jueves, 31 de julio de 2014

El Señor de las Espadas (Libro I): Capítulo XIV (Parte 2)


               Tiempo más tarde, regresó al castillo y cuando descendió del caballo, estando en la caballeriza, sir Damon y sir Uinseann le preguntaron a dónde había ido, a lo que les respondió, aunque de buena manera, que no era un asunto de su importancia. Tras esto, se retiró a su habitación.

                Decidió que tampoco haría sus actividades y que se dedicaría toda la tarde a buscar información sobre las conexiones que había entre Ávalon y la tierra donde vivió y reino Arthur Pendragon. Sabía que no podía preguntarle a nadie sobre el asunto porque podría levantar alguna sospecha, por lo que no tenía más remedio que investigar por su cuenta. Empero, tenía alguna idea sobre dónde comenzar a buscar.

                Hacia la tarde, Labhras estaba leyendo tres libros a la vez. En realidad veía de reojo las páginas para encontrar alguna palabra o frase en relación a lo que buscaba. Sin embargo, no buscaba con tranquilidad. A metros de él, estaban sus compañeros oyendo la lección que les impartían sus pares veteranos.

                Se le había olvidado por completo que probablemente se encontraría con sus compañeros. No obstante, apenas sintió el sonido del metal de las armaduras retumbando por la Gran Biblioteca, se escondió detrás de una de las estanterías. Hasta que no sintió que todos su compañeros se sentaran, no salió de su escondite; acto seguido, prosiguió con su investigación.

sábado, 26 de julio de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo X: El cumpleaños de María. (Parte 1)




El tiempo pasaba en el Templo y Nahuel tuvo que equilibrar su entrenamiento nocturno con sus obligaciones matutinas. A pesar de que el entrenamiento terminaba alrededor de las once de la noche, el joven, pese a que descansaba bien por las noches, a la mañana sentía sus músculos adoloridos por la exigencia hasta tal punto que tan entumecidos estaban que no podía escribir bien por los torpes movimientos de su mano y cada tanto sus piernas no le respondían correctamente causando que en algún momento mientras él caminaba, una de sus piernas no se apoyaba bien en el suelo y parecía que iba a caer al suelo. En un principio, los erráticos movimientos eran leves, pero con el correr del tiempo se hacían cada vez más evidentes, por lo que Nahuel trababa de hacer el menor esfuerzo posible durante la mañana, sobre todo a la hora de escribir que movía su mano lentamente disminuyendo importantemente los bruscos movimientos, pero ello le acarreaba quedar retrasado cuando el Maestro Bracamonte dictaba algo. A la hora de salir al recreo o ir al comedor, el joven era uno de los últimos que salían ya que no quería ver que ninguno de sus compañeros lo viera tambalearse porque eso significaba que el resto le hiciera preguntas y Nahuel no podía decir que estaba entrenando durante las noches, ya que una de las condiciones para que él hiciera el entrenamiento era que no debía decirle a nadie lo que hacía por las noches.

Astutamente, el joven logró por un tiempo disimular todos sus movimientos erráticos, sin embargo, María, Alejandro y Jessica comenzaban a darse cuenta de que a su compañero algo raro le pasaba, además de que ya no lo veían por las noches leer un libro en la Sala Común de los Dormitorios antes de dormir, por lo que empezaron a vigilarlo sin que Nahuel se diera cuenta, así comprobaron que él, por las noches, iba a las Salas de Entrenamiento y que en las mañanas hacía movimientos extraños, como si le doliera alguna de las partes del cuerpo que hacían justamente esos movimientos, por lo que los jóvenes formularon muchas conjeturas, desde las más creíbles y factibles hasta las más insólitas e irrisorias. No obstante, ninguno de los jóvenes se atrevió a preguntarle que le estaba pasando, hasta que un día, hartos de la incertidumbre y de suposiciones, decidieron todos juntos preguntarle a su compañero que estaba ocurriendo, y Nahuel, “arrinconado” por sus compañeros, no tuvo más remedio que confesar la verdad y mostrarles sus brazos, ya que por el frío, el joven usaba pulóveres que impedían ver sus brazos casi trabajados, con lo que eso los convenció, pero de inmediato los hizo jurar que no le dirían a nadie más lo que él había dicho, aunque Alejandro le rogó que si podía decírselo a José María García, ya que también él empezaba a sospechar de las actitudes de Nahuel y que también lo haría jurar para que no digiera nada de lo que escucharía, por lo que Nahuel aceptó advirtiéndole a Alejandro de que si alguien más llegaba a enterarse, lo correría por todo el Templo con un garrote y cuando se cansara de golpearlo, se lo entregaría a los Misántropos, entonces Alejandro asintió temeroso de lo que había dicho su compañero ya que era capaz de hacerlo.

jueves, 24 de julio de 2014

El Señor de las Espadas (Libro I): Capítulo XIV (Parte 1)


Para antes del amanecer, Labhras se encontraba en el bosque de Frandulberg, platicando con Bastugitas.

                Se despertó un par de horas antes de que amaneciera y rápidamente cabalgó hacia el puerto de la isla de Ávalon. Tras haber amenazado con su espada al hombre que lo llevó dos veces hasta la costa oeste de Lacfatum para que lo transportara sin hacer preguntas, subió al barco y tiempo después cabalgó hacia su destino.

                Después de que el anciano hechicero apareciera, Labhras le contó lo que había sucedido en la ceremonia de ascensión, produciendo que se sorprendiera bastante por la osada actitud del caballero y seguidamente le transmitió lo que había leído sobre la “Asesina”, la espada que creía que era la espada de la oscuridad que debería buscar.
                –Hmm… Interesante, sí… –admitió Bastugitas tras haber escuchado todo.
                –¿Cree que esa espada es la que debo buscar? –preguntó el caballero sumamente intrigado.
                –Es posible…
                –No sonó muy convencido.
                –Es que sus poderes malditos no son a corto plazo, lo que es de esperar de un arma que procede de la oscuridad.
                –Una vez escuché que el mal sobrevive porque es persistente y actúa lentamente…
                –Es cierta esa afirmación, pero estamos hablando de una espada que pertenece a la oscuridad, si no es la oscuridad misma. Su poder debería afectar a aquellos que no deben blandirla rápidamente, acabando con su existencia antes de que se den cuenta.
                –¿No existe la posibilidad de que, dado a que es un arma destinada a producir desgracias, actúe lentamente para hacer sufrir a su dueño? ¿No es que así trabaja el mal, de forma lenta para causar mucho daño?

sábado, 19 de julio de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo IX: Entrenamiento equilibrado (Parte Final)






           Él tenía ocho años cuando un día entró a la Sala Técnica con el fin de jugarle una broma a Gabriela Izaguirre, como era de costumbre, pero al entrar a la sala, vio en una de las mesas de que había allí varias espadas, pero le llamó la atención una sola que se encontraba envainada, no obstante el arma no le era extraña, más bien familiar. Sin que nadie lo viera, él la asió de la mesa y la desenvainó pudiendo ver su particular forma. Nahuel sabía que era una katana ya que la había visto dibujada en varios libros y también sabía lo que era capaz de hacer en manos hábiles, la observó detenidamente mientras el fijo reflejaba la luz, el niño parecía estar tan embelesado por el arma que salió de ese estado cuando Gabriela lo reprendía por haberla agarrado de la mesa sin pedir permiso.

Durante varios días seguidos, Nahuel trató de convencer a Gabriela que le diera el arma a fuerza de una constante insistencia infantil que terminó por desbordar la paciencia de la mujer y no tuvo remedio que dársela pero haciendo prometer al niño que no haría ninguna locura con ella, por lo que el niño aceptó sin ninguna queja y de esa forma, Nahuel obtuvo su primer arma. El joven también recordaba perfectamente bien como era, un desastre. La tsuka se deshilachaba constantemente, por lo que él tenía que pegarla cada dos por tres, la tsuba se salía de lugar, la hoja no parecía ser del material como debía estar construida, con varios tratamientos para lograr su resistencia y flexibilidad, sino que era acero inoxidable pero estaba tan bien afilado que se asemejaba a una de verdad, no tenía el “yokote”, una línea que separa la punta del resto de la hoja, además de no tener marcados otros detalles como “hamon”, “shinogi”, “hira”, entre otros que eran las partes de las hojas, y su mei era un dibujo cualquiera, pero ese detalle fue descubierto tiempo después. Era tan horrible como fue construida que, si la hubiera visto un forjador de katanas, diría que esa arma era una deshonra y luego se suicidaría del disgusto, ya que el forjar una de esas armas no era como hacer otra espada, más bien era un arte, arte que estaba ligado por curiosas historias y leyendas sorprendentes. Uno de esos cuentos era que cada forjador decía que una katana que ellos forjaban no era para cualquier guerrero, sino para uno determinado y, al parecer, lo mismo ocurrió con esa imitación con el niño.

jueves, 17 de julio de 2014

El Señor de las Espadas (Libro I): Capítulo XIII (Parte Final)




               A la mañana siguiente y una vez de que todos los Guardianes desayunaran, Labhras se dirigió hacia la Gran Biblioteca, con la firme intensión de leerse los trece libros que le había recomendado Bartholomew. Entendía perfectamente que era imposible que los leyera todos, aunque recurriría a su lectura veloz para encontrar las partes donde mencionaban alguna espada maldita.

                Ya en la Gran Biblioteca, el caballero se dirigió hacia donde estarían esos libros y al cabo de unos minutos, bajó siete de los libros que debía leer. No obstante, prefirió comenzar a leer puesto a que sus brazos se habían cansado de sostener los voluminosos libros mientras descendía muy lentamente.

                Más de media hora después, Labhras descartó uno de los libros ya que en el mismo había hallado solamente dos menciones de dos espadas malditas, aunque no hablaban sobre su historia, más bien fueron usadas como una analogía poética del mal. Una hora más tarde, descartó al segundo libro; a diferencia del anterior, encontró muchas menciones de espadas malditas y sus leyendas, sin embargo, al final se dio cuenta que todas eran inventadas ya que el libro se trataba de una recopilación de cuentos antiguos y que si bien tenían cierto trasfondo histórico, tenían muchos eventos ficticios.

                Tres horas después, terminó de buscar en los demás libros sin haber encontrado nada que le fuera de utilidad. Durante ese período de tiempo, el bibliotecario y sus ayudantes lo observaron con detenimiento por un tiempo, ya que tenía delante libros grandes y algunos bastante antiguos, aunque lo dejaron tranquilo porque tenían trabajo que hacer. Además, creyeron que él, por todo lo ocurrido durante de la ceremonia de ascensión de sir William, le dieron varios días de descanso para que se relajara.

sábado, 12 de julio de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio de caos. Capítulo IX: Entrenamiento equilibrado (Parte 1).




Como lo había vaticinado, al día siguiente Nahuel tenía dolores por todos lados producto del cruento combate con ese demonio jefe. Hubiera podido retirarse de la clase del Maestro Bracamonte si le hubiera comunicado al Maestro de los dolores que estaba sintiendo, pero prefirió hacer esa clase, a pesar de que su padecimiento lo desconcentraba a cada rato. Trataba, por todos los medios que tenía a su alcance, de disimular sus muecas de dolor y pudo pasar por desapercibido esa mañana, pero a la hora del almuerzo, los dolores ya eran intolerables y se dirigió hacia la Enfermería General sin poder terminar su almuerzo. A pesar de que el día anterior los médicos le habían dado algunos medicamentos para frenar las pequeñas molestas que sentía en ese momento, ahora se comprobaba que los verdaderos dolores comenzaron a manifestarse. Estuvo todo el resto del día en reposo y con unos cuantos analgésicos para paliar los dolores tanto vía orar como inyectables, por lo que no pudo estar en la clase del Maestro Vidal y en la de jardinería con los Sentinelli, entonces se quedó en su habitación, leyendo varios de sus viejos libros que tenía en la estantería. Por la noche, María le trajo su cena y ella se quedó con el joven hablando de varios temas, pero inevitablemente caían en el tema del combate, aunque a María no le importaba tocar el asunto, a Nahuel le molestaba un poco y se podía ver la molestia en el rostro del joven. Tras la plática, María se retiró y Nahuel se dispuso a descansar y a la mañana siguiente, el joven estaba como nuevo.

A pesar de estar corporalmente bien, anímicamente no estaba del todo bien. Para Nahuel, el combate con ese demonio sólo había demostrado una cosa: todavía era débil. Pese a que a su edad había hecho grandes cosas en lo que se refiere a lo militar, para el joven no era suficiente, él sabía perfectamente que esos “logros” no siempre iban a servir, no podía resguardarse en esas acciones porque tuvo suerte de salir bien o casi bien de sus encuentros tanto con los ángeles en San Nicolás de los Arroyos y con los demonios en Capilla del Monte y recientemente en Ischigualasto. Nahuel quería mejorar tanto su cuerpo como su mente para futuros enfrentamientos no sólo para tener más ventaja u ofrecer más resistencia en una pelea, sino también para poder proteger a sus compañeros. Recordaba ese momento que en demonio lo tenía completamente sometido, con uno de sus fuertes pies golpeándolo constantemente en su pecho, Nahuel dedujo que si él ni siquiera hubiera entrenado como lo obligaban en la clase del Maestro Vidal, seguramente él hubiera muerto por compresión a los tres o cuatro golpes. También rememoró lo mucho que le costó aguantar los cruces de espadas aún estando el demonio con la mitad de su cuerpo y de cómo el demonio podía hacer golpes que Nahuel no podía evitar, y llegó a la conclusión de que él necesitaba si o si más entrenamiento de lo normal. Peor se ponía el joven cuando pensaba que era muy débil para defender a sus compañeros, en San Nicolás, Alejandro lo salvó cuando el arcángel Calahxis iba a asesinarlo y en Ischigualasto, tanto Trujillo como Alejandro mantuvieron entretenido al demonio jefe cuando éste tenía ventaja sobre él y gracias a eso, Nahuel pudo averiguar cuáles eran los puntos débiles de la armadura del ser y encontró ese punto débil carente de protección entre las grebas y los escarpes. Esos actos estaban bien, en cierto modo, pero el muchacho pensaba si él era el que tenía que ayudar, cómo lo haría y si podría aguantar lo suficiente para ayudar a su compañero o compañeros.

jueves, 10 de julio de 2014

El Señor de las Espadas (Libro I): Capítulo XIII (Parte 1)


Lo que contó Labhras en la ceremonia de ascensión se esparció rápidamente por todo el castillo. Al final del día, no había ninguna persona que no supiera que un Guardián era un Segotorix, más aún, el hijo de los últimos reyes de dicho pueblo. La reacción inicial que tuvieron todos fue de asombro y casi al instante pasaron al escepticismo; no podían creer lo que había contado el caballero, además de la forma en que lo hizo. Poco a poco, todos lo asimilaron, y algunos se sintieron un tanto estúpidos porque sabían que había algo en particular en Labhras por el color de su piel; no obstante, jamás pudieron sospechar que era un Segotorix porque sabían que había personas que hacían con piel pálida y la mantenían por el resto de su vida sin haber formado parte del pueblo desaparecido.

                Al día siguiente, las repercusiones continuaron. Sin embargo, y tal como lo había vaticinado Labhras, algunos empezaron a manifestar su deseo de que el Guardián debiera ser desterrado de la isla. La gran mayoría de esas personas eran ancianas, quienes aún en el presente, con el pueblo Segotorix completamente desaparecido, todavía seguían sintiendo odio hacia dicho pueblo. Lentamente, este grupo empezó a reunir más gente a su causa.

                Empero, había otro grupo que creía que lo mejor era que todos se olvidaran de que él era un descendiente de los Segotorix y que todos prosiguieran sus vidas como si nada hubiera pasado. Pensaban que Labhras estaba bastante dolido por haber vivido una mentira hasta el momento en que descubrió que la verdad sobre su identidad y por eso hizo todo ese espectáculo, para descargar su rabia con las Reinas-Hadas y Merlín, sin saber que todo el mundo escucharía lo que hizo tarde o temprano.

sábado, 5 de julio de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo VIII: Bautismo de fuego.


Después de enterarse de lo ocurrido, los Hijos del Universo autorizaron a Bedoya para enviar el informe a los del Gran Templo Dualista Panuniversalista de Austria. Entretanto, el español hizo hacer jurar a Nahuel bajo los nombres de Yahvé, Kasbeel y de los Hijos del Universo para que no dijera nada sobre la frase que emitió el demonio antes de estallar. El anciano sabía que el joven no diría nada pero también sabía que podría soltar la lengua debido a que él había observado su conducta ante ciertas situaciones como la impaciencia que tuvo en la mañana que empezó el interrogatorio, además de preguntar a los Maestros que Nahuel tenía sobre sus actitudes; aparte era el único de los testigos del hecho que tenía más interés en hacerlo jurar, porque el resto podría mantener el secreto sin problemas.

El joven, aunque sabía que era algo extremo hacer un juramento por algo tan insignificante, primeramente se negó a hacerlo, pero al ver que Bedoya le insistía hasta tal punto de atosigarlo, no tuvo más remedio que jurar. Para los dualistas, el jurar bajo los nombres de Yahvé, Kasbeel y de los Hijos del Universo, no de los líderes de la doctrina sino a los de las figuras filosóficas es decir, Energía, Materia, Equilibrio o Justicia, Espacio y Tiempo, representaba el máximo juramento que un dualista podía hacer. Para ellos, un juramento tiene más valor que una promesa, mientras que una promesa puede romperse si se ha llegado a un límite que ésta es insostenible, un juramento no se puede romper por nada, a no ser que sea disuelta por una o ambas partes que hicieron la jura. Pero el “juramento máximo” no se podía romper por casi nada; entendiendo eso, Nahuel sabía que no podía ni decir ni una sola palabra de lo que dijo el demonio porque, y aunque pareciera inverosímil, hubo casos en que a los dualistas que rompieran el juramento, el universo se le volvía en contra causando muchas calamidades al faltante, y para los dualistas, mejor dicho para la doctrina, era el justo castigo para el incumplidor.

jueves, 3 de julio de 2014

El Señor de las Espadas (Libro I): Capítulo XII

     
                Azorado por todo lo que le había dicho Bastugitas con respecto a “la Verdad”, Labhras regresó al castillo de Ávalon. Estaba bastante asustado por el destino que tenía que llevar a cabo. De conseguir las dos espadas que le conferirían un poder más grande que incluso la más poderosa de todas las artes mágicas, podría hacer lo que quisiera, incluso controlar y alterar la naturaleza, algo que todo hechicero anhela hacer, según lo poco que él sabía sobre la magia.

                Mucho poder le aterraba, más aún al recordar que si no podía soportar tanto poder podría ser aniquilado por el mismo y probablemente de la forma más terrible que pueda imaginarse. También le aterraba el hecho de dejar sin líderes a Ávalon. Nunca se quitaba de la cabeza la idea de querer destruirlos por lo que le hicieron, pero él no quería convertirse en el nuevo líder de Ávalon porque eso conlleva muchas responsabilidades que no sabía si podría afrontarlas por más que tuviera todo el poder que tenían las Reinas-Hadas y Merlín juntos y más también. No quería convertirse en un déspota y arrastrar a Ávalon a un estado de caos y destrucción perpetuo.

                Sin embargo, había algo que no temía y que estaba seguro de que debía hacer: Merlín y las Reinas-Hadas debían dejar el poder. Si ellos, por las diferencias que tuvieron con los Segotorixs los mandaron a erradicar, podían hacerlo con cualquier pueblo de Ávalon. Naturalmente, para que llegaran a ese punto los problemas con algún pueblo deben provenir de muchos años. No obstante, Labhras no deseaba que otro pueblo fuera liquidado por odio.