sábado, 28 de junio de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo VII: Interrogando a un demonio.


         Tras sonar un deteriorado despertador, Nahuel se levantó con emoción y se vistió enseguida. Para él, que era una persona que no le gustaba para nada el frío, era algo para impresionarse. Por lo general le costaba levantarse en esas frías mañanas, por lo que en épocas invernales, siempre ponía el un despertador para que se despertará antes que el resto de sus compañeros, así podía desperezarse un rato antes de sentir el frío de la habitación cuando él se destapara para levantarse de la cama. Le fue difícil conseguir un despertador decente y sólo encontró uno, hacía dos años, en pésimo estado pero todavía funcionaba, lo arregló como y hasta donde pudo, y lo comenzó a utilizar para esas frías estaciones del año. Era enorme, había mucho más mecanismo del reloj que partes decorativas de madera y estaba bastante desvencijado, la única característica que le encontró útil Nahuel era el estruendoso sonido que emitía al activarse, tan fuerte era que podía despertar a cualquiera que no se levantara con facilidad por las mañanas.

Se vistió con ropa casual muy abrigada y dejó su traje de Aprendiz en la cama, que anteriormente había tendido, porque a la tarde volvía a sus obligaciones y después se dirigió a la puerta del Área Restringida. No fue al comedor a desayunar, puesto a que eran casi las diez de la mañana y Nahuel se había puesto el despertador a sonar a las nueve de la mañana. Al quedar exento de las obligaciones matutinas, el joven aprovecho para descansar después de la noche movida que tuvo en Capilla del Monte. Aparte, el comedor hacía el desayuno para todos solamente a una hora determinada y el que no respetaba dicha hora, se quedaba en ayuno; aunque Nahuel no le importaba no tener que desayunar, no era la primera vez que le ocurría eso.

jueves, 26 de junio de 2014

El Señor de las Espadas (Libro I): Capítulo XI


                Una hora antes de que amaneciera, Labhras se despertó, se vistió ropas más limpias, aunque estaban bastante arrugadas, removió entre los objetos para encontrar el colgante que supuestamente pertenecía a su madre y una vez que lo encontró salió de su habitación corriendo, colgándose el colgante para luego esconderlo bajo sus ropas.

                Al salir del edificio de la orden se encaminó hacia las caballerizas, preparó un caballo y salió galopando del lugar. Un tiempo después llegó al puerto de la isla y le pidió al mismo hombre que lo había llevado hasta la costa oeste del Lago de las Hadas que lo llevara de nuevo hacia ese lugar, sin antes haberle golpeado ruidosamente la puerta de su hogar, como si el caballero tuviera que hacer algo muy importante.

                Cuando el hombre le pidió una explicación, Labhras respondió que no podía responderle y que era imperioso que estuviera en la orilla de Lacfatum. El sujeto se extrañó que el Guardián no portara ningún arma y que tuviera un aspecto algo desalineado, pero pensó que tal vez lo despertaron para que se dirigiera hacia donde lo había llevado la última vez y por ello aceptó su petición.

sábado, 21 de junio de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo VI: Una noche ajetreada.


Al día siguiente, el Maestro Vidal le ofreció a Nahuel participar en una “patrulla” esa misma noche, por lo que el joven Aprendiz aceptó. Las denominadas “patrullas” eran incursiones tanto en ciudades como en lugares despoblados, realizadas únicamente por la “milicia” dualista cuya finalidad era comprobar si el área a patrullar estaba en orden o mostraba alguna anomalía energética pequeña. Obviamente esa sospecha era fundamentada por las lecturas que realizaba el Ojo del Demiurgo. Sí había algo raro, se mandaba una patrulla a investigar, si era algo menor, la misma patrulla podía encargarse del asunto, de lo contrario, la tarea quedaba en manos del incipiente ejército dualista, más entrenado y habilidoso para combatir grandes grupos de entidades energéticas ya sean ángeles o demonios e incluso Misántropos bastantes irritantes y poderosos.  Cuando un Aprendiz llega al rango Caballero, éste pasa un tiempo en una suerte de servicio militar, un tanto más flexible que uno de verdad, hasta que se decidía que tarea encaminaría definitivamente: o seguir en la “milicia”, estudiar para ser maestro en el Templo Dualista, instruirse para ser operador en el Centro de Mando o formar parte del área técnica, o bien, estudiar otra carrera convencional fuera del Templo Dualista.

Nahuel, al igual que su padre, decidió que seguiría la carrera militar. Está decisión sorprendió a todo su entorno. Varios de sus compañeros pensaban que estudiaría un profesorado o licenciatura en historia, el Sabio Maestro Velásquez aseguraba que estudiaría hasta alcanzar el rango Maestro o bien estudiaría para ser maestro en el Templo, dado que el joven demostraba tener ciertas aptitudes para ese cargo, incluso Celina creía que sería investigador histórico, sobre todo en la historia bélica. Todos por igual intentaron, sin presionarlo, persuadirlo para que siguiera algo cuyas habilidades innatas podrían llevarlo a ser algo más importante con una vida más llevadera que la vida engorrosa de un simple soldado. Nahuel siempre contestaba que no había nada de malo en ser soldado, a pesar de que estaría expuesto a quien sabe cuántos enfrentamientos y cicatrices de batallas, y pregonaba hasta el cansancio “¿de qué sirve saber mucho si no sabes cómo sacar agua de un aljibe?” Pese que la frase era algo lógica y zonza, era suficiente para que su entorno desistiera de hacerle cambiar de parecer. Nahuel sabía que, a pesar de su habilidad de poder recordar muchas cosas con facilidad, se sentía inútil si se sentaba a estudiar algo; prefería estar en actividad constante ya que eso lo hacía sentir vital y feliz. La sola idea de estar quieto lo amargaba rotundamente. Sin embargo, su entorno se escandalizó cuando el joven dijo que no se entrenaría para la parte “pasiva” como Fabricio, sino en la “activa”, es decir, en combate cuerpo a cuerpo con entidades energéticas y eventuales triquiñuelas provocadas por los Misántropos Oscuros. Tal fue la magnitud de la noticia que María quiso abofetearlo muchas veces para que entrara en razón, no obstante nunca tuvo el valor de hacerlo debido a que le tenía demasiado aprecio como para golpearlo.

jueves, 19 de junio de 2014

El Señor de las Espadas (Libro I): Capítulo X

   
                 Mientras tanto, las Reinas-Hadas y Merlín estaban nuevamente reunidos en el Gran Salón. Habían logrado resolver el problema de los Druidas con todo éxito, sin embargo no estaban conformes, no porque no pudieron resolverlo como lo planearon, que en realidad así fue, sino por lo que había ocurrido con Labhras. Una vez que regresaron a la isla, quisieron reunirse de nuevo con el caballero, pero tras meditarlo un poco se dieron cuenta que lo mejor era dejarlo en paz por un tiempo hasta que se calmara por completo; intuían que el Guardián todavía sentía rabia hacia ellos y hablarle mientras se encontraba dominado por ese sentimiento era la peor de las ideas. A causa de esto, los diez seres se reunieron para encontrar la manera de tratar el delicado asunto, sin hacer que Labhras volviera a montarse en cólera.

                A la mañana siguiente, Bríd, la cortesana de Lois, y Aoife, la cortesana de Eleaine, quien era una mujer algo corpulenta, de cabello pelirrojo tan largo que le pasaba la cintura y piel pálida, aunque no tanto como Labhras, hablaban en la habitación de las cortesanas mientras ordenaban la misma. Su curiosidad les llevó a oír lo que discutían las Reinas-Hadas y Merlín, llevándose una gran sorpresa por lo que habían oído.

                –Todavía me parece increíble que sir Labhras sea un Segotorix, y más aún que Lois lo criara… –comentó Aoife tendiendo una cama.
                –Yo sentía algo en él que no me agradaba, pero nunca me hubiera imaginado que sería eso. –admitió Bríd colocando algunas prendas en unos cajones.
                –No es por eso, Bríd. Eso es por tu misandria.
                –No lo digas como si odiara a todos los hombres…
                –No quieres que ninguno se te acerque y, cuando uno te habla intentas que la conversación no dure mucho.

sábado, 14 de junio de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo V: Una muerte, muchas preguntas.


           –¿Quién me manda a hacer esto? –se preguntó Nahuel mientras caminaba el sendero que conducía al cementerio de los dualistas con un ramo de flores en una de sus manos.

Él iba a dejarlas en la tumba de sus padres. Si bien nunca los conoció bien, porque su madre murió por los dolores del parto y su padre murió súbitamente cuando tenía cinco años, les tenía un solemne respeto. Para su suerte sabía cómo eran físicamente por varias fotos que el Maestro Velásquez le había mostrado, además de conocer la personalidad de ambos. La madre, Florencia Belén Aguirre, era una mujer delgada, de rostro con rasgos delicados y con una mirada siempre compasiva; el padre, Rubén Díaz, era un hombre un tanto corpulento, con un semblante que siempre demostraba respeto y autoridad y con un rostro que no era el de un príncipe azul, pero tampoco era la encarnación de la fealdad. Luego de la muerte de ambos, el Maestro Velásquez se encargó de Nahuel como si fuera su propio hijo, aunque el muchacho, a pesar de que siempre le demostró que estaba agradecido por ese gesto paternal, nunca le interesó bastante.

Físicamente, Nahuel era más parecido a su padre, a pesar de su cuerpo que no era tan corpulento, de hecho en ese aspecto se parecía más a su madre. No obstante de la personalidades de los padres, Nahuel heredó de ambos algo: la terquedad y la valentía de su padre, y la inteligencia y cierta compasión de su madre. Además el joven siempre quiso estar en la milicia dualista y no era extraño: su padre también fue soldado dualista, no obstante su inteligencia hacía que muchos opinaran que podría estar mejor siguiendo una carrera importante universitaria que peleando ocasionalmente contra ángeles y demonios exponiéndose a los peligros que esto implicaba; su madre también fue aplicada en sus estudios y logró tener los promedios más altos en sus estudios.

jueves, 12 de junio de 2014

El Señor de las Espadas (Libro I): Capítulo IX

      
               A la mañana siguiente, Labhras se despertó como siempre a pesar de que ese día sería el más importante de su vida. Hasta que no cerró la puerta de su habitación para desayunar no sintió que ese día iba a ser especial; luego de eso, comenzó a experimentar una fuerte sensación de ansiedad, como si quisiera ir rápidamente hacia donde se reunían Merlín y las Reinas-Hadas para hablar con ellos. No obstante, evitaba hacer eso puesto a que había planeado otra forma de actuar.

                Anoche, antes de que quedara completamente dormido, pensó lo que haría al día siguiente: actuaría como si fuera un día normal y a media mañana trataría de escapar para dirigirse a la torre del homenaje y hablar con las Reinas-Hadas y Merlín. Escaparse era la parte fácil; nadie lo vigilaba como cuando era un escudero, y como muchos entrenaban al mismo tiempo era relativamente sencillo pasar desapercibido, por lo que no había peligro de que sus amigos lo delataran al líder, en este caso a Merlín, por incumplir sus obligaciones. Sin embargo, hablar con las Reinas-Hadas y Merlín era una empresa bastante difícil, hasta casi imposible.

                Como estaban reunidos para crear soluciones antes de planteárselas al grupo de Druidas que causaban problemas, nadie podía hablar con ellos hasta que terminaran su reunión. La única forma de que alguien pudiera interrumpir la reunión era si dicha persona traía noticias urgentes. Labhras no tenía ninguna noticia urgente, por lo que determinó recurrir al sentido maternal de Lois para poder hablar con ellos; creía que si le decía a la Reina-Hada que lo que quería platicar con ellos era algo tan urgente que su vida corría peligro posiblemente lograría su objetivo. Empero, cualquier cosa podría ocurrir y a causa de eso se tranquilizó para no encaminarse como un loco hacia la torre del homenaje para terminar con el asunto lo más rápido posible.

sábado, 7 de junio de 2014

Historias del Universo (Saga Dualista): Preludio del caos. Capítulo IV: Los Misántropos.


Era sábado por la tarde cuando Nahuel salía de la biblioteca con una carpeta en su mano izquierda.
–Bueno ya terminé de hacer esa tarea fastidiosa del Maestro Bracamonte. Ahora podré descansar –se dijo a sí mismo el joven. En ese momento apareció corriendo desde una de las escaleras un joven.
–¡Nahuel, Nahuel! –lo llamó el joven a los gritos.
–Pero es José María. ¿Por qué estará tan alterado? –se preguntó el muchacho mirando a su compañero acercársele.
–Uff… pensé que… estabas en la… planta baja. –declaró García cuando llegó a Nahuel, entonces empezó recuperar el aliento.
–Hombre, ¿por qué vienes corriendo y gritando como si te persiguiera el diablo?
–No sabes lo… lo que pasó en… el Centro de Mando…
–¿Y qué pasó? Adivino no soy.
–¡Espera! ¿¡No ves que estoy agitado todavía?!
–No había necesidad de venir a toda velocidad, a menos de que fuera algo muy importante…
–Cerraron las puertas del Centro de Mando.
–¡¿Cómo?! –exclamó Nahuel perplejo.
–Estaba junto con otros chicos más mirando cómo el “Ojo” registraba las actividades energéticas dentro del país, cuando aparecieron los Hijos del Universo. Nos dijeron que nos retiráramos porque ellos necesitaban comunicarse con alguien urgentemente. Entonces les pedimos alguna explicación pero no nos la dieron. Finalmente, cuando todos salimos, los operadores cerraron la puerta y vine a buscarte. –contó José María.
–¿Y los operadores se quedaron adentro?
–Sí. Hasta ellos pensaron que también debían salir de allí…

jueves, 5 de junio de 2014

El Señor de las Espadas (Libro I): Capítulo VIII


          
               Esa noche, Labhras tuvo un extraño sueño, más bien una pesadilla. Soñó que se encontraba caminando por el pasillo izquierdo, según se entra, de la tumba de Arthur Pendragon, donde no había pasado la última vez que estuvo. En un momento dado se detuvo para contemplar el gran mural que había, donde al igual que el que se encontraba del otro lado del sitio representaba de manera majestuosa al rey y a los caballeros de la Mesa Redonda combatiendo contra sus enemigos. Repentinamente la pintura comenzó a cobrar vida y todos los seres representados empezaron a combatir.

                El caballero observó cómo cada vez que alguien moría la sangre brotaba a chorros como si fuera agua a presión, “manchando” la pintura. Casi un minuto después todo el mural quedó teñido de rojo sangre y poco a poco la misma comenzó a caer como si fuera una cortina, revelando a un grupo de personas marchando en un sitio oscuro, usando unas antorchas para iluminar el camino. Las personas eran caballeros, más precisamente Guardianes. Labhras supo que esa gente marchaba en una caverna dado a cómo se proyectaban las sombras en las paredes y la textura que tenían las misas.

                Cuando menos se lo esperó esos caballeros, que se movían con cautela, empezaron a correr mientras desenvainaban sus espadas. A los pocos segundos empezaron a gritar como si estuvieran a punto de entrar en combate y de pronto “salieron” de la caverna, llegando a un páramo gélido y nevado, atacando a unas sombras antropomorfas que estaban haciendo diversas actividades. Poco a poco los caballeros avanzaban por el frío paisaje, liquidando a cuanta sombra tenían delante, quemando cada casa que veían y destruyendo todo lo que encontraban.