van a parar las almas desencarnadas; y no puedes hacer nada con cuerpo sin alma más esperar a que todos tus tejidos sean comidos y tus huesos se conviertan en polvo, no sentirás más la brisa del viento en tu rostro, la suavidad de una flor, el abrazo de un amigo y el calor del amor de Celina ¿y por qué? ¿Por qué estás muerto? ¡Ja! Tú y yo sabemos que la muerte no es impedimento para volver a experimentarse eso, ambos lo sabíamos antes de reencarnar pero nos obligan a olvidarnos de eso y cuando estamos encarnados tenemos miedo de la muerte porque pensamos que perderemos muchas sensaciones que nos hacen bien, imagínate como sería si supiéramos toda la sabiduría de la muerte que se nos proscribe cuando volvemos a la vida ¡nadie temería a la muerte! Y creo que si alguien que lo supiera no le gusta cómo está viviendo, se suicidaría, ¡total, para esa persona, la muerte no le será ningún misterio! Es mejor que la muerte se quede en el misterio, total… ¡Qué sería una vida sin misterios como la muerte!

jueves, 12 de marzo de 2015

La guerra de los condenados: Juegos de guerra. Capítulo 5: La Base de Hielo (Parte 1 de 3)



    Desde el inicio de la guerra se libraron miles y miles de batallas. La cantidad precisa es imposible de calcular. Ha pasado tanto tiempo que ninguno de los dos bandos puede recordar todas las que hubo, sólo se acordaban aquellas en donde acontecieron hechos importantes. El campo de batalla siempre cambiaba y aunque en muchas ocasiones combatían en el mismo sitio no era el mismo y no por qué hubiera cambiado por las fuerzas de la naturaleza o por las sucesivas batallas, sino por los combatientes.

                En más de cuatro siglos el dominio de los tres principales campos de batalla, tierra, mar y cielo, variaba constantemente. Sin embargo, mientras que tanto en tierra como en el aire los dos bandos demostraban ser eficientes, el mar casi siempre estuvo en dominio de los humanos y los Reploides. La Armada del Planeta ya era poderosa antes de se desatara la guerra contra los invasores. Sus imponentes barcos y sus versátiles marineros convirtieron a la Fuerza Mekai en la rama del ejército más famosa.

                Antes de que ocurriera la invasión de Ivaldhi, el hecho que desencadenó la guerra, la Armada poseía solo una gran base, cien destructores, cuarenta fragatas, setenta destructores, treinta remolcadores, doce acorazados, veinticuatro submarinos y dos portaaviones, aparte de otros vehículos y aeronaves propios. Para ese momento, Fairy Leviathan era la Almirante de la Armada del Planeta, que con anterioridad también se llamaba Marina de Guerra, pero cayó en desuso y hoy solamente se emplea en los libros de historia. A decir verdad, Leviathan recibió el rango máximo de la Armada apenas le concedieron su cuerpo, así como Harpuia y Fefnir el liderazgo total de la Fuerza Aérea y el Ejército de Tierra respectivamente.

martes, 10 de marzo de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo VIII (Parte 2)



Sin que ninguno de los dos esperara, Labhras entró en escena. El caballero alzó su espada e intentó  cortarle el cuello a la mujer, pero ésta soltó el cuello de Styrmir, le dio una fuerte patada con sus dos piernas en su rostro para apartarlo y finalmente giró hacia un lado para eludir la espada de su adversario; todo esto a una velocidad tan insólita quedó perplejo a Labhras. Sin embargo, el Guardián se repuso casi al instante de su perplejidad y se dirigió hacia su contrincante.

Al poco tiempo se encontraba dando espadazos en el suelo, tratando de alcanzar con su arma a la escurridiza mujer, que no hacía otra cosa más que girar en el nevado suelo. De pronto, la guerrera se detuvo, quedando prácticamente bocabajo; Labhras pensó que se había agotado y aprovechó la oportunidad para liquidarla finalmente, pero en el momento exacto en que levantó su espada para realizar el golpe de gracia, la guerrera escarlata se dio vuelta y le lanzó una bola de nieve que impactó justo en su rostro, haciendo que parte de la nieve entrara en sus ojos, cegándolo momentáneamente.

Seguidamente la mujer se irguió y empezó a localizar el látigo con su mirada, encontrándolo al poco tiempo. Como estaba algo lejos y Labhras estaba a punto de quitarse la nieve porque había abierto la barbera de su yelmo, la guerrera corrió un poco hacia el látigo y en un momento dado se desplazó dando verticales, acelerando su movimiento y agarrando el mango del látigo cuando hizo el último movimiento. Para cuando se detuvo ya tenía el arma lista para usarlo.

sábado, 7 de marzo de 2015

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XVIII: La espeluznante verdad (Parte 2).




–¡Santo cielo! ¡Díaz! ¡¿Me escucha?! –exclamó Méndez saltando de su silla y acercándose al joven, pero Nahuel no decía nada, sólo titubeaba algo por lo bajo–. ¡Vamos! ¡Diga algo! ¡Lo que sea! ¡Maldición! –afirmó al tiempo que sacudía al muchacho, primero con suavidad y luego con fuerza. Aun así seguía sin obtener alguna respuesta del muchacho más que su perturbador titubeo–. ¡Por favor, reaccione! ¡Vamos! –agregó el hombre y está vez decidió darle unas suaves y rápidas bofetadas Nahuel para que saliera de ese estado, y el joven dejó de titubear y comenzó a bajar los brazos en señal que las bofeteadas lo hicieron regresar en sí.
–Yyyooo… yyyyooo… yyyooo… –dijo Nahuel todavía pálido.
–¿Qué quiere decir, Díaz? ¡Vamos, concéntrese! –contestó Méndez dándole ánimos al muchacho para que recuperara el habla y gracias a eso el color de su piel volvió a ser la que era al tiempo que Nahuel respiraba con tranquilidad.
–Espero… que no sea verdad lo que estoy pensando ahora… –declaró Nahuel un tanto nervioso.
–¿Y qué está pensando? –preguntó Méndez desconcertado.
–Pues… No, no voy a decirlo.
–¿Cómo que no va a decirlo? ¡¿En qué diablos está pensando?!
–Lo siento, gracias por la ayuda, pero me tengo que ir.
–¡Un momento! Usted no se va de acá hasta que me diga qué carajo le está pasando.
–Primero tengo que confirmar una cosa antes de expresar lo que pienso y si mi pensamiento es el correcto, si la verdadera causa de la muerte de Fabricio Belmonte es la que estoy conjeturando, a nadie le va a gustar y se va armar un tremendo escándalo.
–¿Y qué puede ser tan grave como para que nadie le vaya a gustar?
–Cuando lo sepa me dará la razón, pero lo sabrá a su debido tiempo sabiendo que usted que ya tuvo una experiencia traumática por esto y puede que vuelva a caer en un estado depresivo.
–¿Y cómo sabré si eso me puede perjudicar? Además, qué sabe usted de psicología.
–Lo siento, pero me tengo que ir. Gracias y adiós. –respondió el joven y rápidamente salió del lugar.
–¡Díaz, espere…! –exclamó Méndez para que se detuviera Nahuel pero ya era demasiado tarde–. ¿Qué bicho le pico? –se preguntó extrañado por la actitud del joven.

jueves, 5 de marzo de 2015

La guerra de los condenados: Juegos de guerra. Capítulo 4: La muerte acecha a la distancia (Parte 3 de 3)



Esqueletos y zombies caían al suelo a gran velocidad. El Reploide disparaba a la cabeza o al corazón con el fin de liquidarlos con rapidez. Si esto no le era posible disparaba a las piernas para inmovilizarlos por un momento para luego rematarlos. Sin embargo, Axl debía tener cuidado de no abusar de sus pistolas. Si se sobrecalentaban podrían estallarle en las manos y si bien podía lanzarlas antes de que eso ocurriera para usarlas como improvisadas granadas, se quedaría sin armas para continuar disparando. Cada disparo debía ser certero y debía disparar con calma; de lo contrario las pistolas se recalentarían antes de que se lo esperara.

Sin embargo, la puntería de Axl no salvaría a todos sus compañeros tiradores y a los pocos soldados del Ejército de Tierra aún quedaban. Si no los organizaba los monstruos los matarían y destruirían sin piedad y la misión nunca se cumpliría. Todos esperaban que el T.B.U. llegara rápido al obelisco y sus tripulantes lo hicieran estallar antes de que fuera demasiado tarde.

El T.B.U. se movía a toda velocidad hacia el obelisco. Los tripulantes acababan con todos los monstruos que se hallaban en su línea de fuego, disparándoles prioritariamente a los demonios de hielo y fuego que aparecían ya que podrían ponerlos en peligro de nuevo, asimismo no perdían de vista a los wargs y minotauros, que también eran peligrosos. Para su fortuna, los Golems de roca y de hierro estaban lejos de su posición y dado a que se movían lentamente no debían preocuparse por ellos.

martes, 3 de marzo de 2015

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo VIII (Parte 1)



    Durante la semana que estuvieron marchando por el territorio del clan Halðfröð, Labhras, Bastugitas, Styrmir y compañía oyeron muchos rumores sobre ese guerrero escarlata que acaba sorpresivamente a grupos de vikingos en varias zonas de las regiones septentrionales, dejando unos pocos sobrevivientes. A medida que más al norte se dirigían, los rumores se acrecentaban casi de forma exponencial.

     Los hombres de Labhras comenzaron a asustarse. Si los vikingos no pudieron todavía vencerlo, ellos no tendrían ninguna oportunidad frente él; incluso dudaban que los hombres que sus compañeros nórdicos podrían si quiera chocar sus armas contra la de ese enigmático guerrero. Por su parte, y lejos de estar asustados, los hombres de Styrmir, y el mismo Styrmir también, estaban muy curiosos por tener a ese extraño enemigo delante de ellos. Entretanto, Labhras oía a Bastugitas diciéndole que él podría detenerlo con su magia si los atacaba, no obstante el Guardián no se olvidaba que el hechicero tenía reducidos sus poderes; cosa que el Nigromante se le olvidaba al hablar porque lo hacía con mucha convicción, como si los dioses no le hubieran suprimido sus poderes. Dejando eso de lado, el caballero podría defenderse de los ataques gracias a su resistente armadura y su yelmo, que luego de haber partido del primer pueblo de los Halðfröð, tras la escaramuza contra los Durabling y los Terlfarg, lo llevaba siempre puesto.

      Más allá de lo que pensaran o sintieran, todos estaban seguros de una cosa: en cualquier momento se toparían con ese enigmático guerrero. Serían fácilmente blanco de sus arremetidas y a medida que más tiempo pasaran marchando por las regiones septentrionales la posibilidad de encontrárselo aumentaban.