martes, 30 de septiembre de 2014

El Señor de las Espadas (Libro II): Capítulo I (Parte única)



        El mar era como un tirano, inclemente hasta el extremo. Las olas azotaban con fuerza a la embarcación y las aguas tenían el control total de la misma.

                El barco había sobrevivido a la arremetida de cuatro olas inmensas, de decenas de metros de altura, desapareciendo por unos segundos de la vista y reapareciendo como un submarino descontrolado. Sin embargo, poseía las heridas producidas en dichos ataques. De todas las vergas, solamente una estaba intacta, las demás colgaban peligrosamente, balanceándose según cómo se movía el navío, poniendo en peligro a todos los que se hallaban en la cubierta. Todas las velas, rasgadas, siendo tiras que en ocasiones, y gracias al viento, producían un sonido similar a un látigo. El casco se encontraba prácticamente intacto, no obstante, varias de las tablas de madera empezaban a resquebrajarse, gracias al constante azote de las olas y varios clavos se partieron, comprometiendo bastante la resistencia del navío.

                Por otra parte, la tripulación era la que más sufría la inclemencia del Anillo de la Serpiente. Todos eran arrastrados de un lado hacia el otro sin control y no podían hacer absolutamente nada para detenerlo, además de que el agua de ciertas olas que lograban superar la cubierta los golpeaba como si les hubiera caído encima un costal de papas. Labhras y Bastugitas, al igual que los demás, habían perdido sus fuerzas y por más que intentaban aferrarse a algo, sus fuerzas fallaban y nuevamente se movían en contra su voluntad por toda la cubierta.

lunes, 29 de septiembre de 2014

PREMIO WONDERFUL TEAM MEMBER READERSHIP AWARD (¡Joder! ¡Qué nombre tan largo!)


En el mismo día que recibí el el Premio Lieb(inserte el nombre de su agencia de inteligencia favorita aquí)ster (sí, ya sé que el chiste no va más pero jódanse, es mi entrada), recibí este galardón cuyo nombre es inversamente proporcional a sus condiciones. 

Hablo, mejor dicho escribo en tiempo pasado porque en el momento que escribo estas letras se está terminando la primera hora de este lunes en mi país (Reino Argento Argentina).

domingo, 28 de septiembre de 2014

PREMIO LIEBSTER AWARD (Sabía que [inserte el nombre de su agencia de inteligencia favorita aquí] se iba a entrometer)


He recibido este sospechoso premio de manos de Matías Viatri Perez (Blog: losdesvelados.blogspot.com.ar) al cual le agradezco.

¿Por qué sospechoso? Simple: ¡porque hay que contestar preguntas! Es una de las condiciones del premio. Ya me parecía raro que [inserte el nombre de su agencia favorita aquí] no metiera sus narices por Blogger. Como no tienen suficiente con la gran "F" y el pajarraco azul ese que nadie sabe qué de especie es, quieren expandirse y llegar hasta debajo de la cama de cada uno (si llegan a estar debajo de mi desparecerán por los monstruos que residen ahí [sonrisa monstruosa y maléfica]. Están advertidos).

sábado, 27 de septiembre de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XIII: Encuentros cercanos del quinto tipo (Parte 1).




A los pocos días después, los Hijos del Universo le informaron a Ezequiel que el cuestionario estaba muy bien realizado y felicitaron al niño por el trabajo y la dedicación por lo que el niño quedó muy complacido con los halagos. Después de eso, Ezequiel le contó a María, a Alejandro y a  Nahuel del éxito del cuestionario y a agradecerles por su ayuda, por lo que María y Alejandro lo felicitaron por el logro, excepto Nahuel que parecía que su mente estaba ocupada en otros asuntos tal era su estado absorto que ni siquiera sabía lo que Ezequiel contaba por lo que María se encargó de hacerle “volver” a la realidad por medio de un codazo, técnica que funcionó por lo menos mientras estuvo Ezequiel, ya que cuando el niño se despidió del grupo, Nahuel volvió a encerrarse en su mente, ya que la preocupación que lo tenía tan pensativo era una misión muy especial que los Hijos del Universo le habían encargado bien temprano por la mañana y que tenía que hacerlo esa misma noche.

Después de cenar, Altamira llamó a Nahuel para que realizara su misión y le dijo todos los detalles de la misma y le pidió que se vistiera con su traje de Aprendiz y una vez vestido debía dirigirse hacia los garajes ya que Pedro Falón tenía su transporte listo porque no podían teletransportarlo a su lugar de destino debido a que la naturaleza de la misión requería que el joven fuera muy cauteloso para no llamar la atención, además el Sabio Maestro le entregó un mapa que indica el lugar a donde debía dirigirse. Al llegar a los garajes, ya vestido como le pidió Altamira, Pedro Falón le mostró su transporte que era un jeep lo que provocó una enorme alegría al joven ya que siempre quiso conducir uno y llevarlo por los accidentados caminos de las sierras, pero eso no podría hacerlo esa noche porque tenía una misión que cumplir por lo que se subió al vehículo y tras escuchar unos consejos de Falón sobre el coche y mirar con detenimiento el mapa, Nahuel se puso en marcha procurando no exceder la velocidad permitida, sobre todo al andar en Capilla del Monte para que los policías de tránsito no lo detuvieran y se metiera en problemas, aun sabiendo que los Hijos del Universo le habían dicho que no se preocupara por ese detalle. Nahuel debía ir a una pequeña arboleda situada al suroeste de Capilla del Monte para encontrarse con unos “amigos” para discutir sobre ciertos asuntos. Minutos después el joven llegó a su destino, apagó el motor del jeep y se recostó relajadamente sobre el capó mirando hacia el cielo.

martes, 23 de septiembre de 2014

La guerra de los condenados: Juegos de guerra. Capítulo 1: Persecución a medianoche (Parte 2 de 3).



A un kilómetro de distancia, otros jinetes de criaturas voladoras se aproximaban. Sin embargo, cuatro de ellos estaban parados sobre unos wyverns cuyo tamaño era similar a la de los dragones cuadrúpedos, lanzando horrendos chillidos y moviendo sin control su cabeza, que eran controladas por las largas riendas de sus jinetes, quienes en realidad no estaban erguidos sobre una silla de montar diseñada para que pudieran estar en esa posición sin problemas. La piel de estas bestias era de color verde oscuro mientras que el color del interior de sus alas era gris casi oscuro, sus garras amarillentas y ojos morados. Sus jinetes eran idénticos al de los dragones cuadrúpedos.

Empero, el quinto era distinto. Montaba, mejor dicho, estaba erguido sobre un murciélago gigante que poseía ojos rojos y largaba una cantidad de saliva tal que parecía que estaba rabioso. Aparte de eso estremecía todo su cuerpo, como si tratara de derribar a su jinete, quien parecía no afectarle en lo más mínimo las sacudidas y cada vez que la criatura se descontrolaba halaba con fuerza las riendas.

El jinete llevaba puesto una larga capa negra con una amplia capucha que lo único que cubría era su rostro, pero a diferencia de los demás jinetes no se le veían sus ojos, la oscuridad ocultaba su cara por completo. El resto de su cuerpo no presentaba ninguna protección, su torso estaba desnudo, revelando una cantidad considerada de tatuaje, vestía solamente un pantalón, un par de botas y un par de guantes que le cubrían sus antebrazos completamente, todo de color negro. Blandía una lanza cuya forma se parecía al de los demás jinetes, pero las hojas de los costados se asemejaban bastante a las alas de un murciélago extendidas hacia arriba; toda el arma era de color negro, aunque el asta no era tan oscura, más bien se asemejaba a un gris oscuro.

lunes, 22 de septiembre de 2014

ENTRADA ESPECIAL: Valesïa. La novela de Miguel Costa.

No sabía si debía hacerlo de otra forma, pero como Miguel Costa (miguelcostatovar.blogspot.com) me dedico una entrada sobre mi blog, pensé que esto era lo adecuado.

En esta entrada atípica de mi blog voy a hablarles un poco sobre la obra de este compañero bloguero, titulada VALESÏA.


SINOPSIS

Cuando los monstruos y brujos del sur invaden el Reino de Castrum del planeta Tierra Leyenda, los hombres y los animales mágicos deben emigrar hacia el frío norte. Mientras los magos y gobernadores humanos idean una guerra difícil de ganar, Valesïa, la jovencísima hija de un importante caudillo del reino, comienza una aventura épica en compañía de su protector el lince Linx. Ella es la Elegida por los mismísimos dioses del Edén.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XII: Una arremetida de preguntas (Parte final).




Al día siguiente a la tarde, Ezequiel se dirigió hacia el jardín interior para buscar a Nahuel con la carpeta y una lapicera en mano, listo para contestar las preguntas que más le interesaban, sobre los Misántropos. No tardó mucho encontrarlo ya que lo vio acomodando unas plantas que había en uno de los canteros.
–Hola, Nahuel, ¿qué haces? –le preguntó Ezequiel a Nahuel apenas se acercó.
–Hola, estoy separando unas plantas que se estaban cruzando, para colmo son muy frágiles –contestó Nahuel–. Pero ya está. A ver… ¿Qué quieres saber sobre nuestros amigos los Misántropos?
–Serán tuyos, porque yo no conozco ni siquiera uno terrenal y por lo que me han contado, solo tú tienes amigos Misántropos –aseguró Ezequiel–. Y ya que estamos… ¿Por qué existe esa diferencia entre los “Oscuros” y los “terrenales”? –le preguntó mientras abrió la carpeta y tomó su lapicera listo para escribir.
–¿Vas a escribir todo lo que te diga? –interrogó Nahuel.
–Sí, y después armo la respuesta. –afirmó el niño.
–De acuerdo. Esa diferencia la hicimos nosotros para ya que los misántropos que viven en el planeta, es decir aquellas personas que tienen actitudes según los psicólogos de aberración hacia la humanidad en general, no saben nada sobre sus pares que viven en Misantropía Unida, además no poseen ninguna habilidad… “demoníaca” por así decirlo –respondió el joven–. Pero los “Oscuros” no hacen esa diferencia, es más los llaman “hermanos”.
–¿Y por qué los llaman así? –interrogó Ezequiel y Nahuel le contestó que no sabía mediante un gesto–. Bueno… ¿y por qué los “Oscuros” están en una dimensión aparte de la nuestra?
–Porque ellos estaban cansados de tanta estupidez humana, hasta tal punto de considerarse superiores a los demás, pero tenían la carga de seguir siendo humanos, en algún punto de su historia crearon una dimensión paralela a la nuestra y se trasladaron allí con su castillo y todo –respondió Nahuel–. ¿Te acuerdas en qué lugar que te dije en donde estaba el castillo?

martes, 16 de septiembre de 2014

La guerra de los condenados: Juegos de guerra. Capítulo 1: Persecución a medianoche (Parte 1 de 3).



La ciudad de Baltizerth era una de tantas ciudades abandonadas del planeta. La conflagración entre los humanos, y sus aliados Reploides, y los castlevanians ocasionaron que los habitantes produjeran un gran éxodo hacia una de las “ciudades-bunkers” más cercana, a no ser que quisieran morir en medio del fuego cruzado, o por culpa de un inesperado disparo de la artillería, o causa del ataque de alguno de los cientos de tipos de monstruos que componen el variopinto ejército castlevanian.

Los derruidos muros de los edificios, los escombros y los grandes cráteres creados por la artillería, las bombas y ciertos ataques mágicos convirtieron a esa ciudad en un campo de batalla frecuente. Los muros y las calles estaban bañados por la sangre seca de los monstruos o por el fluido hidráulico de las máquinas. Los restos de vehículos, civiles o militares, y esqueletos de ciertas criaturas en descomposición contribuían al devastado escenario, aparte de ser buenos lugares para esconderse del intenso fuego enemigo.

A pesar de que los combates sucedían y poco a poco Baltizerth era reducida a cenizas, la naturaleza avanzaba lentamente y las plantas ya se habían apoderado de la periferia de la ciudad. Sin embargo, también eran víctimas de los ataques de ambos bandos, sobre todo cuando los humanos y los Reploides usaban bombas o usaban munición de artillería incendiaria o por los ataques mágicos ígneos o congelantes por parte de los hechiceros castlevanian o criaturas que escupían fuego o poseían un hálito congelante.

La noche del 12 de septiembre de 7614 era algo fría, el cielo estaba parcialmente nublado y una brillante luna llena engalanaba el nocturno paisaje. Como desde hace mucho tiempo, y poco después de que la gente la abandonara, Baltizerth se encontraba sumida en la oscuridad y el resplandor de la luna llena era la única fuente de luz que poseía. Los pocos postes de luz que quedaban intactos y varios de los que se encontraban doblados quedaron como simple decoraciones que vagamente hacían recordar que alguna vez alumbraron las congestionadas calles de la ciudad, donde ahora ni siquiera un fantasma se desplazaba, y si alguno se desplazaba era porque formaba parte del ejército castlevanian.

No obstante, dentro de poco tiempo sus destruidas calles volverían a tener vida porque a doscientos kilómetros al noreste una “Segadora del viento” (un vehículo cuya estructura se asemeja una motocicleta de competición aunque es más larga, no posee ruedas, puesto a que se desplazaba gracias a motores anti-gravedad y estabilizadores de suspensión en la parte inferior y un gran motor de gran potencia, cercano a los tipo cohete, en la parte posterior y tiene una estructura hecha de cristal de alta resistencia para proteger al piloto de la fuerza generada por la gran velocidad a la que puede llegar a desplazar el vehículo) estaba acercándose a gran velocidad.

–¡¿Dónde está el Escuadrón Kamikaze?! ¡Los tengo encima! –exclamó el piloto del vehículo con un comunicador que tenía en una de sus orejas.
–Está aproximándose lo más rápido que puede, Joel –respondió una voz femenina por el dispositivo–. Deberás evadirlos como puedas.
–¡¿Evadirlos?! ¡Si me muevo bruscamente a casi doscientos cincuenta kilómetros por hora terminaré dando tumbos y ellos nos habrán ganado!
–No hay otra opción.
–¡Maldita sea! ¡Voy a tener que usar las calles de Baltizerth para evitar los ataques!
–Eso es extremadamente peligroso.
–No hay otra opción. –repitió Joel con cierta sorna.

                Mientras tanto, casi a un kilómetro encima de él emergían de las nubes cinco dragones cuadrúpedos raquíticos, de siete metros de largo y más de catorce metros de envergadura, cuya piel escamosa era de color azul oscura casi negra y su vientre un poco más claro que la piel. Sus ojos eran verdes que emitían una tenue luz del mismo color, sus dientes afiladísimos blanquecinos y sus poderosas garras tan negras como la noche.

                Todos poseían sillas de montar y riendas porque tenían un jinete. Cuatro de ellos eran caballeros cuyas armaduras se encontraban en mal estado, con abolladuras y óxido por todas partes, pero no poseían yelmo sino una capucha negra que formaba parte de una capa del mismo color. Por alguna extraña razón no se le veía el rostro como si un manto de oscuridad lo cubriera, dejándose ver sus ojos humanos de color rojo intenso. Los cuatro blandían con su mano derecha una larga lanza cuya hoja poseía la forma de un hacha de doble filo con una hoja de espada corta en la punta, como si se tratara de una particular alabarda, mientras que con su mano izquierda agarraban las riendas con las que comandaban a las peligrosas bestias.

                Sin embargo, el quinto jinete era completamente distinto. Vestía una camisa de cota de malla y sobre ésta una túnica roja con mangas cortas que le llegaba hasta las rodillas, ajustada en la cintura por un cinturón con una hebilla plateada que poseía como decoración la cabeza de un dragón con una expresión amenazante, sus piernas estaban protegidas por musleras, rodilleras y grebas y en sus pies tenía unas botas negras que cubrían una parte de las grebas. Sus brazos estaban desnudos, llevando únicamente unos brazaletes de cuero que poseía como decoración unos dragones de aspecto atemorizante de perfil, mirando hacia el cuerpo del jinete. También llevaba puesta una gran capa azul con capucha y al igual que los demás jinetes su rostro no se veía, pero tampoco sus ojos, aunque se asomaban unos cuantos mechones largos de pelo rubio.

Su lanza también era distinta. El asta estaba hecha de una madera oscura, en la parte posterior terminaban en una punta metálica muy aguda, la hoja era muy parecida a la de sus compañeros, aunque en cada hoja tenía una figura impresa: en una había un demonio mientras que la otra un ángel; ambas figuras gozaban de muchos detalles precisos, hasta el punto que parecían muy reales a pesar de no poseer relieve alguno y por el uniforme color del metal. En la unión de las dos partes había un cristal de color morado que en su interior se hallaba una pequeña llama violácea. La hoja de espada corta en la punta tenía en su base dos hojas más pequeñas emergían con una inclinación de cuarenta y cinco grados hacia los costados de la hoja principal.

Apenas salieron de la nube el quinteto descendió un poco, en dirección a Joel, quien justo en ese instante giró su cabeza para saber si todavía lo seguían. En ese momento, él estaba a treinta kilómetros de una de las entradas del noreste de Baltizerth. También notó el destello de las hojas de las lanzas gracias al resplandor de la luna.
–¡Maldita sea! ¡Lecarde está con ellos! –exclamó Joel– ¡Espero que las calles de Baltizerth me protejan!
–No es conveniente ya que terminará estrellándose contra los escombros. –dijo la voz femenina en su comunicador.
–¡No soy tan estúpido como para andar a gran velocidad entre las calles de una ciudad destruida! –gritó molesto Joel para descender bruscamente la velocidad de su Segadora del viento de casi 250 kilómetros por hora a un poco más de cien, justo cuando entraba a la abandonada ciudad– ¡Usted haga que el maldito Escuadrón Kamikaze aparezca!
–Eso está fuera de mi alcance y ya lo sabe.
–¡Entonces ruegue para que las bolas de fuego de los dragones no me alcancen! –gritó Joel y cuando menos se lo esperó tres explosiones sucedieron a metros delante de él, ocasionando que él, un tanto asustado, estremeciera peligrosamente su vehículo, estabilizándolo a los pocos segundos– ¡Maldita esa!
–Tiene que resistir.
–¡Qué gran consejo!

Joel comprendió rápidamente que manejar por la ciudad abandonada era extremadamente peligroso. El irregular terreno, moldeado caprichosamente por las explosiones, los escombros de los edificios, los restos de vehículos y bestias constituían obstáculos prácticamente mortales. Por si esto no fuera poco, la única luz que alumbra su camino procedía de la Segadora del viento y las esferas de fuego creaban más obstáculos.

Joel no podía zigzaguear aunque la calle por donde circulaba, que en realidad era una avenida, era lo suficientemente ancha como para que pudiera hacer eso, había muchos obstáculos y no tenía la destreza necesaria para moverse de esa forma rozando por muy poco a todo lo que podría acabar con la persecución. Los dragones, que volaban a casi ocho metros  de altura, no dejaban de arrojarle bolas de fuego de sus humeantes fauces. Ninguno de los jinetes deseaba acercarse al vehículo para usar sus lanzas con el fin desestabilizarlo. No era por qué no tenían suficiente espacio para hacerlo; tal vez querían que Joel terminara dando tumbos sin esforzarse demasiado.

Empero, el hombre no se la iba a poner fácil. Apenas vio un desvió hacia otra calle ancha hacia su izquierda la tomó, esquivando una esfera que impactó a centímetros de su costado derecho. Para su fortuna entró a una calle que no estaba tan destruida, por lo que empezó a zigzaguear, ocasionando que los dragones tuvieran problemas para atinarle. Mientras se movía a un poco más de cien kilómetros por hora, Joel buscaba fugazmente con su mirada las siluetas de los edificios, esperando encontrar los más altos para dirigirse hacia ellos y así dificultarle aún más la puntería a sus enemigos. No obstante, no hallaba absolutamente nada y no podía apartar su mirada de la calle por más de unos segundos porque de hacerlo podría estrellarse contra un escombro.

Un minuto después giró bruscamente hacia la derecha, produciendo que los estabilizadores se esforzaran al máximo para que el vehículo no saliera disparado hacia la izquierda producto de la inercia y colisionar contra el muro de un edificio y a los pocos segundos estaba moviéndose por una calle con normalidad, pero de pronto tuvo que zigzaguear por necesidad puesto a que estaba repleta de escombros.

Como algunos obstáculos eran imposibles de evadir y tenían unos pocos centímetros le pasaba por encima, ocasionando que el vehículo rebotara de forma violenta y que Joel saltara en su asiento, estrellándose varias veces la cabeza con el “techo”. Pero a pesar de los golpes él seguía conduciendo, esquivando todos los obstáculos, incluyendo las bolas de fuego.

Cuando menos se lo esperó los dragones redoblaron sus esfuerzos y comenzaron a atacarlo sin piedad, escupiéndoles bolas de fuego una tras otra en menos de un par de segundos. Las explosiones y los trozos de escombros que levantaban se convirtiendo en obstáculos impredecibles y muy molestos, llegando a ocultar otros más peligrosos como escombros enormes o vehículos destruidos. Joel se concentró al máximo para moverse en el momento adecuado, preparándose para esquivar todo lo que podría aparecer. A medida que se desplazaba su vehículo sufría los impactos de los escombros, algunos de ellos no le hacían nada más que un raspón, pero otros lo sacudían un poco pero no lograban desestabilizarlo. En esos momentos Joel agradecía que todo su cuerpo estuviera protegido por la estructura defensiva que poseía el vehículo.

No pasó mucho hasta que la calle se convirtió en una trampa mortal. A todos los obstáculos que él debía esquivar, se le sumaron los cráteres. Algunos eran tan pocos profundos que la Segadora del viento pasaba sobre ellos como si fuera tierra firme gracias a la velocidad que estaba desarrollando, pero otros eran tan profundo que el vehículo recorría la depresión para salir disparada varios un par de metros en el aire, regresando bruscamente en el suelo. Joel intentaba evadir los más grandes, pero cuando no lograba eludir uno a tiempo se aterraba bastante porque cuando el vehículo salía del cráter quedaba expuesto a las bolas de fuego de los dragones. Para su gran suerte, ninguna pudo atinarlo cuando ocurría eso, ni siquiera lo rozaban.

Antes de que la persecución terminara por culpa de un cráter, Joel vibró nuevamente hacia la derecha, metiéndose en una calle mucho peor que a la que donde estaba, pero como no podía dar marcha atrás no tuvo más remedio que continuar. Al poco tiempo se encontraba en una situación muy complicada. Él creía que un milagro lo mantenía con vida porque su vehículo se movía casi sin control y las esferas de fuego impactaban demasiado cerca, hasta el punto en que la Segadora del viento se estremecía bastante.

Cuando menos se lo esperó el hombre viró bruscamente a la izquierda, volviendo a la avenida por donde entró a la ciudad abandonada. Pensó que ahora podría acelerar un poco más y cruzar todo Baltizerth preocupándose únicamente por los dragones y los pocos obstáculos que veía hasta llegar al centro de la ciudad, donde estaban los edificios más altos y así poder distraer a sus perseguidores hasta que apareciera de una vez el Escuadrón Kamikaze. Sin embargo, los jinetes hicieron que sus bestias descendieran para arremeter con sus lanzas como si fueran aves rapaces.

Como Joel no poseía un espejo retrovisor o algo similar, empezó a zigzaguear de forma impredecible para evitar que las armas de sus enemigos o las garras de los dragones impactaran en el vehículo para desestabilizarlo, aunque al hacer eso aumentó el riesgo de que se estrellara contra un obstáculo; varias veces Joel sintió que la Segadora del viento rozó los escombros y los restos de vehículos.

Esperaba poder resistir hasta que llegara a la zona de los altos edificios, aunque por la situación en que se hallaba eso se hacía cada vez más improbable. Deseaba insultar con todas sus fuerzas a la que se encontraba del otro lado del comunicador, pero si lo hacía temía que se desconcertara y en consecuencia sus enemigos cumplirían con su objetivo.

Repentinamente, una voz se oyó en el comunicador que le devolvió la vida a Joel:
–Aquí el Escuadrón Kamikaze, líder Alfa al habla, cambio.
–¡Ya era hora, maldita sea! –exclamó Joel un tanto enfurecido, aunque se percibía cierta sensación de alivio.
–Nos estamos acercando hacia tu posición. Mantente por esa avenida. Cambio.
–¡Apresúrense que los malditos dragones intentan atraparme!
–Resiste un poco más. Cambio y fuera –dijo la voz mientras que en su visor se mostraba la ubicación de los cincos dragones–. Líder Alfa al resto del escuadrón. Tengo localizados a nuestros enemigos. Confirmen si los han localizado. Cambio.
–Líder Beta confirmando la localización del enemigo. Cambio.
–Líder Gamma confirmando la localización del enemigo. Cambio.
–Líder Delta confirmando la localización del enemigo. Cambio.
–Líder Épsilon confirmando la localización del enemigo. Cambio.
–¡Escojan a un dragón y derríbenlo antes de que acaben con Joel! ¡Escuadrón Kamikaze a la carga! –exclamó enérgico el líder Alfa y a continuación los pilotos pusieron los motores de sus naves a toda potencia, comenzando a desarrollar más velocidad que con la que se acercaban a Baltizerth.

Los cinco pilotos, que eran Reploides, se movían en unas naves de combates monoplazas llamadas coloquialmente “Halcones del trueno”, las aeronaves de combate más poderosas de la Gran Fuerza Área del Planeta, apodada como “Fuerza Rekku”[1].

Su forma se asemeja bastante a un bombardero stealth B-2 Spirit, pero posee una menor altura, alrededor de tres metros, menos longitud, cerca de los 17 metros y una envergadura más reducida, casi treinta metros. Su velocidad máxima operativa es de casi 2000 kilómetros por hora aunque se puede alcanzar con facilidad los 2300 kilómetros por hora, sin embargo llegar a esa velocidad producía que la aeronave fuera muy difícil de controlar, con el consiguiente riesgo de sobrecalentar sus poderosos motores y estallar en pocos segundos.

A diferencia de otras aeronaves de combates, no existe una cabina físicamente. Los pilotos se colocan de espaldas en la parte interior, un poco desplazados hacia la trompa más que en el centro, donde sus cuerpos son conectados al vehículo en tres partes: en la parte posterior de su cabeza, en la nuca y en la mitad de la espalda. Una vez realizadas y aseguradas las conexiones los cuerpos de los pilotos son envueltos por dos compuertas de menos de medio cilindro, dejando expuestas sus cabezas, y finalmente aparece un gran visor holográfico ante sus ojos donde pueden observar todos los datos de la aeronave, como el combustible, estado de los motores, cantidad de munición y misiles, etcétera. Asimismo tenían una vista del frente de la nave, como si estuvieran dentro de una cabina común, gracias a las pequeñas cámaras de alta definición que poseían en la trompa, aunque había otras cámaras en otras partes del vehículo, a las cuales el piloto podía acceder si las necesitaba. Luego de eso las aeronaves pueden despegar. A causa de todo lo anterior, estas aeronaves eran piloteadas únicamente por Reploides.

Existen dos versiones de Halcones del trueno dependiendo de su forma de despegue: de despegue horizontal y de despegue vertical. Éstos últimos son un poco más grandes y a veces pueden llevar una cantidad muy limitada de bombas.

De los cincos pilotos, cuatro usaban un Halcón del trueno de despegue horizontal, pero el quinto, el líder del escuadrón, utilizaba una variante del Halcón del trueno, llamado Halcón del Trueno SHM54, llamado comúnmente entre los soldados como “Viento Verde”. Esto se debía fundamentalmente a que estaba pintada de verde, que se destacaba entre el gris azulado de las demás, y a que era la nave de combate del General del Aire Sage Harpuia[I], uno de los “héroes legendarios”.

Su forma es similar a la de los demás Halcones del trueno, pero es dos veces más pequeña. Posee una cola como si fuera la de un helicóptero. En la mitad de las alas posee un par de hélices de alto poder que tienen una doble función: actuar como motores auxiliares en los despegues y aterrizajes verticales y para levantar dos tornados si vuela a pocos metros del suelo con el fin de usarlos como un ataque. Un poco antes del comienzo de la cola y separadas por un par de metros se ubican un par de patas similares a la de un águila que funcionan como los trenes de aterrizaje; aunque en apariencia no parecían soportar el peso del vehículo, pueden llegar a resistir el doble del peso del mismo. Por otra parte, puede alcanzar una velocidad operativa máxima de 3000 kilómetros por hora y puede superar dicha velocidad sin que Harpuia tuviera que preocuparse por perder el control. Y por si todo esto fuera poco, la aeronave puede quedarse estática en el aire como si fuera un helicóptero, siendo la gran diferencia con respecto a los demás Halcones del trueno.

La forma de esta aeronave fue inspirada en una de las “transformaciones” que sufrió Harpuia hace más de cinco mil años[2] y si bien al principio los ingenieros aeronáuticos no veían viable la construcción del Viento Verde puesto a que como aeronave sería obsoleta, el Reploide consiguió que le construyeran un prototipo al cual fueron modificando a medida que encontraban errores o le agregaban ciertos sistemas para mejorar los existentes o probar nuevos. El hecho de que en su nombre llevara “M54” significaba que era el “Modelo 54”. Tras muchas pruebas, el Viento Verde se transformó en una de las aeronaves más poderosas de la Fuerza Rekku, aunque solamente Harpuia puede pilotearla.

El Escuadrón Kamikaze es conocido por ser uno de los escuadrones más eficaces de de la Gran Fuerza Aérea del Planeta. Es formado por los cinco pilotos más diestros de todos y cada uno posee un escuadrón aparte, a excepción de Harpuia por ser el Reploide de mayor rango jerárquico de la Fuerza Rekku. A pesar de que su nombre sugiere, los miembros a veces tomaban acciones en extremo arriesgadas, pero generalmente atacaban a sus objetivos a distancia y evadían ataques con una destreza sin igual. El nombre se debía más a su significado que a la acepción que la gran mayoría tiene sobre la palabra. En el ala izquierda de cada aeronave está pintada la letra griega que identifica al miembro del escuadrón, tanto en la parte superior como en la parte inferior.

–Líder Gamma al habla. Los dragones están volando demasiado cerca del Jefe de Estado Mayor del Ejército. Podría resultar herido cuando disparemos los misiles. Cambio. –informó uno de los miembros del escuadrón.
–Joel, tienes que acelerar porque de lo contario estarás en dentro del alcance de los misiles. –dijo Harpuia.
–¡¿Que acelere?! ¡No sé si más adelante de esta avenida se pondrá peor! –exclamó Joel mientras esquivaba los dragones y las lanzas de sus jinetes.
–Entiendo eso pero tienes que hacerlo porque estamos a menos de un kilómetro de tu posición y estamos preparando los misiles.
–¡Maldición! –bramó Joel y acto seguido aceleró su Segadora del viento, haciendo que alcanzara los doscientos kilómetros por hora y manteniéndola como podía.

A todo esto los cinco Reploides ya tenían en la mira a los cinco dragones y estaban a punto de dispararles.
–Blanco en la mira. –informaron el líder Beta, Delta, Gamma y Épsilon al unísono.
–¡Disparen misiles detectores de energía ahora! –ordenó Harpuia y acto seguido un misil salió disparado hacia los dragones a gran velocidad.

Los jinetes se percataron de la presencia de las aeronaves y de los misiles, por lo que se separaron y alzaron vuelo rápidamente, logrando esquivarlos por muy poco. Los misiles impactaron en los edificios creando fuertes estruendos y explosiones azuladas donde los escombros envueltos por llamas azules salieron disparados por todas partes. Joel se percató que los misiles fallaron porque vio escombros caer a metros delante de él, por lo que aparte de esquivar los obstáculos que presentaba el camino debía evadir la lluvia de escombros. Para su suerte, y gracias a la velocidad que se desplazaba, la lluvia terminó a los pocos segundos.

Mientras tanto, los dragones ahora se enfrentaban a los Halcones del trueno. Eran menor en tamaño pero sus garras podían despedazar el fuselaje como si fuera de papel y sus bolas de fuego podían perforarlo sin grandes inconvenientes. Apenas los dragones veían una aeronave le escupían muchas bolas de fuego, como si fueran unas ametralladoras. Los pilotos empleaban toda su destreza, evadiendo los ataques con total facilidad, mientras que intentaban tener en la mira a las criaturas para dispararles con sus Gatling de Disparo Plasma si los tenían cerca o sus misiles detectores de energía si se hallaban lejos.

El cielo de Baltizerth se convirtió en un verdadero campo de batalla aéreo. Las aeronaves y los dragones danzaban un baile peligroso, donde aquel que cometiera un error sería atacado y corría el riesgo de ser derribado. Las bolas de fuego y los disparos de plasma no tardaron en aparecer, iluminando la oscura noche. La destreza de los jinetes y de los pilotos hacía que nadie pudiera acertar en su objetivo. Los Reploides se reservaban los misiles ya que no poseían muchos y antes de planear usarlos debían tener a su objetivo en la mira el tiempo suficiente para que se diera en el blanco sin fallar.

Los dragones no podían alcanzar la velocidad de las aeronaves y esto les constituía una gran ventaja ya que los Reploides debían reducir su velocidad para poder apuntarlos ya que si se desplazaban incluso a media velocidad no tenían tiempo para hacerlo. Apenas un Halcón del Trueno se acercaba, los dragones trataba de destruir el fuselaje con sus garras o de envolverlos en llamas con una intensa llamara esperando dañar cualquier parte de las aeronaves, pero los pilotos no se la ponían fácil y fallaban todas las veces, también sus jinetes fallaban cuando intentaban impactar sus lanzas.

Un par de minutos después de que comenzara el combate, el líder de los jinetes de dragones hizo girar su lanza una vez para luego bajarla con fuerza, creando una onda blanca que tenía casi la forma de una media luna que se dirigió hacia el Halcón del trueno del líder Gamma, sin embargo, éste detectó el ataque mágico y lo esquivó sin mayores dificultades. Seguidamente este jinete hizo lo mismo varias veces, salvando a varios de sus compañeros con ese particular ataque mágico que parecía ser letal si alcanzaba a un Halcón del trueno.

Harpuia notó el ataque y raudamente se abalanzó sobre él, disparando sus Gatling con el fin de amedrentarlo más que atinarle, lográndolo con todo éxito, aunque después de que pasara sobre el jinete, éste contraatacó. Harpuia viró bruscamente hacia la derecha y esquivó el ataque mágico, produciendo que rozara su ala izquierda pero sin causarle un daño importante. Luego de eso aceleró para evitar ser alcanzado, pero a los pocos segundos regresó para intentar derribar al líder enemigo, que era su blanco.

El tiempo pasaba y ninguno de los dos bandos consiguió derribar a uno del bando contrario. Los Reploides intentaban de todo para derribar a los dragones. No podían usar sus misiles detectores de energía a la ligera. Los cuatro Halcones del Trueno comunes tienen una capacidad máxima de doce misiles, aunque ahora poseían cinco; mientras que la aeronave de Harpuia puede llegar a tener hasta veinte. La razón principal es que eran más pequeños, pero no así menos poderosos que los normales y necesitaban menos tiempo para convertirse en misiles teledirigidos; ahora el General del Aire poseía nueve.

Los jinetes de dragones hacían que sus bestias se desplazaran entre los edificios para evitar los disparos de las aeronaves y para obligarlos a dejar que los persiguieran. Empero, los Reploides les disparaban con sus Gatling varios metros delante de sus objetivos, donde creían que aparecerían en cualquier momento. Esto hizo que los jinetes de dragones tuvieran que adivinar cuándo sus enemigos hacían estos para desviarse o volar más alto o más bajo cuando no podían desviarse.

Harpuia estaba hartándose de la situación, al igual que sus compañeros, pero se consolaba con el hecho de que sus enemigos se habían olvidado por completo de Joel y ya no lo perseguían. Tenían que entretenerlos hasta que Joel les avisara que estaba en un lugar seguro. Empero, no les agradaba en lo más mínimo irse de Baltizerth sin haber derribado a un dragón, suscitando que se volvieran más agresivos para acabar con sus contrincantes, procurando no cometer un error que ellos pudieran aprovechar para derribarlos.

Mientras tanto, Joel se desplazaba por la avenida, esquivando todos los obstáculos que se le presentaban. De repente, vio un cartel que indicaba el inicio de una autovía. En ese momento recordó que en la ciudad había varias autovías que recorrían toda la ciudad y conducían hacia las salidas y/o entradas más importantes de Baltizerth. Si entraba en una autovía tal vez lo llevaría hacia una de las salidas del este para así dirigirse hacia la ciudad-búnker de Tímifra y terminar con la persecución. Sin perder tiempo ingresó a una autovía, para descubrir que fue el peor error que pudo haber cometido.

Las autovías de Baltizerth, así como las de todas las ciudades del planeta, se construyen a más de siete metros de altura con el fin de agilizar el tránsito. La autovía donde ingresó Joel presentaba zonas donde poseían agujeros, algunos pequeños, que podía pasar por encima con la Segadora del viento, y otros tan grandes que había que usar una rampa. No obstante, él aceleró y empezó a sortearlos, esperando que la velocidad que desarrollara su vehículo fuera suficiente para pasar por las zonas donde faltaban varios metros de autovía. Para su suerte, cuando aparecía una de estas zonas podía evadirlas si se movía bien al borde, donde tenía un par de metros de camino medianamente estable.

A la velocidad a la que se movía y si prestaba atención a los pocos y deteriorados carteles que poseía la autovía, Joel intuyó que dentro de poco tiempo saldría de Baltizerth y llegaría antes de lo que pensaba a Tímifra para poner fin a la terrible noche que estaba experimentando. Pensó en comunicarse con Harpuia para informarle de su situación, aunque decidió centrarse en conducir a gran velocidad, evadiendo todos peligrosísimos obstáculos; recién se comunicaría con el General del Aire cuando se alejara varios kilómetros de la ciudad abandonada.

Mientras tanto, la batalla aérea proseguía sin bajas por ningún bando. Harpuia se esforzaba al máximo para derribar al líder del grupo enemigo. Lo perseguía sin descanso. Incluso se movía entre lugares estrechos, inclinándose noventa grados hacia un lado para poder seguir a su adversario. Todo esto mientras le disparaba e intentaba mantenerlo el tiempo necesario en la mira para que al disparar su misil se dirigiera directamente hacia él. Tras muchas batallas, sabía que si el líder era eliminado, los demás jinetes de dragones huirían sin importar el número del grupo; existía la posibilidad de que siguieran combatiendo, pero como el grupo al que se enfrentaban era pequeño todos huirían raudamente.

El líder el grupo de jinetes de dragones, cansado de que el Reploide lo siguiera sin importar por donde se desplazaba, comenzó a mover su lanza hacia atrás, ocasionando que de la punta de su lanza lanzara su ataque mágico. Harpuia evadía las ondas blancas, pero a veces estaba moviéndose por un espacio tan reducido que si movía un poco más de la cuenta terminaría estrellándose contra los edificios descontroladamente.

Cuando el Reploide lo alcanzaba, ya que su aeronave podía hacerlo sin problemas, con el fin de dispararle con sus Gatling prácticamente a quemarropa, su enemigo alzaba vuelo o descendía para moverse en dirección contraria o desviarse hacia cualquier parte. Esto ocasionaba que Harpuia lo perdiera de vista por un tiempo hasta que sus poderosos radares lo detectaban y regresaba para perseguirlo.

Entretanto, el resto del Escuadrón Kamikaze también se esforzaba para acabar con sus enemigos. Habían comenzado a realizar movimientos muy osados y en extremo peligrosos, como descender a gran velocidad, realizar giros brucos, esforzando los motores y los estabilizadores al máximo, corriendo el riesgo de destruirlos, y disparando sus Gatling sin cesar, poniendo en peligro al resto de sus compañeros. Pese a todo, los jinetes de dragones esquivaban todas las arremetidas, aunque en pocas ocasiones estuvieron a punto de ser derribados.

De pronto, el líder Gamma detectó en su radar cinco dragones más acercándose a donde se encontraban.
–¡Alerta! ¡Cinco dragones se aproximan desde el noreste! ¡Repito: cinco dragones se aproximan desde el noreste! –informó el Reploide.

Continuará...

Referencias


[I] Sage Harpuia

[1] "Rekku" significa "feroz viento". Durante la saga "Megaman Zero" Harpuia es el comandante de la Armada Rekku. "Tomé prestado" el nombre porque simplemente suena genial (en mi opinión)

[2]
Harpuia transformado enfrentándose a Zero (Megaman Zero 2)

Es un hecho curioso. Durante el video juego Megaman Zero 2, el villano de turno, Elpizo, obtiene la "mitad" de la Elf Oscura (aquella quien fue la Madre Elf, de donde surgieron los ciber-elf). Con su poder logra que Harpuia, Leviathan y Fefnir se transformen, literalmente, en máquinas poderosas acorde a la rama del ejército a la que pertenecen (en este caso Harupia en una aeronave) con el fin de detener a Zero. Esta transformación hace que Harpuia esté considerado como uno de los jefes más difíciles de toda la saga. En esta imagen se puede apreciar algunos de los "detalles" que contiene su nave en esta historia (Halcón del trueno).

sábado, 13 de septiembre de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XII: Una arremetida de preguntas (Parte dos).




–Eso es así: Antes, cuando el Dualismo Panuniversalista se organizaba, los líderes es decir los Hijos del Universo eran las personas más ancianas de su comunidad porque ellos tenían mucha experiencia para saber cómo solucionar y controlar los problemas que surgían, y que en esa época eran muy difíciles, de hecho, los problemas con los que tienen que lidiar los Hijos del Universo actuales no son nada comparados con los de aquel tiempo. Por supuesto, el cargo era vitalicio, por lo que duraba hasta que el Hijo del Universo muriera. –empezó a explicar María.
–Aun así, los dualistas no podían elegir quiénes serían sus nuevos líderes. Esto fue así durante muchos años, más de dos siglos con ese sistema, pero un día en el año 1964, hubo una reunión en el Gran Templo Dualista Panuniversalista de Austria con todos los Hijos del Universo de todos los países afiliados para tratar sobre ese asunto. Después de varias idas y venidas se determinó que ese sistema de “elección” había quedado obsoleto ya que una de las pruebas más contundentes es que hubo períodos en que los Hijos del Universo se sucedían en poco tiempo ya que al ser muy ancianos, algunos morían al poco tiempo. Ahora que me acuerdo, hubo un año en Italia que hubo cinco ascensiones con un promedio de dos meses porque los viejos se morían rápido, por lo que la tuvieron que hacer cinco ceremonias de ascensión con todo lo que eso conlleva. Entonces decidieron adoptar el sistema electoral democrático y adaptarlo a la doctrina Dualista Panuniversalsita, además de agregar ciertos requisitos para que alguien pudiera postularse y finalmente, en ese mismo año, salió el comunicado número ciento cuatro que determinaba todo lo que escribiste. –continuó Alejandro la explicación.

martes, 9 de septiembre de 2014

La guerra de los condenados: Juegos de guerra. Gran Prólogo (Parte 2 de 2).



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Diario de Charlotte Aulin[I]

31 de julio de 7614, según los calendarios del planeta.

                Una noche más y van… ya no lo sé. Ya son tantas que ni siquiera sé que ocurrió en cada una. Las batallas tampoco ayudan a mi memoria. Son siempre las mismas, son siempre los mismos que se confrontan y el resultado es siempre el mismo: un bando gana, el otro bando pierde pero casi nunca hay un progreso para los vencedores y un retroceso para los perdedores. Si el vencedor gana una posición estratégica o destruye un sitio importante para el enemigo, el contrario lo derrota otro día o se venga terriblemente de su gran pérdida. Esta guerra no es más que una demostración de fuerza y ambas partes parecen que desean prolongarla hasta que el planeta sea destruido.

                Todos los que estamos aquí hemos muerto hace mucho, mucho tiempo. Algunos combatiendo contra el Señor de la Oscuridad y sus huestes del mal, otros contra los paladines del bien y otros alejados de la eterna lucha entre el bien y el mal. Sin embargo, todos estuvimos en algún momento dentro de las oscuras murallas del demoníaco castillo del conde Drácula, conocido como Castlevania. Ese castillo aparecía en nuestro mundo cada 100 años, desatando toda su maldad para conquistar al ser que más odiaba el infame conde: la humanidad. Sin embargo, hubo varias ocasiones en que el castillo aparecía antes de que se cumpliera el siglo desde su última aparición.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo XII: Una arremetida de preguntas (Parte uno).




Ezequiel se había convertido en un completo rebelde. Después de que Altamira, Pellegrini y Lorenzetti le impusieran un castigo por haber entrado sin autorización en el Área Restringida y al ver que no le contestaban las preguntas sobre el Área y sobre los Misántropos, el niño comenzó a sublevarse contra toda imagen de autoridad en el Templo. No respetaba a las nodrizas, provocaba peleas entre sus compañeros, agarraba armas de la Sala Técnica y las agitaba frente a sus amigos asustándolos con que los iba atacar con ellas hasta hacerlo frente a las nodrizas que, aterradas, tenían que llamar al Maestro Ortiz para que lo desarmara utilizando sus poderes telequinéticos porque el niño no entraba en razón y no quería soltar el arma que asía, e incluso se negaba a comer comidas que no eran de su agrado. Tanta era la insubordinación del niño que Doris Lorenzetti, a ver que no podía controlarlo, expuso las actitudes de Ezequiel a los Hijos del Universo para que ellos intervinieran en el asunto, cosa que nunca habían hecho porque cualquier acto rebelde era solucionado con rapidez y serenidad, pero viendo que la conducta del niño estaba afectando al resto de los Novatos y podría expandirse hasta los Aprendices, decidieron que intervendrían e inmediatamente comenzaron a pensar una solución.

Altamira y Pellegrini, en esa reunión, habían dicho lo que Ezequiel había hecho para entrar al Área Restringida y, ambos, pensaron que el castigo posterior a ese hecho era el desencadenante de la conducta de Ezequiel, entonces el resto supo que el niño era por demás de curioso por lo que concluyeron que le darían al chico lo que quería. Al día siguiente de la reunión, los Hijos del Universo hicieron llamar a Ezequiel para que viniera a su “oficina” y cuando el chico apareció, le dieron un enorme sermón; tras eso, el Sabio Maestro Valdez se acercó al niño y le dio una carpeta que el chico abrió y se encontró que contenía unas cuantas hojas con preguntas y, siguiendo la enumeración de las preguntas, se sorprendió que había unas ciento setenta y siete preguntas y les preguntó a los Hijos del Universo para qué tantas preguntas a lo que le respondieron que eso sería su solución a su curiosidad, si quería saber lo que le inquietaba, en esas hojas estaban todas y cada una de las preguntas que seguramente se habría hecho a lo largo de su llegada al Templo, y que contestándolas saciaría su conflictiva conducta. Aún así le advirtieron que ese “trabajo” era una especie de castigo todas sus actitudes rebeldes al tiempo que enumeraban todas las que había hecho, por lo que tenía que entregar las repuestas a ellos para ver si había contestado correctamente o si había olvidado algún detalle, cuya fecha de entrega sería dentro de tres meses, en caso contrario, ellos harían una lista de todo lo que hizo o hará si él no cambiaba su conducta en ese período de tiempo y se la mandarían a sus padres en Japón para que él volviera allá, por lo que Ezequiel dijo que se portaría bien, harías las preguntas y entregaría las respuestas a tiempo y forma, además preguntó si podía recibir ayuda de alguien más para contestarlas si la información que encontraba sobre una pregunta era insuficiente o de procedencia dudosa o si él simplemente no la entendía, por lo que los Sabios Maestros asintieron y el muchacho salió de la oficina de los Hijos del Universo, cuando lo hizo, comenzó a insultarlos en voz baja por todo su camino para llegar a su dormitorio.

viernes, 5 de septiembre de 2014

PREMIO DARDOS (¡Agosto terminó!)



Acabo de recibir este premio de manos de David José Rojo, al cual agradezco.

Cuando me enteré, me fijé en el calendario. Me parecía que agosto había terminado, mejor dicho, estaba realmente convencido de que termino el susodicho mes y lo confirmé. Sin embargo, como a veces uno tiene un calendario viejo o no le arrancó la hoja del mes anterior (cosa que suele suceder mucho), revisé otros seis calendarios: el de la heladera, el de Internet, el de la computadora (que casi siempre sufre un caso de "retarditis aguda" porque dice que estamos en el 2006), el del teléfono, el del la casa del vecino de la lado, el del vecino de la casa del frente y el de la casa de mis abuelos que se encuentra a la otra punta de donde vivo (lindo cansancio de piernas me gané por usar la bicicleta, pero ahora las tengo como acero, je, je, je) y todos coincidían que estamos en septiembre. (Pensarán que fui paranoico pero soy de las personas que piensan que hay que escuchar "todas las campanas" antes de sacar conclusiones, en este caso ver todos los calendarios)

martes, 2 de septiembre de 2014

La guerra de los condenados: Juegos de guerra. Gran Prólogo (Parte 1 de 2).



IDENTIFICANDO… IA 0000001 
NOMBRE: MEGAMAN X
ALIAS: X [I]
ACTIVANDO REGISTRO DE MEMORIA… ACTIVADO.
ENTRADA NÚMERO 24.147.560.289
FECHA: 31 de julio de 7614
GRABANDO…

No recuerdo cuando comenzó esta guerra. En realidad estoy mintiendo. Puedo recordarlo, pero ha pasado tanto tiempo desde su inicio que parece que este planeta está en guerra apenas terminó de crearse. Mis recuerdos más remotos son aquellos en donde me encuentro disparando con mi X-Buster[1] a todo esqueleto viviente, demonio, muerto viviente, espectro espeluznante, criatura extraña y todo ser atemorizante que apareciera sin cesar. Y cada día tengo la impresión de que esa escena se repite en la realidad una y otra vez…

Cada vez está más lejano aquel día en que los humanos y los Reploides[2], tras largo tiempo de desconfianza y lucha, acabaron con los que nos alejaban y finalmente se logró la paz. Hasta ese momento, mi memoria estaba confinada en un trozo de metal que contenía parte de mi memoria cuando tenía cuerpo propio. Mi creadora me llamó Biometal Modelo X[II]. Fue el 21 de marzo de 3087, cuando se cumplía el quinto aniversario del Tratado de Eirene, que ponía fin a toda hostilidad entre humanos y máquinas y proclamaba la igual de derechos entre ambos bandos, “recuperé” mi cuerpo. En realidad muchos humanos y los Reploides trabajaron juntos para reconstruir mi cuerpo, junto con los de mis compañeros, que, al igual que yo, tenían sus memorias confinadas en unos trozos de metal. 

lunes, 1 de septiembre de 2014

La guerra de los condenados: Introducción.

Mañana, martes, comenzaré a publicar “La guerra de los condenados – Juegos de guerra”, más concretamente la primera parte del prólogo. Antes de comenzar a leerla es obligatorio leer esta introducción para que comprendan varias cuestiones, aparte de saber de qué se va a tratar la historia.

En teoría, esta historia no iba a ser publicada ahora, sino más adelante, cuando tuviera algo más de tiempo. No obstante, como logré hacer algo de tiempo para escribir decidí empezarla ahora, de modo tal que cuando llegue el verano a Argentina pueda ordenar los tiempos para así continuar con el cuarto libro de “Historias del Universo” y proseguir con esta historia.

Gran parte de esto se debe a que la historia no es completamente de mi autoría ya que en realidad sería un crossover.